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Los ángeles caídos, los Nefilim y el Libro de los Vigilantes

Grabado antiguo representando a los ángeles caídos uniéndose a las hijas de Adán. La palabra nefilim o nephilim proviene del hebreo que quiere decir los caídos y estos seres eran para la tradición judía y cristiana un pueblo de gigantes resultado de la unión entre los Grigori ( los ángeles caídos) y las hijas de Adán (primeros descendientes después de Adán y Eva).

Breve investigación sobre un apasionante misterio
bíblico e histórico

La figura o la idea del diablo y el nombre de Lucifer o de Satanás se hallan con frecuencia inseparablemente unidos. Y asociamos su maldecida esencia a la fracasada rebelión que protagonizó contra Dios y que le convirtió para siempre en un ángel caído.

También se nos ha enseñado que fue este mismo diablo llamado Satanás el que tentó con éxito, bajo la forma de una serpiente, a nuestra madre Eva en el Edén, precipitando su inmediata expulsión —y la de su seducido partenaire— del cuestionable paraíso en el que vivían.

No bien habitaba ya el diablo en aquel maravilloso jardín, la rebelión angélica de la que fue protagonista debió de tener lugar en algún momento anterior a la creación del hombre por Dios al séptimo día de su inspirada semana. ¿Pero en cuál de esos seis días previos pudo haberse desarrollado tan insólita contienda? El Génesis guarda silencio al respecto. Ahora bien, este mismo libro relata en otro pasaje un episodio extraordinario que se desarrolló en los albores de aquella humanidad aún recién creada —aunque ya hubieran transcurrido seis generaciones longevas desde el destierro del paraíso—, atañente asimismo a una rebeldía y posterior caída de los ángeles del cielo.

Génesis, 6, 1-8.- «Cuando comenzaron a multiplicarse los hombres sobre la tierra y tuvieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron de entre ellas por mujeres las que bien quisieron. Y dijo Yahvé: «No permanecerá por siempre mi espíritu en el hombre, porque no es más que carne. Ciento veinte años serán sus días». Existían entonces los gigantes en la tierra, y también después, cuando los hijos de Dios se unieron con las hijas de los hombres y les engendraron hijos. Estos son los héroes famosos muy de antiguo. Viendo Yahvé cuánto había crecido la maldad del hombre sobre la tierra y que su corazón no tramaba sino aviesos designios todo el día, se arrepintió de haber hecho al hombre en la tierra, doliéndose grandemente en su corazón, y dijo: «Voy a exterminar al hombre que creé de sobre la faz de la tierra; y con el hombre, a los ganados, reptiles y hasta las aves del cielo, pues me pesa de haberlos hecho». Pero Noé halló gracia a los ojos de Yahvé».

En este pasaje tan condensado del primer libro de la Biblia se relatan una serie de hechos que, por sí solos, apenas tienen sentido para el lector piadoso que se aproxima a ellos con un vano intento de reflexionar sobre la fe en que sustenta su piedad.

Para situarnos en el contexto temporal, nos hallamos ante sucesos antediluvianos, en el sentido más exacto del término, y es precisamente a partir del final de la cita cuando da comienzo la historia archiconocida de Noé y el relato del diluvio universal.

Los acontecimientos narrados como de pasada y brevemente en el pasaje genesíaco —o genético— evidencian, entre otras cosas, el abismo existente entre la concepción del hombre predicada en el libro introductorio del Antiguo Testamento, de corte animalesco y de índole creacionista pero des-afiliada, y el sentido absolutista y transcendente que Jesús nos ofrece en el Nuevo, donde al hombre se le atribuye la cualidad espiritual de «hijo de Dios». No así en el relato que estoy comentando, donde los hijos de Dios no son exclusivamente sino los seres celestiales, los ángeles —caídos o no—, o los vigilantes que, desde las alturas, desde las altas bóvedas extraterrenas, tienen la tarea de custodiar el desarrollo de su creación, de uno más entre el resto de los animales que pueblan la tierra, de manera no menos prosaica y alejada de lo espiritual que si estuviéramos hablando de una especie de inmenso zoo planetario. No es de extrañar, no obstante, si tenemos en cuenta que el significado que actualmente damos a la palabra «espíritu» (el de Yahvé que permanecía en el hombre en los días de Edén) se aleja bastante del sentido que podría tener originariamente en hebreo, donde la palabra «ruakh», o espíritu del que el hombre estaría investido, se traduciría por «aliento» o por «viento», en sinonimia con la originaria acepción del pneuma griego.

Y son esos superiores «hijos de Dios» (tampoco se habla de «hijas de Dios») los que copulan —con o sin su consentimiento (eso no importa)— con las hijas de los hombres en una actuación que más parece una violación en masa que una entente cordiale. Pero no acaba ahí la tropelía. Después de consumada una acción cuya autoría el Génesis atribuye a la voluntad voluptuosa de los hijos de Dios, a Yahvé no se le ocurre otra cosa que impartir su justicia condenando al hombre con una frase lapidaria que limitará los días de su vida a 120 años.

De estas uniones antinaturales nacerán posteriormente (aunque, enigmáticamente, se afirma que anteriormente ya «existían entonces los gigantes en la tierra») unos engendros, los gigantes llamados «nefilim», a quienes el texto bíblico reconoce como los héroes de la antigüedad, tal vez refiriéndose a los semidioses del mundo mitológico griego.

Así de escuetamente termina la única referencia del Génesis a esos extraños seres que debieron de poblar la tierra en los albores de la humanidad, a tenor del recuerdo conservado de ellos en tantas dispersas culturas.

Y sin solución explicativa de continuidad, serán nuevamente los pecados del hombre los que desencadenen la ira de Dios (de Yahvé) desbordada (al parecer, también el dios veterotestamentario pecaba siquiera capitalmente), cuyo descontrol emotivo casi destruye todo rastro de vida sobre la tierra mediante el «universal» diluvio del que aún hoy, miles de años después, se conserva memoria atávica en las cuatro partes del globo.

Que de un relato tan interesante como éste, en el que los mismísimos ángeles guardianes son representados adoleciendo de veleidades comportamentales propias de los más bajos instintos carnales que se alejan irremediablemente de cualquier desapegada espiritualidad, se nos ofrezca noticia tan cicatera, nos hace sospechar de su carácter más cercano al mito que a una contrastada realidad pre-histórica. Sin embargo, afortunadamente, el texto presentado se revelará como una simple anécdota bibliográfica teniendo en cuenta la existencia de otros auténticos libros donde el argumento marginal se transforma en tema central.

Pero antes de adentrarnos a analizar qué dicen al respecto esos otros textos, veamos las variaciones que nos ofrece el judío Flavio Josefo en su obra «Antigüedades Judías» (Ediciones Akal, S.A., 1997), Libro I, después de hablar, en un pasaje no menos interesante sobre la descendencia de Set, de la humanidad posterior a Adán.

67 Descendientes de Set. […] «Y, siendo todos ellos de buena condición, habitaron tranquilos y felices las mismas tierras, sin que hasta el momento de la muerte les aconteciera nada desagradable, e inventaron la ciencia relativa a los cuerpos celestes y a su regulación. Y con el fin de que no escaparan a los hombres estos descubrimientos ni se perdieran antes de ser conocidos, al advertirles Adán que tendría lugar la desaparición de todo rastro de vida, en un caso por efecto del fuego y en otro por la fuerza y la abundancia de agua, levantaron dos columnas, una de adobe y otra de piedras, y en ambas escribieron los descubrimientos, para que, incluso desaparecida la de adobe por el diluvio, permaneciera la de piedra y permitiera a los hombres conocer el texto de la inscripción, además de señalar que habían erigido también otra columna de adobe. Y permanece hasta el día de hoy en la región de Siris». [¿Puede estar refiriéndose Flavio Josefo al mencionar esa columna de piedras a la Gran Pirámide y a la tradición que habla de antiguos conocimientos celosamente escondidos detrás de sus muros? Lamentablemente, nada sabemos sobre esa región de Siris donde se hallaría ubicada y donde aún se mantendría erguida en tiempos del historiador judío].

72 Degeneración posterior. […] «Y estos durante siete generaciones permanecieron fieles a la idea de que Dios es el señor del Universo y haciendo todo con miras a la virtud, pero luego, con el paso del tiempo, abandonando los comportamientos patrios cambiaron a peor, no ofreciendo ya a Dios los honores debidos ni manteniendo una relación justa con los hombres [no se sabe si Flavio Josefo está hablando de los primeros hombres o de los ángeles], sino que el celo que antes sentían por la virtud lo duplicaron entonces por el vicio, según mostraban en todo lo que hacían. De ahí vino que obligaran a Dios a enfrentarse con ellos. En efecto [aquí se halla la relación causal a que me refiero], muchos ángeles de Dios copularon con sus mujeres y engendraron hijos soberbios y desdeñosos de todo lo bello, por confiar en su capacidad. Y es que estos, según la tradición cuenta, cometieron iguales desmanes que los atribuidos a los gigantes por los griegos. Noé, en cambio, molesto con sus fechorías y disgustado con sus decisiones, trataba de persuadirlos a que cambiaran a mejor sus determinaciones y acciones, pero al ver que no le hacían caso y que, por el contrario, estaban poderosamente dominados por el placer de los vicios, abandonó el país con sus mujeres, sus hijos y las esposas de estos, por temor a que lo mataran».

Nuevamente nos encontramos con breves alusiones a unos hechos que, seguramente distorsionados por el paso de los milenios transcurridos, o prácticamente casi olvidados, resultaron tan trascendentales para la historia de la humanidad que, precisamente a pesar de la lejanía del tiempo en que sucedieron, aún conservaban suficiente relevancia en el consciente colectivo de los pueblos de la antigüedad para pervivir entre sus tradiciones religiosas con una significancia de verdad que nuestros modernos hagiógrafos han categorizado como mito. Pero el mito y los mitologemas no son sino eufemismos lingüísticos inventados por los racionalismos para desvirtualizar de contenido material los hechos reales, que adornados con la forma poética de lenguajes extinguidos, cuya semántica completa no alcanza nuestra comprensión, recogieron los antiguos para que fueran conservados y transmitidos a las generaciones venideras.

El Libro de los Vigilantes de Henoc

Existe, no obstante, un libro, el del Henoc etiópico, que es en realidad un conjunto de libros refundidos por mano anónima, y que puede encontrarse en castellano en el Volumen IV dedicado al ciclo de Henoc, de la obra “Apócrifos del Antiguo Testamento”, publicado en 1984 por Ediciones Cristiandad, extraordinariamente interesante, siquiera fuera por lo sugerente de uno de los libros de que se compone, el «Libro de los Vigilantes». Nótese en primer término que este título de «vigilantes» atribuido a los ángeles o entidades más cercanas al Dios celestial, por cuanto eran los «hijos de los cielos», no es exclusivo de Henoc, y debía de estar arraigado en la tradición judía, no bien también lo recoge el profeta y visionario Daniel en 4-14 («Esta sentencia es decreto de los vigilantes, es resolución de los santos, para que sepan los vivientes que el Altísimo es dueño del reino de los hombres y lo da a quien le place, y puede poner sobre él al más bajo de los hombres») y en 4-20 («En cuanto a lo que ha visto el rey: un vigilante, un santo que bajaba del cielo y decía: Abatid el árbol, destruidlo, pero el tocón y sus raíces dejadlos en tierra, con ataduras de hierro y bronce, entre la hierba del campo, y sea bañado del rocío del cielo y comparta la suerte de las bestias del campo hasta que hayan pasado por él siete tiempos»).

En cuanto al término «vigilante» del Libro de Henoc, es un epíteto traducido así tradicionalmente del etiópico «teguhan», constantes (servidores); en otros pasajes, la expresión literal es «los que no duermen». En cuanto al texto arameo de los fragmentos hallados en Qumran del Libro de los Vigilantes, la traducción halla sentido en la raíz aramaica que significa «despertar», «estar en vela, vigilante», para designar a unos seres superiores que habitaban el cielo [son notas tomadas de la obra ya citada].

Es en el Libro de los Vigilantes de Henoc donde se detalla más extensamente el relato de una rebelión celestial tradicionalmente estimada como espiritual mediatizada por caracteres sospechosamente físicos. Este parece ser el relato de los ángeles caídos que tuvo lugar durante la sexta generación humana desde la creación de Adán. Pero entonces, ¿quién (o quiénes) era la serpiente antigua, el diablo o Satanás que tentó a Eva y provocó la expulsión del Edén de nuestros primeros padres? ¿No se nos ha enseñado que Satanás fue un ángel, el ángel caído por antonomasia? ¿Cuándo aconteció realmente la rebelión contra Dios (o contra un comandante en jefe celeste)?

Según Henoc, que era el séptimo patriarca después de Adán, cierto número de ángeles o de vigilantes celestiales (¿vigilantes de qué?; ¿de la evolución del hombre?) se juramentaron bajo anatema «en aquellos días, cuando se multiplicaron los hijos de los hombres…» para tomar por mujeres a las hijas de los hombres, que eran hermosas y deseables. Al parecer, iba a ser una acción que tenían expresamente prohibida. Y Semyaza, el líder de los rebeldes, no queriendo asumir solo la culpa, hizo jurar el complot a todos los que estaban de acuerdo con desobedecer la orden de no mantener contacto con el hombre, ese —digo yo— animal inferior: «Temo que no queráis que tal acción llegue a ejecutarse y sea yo solo quien pague por tamaño pecado». Cuenta Henoc que «eran doscientos los que bajaron en los días de Yared sobre la cima del monte Hermón» [Yared fue el sexto después de Adán. Según la cronología del Génesis, nació el año 460 de la Creación y murió en el año 1422; durante ese período de 962 años de su vida habría tenido lugar la caída angélica].

El pecado de aquellos seres fue que «tomaron mujeres; cada uno se escogió la suya y comenzaron a convivir y a unirse con ellas, enseñándoles ensalmos y conjuros y adiestrándolas en recoger raíces y plantas […] Azazel enseñó a los hombres a fabricar espadas, cuchillos, escudos, petos, los metales y sus técnicas, brazaletes y adornos; cómo alcoholar los ojos y embellecer las cejas, y de entre las piedras, las que son preciosas y selectas, todos los colorantes y la metalurgia. Hubo gran impiedad y mucha fornicación, y se corrompieron sus costumbres. Amezarak adiestró a los encantadores y a los que arrancan raíces; Armaros, cómo anular los encantamientos; Baraquiel a los astrólogos; Kokabiel, los signos; Tamiel enseñó astrología; Asradel, el ciclo lunar. Pero los hombres clamaron en su ruina y llegó su voz al cielo».

Los ángeles caídos, por tanto, lo son por un doble pecado: por haber fornicado con las hijas de los hombres, y por haber revelado al hombre ciertos conocimientos que, para mantenerlo en un estado de ingenuo primitivismo, tenía vedados. Aquella ancestral «revelación» devino en divina «rebelión». Da la impresión de que incumplieron su cometido de «vigilar» desde fuera (desde arriba) y que actuaron de consuno tomando parte activa en el desarrollo civilizador del hombre. Su pecado no fue otro que hacer de civilizadores, enseñando al hombre a sembrar, a hacer uso de los minerales y a transformarlos, a observar y medir el cielo y los astros, dando un impulso ajeno y artificial detonador de un nuevo estadio en la evolución natural humana (¿del homo sapiens al homo sapiens sapiens?), a impulsos de unos deseos físicos incontenibles (a juzgar por el paso que dieron a sabiendas de las consecuencias catastróficas de su acción), que solucionan definitoriamente y sin ambages el tan traído y llevado «sexo de los ángeles».

En el resumen de los hechos que hace el Génesis la concupiscencia angélica no tiene otras consecuencias que el engendro de los nefilim. Como los hombres de Cortés o de Pizarro, la licenciosidad de su empuje civilizador no conllevó causas penales asociadas.

Sin embargo, para el autor del Libro de los Vigilantes, su deshonesta acción fue la causa de su caída y de su castigo eterno. Lo cual no se puede entender sin considerar a esos seres angélicos como auténticos seres carnales, quizá cercanos a las esferas celestes, pero desde luego bien alejados de los círculos celestiales. Y tampoco se comprende el castigo sino como consecuencia de una transgresión de un orden natural que se ha alterado peligrosamente con consecuencias imprevisibles, al haber desoído instrucciones precisas de alguna suerte de entidad de alto mando en un momento de despiste o de ausencia temporal incomprensible en la definición de un Dios ubicuo y omnisciente.

«Semyaza, a quien tú has dado poder para regir a los que están junto con él, ha enseñado conjuros. Han ido a las hijas de los hombres, yaciendo con ellas: con esas mujeres han cometido impureza, y les han revelado estos pecados. Las mujeres han parido gigantes, por lo que toda la tierra está llena de sangre e iniquidad […] Y dijo también el Señor a Rafael: Encadena a Azazel [el texto habla indistintamente de Semyaza o de Azazel como líder de la conjuración] de manos y pies y arrójalo a la tiniebla; hiende el desierto que hay en Dudael y arrójalo allí. Echa sobre él piedras ásperas y agudas y cúbrelo de tiniebla; permanezca allí eternamente; cubre su rostro, que no vea la luz, y en el gran día del juicio sea enviado al fuego».

En realidad, ¿no ha sido así en la mayoría de las culturas que conocemos? Quiero decir: los mitos de la prehistoria de los pueblos hablan de seres extraños a la propia cultura que fueron quienes enseñaron al hombre los secretos de la naturaleza, pasando por el conocimiento de la siembra, de la domesticación de los animales o de la ciencia de los calendarios. En ningún caso se nos habla de que fuera el propio hombre el que descubriera de tal o cual modo las artes prácticas tan útiles para el desarrollo de los pueblos. Las viejas tradiciones sobre el impulso civilizador son siempre ajenas, vienen de fuera del entorno tribal. Como prototipo arcaico mostrativo, la mitología preindoeuropea de la cultura vasca atribuye a los basajaunak («los señores del bosque», criaturas de ética ambigua y de aspecto parecido al hombre) el conocimiento de ciertos secretos de la naturaleza que guardan celosamente al objeto de que no sean robados por el hombre, lo cual no obstante sucederá finalmente mediante el uso de ciertas tretas y engaños atribuidos en el mito a la recurrida personificación de Sanmartin o Martintxiki (después de todo, los basajaunak tampoco eran tan listos).

Pero volviendo al tema que nos ocupa, ¿fue aquélla la caída real angélica? Antes he apuntado que Satanás ya formaba parte del escenario de la creación del hombre, y su intervención fue decisiva para que el ser humano alcanzara la consciencia de sí mismo separándose así cualitativamente del resto de los animales con los que convivía asilvestradamente. ¿Es posible que ya hubiera habido una rebelión anterior a la que tuvo lugar en tiempos —según nos cuenta Henoc— de Yared? ¿O son las manos de los amanuenses que recogen las tradiciones quienes confunden los tiempos en que se produjo? Henoc llama a los ángeles caídos los satanes, nombre genérico que alguna tradición posterior personalizaría en Satanás; sin embargo, se afirma que «[…] el tercero se llama Gadreel: éste enseñó todos los golpes mortales a los hijos de los hombres; él sedujo a Eva Eva Eva […]». Y continúa explicando cómo ha pervertido al hombre especialmente la enseñanza de la escritura (don también superior): «El cuarto se llama Penemué: éste mostró a los hijos de los hombres lo amargo y lo dulce, y todos los arcanos de su sabiduría. Él enseñó a los hombres la escritura con tinta y papel, a causa de lo cual son muchos los que se extravían desde siempre y hasta siempre, hasta este día. Pues los hombres no fueron creados para semejante cosa: con pluma y tinta fortificar su fe».

El Libro de los Muertos

El llamado Libro de los muertos o Fórmulas del salir durante el día para los antiguos egipcios, de época tolemaica, es un compendio de fórmulas mágicas, o de grimorios, que posiblemente tampoco tuvieran sentido para los contemporáneos de la fecha en que se elaboró el mismo como una especie de recopilación de los no menos relevantes Textos de las pirámides.

Pero de su farragosa lectura tal vez podamos rescatar alusiones que guardan directa relación con el tema que estamos tratando, siquiera intuitivamente. Porque en el trasfondo de esas fórmulas pretendidamente mágicas, utilizadas para velar al difunto en su viaje al más allá, se pueden esconder —como en tantas otras ocasiones— velados relatos de hechos que realmente pudieron tener lugar en un remoto pasado, y cuya preservación para el conocimiento de las generaciones futuras, o bien precisa ser transmitido inconscientemente por quien no lo entiende, asumiéndolo como algo sagrado, y digno, por tanto, de ser guardado, o bien es irremisiblemente transformado por reglas inadvertidas del lenguaje que evoluciona socialmente en el transcurso de largos períodos de tiempo.

A través de la traducción que del Libro de los muertos según el papiro de Turín proporciona Boris de Rachewiltz (versión castellanizada por Ediciones Destino, 1989), resulta difícil no apercibirse de las similitudes escénicas que guardan sus páginas con el relato bíblico. «Yo soy uno de aquellos dioses —dice la primera de las fórmulas—, los Jueces que efectúan la justificación de Osiris contra sus adversarios en el día en el que son pesadas las Palabras […] Yo soy uno de los dioses concebidos por Nut que destrozan a los adversarios del Ser con el corazón inmóvil (Osiris), que encarcelan a los Sebau para él». Diccionario: Sebau: los «Hijos de la Rebelión», personificación de las potencias de las tinieblas que combatieron contra las de la Luz, resultando vencidas.

Veamos otros ejemplos mostrativos de dicho paralelismo:

  • «Entro y salgo de la cisterna de las llamas aniquilando a los Sebau, los rebeldes en Jem».
  • [Título]:«Fórmula para pasar sobre el dorso del Apep que es el Mal». Diccionario: Apep: El dragón maléfico, símbolo de las tinieblas demoníacas y del mal que diariamente se opone a la circulación de la Luz […] Pictográficamente está representado bajo forma de una serpiente jorobada de la que surgen cuchillos.
  • «Es el inicio de Ra cuando surge en Het-nen-nesut como el Ser que se ha dado forma, cuando Shu ha levantado al cielo quedándose en la altura de Jemenu [lit.: la Ciudad de los Ocho]. Él ha destruido a los Hijos de la Rebelión a la altura de Jemenu».
  • «Yo soy ese gran gato que se encontraba en el lago del árbol Persea en Heliópolis la noche de la batalla en la que ocurrió la derrota de los Sebau y el día del exterminio de los adversarios del Señor del Universo […] Respecto a aquél que está en la cuenca de Persea en Heliópolis es aquel que ha [vencido] a los Hijos de la Rebelión y a cuanto han hecho. Y respecto a la noche de la batalla es cuando llegaron al oriente del cielo y hubo batalla en el cielo y sobre la tierra hasta sus más alejadas fronteras».
  • «Y los Sebau que han sido derrotados y destruidos son los aliados de Set cuando renovaron el asalto […] Y respecto al juicio de quienes no están ya es la parálisis de las fuerzas de los Hijos de la Rebelión».
  • «[…] y ellos han sido entregados al Gran Aniquilador que vive en el Valle de las Tinieblas para que no puedan escapar jamás de la vigilancia de Gueb».
  • «Yo soy Set, jefe de los rebeldes […]»

[…]

Set, Satanás, Azazel, Semyaza… ¿Son todos estos nombres apelativos culturales que adjetivan a un mismo personaje o entidad sobrehumana protagonista de una historia antigua inevitablemente distorsionada? ¿Se entabló alguna vez en un espacio adimensional una batalla espiritual entre el Bien y el Mal, en cuyo caso entenderíamos que se habría desarrollado de forma simbólica o incorpórea con desenlace incruento, o pudo, por el contrario, tener realidad física en los cielos corpóreos una especie de guerra de las galaxias en la que los actores que hacían de malos interpretaban una primera versión prototípica de Darth Vader? ¿Qué papel desempeñaron en medio de una humanidad surgente cuando, tras la derrota sufrida, fueron confinados, el líder de la sedición y sus huestes, en el planeta Tierra?

Tal vez sea un disparate pretender atribuir connotaciones de película de ciencia ficción a lenguajes que, por su propia idiosincrasia religiosa, no pueden ser accesibles sino tras de una elevada ascesis que logre quebrar la impenetrabilidad de una simbología que se escapa al común de los mortales. Pero, no habiéndome desapegado aún enteramente de mis prosaicas ligaduras materiales, me resulta arduo no ver en este pasaje del capítulo 12 del Apocalipsis una descripción expresiva de un acontecimiento ocularmente «visible» y espiritualmente ininteligible:

«[…] 7 Y se trabó una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles iniciaron el combate contra el dragón.
8 Y el dragón peleó y con él sus ángeles, y no pudieron resistir, y no se halló ya para ellos lugar en el cielo.
9 Y fue precipitado el dragón grande, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el que seduce a todo el mundo; fue precipitado a la tierra, y sus ángeles fueron con él precipitados».

Los tres arcángeles con nombres propios

Las Sagradas Escrituras mencionan a tres de estos seres celestiales que conocemos como ángeles, con nombres propios:

SAN GABRIEL (Fuerza de Dios).- Se sienta a la izquierda de Dios, Jefe de los querubines, es el ángel de la misericordia, la revelación y la muerte. En el Nuevo Testamento le comunica a Zacarías que sería el padre del precursor del Mesías (Juan Bautista) (Lucas 1,11-20), es el portavoz de la anunciación a María (26-30). Algunos teólogos piensan que fue el ángel que consoló a Jesús en el huerto del Getsemaní (22,43), y el que toca la trompeta en el libro del Apocalipsis. Uno de los frescos más antiguos sobre este arcángel, se conserva en una capilla de la Vía Apia, en Roma; probando así que desde el principio fue venerado en la Iglesia Católica. San Gabriel es también nombrado por los musulmanes, quienes creen que fue el mensajero celestial que sirvió como transmisor de la palabra de Alá, cuando dictó el libro del Corán a su profeta Mahoma.

SAN MIGUEL (Quién como Dios).– Para los hebreos es el ángel protector frente al poderío de Persia y Grecia, antiguo patrono de la sinagoga. En la Iglesia de Oriente, así como entre los teólogos de Occidente, se nombra a San Miguel como virrey del cielo, príncipe de la luz, jefe de todos los ejércitos angelicales, custodio de la Iglesia Católica desde hace más de diez siglos, acompañante de las almas en la eternidad, y el ángel del juicio final (1Tesalonicenses 4,16). Es además, el guerrero celestial que peleó con el Diablo encima del cuerpo de Moisés (Judas 9); y en el cielo contra el Dragón y sus ángeles rebeldes (Apocalipsis 12,7). Es pues, el símbolo del eterno triunfo de la luz sobre las tinieblas.

Este arcángel se ha manifestado en varias oportunidades. En Roma se representa en una estatua de bronce desde lo alto del castillo de Saint’Angelo, con resplandeciente armadura, en el acto de envainar su espada mientras contempla la Ciudad Eterna, cuando se posó durante una epidemia, en tiempos del pontificado de San Gregorio Magno en el año 590. Se le han construido enormes santuarios como en monte Saint Michel, en la costa francesa, coronado por una antigua abadía benedictina del siglo XI. El oratorio fue erigido en el año 709. El lugar era un pico que emergía sobre el bosque de Scissy; se afirma que inmediatamente después de haber cumplido monseñor Aubert con el mandato del arcángel, se produjo una tremenda marea que le dio al lugar su forma actual. Durante las cruzadas en Tierra Santa, eran frecuentes los relatos, contados incluso por los propios sarracenos sobre grandes ejércitos del cielo en ayuda de los templarios (monjes-guerreros), comandados por el propio San Miguel. Por un espacio de dos años, se apareció a Santa Juana de Arco, en compañía de Santa Catalina de Alejandría y Santa Margarita. El Papa León XIII compuso una oración invocando la protección del santo arcángel, que fue enviada a todos los obispos en 1886. Esta plegaria nació después que el Vicario de Cristo al terminar una misa , tuvo una visión de los espíritus infernales que se juntaban sobre la ciudad eterna de Roma.

SAN RAFAEL (Medicina de Dios).- Es el guardián del árbol de la vida en el Edén (Génesis 3,24), y jefe del orden de las virtudes; es además el ángel de la providencia, que cuida a la humanidad y a los peregrinos. En el Antiguo Testamento le sirvió de guía a Tobías, indicándole como devolverle la vista a su padre Tobit en Nínive (11, 7-8). Es “uno de los siete ángeles que están al servicio del Señor y que puede entrar ante su presencia gloriosa” (12,15).

Los ángeles en la Iglesia Católica

La Iglesia Católica celebra en su liturgia el 29 de septiembre la fiesta de los Santos Arcángeles Gabriel, Miguel y Rafael; y el dos de octubre la de los Santos Ángeles de la Guarda. Hay otro arcángel llamado “Uriel” (Fuego de Dios); es el ángel de la retribución y el arrepentimiento; transmite a los hombres el conocimiento divino e interpreta la profecía. Es nombrado en el libro apócrifo de Enoc; su misión fue advertirle a Noé sobre el castigo del diluvio universal. Algunos escritores piensan que fue el ángel que combatió toda la noche contra Jacob en Penuel, cambiándole su nombre por Israel (fuerza contra Dios) (Génesis 32,24-28). Sin embargo, en el año 745 un concilio provincial convocado por el Papa Zacarías lo excluyó de la jerarquía angelical. Más recientemente, la Congregación para el Culto Divino de la Santa Sede ha prohibido darles nombres propios a otros ángeles.

Juan Calvino (1509- 1564), uno de los padres de la reforma protestante, hizo una hermosa plegaria sobre los ángeles, que dice: “Como dispensadores de la providencia divina, nos guardan, interceden por nosotros, guían nuestros pasos y nos libran de todo mal”.

Fuente: Aciprensa.

Los ángeles, mensajeros de Dios

Fundamento bíblico y teológico

La etimología de la palabra “ángel” procede del latín angelus, y éste a su vez del griego ágguelos o mal’akj en hebreo, que quiere decir “mensajero” o “servidor” de Dios (Hebreos 1,7). El Papa San Pío X decía que “los ángeles son las criaturas más nobles creadas por Dios”; son inmortales, tienen voluntad propia, poseen conocimientos más amplios y su poder es muy superior a los hombres (Salmo 103,20; 2Pedro 2,11). Su apariencia puede ser como un relámpago, y sus vestiduras blancas como la nieve (Mateo 28,3); además están siempre en la presencia del Padre Eterno(Mateo 18,10), y constituyen su ejército celestial (Salmo 148,2). Sobre su número las Escrituras aclaran que son “millones de millones” (Daniel 7,10; Apocalipsis 5,11). Santo Tomás de Aquino enseñaba que los ángeles fueron creados antes que el hombre, porque un ángel rebelde a Dios, fue el culpable de la caída de nuestros primeros padres. Se admite entonces que el Padre del cielo los creó en un principio, cuando sacó de la nada el universo (Concilio de Letrán, 1215). Hay en estos seres espirituales tres instantes: su creación, la prueba de obediencia a que fueron sometidos por Dios, y el premio en el cielo para los ángeles buenos, y el castigo en el infierno para los ángeles malos.

San Gregorio Magno afirmaba que “casi todas las páginas de la revelación escrita, dan testimonio de los ángeles”. En la Biblia se registran cerca de 400 veces; tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. En la vida del Hijo de Dios, se encuentran desde su nacimiento en el portal de Belén, hasta su triunfante resurrección en Jerusalén, y regreso al cielo. Por eso, Cristo Jesús es superior a todos ellos (Hebreos 1,4), creados por él ( Colosenses 1,16); y sometidos bajo su autoridad y poder (1Pedro 3,22).

Los ángeles en las diferentes culturas y tradiciones

La tradición judeocristiana, y la misma historia universal dan testimonio de estos seres celestiales; en todos los países hablan en cierto modo de ellos desde hace más de cuarenta siglos atrás. Su existencia está atestiguada en el Islam, el hinduismo, el budismo, las religiones de la China, Indonesia, los Aztecas , los Incas, y en el Zoroastrismo . Asimismo, en las culturas ancestrales del Oriente como los Cananeos, Asirios; de los Sumerios hay un registro documentado que muestra una imagen de un ángel con aspecto humano y enormes alas que flota sobre la tierra. En el valle del Eúfrates se halló una figura de un ángel que tiene 4.500 años, y en Babilonia y Egipto en las puertas de los templos y palacios, habían grandes esfinges de piedra de estos seres del cielo; con rostro humano, y alas, cuerpo y patas de animales como toro o león.

Diversas apariencias

En los viejos escritos en hebreo los ángeles carecían de alas, en el sueño de Jacob el observa una escalera que llegaba hasta el cielo, por la que subían y bajaban los mensajeros celestiales (Génesis 28,12); cuando juzgan necesario adoptan temporalmente figura humana, su hermosura física puede ser tan atractiva como la de aquellos dos ángeles que le advierten a Lot sobre el terrible castigo contra Sodoma y Gomorra. Todos los hombres, desde el más viejo hasta el más joven, rodearon la casa de Lot, y le gritaban: ¿Dónde están los hombres que vinieron a tu casa esta noche? ¡Sácalos, porque queremos acostarnos con ellos! (Génesis19, 4-5). Igualmente, al no tener sexo pueden verse en forma femenina, como la visión del profeta Zacarías (5,9). También San Juan Bosco en su autobiografía narra que desde los años 1854 a 1883, contó con la protección milagrosa de un enorme perro que el llamaba “Gris”. Este lo salvaba de los continuos ataque criminales que era objeto el santo, aparecía y desaparecía súbitamente en diferentes regiones, nunca se le vio comer o beber agua, ni tampoco envejecer. Por eso el sabio Gheon escribe: “la providencia divina puede servirse de un perro, un ángel tiene la posibilidad de hacerse aparecer de cualquier forma”. Más sorprendente aún, son los nuevos informes que se pueden relacionar con los ángeles; pues en el año 1962 el astronauta norteamericano John Glenn, mientras se encontraba en su cápsula en órbita alrededor de la tierra, relató haber visto algo así como un enjambre de luciérnagas luminosas por varios minutos. En 1982, los cosmonautas soviéticos de la estación espacial Salyut-7, presenciaron durante diez minutos a siete enormes seres con forma humana y alas inmensas. Dos semanas después, la tripulación de otra nave rusa, la Soyuz-7, vivieron la misma experiencia.

Misiones de los ángeles

Algunos padres de la iglesia como San Papías (discípulo del apóstol San Juan), hacia el año 130 d.C., o San Justino mártir (siglo II) y San Ireneo (135-202), identificaron cuatro misiones angélicas:

– Son los ministros de Dios en el universo, se encargan del movimiento de los astros y los fenómenos de la naturaleza como las estaciones, la lluvia y el viento.

– Custodian las naciones del mundo (Daniel 10,13.21; 12,1).

– La protección y ayuda a los seres humanos con los “ángeles de la guarda” (Génesis 48,16; Salmo 34,7; 91, 10-11; Mateo 4,6; 18,10; Hebreos 1,14). Interceden por nosotros ante el trono divino (Job 33,23-24; Zacarías 1,12; Tobías 12,12). Al respecto, San Basilio agregaba: “Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlos a la vida”. Se encuentran casos como San Juan de Dios, quien fue ayudado por un ángel cuando iba a caer al suelo llevando una pesada carga, o San Pío, el fraile capuchino estigmatizado, que mandaba a su ángel custodio para cumplir misiones especiales.

– El día del juicio final los ángeles del Señor serán los encargados de despertar a los muertos, y separar a los justos de los pecadores (Mateo 13,41; 16,27; 24,31; 25,1ss).

La Corte angélica

Sobre el origen de la corte angélica se remonta al monje sirio Dionisio Areopagita, del siglo VI; basándose en las cartas de San Pablo (Colosenses 1,16; Efesios 1,21)(39). Se describen nueve órdenes de ángeles en tres jerarquías, de mayor a menor tenemos:

– Los serafines, que rodean a Dios y viven en eterna alabanza; los querubines, guardianes de la gloria de Dios, y los tronos, sublimes y muy por encima de toda actitud terrena.

– Las dominaciones, que son los custodios del mundo; las virtudes, portadores de gracia y amor, y las potestades, que gobiernan las estrellas y la naturaleza.

– Los principados, que tienen la capacidad de guiar a otros hacia Dios; los arcángeles, reconocidos individualmente y hechos santos, y los ángeles, que están más cercanos a los hombres.

Esta clasificación fue aceptada por el Papa San Gregorio I, pero no se considera dogma de fe.

Fuente: Aciprensa.

Los ángeles caídos (textos de los primeros cristianos)

Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Génesis 6:1-2

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos. 2 Pedro 2:4-5

Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día. Judas 6

Luego, cuando te acucia el deseo de muchos negocios y el de muchas y costosas comilonas y borracheras y de varias lujurias que son impropias, y el deseo de mujeres, y la codicia y la altanería y la jactancia, y de todas las cosas semejantes a éstas; cuando estas cosas, pues, entran en tu corazón, sabe que el ángel de maldad está contigo. Hermas (150 d.C.)

Dios encomendó el cuidado de los hombres y el de las cosas colocadas bajo el cielo a los ángeles, a los cuales puso al frente de esta misión. Mas los ángeles caídos fueron cautivados por el amor de las mujeres; y así engendraron hijos, los cuales son los demonios, más adelante sometieron a dura servidumbre a los hombres, en parte con escritos mágicos, en parte con terrores y suplicios que les infligían, en parte con los sacrificios, inciensos y libaciones que les enseñaban, pues comenzaron a necesitar de estas cosas desde que fueron emancipados de las enfermedades de la concupiscencia; finalmente sembraron entre los hombres las muertes, las guerras, los adulterios, los crímenes y toda clase de vicios. Justino Mártir (160 d.C.)

Los ángeles pecaron y se sublevaron contra Dios. Justino Mártir (160 d.C.)

Pero algunos (de los ángeles) ultrajaron la constitución de su naturaleza y descuidaron el control que les había sido confiado… Estos ángeles cayeron en amor impuro con las vírgenes y fueron subyugados por la carne… Aquellos que son llamados gigantes fueron engendrados por estos amantes de vírgenes. Atenágoras (175 d.C.)

La maldad, extendiéndose continuamente, alcanzó e inundó la raza humana; sólo un poco de semilla de justicia quedaba en ella. Porque, además, sobre la tierra tenían lugar uniones ilegítimas: los ángeles fornicaron con las hijas de los hombres, quienes dieron a luz unos hijos que por su enorme estatura fueron llamados gigantes. Los ángeles, entonces, dieron a sus esposas como regalo malignas enseñanzas. Les enseñaron la manera de obtener extractos de flores y plantas, tintes y pinturas, joyas y cosméticos, los celos y los amores apasionados, la seducción y la coquetería, los sortilegios de la magia, toda clase de adivinación e idolatría odiados por Dios. Y una vez desencadenadas tales cosas, el mal se expandió hasta desbordar, y la justicia disminuyó hasta casi desaparecer. Ireneo (180 d.C.)

También Enoc agradó a Dios sin la circuncisión, pues, siendo hombre, Dios lo envió como su legado ante los ángeles y “fue arrebatado,” y vive hasta hoy como testigo del juicio de Dios, porque los ángeles caídos fueron castigados, en cambio el hombre que agradó a Dios fue elevado para salvarse. Ireneo (180 d.C.)

Dios, envió justamente el diluvio en tiempo de Noé, para acabar con la raza malvada de aquellos seres humanos de esa época, los cuales ya no podían dar frutos para Dios, sino que se habían unido con los ángeles pecadores. Ireneo (180 d.C.)

El afirmó que algunos de los ángeles pertenecen al diablo, y para ellos se preparó el fuego eterno… Y como Dios creó todas las cosas, pero el diablo se convirtió en causa de la apostasía propia y de los otros, con justicia la Escritura a quienes perseveran en la apostasía siempre los llama hijos del diablo y ángeles del maligno. Ireneo (180 d.C.)

Los ángeles que hubieron obtenido un rango superior, habiéndose hundido en placeres, revelaron a las mujeres los secretos que habían llegado a su conocimiento. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

De esta misma calidad son los servicios que hacen al César los que consultan a los astrólogos, a los adivinos, a los agoreros y a los magos sobre su vida y salud. Estas artes las inventaron los ángeles apóstatas, y Dios las tiene prohibidas. Tertuliano (197 d.C.)

Aquellos ángeles que inventaron las joyas y otras cosas son señalados bajo condenación al castigo de la muerte. Son los mismos ángeles que se precipitaron desde el cielo sobre las hijas de los hombres… Ellos dieron a conocer las técnicas de la metalurgia, enseñaron las propiedades naturales de las hierbas, divulgaron el poder de los encantos, pusieron al descubierto toda curiosidad, incluso la interpretación de las estrellas. Ellos concedieron peculiarmente a las mujeres los medios que sirven de ostentación femenina: las alhajas, los tintes… y los polvos negros que hacen resaltar los párpados y las pestañas. Tertuliano (198 d.C.)

Yo establezco esta proposición: Aquellos ángeles, los desertores de Dios, los amantes de mujeres, también fueron los descubridores de este arte curioso (la astrología). Y debido a ello, fueron también condenados por Dios… Pues nosotros sabemos del mutuo vínculo entre la magia y la astrología. Tertuliano (200 d.C.)

¿Temen al hombre, oh, cristianos? ¿Ustedes que deberían ser temidos por los ángeles, puesto que han de juzgarlos? Tertuliano (212 d.C.)

Tal fue la belleza de las mujeres que desvió a los ángeles. Como resultado, siendo contaminados, no podían regresar al cielo. Siendo rebeldes a Dios, profirieron palabras contra Él. Entonces el Altísimo pronunció su juicio contra ellos. Y de su simiente nacieron gigantes. Las artes llegaron a ser conocidas en la tierra por medio de ellos. Ellos enseñaron el teñido de lanas… Cuando ellos murieron, los hombres les erigieron imágenes. Comodio (240 d.C.)

Los ángeles apóstatas y pecadores introdujeron en adelante con sus artes todas estas cosas (por ejemplo las joyas), cuando descendieron a la tierra abandonaron su vigor celestial. Ellos también enseñaron a las mujeres a pintarse de negro alrededor de los ojos y a mancharse las mejillas de un color rojo falso. Cipriano (250 d.C.)

Dios en su previsión, envió ángeles para la protección y mejoría de la raza humana, no sea que el diablo… corrompiera y destruyera a los hombres por medio de sus engaños. Puesto que Dios les había dado a estos ángeles libre albedrío, sobre todo, les amonestó a no profanarse con las contaminaciones de la tierra y de esta manera perder la dignidad de su naturaleza celestial… Sin embargo, mientras los ángeles vivieron entre los hijos de los hombres, por su cercana asociación a las normas que regían la tierra, gradualmente fueron seducidos por los vicios y contaminados por relaciones sexuales con mujeres. De allí en adelante, no siendo admitidos en el cielo debido a sus pecados en los cuales se habían hundido, cayeron a la tierra. Lactancio (304-313 d.C.)

Ciertos ángeles, rehusando someterse a los mandamientos de Dios, resistieron su voluntad. Y uno de ellos cayó como un relámpago a la tierra, mientras otros, hostigados por el dragón, buscaron placer en relaciones sexuales con las hijas de los hombres. Y de esta manera, vino sobre ellos la recompensa reservada del castigo del fuego eterno. Discusión entre Arquelao y Manes (320 d.C.)

 

El Vaticano recomienda creer en los ángeles

Para evitar su confusión con el esoterismo, el Vaticano llamó a no dar nombres a estos seres celestiales presentes en todos los credos. No hace mucho, un mensaje proveniente del Vaticano llamó a los fieles católicos a no poner nombres a los ángeles, a excepción de los casos de Miguel, Gabriel y Rafael, los ángeles indicados en la Biblia.

La devoción desordenada a estos seres celestiales preocupa a la Santa Sede. En el último tiempo, una serie de corrientes han colmado los estantes de las librerías con nuevos volúmenes sobre el tema, lo que, según la Iglesia, desorienta a los fieles.

El escritor Juan Guillermo Prado ha dedicado sus últimos esfuerzos a recopilar las diferentes visiones en torno a estos enigmáticos seres. Según explica, la devoción a los ángeles está presente en todas las religiones en mayor o menor medida, con la característica común de ser intermediarios entre Dios y los hombres, explica Prado.

Estos seres celestes se presentan en el judaísmo como los que llevan los mensajes divinos a los profetas; en la tradición cristiana anuncian

– entre otros acontecimientos- la venida al mundo de Jesús; para el Islam es un ángel el que entrega el mensaje de Alá a Mahoma. En el budismo, en tanto, el rol de los ángeles está en manos de seres humanos iluminados que tras reencarnaciones sucesivas regresan a este mundo para guiar a los mortales.

Los persas escribieron cánticos a los ángeles y los babilonios creían en los sukalli o mensajeros angelicales, mientras para lo hindúes existen los devas, seres de luz que cuidan la evolución de la creación, agrega el escritor.

Devoción en Chile

En Chile, la devoción a los ángeles es parte de las prácticas de piedad popular. Los velorios de angelitos, que se realizan tras la muerte de un niño pequeño, perduran en el campo y en algunos sectores populares urbanos. Asimismo, la fiesta del arcángel San Miguel se celebra en al menos cinco lugares del norte y sur de Chile con bailes religiosos, ramadas, juegos, mandas, etc.

Pero en los últimos años, el fenómeno New Age – que plantea el nacimiento de una nueva concepción religiosa fundada en la evolución de la conciencia del hombre y la armonía con el cosmos- ha hecho explotar la devoción por los ángeles como seres que se encargan de realizar permanentes prodigios, desde ayudar a encontrar estacionamiento, hasta lograr uniones sentimentales, explica Prado. Se los asocia a los signos del zodíaco y se ofrecen naipes, figuras, velas y cursos para aprender a invocarlos.

Los ángeles se han transformado en una moda; se los ha trivializado. Hay muchos grupos que tienen cultos particulares a los ángeles, separados absolutamente de las estructuras religiosas, sin fundamentos teológicos y cayendo prácticamente en el paganismo, advierte Prado.

Para el padre Francisco Sampedro, asesor del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) para la sección Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, la crisis del hombre que se presenta en la posmodernidad lleva a la búsqueda de sensaciones y experiencias de carácter místico, que son alimentadas por estas formas de veneración. Existe además muy poca formación religiosa, a diferencia de lo que ocurre con las disciplinas humanas y científicas; entonces, al no haber una fundamentación de la fe, se buscan suplencias de este tipo, explica.

Ni siquiera entre los teólogos hay unanimidad respecto de la interpretación de las menciones bíblicas a los ángeles, explica el jesuita Jaime Vélez, secretario ejecutivo de la Sección para la Cultura y de la Secretaría para la No Creencia del Celam. Algunos plantean que los ángeles son una forma de expresión de la Providencia Divina – por lo que no serían entes personales- ,

mientras la mayoría se inclina por sostener que se trata de seres creados por Dios, puramente espirituales, sin materia o cuerpo alguno; no sexuados y sin principio de individuación, por tanto cada uno sería una especie, a difrencia de los seres humanos.

Su misión es adorar a Dios y servirle de ‘mensajeros’. Se hacen presentes a los hombres por ‘apariciones’, entendiendo por tales no una presencia física, sino una imagen sensible: se comunican con nosotros actuando en nuestra mente para que con la imagen sensible se entregue un concepto intelectual, una idea, explica el sacerdote.

El Catecismo católico sostiene que desde la concepción de cada uno de los hombres, Dios asigna un ángel guardián que acompaña, ayuda e inspira a vivir en el bien y buscar la voluntad divina. Ello, basado en las palabras de Jesús: “No desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues les digo que en el cielo los ángeles de ellos están mirando siempre el rostro de mi Padre Celestial” (Mateo 18,10). Por eso, la liturgia consagra un día especial para venerar a los ángeles custodios.

El padre Vélez recomienda relacionarse con los ángeles a través de la oración y encomendando intenciones para que ellos las presenten ante Dios. Pero al mismo tiempo recuerda que la acción divina se desarrolla en lo ordinario y que no busca espectacularidad.

En la Biblia, hay 294 menciones a los ángeles. A partir de ellas, los teólogos han jerarquizado a estos seres en tres órdenes: los Consejeros (Serafines, Querubines y Tronos), los Dominadores (Dominaciones, Virtudes y Potestados) y los Mensajeros (Principados, Arcángeles y Ángeles).

Lo anterior no significa que en sí mismos unos ángeles sean superiores a otros, sino que tienen misiones distintas dadas por Dios; por eso algunos teólogos sostienen que un ángel no es un ser distinto de Dios, sino una relación distinta de Él con sus creaturas, explica el padre Jaime Vélez.

Una característica central de los ángeles, agrega el religioso, es que son creaturas libres. Algunas de ellas se rebelaron contra Dios convirtiéndose en ángeles caídos o demonios, a cuya cabeza se situó Satanás. En este sentido, el padre Francisco Sampedro agrega que las prácticas satánicas son una de las formas de devoción desordenadas a los ángeles.

Fuente: elmercurio.com

Los ángeles de Dios, según la iglesia primitiva

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, Y los defiende. Salmos 34:7

Parábola de la oveja perdida. (Lucas. 15.3-7)

Mirad que no menospreciéis a uno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre el rostro de mi Padre que está en los cielos. Mateo 18:10

Y ellos le dijeron: Estás loca. Pero ella aseguraba que así era. Entonces ellos decían: ¡Es su ángel! Hechos 12:15

Gloriémonos y confiemos en Dios; sometámonos a su voluntad; consideremos toda la hueste de sus ángeles, cómo están listos y ministran su voluntad. Porque la escritura dice: Diez millares de diez millares estaban delante de Él, y millares de millares le servían; y exclamaban: Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la creación está llena de su gloria. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

“Estos son los santos ángeles de Dios, que fueron creados antes que cosa alguna; a ellos el Señor entregó toda su creación para que la aumentaran y edificaran, y para ser señores de toda la creación. Por sus manos, pues, es realizada la edificación de la iglesia..” “Y ¿quiénes son los otros que acarrean las piedras?” “Son también ángeles de Dios; pero estos seis son superiores a ellos. El edificio de la torre (la iglesia), pues, será terminado, y todos juntos se regocijarán en el corazón (cuando estén) alrededor de la iglesia, y glorificarán a Dios que la edificación de la iglesia haya sido realizada.” Hermas (150 d.C.)

El ángel de justicia es delicado y tímido, manso y sosegado. Por lo tanto, cuando éste entra en tu corazón, inmediatamente habla contigo de justicia, de pureza, santidad, contento, de todo acto justo y toda virtud gloriosa. Cuando todas estas cosas entran en tu corazón, sabe que el ángel de justicia está contigo. [Estas, pues, son las obras del ángel de justicia.] Confía en él, pues, y en sus obras. Hermas (150 d.C.)

Dios plantó la viña, esto es, creó al pueblo y lo entregó a su Hijo. Y el Hijo colocó a los ángeles a cargo de ellos, para que velaran sobre ellos. Hermas (150 d.C.)

Este Hijo siempre existe con el Padre, y desde el principio revela al Padre, a los ángeles, arcángeles, potestades, poderes, y a todos aquellos a quienes Dios quiere revelarse. Ireneo (180 d.C.)

Así había hablado Moisés: “Cuando el Altísimo dividió las naciones, cuando dispersó a los hijos de Adán, estableció las fronteras de los pueblos según el número de los ángeles de Dios” . Mas el pueblo que creyó en Dios ya no está bajo el poder de los ángeles, sino del Señor: “Porque la porción del Señor es su pueblo Jacob, la medida de su herencia es Israel.” Ireneo (180 d.C.)

Todo creyente, aun el más humilde en la iglesia , es cuidado por un ángel… Ahora, este ángel tiene el propósito de ser su guardián. Por tanto, si esa persona es hallada indigna por su falta de obediencia, el ángel de Dios se aparta de ella. Orígenes (225 d.C.)

Naturaleza de los ángeles, según la iglesia primitiva

El que hace a los vientos sus mensajeros, y a las flamas de fuego sus ministros. Salmos 104:4

Le hiciste un poco menor que los ángeles, le coronaste de gloria y de honra, y le pusiste sobre las obras de tus manos. Hebreos 2:7

Porque está escrito: Cuando el Altísimo dividió a las naciones, cuando dispersó a los hijos de Adán, estableció los límites de las naciones según el número de los ángeles de Dios. Clemente de Roma (30-100 d.C.)

Ahora bien, grande es la diferencia que hay entre los dos caminos (de la luz y de las tinieblas). Porque sobre el uno están apostados los ángeles de Dios, portadores de luz; sobre el otro, los ángeles de Satanás. Y el uno es Señor desde los siglos y hasta los siglos; el otro es el príncipe del presente siglo de la maldad. Bernabé (70-130 d.C.)

Porque yo mismo también, a pesar de que estoy en cadenas y puedo comprender cosas celestiales y las formaciones de los ángeles y las revistas de los príncipes, cosas visibles y cosas invisibles, yo mismo, no por esta razón soy un discípulo. Ignacio (105 d.C.)

Que ninguno les engañe. Incluso a los seres celestiales y a los ángeles gloriosos y a los gobernantes visibles e invisibles, si no creen en la sangre de Cristo [que es Dios], les aguarda también el juicio. El que recibe, que reciba. Ignacio (105 d.C.)

“Oye ahora,” me dijo, “con respecto a la fe. Hay dos ángeles en cada hombre: uno de justicia y otro de maldad.”… Entiéndelas, y confía en el ángel de justicia. Pero del ángel de maldad mantente apartado, porque su enseñanza es mala en todo sentido; porque aunque uno sea un hombre de fe, si el deseo de este ángel entra en su corazón, este hombre, o esta mujer, ha de cometer algún pecado. Y si además un hombre o una mujer son en extremo malos, y las obras del ángel de justicia entran en el corazón de este hombre, por necesidad ha de hacer algo bueno. Ves, pues,” dijo, “que es bueno seguir al ángel de justicia y despedirse del ángel de maldad.” Hermas (150 d.C.)

A algunos de ellos, es decir, de los que en tiempo fueron ángeles divinos, les dio también el mando de la administración de la tierra y les dio orden de mandar bien. Papías (120 d.C.)

Los otros ángeles fueron creados por Dios y les fue confiado el control de lo material en todas sus formas. Del mismo modo que el hombre, ellos también tienen la libertad de elegir la virtud o el vicio… Algunos hombres son diligentes en los asuntos que les fueron confiados por ti (oh, rey) y otros son infieles. Es lo mismo entre los ángeles. Como verás, ellos son agentes libres, creados así por Dios. Ellos han permanecido en las cosas que Él les había ordenado. Pero algunos ultrajaron la constitución de su naturaleza y descuidaron el control que les había sido confiado… Estos ángeles cayeron en amor impuro con las vírgenes y fueron subyugados por la carne… Aquellos que son llamados gigantes fueron engendrados por estos amantes de vírgenes. Atenágoras (175 d.C.)

Por eso Dios concede el buen consejo a todos.Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir, pues también los ángeles usan su razón, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo. Ireneo (180 d.C.)

Este mundo se halla rodeado de siete cielos, en los cuales habitan innumerables potencias, ángeles y arcángeles, que aseguran un culto a Dios todopoderoso y creador del universo. Ireneo (180 d.C.)

Algunas veces se lee… que los ángeles del Creador tomaron formas humanas y cuerpos tan reales que incluso Abraham lavó sus pies y Lot fue rescatado de los sodomitas por sus manos. Además, un ángel luchó con un hombre (Jacob) tan arduamente que su último deseo fue ser dejado libre. Tertuliano (210 d.C.)

Del mismo modo los ángeles cuentan con libertad personal. Ya que podemos estar seguros de que si los ángeles no hubiesen contado con libertad personal, no se habrían mezclado con las hijas de los hombres. Así, pecaron y cayeron de sus moradas. De la misma manera también, los otros ángeles que hicieron la voluntad del Señor, fueron elevados a una posición más alta debido a su autocontrol. Bardesanes (222 d.C.)

Dios envía a sus propios ángeles sobre sus fieles servidores, para que ninguno de los ángeles rebeldes, ni incluso el que es llamado el “príncipe de este mundo,” pueda hacer algo contra aquellos que se han entregado a sí mismos a Dios. Orígenes (225 d.C.)

Lo siguiente también es parte de la enseñanza de la iglesia: hay ciertos ángeles de Dios y ciertas fuerzas del bien, los cuales son Sus ministros para completar la salvación de los hombres. Sin embargo, no está claramente declarado cuándo fueron creados los ángeles, de qué naturaleza son o cómo existen. Orígenes (225 d.C.)

En las Santas Escrituras encontramos la existencia de príncipes sobre naciones particulares. Por ejemplo, en Daniel se lee que hubo un príncipe del reino de Persia y otro príncipe del reino de Grecia. Por la naturaleza del pasaje, se muestra con claridad que dichos príncipes no son seres humanos. Al contrario, son poderes (espirituales). También, en las profecías de Ezequiel, el príncipe de Tiro es sin duda un tipo de poder espiritual. Orígenes (225 d.C.)

Dios en su previsión, envió ángeles para la protección y mejoría de la raza humana, no sea que el diablo… corrompiera y destruyera a los hombres por medio de sus engaños. Lactancio (304-313 d.C.)

Los ángeles caídos (Textos de los primeros cristianos)

Aconteció que cuando comenzaron los hombres a multiplicarse sobre la faz de la tierra, y les nacieron hijas, viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Génesis 6:1-2

Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos. 2 Pedro 2:4-5

Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día. Judas 6

Luego, cuando te acucia el deseo de muchos negocios y el de muchas y costosas comilonas y borracheras y de varias lujurias que son impropias, y el deseo de mujeres, y la codicia y la altanería y la jactancia, y de todas las cosas semejantes a éstas; cuando estas cosas, pues, entran en tu corazón, sabe que el ángel de maldad está contigo. Hermas (150 d.C.)

Dios encomendó el cuidado de los hombres y el de las cosas colocadas bajo el cielo a los ángeles, a los cuales puso al frente de esta misión. Mas los ángeles caídos fueron cautivados por el amor de las mujeres; y así engendraron hijos, los cuales son los demonios, más adelante sometieron a dura servidumbre a los hombres, en parte con escritos mágicos, en parte con terrores y suplicios que les infligían, en parte con los sacrificios, inciensos y libaciones que les enseñaban, pues comenzaron a necesitar de estas cosas desde que fueron emancipados de las enfermedades de la concupiscencia; finalmente sembraron entre los hombres las muertes, las guerras, los adulterios, los crímenes y toda clase de vicios. Justino Mártir (160 d.C.)

Los ángeles pecaron y se sublevaron contra Dios. Justino Mártir (160 d.C.)

Pero algunos (de los ángeles) ultrajaron la constitución de su naturaleza y descuidaron el control que les había sido confiado… Estos ángeles cayeron en amor impuro con las vírgenes y fueron subyugados por la carne… Aquellos que son llamados gigantes fueron engendrados por estos amantes de vírgenes. Atenágoras (175 d.C.)

La maldad, extendiéndose continuamente, alcanzó e inundó la raza humana; sólo un poco de semilla de justicia quedaba en ella. Porque, además, sobre la tierra tenían lugar uniones ilegítimas: los ángeles fornicaron con las hijas de los hombres, quienes dieron a luz unos hijos que por su enorme estatura fueron llamados gigantes. Los ángeles, entonces, dieron a sus esposas como regalo malignas enseñanzas. Les enseñaron la manera de obtener extractos de flores y plantas, tintes y pinturas, joyas y cosméticos, los celos y los amores apasionados, la seducción y la coquetería, los sortilegios de la magia, toda clase de adivinación e idolatría odiados por Dios. Y una vez desencadenadas tales cosas, el mal se expandió hasta desbordar, y la justicia disminuyó hasta casi desaparecer. Ireneo (180 d.C.)

También Enoc agradó a Dios sin la circuncisión, pues, siendo hombre, Dios lo envió como su legado ante los ángeles y “fue arrebatado,” y vive hasta hoy como testigo del juicio de Dios, porque los ángeles caídos fueron castigados, en cambio el hombre que agradó a Dios fue elevado para salvarse. Ireneo (180 d.C.)

Dios, envió justamente el diluvio en tiempo de Noé, para acabar con la raza malvada de aquellos seres humanos de esa época, los cuales ya no podían dar frutos para Dios, sino que se habían unido con los ángeles pecadores. Ireneo (180 d.C.)

El afirmó que algunos de los ángeles pertenecen al diablo, y para ellos se preparó el fuego eterno… Y como Dios creó todas las cosas, pero el diablo se convirtió en causa de la apostasía propia y de los otros, con justicia la Escritura a quienes perseveran en la apostasía siempre los llama hijos del diablo y ángeles del maligno. Ireneo (180 d.C.)

Los ángeles que hubieron obtenido un rango superior, habiéndose hundido en placeres, revelaron a las mujeres los secretos que habían llegado a su conocimiento. Clemente de Alejandría (195 d.C.)

De esta misma calidad son los servicios que hacen al César los que consultan a los astrólogos, a los adivinos, a los agoreros y a los magos sobre su vida y salud. Estas artes las inventaron los ángeles apóstatas, y Dios las tiene prohibidas. Tertuliano (197 d.C.)

Aquellos ángeles que inventaron las joyas y otras cosas son señalados bajo condenación al castigo de la muerte. Son los mismos ángeles que se precipitaron desde el cielo sobre las hijas de los hombres… Ellos dieron a conocer las técnicas de la metalurgia, enseñaron las propiedades naturales de las hierbas, divulgaron el poder de los encantos, pusieron al descubierto toda curiosidad, incluso la interpretación de las estrellas. Ellos concedieron peculiarmente a las mujeres los medios que sirven de ostentación femenina: las alhajas, los tintes… y los polvos negros que hacen resaltar los párpados y las pestañas. Tertuliano (198 d.C.)

Yo establezco esta proposición: Aquellos ángeles, los desertores de Dios, los amantes de mujeres, también fueron los descubridores de este arte curioso (la astrología). Y debido a ello, fueron también condenados por Dios… Pues nosotros sabemos del mutuo vínculo entre la magia y la astrología. Tertuliano (200 d.C.)

¿Temen al hombre, oh, cristianos? ¿Ustedes que deberían ser temidos por los ángeles, puesto que han de juzgarlos? Tertuliano (212 d.C.)

Tal fue la belleza de las mujeres que desvió a los ángeles. Como resultado, siendo contaminados, no podían regresar al cielo. Siendo rebeldes a Dios, profirieron palabras contra Él. Entonces el Altísimo pronunció su juicio contra ellos. Y de su simiente nacieron gigantes. Las artes llegaron a ser conocidas en la tierra por medio de ellos. Ellos enseñaron el teñido de lanas… Cuando ellos murieron, los hombres les erigieron imágenes. Comodio (240 d.C.)

Los ángeles apóstatas y pecadores introdujeron en adelante con sus artes todas estas cosas (por ejemplo las joyas), cuando descendieron a la tierra abandonaron su vigor celestial. Ellos también enseñaron a las mujeres a pintarse de negro alrededor de los ojos y a mancharse las mejillas de un color rojo falso. Cipriano (250 d.C.)

Dios en su previsión, envió ángeles para la protección y mejoría de la raza humana, no sea que el diablo… corrompiera y destruyera a los hombres por medio de sus engaños. Puesto que Dios les había dado a estos ángeles libre albedrío, sobre todo, les amonestó a no profanarse con las contaminaciones de la tierra y de esta manera perder la dignidad de su naturaleza celestial… Sin embargo, mientras los ángeles vivieron entre los hijos de los hombres, por su cercana asociación a las normas que regían la tierra, gradualmente fueron seducidos por los vicios y contaminados por relaciones sexuales con mujeres. De allí en adelante, no siendo admitidos en el cielo debido a sus pecados en los cuales se habían hundido, cayeron a la tierra. Lactancio (304-313 d.C.)

Ciertos ángeles, rehusando someterse a los mandamientos de Dios, resistieron su voluntad. Y uno de ellos cayó como un relámpago a la tierra, mientras otros, hostigados por el dragón, buscaron placer en relaciones sexuales con las hijas de los hombres. Y de esta manera, vino sobre ellos la recompensa reservada del castigo del fuego eterno. Discusión entre Arquelao y Manes (320 d.C.)

El Vaticano se preocupa por los ángeles

Para evitar su confusión con el esoterismo, el Vaticano llamó a no dar nombres a estos seres celestiales presentes en todos los credos. No hace mucho, un mensaje proveniente del Vaticano llamó a los fieles católicos a no poner nombres a los ángeles, a  excepción de los casos de Miguel, Gabriel y Rafael, los ángeles indicados en la Biblia.

La devoción desordenada a estos seres celestiales preocupa a la Santa Sede. En el último tiempo, una serie de corrientes han colmado los estantes de las librerías con nuevos volúmenes sobre el tema, lo que, según la Iglesia, desorienta a los fieles.

El escritor Juan Guillermo Prado ha dedicado sus últimos esfuerzos a recopilar las diferentes visiones en torno a estos enigmáticos seres. Según explica, la devoción a los ángeles está presente en todas las religiones en mayor o menor medida, con la característica común de ser intermediarios entre Dios y los hombres, explica Prado.

Estos seres celestes se presentan en el judaísmo como los que llevan los mensajes divinos a los profetas; en la tradición cristiana anuncian
– entre otros acontecimientos- la venida al mundo de Jesús; para el Islam es un ángel el que entrega el mensaje de Alá a Mahoma. En el budismo, en tanto, el rol de los ángeles está en manos de seres humanos iluminados que tras reencarnaciones sucesivas regresan a este mundo para guiar a los mortales.

Los persas escribieron cánticos a los ángeles y los babilonios creían en los sukalli o mensajeros angelicales, mientras para lo hindúes existen los devas, seres de luz que cuidan la evolución de la creación, agrega el escritor.
Devoción en Chile
En Chile, la devoción a los ángeles es parte de las prácticas de piedad popular. Los velorios de angelitos, que se realizan tras la muerte de un niño pequeño, perduran en el campo y en algunos sectores populares urbanos. Asimismo, la fiesta del arcángel San Miguel se celebra en al menos cinco lugares del norte y sur de Chile con bailes religiosos, ramadas, juegos, mandas, etc.

Pero en los últimos años, el fenómeno New Age – que plantea el nacimiento de una nueva concepción religiosa fundada en la evolución de la conciencia del hombre y la armonía con el cosmos- ha hecho explotar la devoción por los ángeles como seres que se encargan de realizar permanentes prodigios, desde ayudar a encontrar estacionamiento, hasta lograr uniones sentimentales, explica Prado. Se los asocia a los signos del zodíaco y se ofrecen naipes, figuras, velas y cursos para aprender a invocarlos.

Los ángeles se han transformado en una moda; se los ha trivializado. Hay muchos grupos que tienen cultos particulares a los ángeles, separados absolutamente de las estructuras religiosas, sin fundamentos teológicos y cayendo prácticamente en el paganismo, advierte Prado.

Para el padre Francisco Sampedro, asesor del Consejo Episcopal Latinoamericano (Celam) para la sección Ecumenismo y Diálogo Interreligioso, la crisis del hombre que se presenta en la posmodernidad lleva a la búsqueda de sensaciones y experiencias de carácter místico, que son alimentadas por estas formas de veneración. Existe además muy poca formación religiosa, a diferencia de lo que ocurre con las disciplinas humanas y científicas; entonces, al no haber una fundamentación de la fe, se buscan suplencias de este tipo, explica.

Ni siquiera entre los teólogos hay unanimidad respecto de la interpretación de las menciones bíblicas a los ángeles, explica el jesuita Jaime Vélez, secretario ejecutivo de la Sección para la Cultura y de la Secretaría para la No Creencia del Celam. Algunos plantean que los ángeles son una forma de expresión de la Providencia Divina – por lo que no serían entes personales- ,
mientras la mayoría se inclina por sostener que se trata de seres creados por Dios, puramente espirituales, sin materia o cuerpo alguno; no sexuados y sin principio de individuación, por tanto cada uno sería una especie, a difrencia de los seres humanos.

Su misión es adorar a Dios y servirle de ‘mensajeros’. Se hacen presentes a los hombres por ‘apariciones’, entendiendo por tales no una presencia física, sino una imagen sensible: se comunican con nosotros actuando en nuestra mente para que con la imagen sensible se entregue un concepto intelectual, una idea, explica el sacerdote.

El Catecismo católico sostiene que desde la concepción de cada uno de los hombres, Dios asigna un ángel guardián que acompaña, ayuda e inspira a vivir en el bien y buscar la voluntad divina. Ello, basado en las palabras de Jesús: “No desprecien a ninguno de estos pequeños. Pues les digo que en el cielo los ángeles de ellos están mirando siempre el rostro de mi Padre Celestial” (Mateo 18,10). Por eso, la liturgia consagra un día especial para venerar a los ángeles custodios.

El padre Vélez recomienda relacionarse con los ángeles a través de la oración y encomendando intenciones para que ellos las presenten ante Dios. Pero al mismo tiempo recuerda que la acción divina se desarrolla en lo ordinario y que no busca espectacularidad.

En la Biblia, hay 294 menciones a los ángeles. A partir de ellas, los teólogos han jerarquizado a estos seres en tres órdenes: los Consejeros (Serafines, Querubines y Tronos), los Dominadores (Dominaciones, Virtudes y Potestados) y los Mensajeros (Principados, Arcángeles y Ángeles).

Lo anterior no significa que en sí mismos unos ángeles sean superiores a otros, sino que tienen misiones distintas dadas por Dios; por eso algunos teólogos sostienen que un ángel no es un ser distinto de Dios, sino una relación distinta de Él con sus creaturas, explica el padre Jaime Vélez.

Una característica central de los ángeles, agrega el religioso, es que son creaturas libres. Algunas de ellas se rebelaron contra Dios convirtiéndose en ángeles caídos o demonios, a cuya cabeza se situó Satanás. En este sentido, el padre Francisco Sampedro agrega que las prácticas satánicas son una de las formas de devoción desordenadas a los ángeles.

Fuente: elmercurio.com

Los celestiales guardianes de la infancia

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Todos conocemos casos de niños que se han encontrado en situaciones de grave peligro y, sin embargo, han sobrevivido de forma «milagrosa». En tales ocasiones suele decirse que el ángel de la guarda ha intervenido en el momento decisivo para salvarles. Curiosamente, muchos de estos niños han declarado que una presencia angélica les protege, convencidos de que es posible comunicarse con ella. Pero ¿existen estos seres que velan por la infancia, curan enfermedades, son portadores de mensajes tranquilizadores o salvan la vida cuando se producen accidentes?

Por grandes que sean las diferencias de criterio entre los especialistas en el mundo infantil, existe consenso en que los primeros siete años son cruciales para el desarrollo y maduración futuros. La intensidad y audacia en los juegos y relaciones, sea con amigos reales o «invisibles», es una muestra de receptividad hacia el mundo espiritual. Generalmente se piensa que, a medida que el niño se va familiarizando con el pensamiento racional, pierde buena parte de la frescura e inocencia que caracterizaban esos años. Sin embargo, en el libro ‘Children and Angels’ (Los niños y los ángeles) la escritora británica Glennyce S. Eckersley ofrece otra visión del mundo de los adultos, pues ella opina que nunca se llega a perder del todo ese don infantil.

Los investigadores británicos David Hay y Rebecca Nye llevaron a cabo un estudio durante tres años sobre la espiritualidad de la infancia y descubrieron que la mayoría de los entrevistados tenía creencias profundas y experiencias espirituales significativas desde edades muy tempranas. Los niños están convencidos de que poseen su propio ángel de la guarda y no cuestionan la misión de estos seres. Y los menores, con independencia de su origen cultural, hablan de los ángeles con total naturalidad, como si se tratara de amigos de toda la vida.

En muchas sociedades se cree que los bebés de pocos meses poseen la capacidad innata de «ver» más allá de nuestra dimensión física. Este don clarividente desaparece gradualmente con la edad y al llegar a los doce años se han perdido todos o casi todos los vínculos con el mundo espiritual. He escuchado y leído relatos de muchos padres convencidos de la profunda afinidad existente entre niños y ángeles. Por lo que se refiere a los menores, los padres coincidieron al describir una escena que se repite con frecuencia: el bebé mira fijamente a un punto de la habitación, generalmente el techo, y en un momento dado sonríe o ríe, como respuesta a alguna forma de comunicación invisible; a menudo extiende sus manos hacia arriba, como si esperara que un ser invisible le cogiera en brazos.

Los bebés y los ángeles

Tampoco es inusual escuchar relatos de bebés que han sobrevivido milagrosamente tras caer de pisos altos, o en accidentes de tráfico donde mueren los padres pero los pequeños se salvan. Son muchos los que no dudan en atribuir estos sucesos a los ángeles de la guarda. Un ejemplo de este tipo de «rescate angélico» ocurrió en el verano de 1998 en Inglaterra, cuando un hombre llamado Jack llevó a su nieto de trece meses a dar un paseo en coche. Por razones desconocidas, Jack perdió el control del coche y cayó por el precipicio que había a un lado de la carretera. Fue lanzado fuera del vehículo y murió en el acto. Su nieto permaneció dentro del coche durante 72 horas, hasta que fue encontrado vivo y en buen estado de salud por un joven que hacía senderismo en la zona. El coche estaba oculto por una maleza muy espesa y protegido de los rayos del Sol y las inclemencias del tiempo. Durante la vista judicial del caso, todo el mundo hablaba de un milagro, incluso la magistrada. También el policía encargado de las investigaciones dijo que algo o alguien que no era de este mundo había cuidado del niño, salvaguardando su vida.

¿Quién salvó a Lucy?

En los hospitales de todo el mundo se puede asistir diariamente a numerosos prodigios producidos gracias a la tecnología y a la rápida intervención en pacientes que hubieran muerto sólo unas décadas atrás. Pero un milagro auténtico, un caso para el que médicos y enfermeras no encuentren ninguna explicación, es algo muy diferente. Sin embargo, no faltan los ejemplos. Uno de ellos es el caso de Lucy, una niña inglesa de 4 años que ingresó inconsciente en el servicio de urgencias del hospital Santa María de Paddington, en Londres, tras haber sido atropellada por un camión.

El aspecto de Lucy era tal que las dos doctoras de guardia, Judith y Jenny, no pudieron evitar estremecerse a pesar de tener experiencia en accidentes de todo tipo. Parece ser que acompañaba a sus padres mientras caminaban por Edgware Road, una de las calles más concurridas de Londres. Sin previo aviso, la niña se precipitó en la calzada y se metió literalmente bajo las ruedas del camión, que no pudo frenar a tiempo. Todo el tonelaje del vehículo pasó sobre el cuerpo de la pequeña. Después de examinarla, las dos facultativas no daban crédito a sus ojos, ya que sólo le encontraron un pequeño cardenal en el hombro. Mientras la llevaban al departamento de radiología, la niña abrió los ojos y preguntó que «dónde estaba el hombre vestido de blanco brillantes. El radiólogo pensó que se refería a él, ya que, como todos los médicos, vestía bata blanca, pero la niña repetía que ella hablaba del «hombre con el vestido largo que brillaba».

Una de las doctoras intentó tranquilizar a Lucy, pensando que todo era producto de su imaginación, pero la niña mantenía su relato con tenacidad, insistiendo en que aquel personaje luminoso le había acariciado las mejillas mientras la cogía en brazos para evitar que las ruedas del camión aplastaran su cuerpo. Unos minutos después se durmió y no despertó hasta pasadas veinticuatro horas. Transcurrido ese tiempo se le practicaron todo tipo de pruebas y análisis, pero, salvo el pequeño cardenal del hombro, no encontraron nada. Nadie podía creer lo que estaba pasando, ya que el conductor del camión recordaba el ruido producido por las ruedas cuando supuestamente pasaron sobre el pequeño cuerpo y un testigo confirmó que esa versión era cierta. Pero Lucy insistía en que el hombre de blanco le había salvado la vida. Muchos afirmaron sin ningún género de duda que ese «hombre» era su ángel de la guarda.

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Estos seres muestran su presencia de muchas formas distintas y una de ellas es mediante los aromas, generalmente de flores como el jazmín. Hace unos años, una joven madre llamada Jane se fue de vacaciones a la costa con sus dos hijas de 5 y 3 años. Cuando llegó a su destino, empezó a llover y el tiempo empeoró de tal modo que, dos días después, Jane decidió interrumpir las vacaciones y regresar a casa. Metió en el coche el escaso equipaje veraniego y se puso en camino, con tan mala fortuna que cuando apenas había recorrido unos kilómetros se desató una lluvia torrencial que le impedía la visibilidad. Las ruedas del coche resbalaban sobre el firme embarrado y Jane empezó a sentir miedo, Decidió parar y, al mirar hacia los asientos traseros, observó que la niña pequeña dormía plácidamente mientras la mayor, sonriendo, le habló como si se tratara de un adulto: «No te preocupes, mamá; los ángeles nos van a ayudar a salir de aquí». En aquel mismo instante, el coche se llenó de un aroma intenso, difícil de identificar, parecido a una mezcla de perfumes, flores y especias. El olor apenas se mantuvo un minuto, pero fue suficiente para que Jane condujera a partir de entonces con mucha más seguridad, sabiendo que tanto ella como sus hijas estaban protegidas por los ángeles. Ya en casa y a salvo, Jane seguía intrigada por el origen de la misteriosa fragancia, aunque siempre convencida de que no era de este mundo.

Los pequeños sanadores

Juana tenía tres años cuando estableció contacto con el mundo angélico y treinta años después sigue recordando el inicio de su relación con toda nitidez. Era un día de los que un niño no olvida fácilmente, ya que estaba próxima la Navidad. Juana empezó a sentirse mal mientras esperaba a que su madre preparase la cena. No tardó ésta en darse cuenta del estado de la niña y, tras comprobar que tenía fiebre, la metió en la cama y llamó al médico, quien le recetó un antipirético para que le bajara la temperatura. Juana no respondió al tratamiento y su estado empeoró tanto que el doctor decidió que debían ingresarla en el hospital local para mantenerla bajo observación. Mientras la niña yacía exangüe en su cama podía oír la conversación entre el médico y su madre. Entonces tuvo una experiencia que no olvidaría jamás: en el techo de su habitación había siete pequeños ángeles que la miraron y luego rodearon su cama. Vestían largas túnicas de color azul y flotaban y se desplazaban gracias a sus alas. Lo que más le sorprendió fue su tamaño, ya que eran muy pequeños, como muñecas con rostro de niña. Juana recuerda también la expresión bondadosa e inteligente de sus ojos. Creyó que habían venido para llevársela al cielo pero, minutos después, cuando llegó su madre para decirle que iban al hospital, comprobó, sorprendida, que la niña tenía mejor aspecto. El médico volvió a examinarla y la encontró tan recuperada que decidió aplazar su ingreso. Sin embargo, no fue necesario. En pocos días se recobró totalmente. Juana está convencida de que los ángeles salvaron su vida.

La dama de blanco

Los hermanos Laura y Martín estaban preparándose para ir a la cama cuando su padre comenzó a sentir unos fuertes dolores en el pecho y en un brazo. Su esposa no lo pensó dos veces y pidió una ambulancia para llevarle al hospital. Mientras tanto, llamó a la abuela para que se ocupara de los niños. Al día siguiente, por la mañana, la madre volvió a casa y les contó a los pequeños que su padre había sufrido un infarto y tendría que permanecer en el hospital unos días. Añadió que no se preocuparan, porque se restablecería enseguida. Laura, la mayor, se dirigió de este modo a su madre: «Yo sé que papá va a recuperarse muy pronto y no estoy preocupada, porque la señora que vino me tranquilizó». La madre, sorprendida por esta respuesta, le preguntó si se refería a la abuela, pero la niña insistió: «No, me refiero a una señora muy guapa que llevaba un vestido largo de color blanco y que despedía una luz muy brillante. Ella me dijo que papá iba a ponerse bien». Hubo un silencio total en la cocina. La madre y la abuela intercambiaron miradas y luego la primera se acercó a su hija y la abrazó. El padre se recuperó totalmente y hoy, quince años después, Laura está totalmente convencida de que aquella noche vio a su ángel de la guarda.

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De suicida a ángel

No hay nada más doloroso para los padres que perder a un hijo o hija por una enfermedad o un accidente. En muchas culturas se cree que los niños y jóvenes que fallecen antes de llegar a la edad adulta son seres especiales que, al pasar al más allá, se convierten en ángeles. En su libro, Glennyce Eckersley cuenta un caso que parece confirmar esta teoría. Judy y su familia estaban muy tristes ya que uno de los hijos, Michael, que era un adolescente, se suicidó después de sufrir una terrible enfermedad metabólica que había dejado muy alteradas sus facultades mentales. La gran preocupación de su familia era saber si seguiría padeciendo en «el otro lado» y no pasaba un solo día sin que alguno de ellos hablara de Michael. Pocas semanas después de su muerte, una serie de acontecimientos lograron cambiar el sentir y la preocupación de la familia. El médico que le había tratado durante los años anteriores a su muerte empezó a soñar con él. Steve, el hermano pequeño, también tuvo sueños en los que aparecían respuestas para las preguntas que se formulaba su familia sobre el destino de Michael. Poco después ocurrió algo que permitió a Judy y a su familia darse cuenta de que Michael era verdaderamente feliz y gozaba de «buena salud».

Una mañana, Steve despertó al oír cómo se abría la puerta de su habitación. Allí estaba su hermano Michael, quien se dirigió tranquilamente hacia su cama y se sentó en el borde. Steve no dudó de la realidad de la visión. Las noches anteriores había soñado frecuentemente con él. Sin embargo, el nuevo Michael, era distinto: vestía de blanco y su cara pálida y suave brillaba como si la luz saliera directamente, del interior de su cabeza. Una vez sentado en compañía de su hermano, le dijo que había venido a contestar todas las preguntas y a explicarles los sueños que habían tenido.

Michael le contó que el Cielo era muy diferente de la Tierra y que los sentidos se afinan en el más allá, permitiendo a sus moradores ver unos colores y oír unas notas musicales que no se percibían en la Tierra. Michael le aseguró que ya no sufría, que era feliz y se encontraba en paz. Finalizado el relato, desapareció, dejando a su hermano alegre y tranquilo. Steve se lo contó al resto de la familia y desde entonces todos sobrellevan bien la pérdida de Michael, sabiendo que su nueva vida es como la de un ángel.

Visitas sobrenaturales

Aunque existen muchas teorías, no se sabe a qué obedecen las visitas de los ángeles tanto a niños como a adultos. Sin embargo, todo el mundo coincide en que su propósito es siempre positivo y estimulante. La visita o visitas, según las experiencias, permanecen indelebles en el corazón de aquellos que las experimentan y la sensación que éstos tienen es siempre de serenidad, consuelo y valor.

De todas maneras, aunque usted no haya tenido un encuentro angélico, no quiere decir que no goce de la alta protección de estos seres. Los ángeles de la guarda «trabajan con dedicación exclusiva» y están siempre dispuestos a echarnos una mano en cualquier momento. Existen muchas experiencias que así lo prueban.