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Cada noche morimos un rato

El sueño forma parte del descanso. En gran medida es cierto. Científicamente sólo se conoce el estado del cuerpo pero no el del espíritu, que marcha a las regiones del astral a las que pertenece para reencontrarse con sus seres queridos, olvidando toda la experiencia una vez retorna al cuerpo. Nos ocurre un fenómeno parecido al de la reencarnación, pero diariamente. Por eso se puede decir que cada noche morimos un rato.

El lazo que nos une al cuerpo es conocido como cordón de plata y es de color dorado;  ahí se encuentra el fluido vital que une el cuerpo físico con el espíritu, cualquiera que haya realizado un viaje astral podrá dar fe de ello. Esta cadena se rompe cuando desencarnamos y, dependiendo de la moral del espíritu, tardará mayor o menor tiempo en romperse definitivamente.

La función reparadora que tiene dormir viene acompañada por un viaje al plano astral del cual pocos tienen conocimiento. Apenas recordamos lo que hemos vivido mientras dormimos, recuerdo que está acompañado con imágenes del día a día que van quedando registradas en nuestro subconsciente. Aprender a descubrir lo que significan los sueños es muy difícil, debido a la mezcla de imágenes entre la verdadera experiencia y lo vivido en el mundo onírico.

Tenemos  muchas tareas que realizar en el mundo astral, tan importantes incluso como las que realizamos en el plano físico.

En ese mundo o plano paralelo al nuestro, ayudamos con consejos (a través del pensamiento) a seres queridos que se encuentran encarnados como nosotros, escuchamos los consejos de los guías espirituales que nos acompañan, planificamos parte de las experiencias que vamos a vivir en nuestro mundo físico, nos relacionamos con seres queridos que ya desencarnaron… Incluso podemos encontrar la inspiración de un proyecto que tengamos y muchas cosas más.

Durante el sueño podemos recibir información sobre el futuro que difícilmente retendremos al despertar,  pero suceden casos en los que es tan intenso el recuerdo, que podemos estar seguros de que lo que soñamos ocurrirá. Éstos son  los conocidos como “sueños premonitorios”, clara muestra de que nuestras capacidades extrasensoriales están receptivas, como ocurre en el mundo espiritual.

Aquellas personas que tienen a menudo este tipo de sueños, señalan que existe una serie de características que diferencia éstos de los demás:

1) Los sueños son muy realistas. 2) Representan una vivencia muy fuerte. 3) Las personas sienten que lo soñado se realizará. 4) Se despiertan con ganas de contarlos.

El camino hacia la Luz y los bajos astrales

Cuando una persona fallece, su alma se desprende del cuerpo, pero no lo hace instantáneamente. Hay quienes, por su propio proceso espiritual, saben que están listos para desencarnar, así como también algunos pacientes enfermos terminales, que se van despidiendo de sus seres queridos, dejando todas sus cosas –terrenales y espirituales- en orden, e inclusive hay quienes refieren que han visto a seres queridos o ángeles que se presentan a buscarlos. En estos casos, sus almas pueden ir más rápido hacia la Luz Divina.

Cuando la muerte ocurre por sucesos violentos o inesperados (un accidente de tráfico o laboral, una muerte súbita por infarto, una balacera, etcétera), es posible que las almas estén un poco desorientadas en el primer momento. Entonces se quedan cerca de su envoltorio físico, aunque éste ya no les sirve. Por eso en muchos países, como en Chile, es muy conocida la tradición de las ‘animitas’, pequeñas capillas-recordatorio en el lugar donde una o más personas han fallecido en un accidente o muerte violenta.

Si a esto le agregamos que hay seres queridos que comienzan a llorarlos y no se resignan a su partida, los llaman cada día, los invocan con dolor y angustia, esas personas están reforzando el vínculo de alma a alma, reteniéndolos en un plano dimensional que ya no les corresponde.

Cuanto más tiempo transcurra entre el fallecimiento y el “dejar ir” al alma a la Luz, más difícil se le hace a ese ser elevarse, pues comienza a bajar su vibración. El riesgo en tales casos es que los fallecidos pasen a convertirse en lo que se denominan almas en pena, porque realmente están viviendo en una pena eterna.

BAJOS ASTRALES

Por otro lado, existen toda una serie de espíritus de bajas vibraciones que, cuando desencarnan, pueden aferrarse a nosotros causándonos problemáticas de muy distinta índole. Se trata de los llamados bajos astrales.

Esos espíritus bajos, aunque desencarnados, siguen aferrados a los placeres de la tierra y por eso, se arriman, pegan o “enquistan” a nuestras espaldas, o incluso toman posesión de nuestro cuerpo para satisfacer todas aquellas necesidades a las que ya no pueden acceder porque carecen del cuerpo material. Tales espíritus bajos pueden empujarnos a que bebamos alcohol por ellos, a que consumamos drogas, a que cambiemos parte de nuestra forma de sentir y nos tornemos poco menos que inadaptados para la convivencia familiar a la que estábamos acostumbrados.

Si el enquistamiento o posesión tiene lugar en personas libres de adicciones o carencias afectivas, los efectos no se harán tan visibles en un comienzo. Pero la energía negativa de esos bajos astrales terminará minando cada área de la vida de la persona, hasta que un buen día los afectados caen en la cuenta de que desde hace un tiempo han venido cargando inconvenientes, complicaciones y malestares que antes no tenían y para los que no encuentran una explicación lógica y real.

Por ello es muy importante que cuidemos el nivel de nuestra energía; que sellemos y protejamos nuestra aura con oraciones, meditaciones o distintas técnicas, evitando dar paso a esas entidades abrumadas y perdidas que forman parte del plano o nivel más bajo del extenso mundo astral.

Por ejemplo, una de las maneras concretas de hacerlo es evitar la curiosidad de andar mirando cuando hay accidentes o suceden tragedias o las personas se suicidan; tomando conciencia de que las almas de esas personas están desorientadas y lo primero que hacen es buscar un cuerpo en donde poder seguir viviendo. Un cuerpo que, si estamos débiles energética y espiritualmente, puede ser el de cualquiera de nosotros.

La influencia de los espíritus en nuestras vidas

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En muchas ocasiones, los espíritus de los muertos permanecen entre nosotros y nos influencian, motivan y hasta nos dirigen. La fe, la confianza en Dios y una fuerte coraza espiritual, nos mantienen libres de todas las influencias negativas.

En muchas ocasiones, las personas tienen dificultades para mantener la estabilidad emocional. Varían mucho, de la tristeza a la alegría, de la depresión a la euforia, del buen ánimo al desaliento. No siempre esas emociones están asociadas al día a día. La diversificación de estados emocionales, en muchas ocasiones está asociada a la naturaleza de los Espíritus que se aproximan a nosotros, y tiene relación directa con las influencias que sufrimos por parte del mundo espiritual.

¿Hablamos de las almas de los muertos? Sí.

Hombres y mujeres, desencarnados, liberados de la materia, pero presos y sujetos al interés humano, atados todavía a este mundo material por distintas razones. Permanecen entre nosotros y nos influencian, motivan y hasta nos dirigen. Escribe Allan Kardec  que  esa influencia es a veces tan intensa, que no es raro que sean los espíritus los que dirijan en parte nuestros comportamientos, actitudes o forma de pensar.

Es inevitable preguntarse: ¿Por qué hacen eso? ¿Cuál es su propósito?

Las motivaciones de esos espíritus desencarnados atienden a su propia condición. Los hay que están perplejos y quieren ayuda, o piden oraciones, o no saben siquiera que ya no tienen cuerpo físico, porque fallecieron en circunstancias trágicas o de manera súbita e inesperada (un accidente de tráfico, por ejemplo).

Hay espíritus malévolos que se divierten en atenazar, amedrentar, asustar a los encarnados;  los hay que ejercen venganza; los que han sido enviados por los poderes de la magia negra, por un brujo negro que ha recibido el encargo de otra persona, para hacer daño a un ser vivo o a una familia entera… También hay espíritus que se vinculan a los vicios y desean intermediarios para seguir satisfaciéndolos, pues ya no pueden disponer de su propio cuerpo … Las influencias de los espíritus en nosotros, seres encarnados y habitantes en este plano terrenal, son muy variadas y las motivaciones muy distintas.

¿Cómo distinguir, pues, nuestros pensamientos de aquellos que pueden ser inspirados por un desencarnado?

En principio es difícil, por cuanto el flujo mental de los espíritus a los cuales nos asociamos –o de aquellos que se acercan a nosotros por cualquiera de las razones antes expuestas-, se expresa en nuestra mente como si fuesen nuestros propios pensamientos, algo de nuestra intimidad. Y es necesario también  tener muy en cuenta y considerar la cuestión de la sintonía. Generalmente, esas entidades guardan una cierta compatibilidad con nuestra manera de ser, con nuestras tendencias y con nuestras ideas.

Esta sintonía o compatibilidad de los espíritus con los humanos encarnados podría llegar a explicar, por ejemplo, casos tan extremos como el que las influencias llegaran a ser tan negativas que pudieran llegar a impulsar al suicidio a alguien que jamás pensó tomar esa iniciativa.

Si la entidad desencarnada que influencia y perturba al ser vivo, fue en su vida un suicida, puede seguir induciendo, sugestionando y llevando a la persona hasta un grado de depresión o de inestabilidad emocional tan profunda, que lleve a la persona a sentir el deseo de matarse.

En ciertas ocasiones, si la persona, por circunstancias afectivas, laborales, o por hallarse en una situación emocional  muy compleja, llega a hacerse afín a esa idea del suicidio, a entrar en sintonía con ella, puede suceder que llegue a admitirla y, en consecuencia, a aceptarla como la única solución válida en ese momento de su existencia.

Para superar las influencias negativas de los espíritus maliciosos, vengativos, endurecidos o rebeldes y para reforzar todo nuestro ser de manera que sólo reciba buenas influencias del mundo espiritual que nos rodea, sólo dos cosas son indispensables: Practicar el Bien y poner en Dios toda nuestra confianza.

La fe, la confianza en Dios y una fuerte coraza espiritual nos mantienen libres de todas las influencias negativas.  La confianza en Dios sustenta el equilibrio de las emociones, en todas las situaciones difíciles, y nos ayuda a evitar los estados depresivos que nos vuelven vulnerables a las influencias inferiores. Y la práctica del Bien nos pone en sintonía con las fuentes de la Vida, facultando la infalible protección de los benefactores espirituales.

La gran responsabilidad de ser muertero

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En México, ser muertero es un oficio tradicional. Así denominan en ese país a las personas que tienen un trato cotidiano con los muertos. Nos referimos a los trabajadores de las empresas funerarias, que preparan a los muertos para ser posteriormente velados por sus familiares. Suturan, maquillan, trabajan para dejar presentable al difunto. Tienen que estudiar cosmetología, reconstrucción facial, a veces incluso medicina forense, y todo ello conlleva años de preparación y de estudio. No todo el mundo puede realizar este oficio, para el que se requiere un carácter y un temperamento especial, saber manejar las emociones.

En resumen, los muerteros mexicanos trabajan con la parte física y material del muerto; es decir, el cadáver de la persona que ha fallecido.

En Cuba, por el contrario, la palabra muertero tiene un significado mucho más amplio y hace referencia no ya a la parte material, sino que en este caso nos habla de la parte espiritual e inmaterial; es decir, el espíritu de la persona fallecida.

El  muerterismo o muertería constituye, para el pueblo cubano, todo un sistema de creencias. Es un fenómeno religioso que tiene por objeto principal el culto al muerto, una categoría de la espiritualidad de los cubanos. Este sistema está configurado por cultos populares de base africana, en los que concurren de manera armónica y singular distintas expresiones religiosas, que van desde el espiritismo hasta el sincretismo, en el cual dioses de origen africano están íntimamente vinculados con santos del catolicismo.

Y así surgen distintas expresiones de diferentes cultos, desde la santería en general pasando por el palo mayombe, la umbanda o la quimbanda hasta llegar al vudú. Es una temática tan variada como compleja, y no es nuestro objetivo tratarla aquí.

En Venezuela, país predominantemente católico, también hay una fuerte presencia del sincretismo religioso y de la santería, si bien esta última está más enfocada hacia el espiritismo.

En relación a los muerteros, de un foro sobre espiritismo en Venezuela entresacamos esta importante información:

El muertero no es sólo aquella persona que tiene contacto con sus antepasados, guías espirituales y otras entidades evolucionadas, sino aquel que tiene la obligación de saber trabajar con “muerto” en cualquier circunstancia: desde tratar con aquel muerto que se ha “posesionado” físicamente de una persona, con el muerto que tiene “secuestrada” el alma de una persona, con el muerto que se ha “pegado” a una persona, con el muerto que se le “recostó” a una persona, hasta convertir a un muerto malo en muerto bueno, e incluso darle luz al mismo muerto…

En El Templo de la Luz Interior, y según estas definiciones, somos muerteros porque:

1) Ayudamos al muerto a irse en paz, ascender hacia la Luz.

2) Liberamos (exorcizamos, si es preciso) a la persona que está perturbada, contagiada o incluso poseída por un muerto, por el espíritu de un fallecido que no es el suyo propio.

3) Al mismo tiempo, liberamos también al espíritu obsesor y posesor, haciendo que se marche en paz al lugar donde le corresponde estar y que devuelva su lugar al alma de la persona afectada.

4) Transmitimos, en determinados casos, el mensaje que el muerto quiere dar a sus deudos.

Etcétera…

En consecuencia, y de acuerdo con determinada corriente espiritista, ser muertero implica negociar y tratar con el muerto, tanto desde el lado bueno como desde el lado malo. En el lado malo, es decir, oscuro y relacionado con lo que nosotros conocemos como magia negra, estaría por ejemplo “comprar los servicios del muerto en el cementerio”, “acudir al lugar donde hubo un accidente o muerte trágica y hacer en ese momento trato con los muertos para ayudar o destruir”, o también “saber cómo convencer al muerto fresco para meter trabajo negro en sus entrañas”. (En nuestro trabajo y desde la magia blanca que practicamos, nada de esto nos atañe).

Ser muertero, también, obliga a la persona a tener unos mínimos conocimientos sobre brujería, hechicería, sanación, espiritismo, videncia, adivinación y mediumnidad. Ha de haber estudiado “el Catolicismo sacerdotal” y asimismo, conocer qué es el Mal para poder hacer el Bien.

Y no olvidarse nunca que es un don entregado por Dios. Ello conlleva, por supuesto, una tremenda responsabilidad espiritual.

La persona engreída, arrogante y orgullosa, quien sólo ambiciona sacar provecho material, jamás conseguirá nada del muerto. Los muertos son maestros espirituales de la verdad que a los vivos nos está vedada.

 

 

Los espejos, portales a otras dimensiones

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No se sabe con seguridad cuándo apareció el espejo en la vida del hombre. Lo cierto es que se encuentra desde la más remota antigüedad

Se han encontrado espejos en todas las civilizaciones, en América, Asia, África y Europa.

Los espejos como utensilios de tocador y objeto manual fueron muy usados en las civilizaciones egipcia, griega, etrusca y romana.

Durante la alta Edad Media, apenas se usó el espejo. En el siglo XIII se inventó la fabricación de los espejos de vidrio y de cristal de roca sobre lámina metálica, comenzando a ser utilizados como mueble de habitación recién en el siglo XVI,

Hacia fines del siglo XVII se fabrican en Venecia los primeros espejos de gran tamaño y desde entonces sirven como objetos decorativos en salones, en los que ocupan un lugar destacado.

Otro mundo

Según muchas personas dentro de los espejos hay otro mundo, como si fuese el nuestro pero de una manera invertida, las cosas que nosotros vemos aparecen a la inversa, y las cosas escritas de forma correcta, en ese mundo del espejo están escritas al revés.

Una de las leyendas que hay sobre los espejos, es que si uno sitúa un espejo frente a otro, crea un portal infinito donde los espíritus pueden transitar libremente entre el mundo de los vivos y su dimensión, la dimensión de los muertos.

En la cultura oriental los espejos están dotados de un gran poder místico y son elementos capaces de espantar a los espíritus malignos.

Usados en magia y hechicería

Por su capacidad para duplicar la realidad, los espejos han sido siempre un medio de acceso para la magia y lo sobrenatural, y ya en la Antigüedad el arte de la adivinación por medio de espejos, conocido como cristalomancia, era practicado por magos y arúspices de muchas culturas. Las antiguas brujas de Tesalia escribían sus oráculos en espejos con sangre humana. Se cuenta que enseñaron a Pitágoras a adivinar sosteniendo un espejo en dirección hacia la Luna.

John Dee, el mago de la reina Isabel I de Inglaterra, utilizaba un huevo de cristal y un espejo negro de obsidiana. Un procedimiento habitual entre los adivinos consistía en sumergir un espejo de metal en el agua y según se viera el reflejo -desfigurado o claramente definido- se auguraba si la persona iba a vivir mucho o a morir.

Una de las diosas que se sirven de su espejo mágico es la egipcia Isis. Recordemos que en el mito Osiris es el hermano-esposo de Isis, el cual será despedazado por Seth y sus fragmentos esparcidos por el mundo. Gracias a sus artes mágicas y con la ayuda de su espejo, Isis localizará los pedazos de Osiris para poder recomponerlo y devolverle la vida.

Las leyendas y el folclore tienen cientos de historias relacionadas con la magia y los espejos encantados. Aunque en muchos casos se tratan de simples historias, en otros tienden a ser advertencias sobre los peligros que acompañan los espejos, que tienen cualidades negativas sobrenaturales. Pero además, los espejos también son vistos por muchos como portales a otras dimensiones, acompañado del riesgo añadido a lo desconocido. Entonces, ¿estamos seguros delante de los espejos?

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Fenómenos paranormales 

Muchas personas han informado sobre fenómenos paranormales alrededor de los espejos en sus propias casas.

Hay cientos de casos documentados de espejos encantados y tienden a tener características similares. Los testigos han reportado experiencias paranormales cuando han comprado o adquirido un viejo espejo y lo han puesto en su casa. También, muchas personas han afirmado que cuando se han mudado a un nuevo hogar, han tenido problemas con los espejos dejados por los ocupantes anteriores.

Otras personas han reportado actividad paranormal después de usar espejos para la adivinación. Por lo general, si los participantes no tienen las nociones básicas de su uso, pueden abrir un portal a lo desconocido. El mismo riesgo existe, y redoblado en peligrosidad, si se practica el ‘juego’ de la ouija cerca de un espejo, u otras variantes desgraciadamente tan en boga entre los adolescentes, como la Verónica, el ‘baila jocker baila’, etcétera…

Los fenómenos informados en relación con los espejos embrujados varían. La manifestación más frecuente es la formación de imágenes de individuos o entidades que no sean las propias personas que ocupan la habitación.

Pero a pesar de esto, muchos de los casos relacionados con espejos encantados fueron presenciados por más de una persona en diferentes momentos del día, en diferentes condiciones de iluminación. Por lo tanto, en estos casos se pueden descartar las causas naturales.

Las cualidades ocultas de los espejos

Los espejos tienen la capacidad de capturar las almas, por lo que deben ser quitados de una habitación donde se encuentra una persona enferma, ya que son más vulnerables en este momento.

Los psíquicos recomiendan no mirar un espejo por la noche o con la luz de las velas. Según los expertos, si se hace esto , se pueden ver fantasmas, demonios y presagios de muerte, incluso la propia.

Cuando una persona muere en una habitación con espejos, se tienen que cubrir o se deben volver hacia la pared, ya que si no se hace podría perderse en ellos el alma de la persona fallecida.

Incluso durante el sueño, se debe cubrir el espejo, ya que si no está consagrado o ritualizado, es vulnerable a los ataques de los espíritus negativos o demonios durante las horas de oscuridad. Tampoco se debe colocar la cama en un lugar en el que se refleje en un espejo.

Con el fin de evitar que los espejos sean utilizados como un portal por entidades sobrenaturales, se debe mover con frecuencia por las diferentes zonas de la habitación. Los espejos con un soporte sólido colocados en la misma posición durante un largo período de tiempo, son más propensos a convertirse en portales espirituales.

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Misteriosas apariciones en los espejos

Hay una gran diversidad de extraños fenómenos que pueden experimentan las personas. En la mayoría de los casos, pero no todos, la energía parece ser más negativa que benigna. Sin embargo, hay que recordar que en algunos casos la maldad aparente podría ser debido al factor del miedo, sugestión o mala interpretación en lugar de un espíritu negativo.

La actividad paranormal incluye:

Sombras.- Éstas tienen una relación directa con los espejos embrujados. Las personas describen las sombras de pie cerca de los espejos, incluso también saliendo y entrando de ellos. En otros casos también se informa de otros fenómenos, tales como los puntos fríos, voces, extraños ruidos, orbes y olores. Las sombras pueden adoptar diversas formas: alta, pequeña, muy delgada, muy gruesa, torcida, humana o incluso animal.

 Nieblas.- Básicamente similares a las sombras. La niebla no sólo se ve entrar y salir de los espejos, a veces también parece formar formas reconocibles. Otras personas han descrito brumas cambiantes, como nubes o masas que se mueven alrededor de la habitación, así como en densos espejos oscuros. Los sentimientos reportados por los testigos suelen ser generalmente de naturaleza negativa. Los sentimientos experimentados van desde la ira, la hostilidad y el mal. Además, las personas se han dado cuenta de otros fenómenos que suceden al mismo tiempo en la habitación, como puntos o zonas donde hace más frío, presencias de orbes en fotografías o vídeos, extraños ojos brillantes, gruñidos u otros ruidos relacionados con la actividad poltergeist.

Caras.- Esta es probablemente la manifestación más frecuente informada por las personas en relación con los espejos embrujados. Las caras son, normalmente, humanas y a veces son conocidas por los propios testigos. Pero en algunos casos las personas han informado sobre la aparición de otras entidades o caras demoníacas.

Portal a otras dimensiones

Los portales espirituales son la entrada y salida de energía espiritual a otras dimensiones. Según la creencia popular, estos portales son agujeros, aperturas de los campos de energía que rodean a los reinos espirituales o dimensiones. Los espíritus pueden desplazarse a través de estas aberturas en el plano físico.

Por desgracia, los espíritus negativos atraviesan con frecuencia estos portales. Se cree que esto sucede porque la capa astral más cercana al plano físico está llena de seres astrales inferiores energéticos, conocidos comúnmente como bajos astrales.

Al igual que con cualquier fenómeno paranormal, es difícil saber qué casos son auténticos fenómenos naturales o fenómenos sobrenaturales. Pero la realidad es que los espejos seguirán desempeñando un papel importante en los fenómenos psíquicos. Y es importante recordar que la próxima vez que pases ante un espejo y sientas un extraño escalofrío recorriendo todo tu cuerpo, párate un instante a pensar: porque nunca se sabe quién o qué podría estar mirándote desde el otro lado del espejo.

Otros artículos nuestros sobre este tema, para saber más:
Simbolismo y magia de los espejos

Portales a otros mundos

 

“No son alucinaciones”: los moribundos, y también sus cuidadores, viven experiencias espirituales

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Las unidades de paliativos o cuidados intensivos de los hospitales guardan una estrecha relación con la muerte, dando lugar a numerosas experiencias que se escapan a cualquier explicación racional.

Pacientes que intuyen el momento exacto en el que van a morir, otros que parecen decidir por sí mismos el día y la hora, adelantando o retrasando su muerte, sueños premonitorios de familiares o presentimientos de terceras personas que, sin ni siquiera saber que alguien está ingresado o ha sufrido un accidente, están seguros de que ha fallecido.

Sólo los profesionales sanitarios que trabajan de cerca con los pacientes terminales conocen de primera mano el alcance y variedad de estas extrañas experiencias.

La ciencia no ha podido ser capaz de ofrecer algún tipo de respuesta, por lo que se suelen describir como sucesos paranormales o sobrenaturales.

Una etiqueta “demasiado vaga para la magnitud de estas experiencias”, según explica la doctora británica Penny Sartori, que lleva cerca de 20 años trabajando en la UCI.

Una carrera lo suficientemente sólida como para haber visto de todo, intuir patrones y elaborar hipótesis sobre estos fenómenos. Tanto es así, que ha preparado una tesis doctoral sobre estas cuestiones, cuyas principales conclusiones adelantó en el libro The Wisdom Of Near-Death Experiences (Watkins Publishing).

“Alucinaciones” compartidas por familiares
A lo largo de toda su carrera, Sartori se ha entrevistado con pacientes que han vivido experiencias cercanas a la muerte (ECM), así como con familiares que han vivido de cerca experiencias de muerte compartida (EMC).

La cantidad y la repetición de patrones hacen que la doctora descarte la hipótesis de la casualidad o la imposibilidad de hallar un razonamiento lógico para este extendido fenómeno.

Su tesis principal se centra en que “nuestro cerebro es independiente de la conciencia. Es el medio para canalizarla, por lo que en realidad es físicamente ajena al cuerpo”. Una idea que explicaría, añade, por qué “el alma y la conciencia pueden experimentarse al margen del cuerpo”, como en las ECM o en la meditación budista.

Los ejemplos de los que Sartori se vale en su libro son muy numerosos, pero todos suelen coincidir en que los pacientes que viven estas ECM son siempre los que abrazan la muerte de la forma más tranquila y feliz, al igual que los familiares que presienten la muerte de sus seres queridos.

¿Por qué? Según las entrevistas que ha mantenido con estos últimos se debe a que están convencidos de que sólo se trata del fin de la vida terrenal.

Al margen de que se trate de personas creyentes, agnósticas o ateas, todas ellas tienen el sueño o la visión de cómo su familiar se va de este mundo guiado por alguien (cónyuges ya fallecidos, seres anónimos o ángeles) y lo hace con una clara sensación de “paz y amor”.

Al principio, relata Sartori, “me llamaba la atención que algunos familiares de fallecidos no se sintiesen tristes tras diagnosticar la muerte de su ser querido, pero al entrevistarlos me di cuenta de que en realidad estaban tranquilos por haber experimentado esta sensación de trascendencia a la vida”.

Eligiendo el momento “más apropiado” para morir
Este no es el caso de los ejemplos de personas que a sabiendas de cuando van a morir piden quedarse unos minutos solos o lo hacen justo cuando el familiar, que permanece todo el tiempo a su lado, los abandona un solo momento para ir al baño.

Otros casos igualmente llamativos son los de personas que se mueren justo después de ver al familiar que tarda en acudir a verlos por estar en el extranjero, cuando terminan con todo el papeleo de herencias y seguros vitalicios. “Parecen estar a la espera de que ocurra un evento específico para permitirse morir”, relata la enfermera.

No son alucinaciones
El director del Tucson Medical Center John Lerma, especializado en cuidados paliativos, ha recopilado ejemplos muy similares a los citados por Sartori en Into the Light: Real Life Stories About Angelic Visits, Visions of the Afterlife, and Other Pre-Death Experiences (New Page Books). Según sus informes, entre el 70 y el 80% de los pacientes esperan a que sus seres queridos salgan de la habitación para morirse.

Sartori se niega a creer que estas vivencias estén motivadas por alucinaciones. “No es posible que varias personas vean lo mismo y sean capaces de describirlo igual si realmente se trata de una percepción distorsionada de la realidad”, apunta.

Unas tesis que se apoyan en las famosas teorías del profesor Raymond Moody, que acuñó el concepto de experiencias cercanas a la muerte a finales de los 70.

Sus estudios más novedosos se centran en las vivencias compartidas por las personas que acompañan a los que están en trance de muerte.

“Abren una vía completamente nueva de iluminación racional sobre la cuestión de la vida después de la muerte porque las personas que comunican estas experiencias están sanas. Suelen estar sentadas junto al lecho de muerte de un ser querido cuando le sobreviene una de estas experiencias maravillosas y misteriosas. Y el hecho mismo de que las personas no están próximas a la muerte incapacita la cláusula de exención. Como sus experiencias no se pueden achacar a fallos de la química cerebral, tendremos que ir más allá de este argumento”, asegura.

Enfermos de alzheimer lúcidos en el final
El recurso, “cínico” según Sartori, a explicar este fenómeno a partir de disfunciones cerebrales, tampoco se sostiene con los ejemplos de personas ingresadas con alzheimer avanzado que repentinamente recuperan la capacidad de raciocinio.

“Se trata de pacientes en un estadio terminal de la enfermedad, incapaces de articular palabra, que de forma sorprendente comienzan a hablar con total coherencia, interactuando con gente que no está en la habitación y que frecuentemente son familiares muertos”, explica la autora.

Además, añade, “suele suceder que después de esta experiencia dejan de estar intranquilos y acaban muriendo con una sonrisa en la cara, generalmente, uno o dos días después”.

El argumento de que estas visiones están inducidas por los fármacos tampoco es aceptado por la autora porque, dice, “estos causan ansiedad, todo lo contrario de lo que sienten los pacientes”. La autora defiende en su libro que este tipo de vivencias, recopiladas a lo largo de toda su carrera, pueden ser claves para demostrar la existencia de una vida después de la muerte y que, al menos, deben abrir una nueva vía de investigación (como algunas que parten de la física cuántica) para los estudios científicos. De lo que sí dice estar convencida es de que “la muerte no es tan temible como nos la solemos imaginar”.

Fuente: ReL

Los médiums que utilizan mal sus dones están en riesgo de ser poseídos por espíritus malignos

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En estos últimos tiempos, miles de personas en todo el mundo -y Chile no es una excepción- afirman ser canalizadores (channelers), médiums o psíquicos, sin contar siquiera con los mínimos conocimientos y sin tener apenas experiencia, presumiendo de sus ‘dones’ o ‘cualidades’ de una manera tan alegre como irresponsable y alarmante, por las implicaciones negativas y peligrosas que esta actividad conlleva, si no se tienen bases muy sólidas de conocimientos y estudios.

En Chile como en otros muchos países, es notable el interés existente por todo lo que representa lo sobrenatural. Dentro de este ámbito, la posibilidad de comunicarse con los espíritus llama mucho la atención, y por esto mismo hay personas que se aprovechan de esta curiosidad o necesidad, no para ayudar realmente a quien necesita saber cómo están sus seres queridos que ya partieron, sino con evidentes intereses egoístas y para obtener lucro económico.

La primera advertencia que debemos hacer, y que ciertos/as “médiums” pretenden ignorar o bien dejan a un lado, es que las capacidades de mediumnidad no se desarrollan espontáneamente en la persona. En el aspecto positivo, las menos, son fruto y resultado de muchos años de estudios y experiencias. En el aspecto negativo, las más, tales cualidades o dones se consiguen con la ayuda de los espíritus impuros, y por eso son muy peligrosas y dañinas. Es cierto también que los espíritus malignos no advierten de su presencia para no asustar al neófito y se presentan o bien como inofensivos espíritus vagabundos o también, utilizando términos y palabras comunes entre los seguidores de la Nueva Era, como “energía no-física impersonal expandida en el universo y presente, aunque en forma oculta, dentro de la persona misma”.

No hay duda de que entre los espiritistas, los canalizadores y los médiums existen muchos charlatanes y aprovechados. Sin embargo, existen también profesionales honestos, que se comunican realmente con seres extra-terrenales y que reciben de ellos conocimientos y capacidades que son inaccesibles para las personas comunes.

La gran mayoría de las personas que frívola e irresponsablemente se autocalifican de ‘canalizadores’ o ‘médiums’, no tienen siquiera idea de la perfidia y la peligrosidad de aquellos espíritus a quienes ellos/as se entregan con tanta confianza. No son almas inofensivas, vagabundas, ni tampoco son las fuerzas impersonales de la naturaleza. Al contrario, según el testimonio de muchos médiums y chamanes profesionales, los espíritus que se comunicaron con ellos los engañaban conscientemente. Fingían ser bondadosos para apoderarse de los médiums y hacerles daño. Así, por citar sólo un ejemplo, Satprem, el discípulo del ocultista y maestro hindú Sri Aurobindo, escribe: “Todos los ocultistas saben que los espíritus están en condiciones de tomar cualquier forma que se les ocurra”. (Satprem, “Sri Aurobindo or the Adventure of Consciousness,” New York, Harper and Row, 1974).

Robert Monroe describe brillantemente lo que le ocurrió cuando en uno de sus viajes “astrales” fue víctima de un ataque insolente y obstinado de los espíritus malignos. En el momento más decisivo de la lucha, dos de esos espíritus tomaron el aspecto de las dos hijas muy queridas del atacado. Lo hicieron de una manera tan repentina e insólita, que Robert perdió por un instante la capacidad de resistencia, lo que casi le costó la vida. (Robert Monroe, “Journeys out of the Body” Garden City, NY, Anchor Books, 1973).

El reconocido médium Emmanuel Swedenborg, que se consagró a la evocación de los espíritus y que fue considerado por muchos como un serio especialista en las temáticas del ocultismo, atestigua que una buena parte de los espíritus con los que se comunican los espiritistas y los médiums son hasta tal punto astutos y mentirosos, que a una persona que tiene contacto con ellos le es imposible determinar su verdadera personalidad y sus fines. Estos espíritus son unos excelentes actores, que se ponen máscaras de los espíritus de los muertos. Swedenborg pone en guardia a los ocultistas neófitos recomendándoles lo siguiente: “Cuando estos espíritus les dicen algo, ustedes no deben creerles nada, porque ellos inventan todo y siempre mienten. Y lo hacen con tanto aplomo e insolencia que la persona se desconcierta. Y si esa persona les cree algo de lo que le han dicho, entonces ellos con el extremo cinismo inventan otras patrañas confundiéndolos del todo. Por eso deben ustedes cuidarse de esos espíritus y no creerles ni una gota”. (E. Swedenborg, “The True Christian Religion,” New York, E.P. Dutton, 1936).

Si esos espíritus -de los que nos hablan expertos ocultistas en sus obras- mienten, es evidente que dichos espíritus no son ángeles buenos ni servidores de Dios, ni las almas de nuestros seres queridos fallecidos. ¿Qué son entonces? Lo más probable es que sean espíritus subordinados a la voluntad de aquél, a quien Cristo llamó “mentiroso y el padre de la mentira”, es decir, el diablo (Juan 8:44). Consecuentemente, los canalizadores y los médiums, confiándose en los espíritus del más allá, ponen en gran peligro a los demás y también a sí mismos. Es difícil entender cómo  gente que jamás confiaría en un desconocido, entrega ingenuamente su confianza a personas que dicen tener la capacidad de comunicarse o de recibir mensajes de unos espíritus o seres del más allá, que han dado suficientes pruebas de ser mentirosos y cuya naturaleza real tales ‘canalizadores’ ingenuos, ignorantes o irresponsables desconocen.

El mediumnismo realizado sin una buena base espiritual, sin tener el conocimiento y la fuerza necesaria que otorgan una fe sincera y una firme creencia en Dios, lleva en la gran mayoría de las ocasiones a la persona que lo practica, a contactarse con espíritus malignos o perversos. Aunque al principio, esta actividad ayude a quien la practica con fines egoístas a conseguir éxito y fama, y dé la sensación de que ante la persona se abren perspectivas y posibilidades ilimitadas, en última instancia ese o esa ‘médium’ terminarán pagando caro por los efímeros y temporales favores recibidos de parte de esos espíritus del mal.

Allan Kardec, el fundador del espiritismo, lo explica muy claro cuando dice: “Dejando a un lado la facultad, la potencia del médium para atraer a los buenos espíritus y rechazar a los malos, está en razón de su superioridad moral; ésta es proporcional a la suma de cualidades que constituyen el hombre de bien. De este modo se concilia la simpatía de los buenos y ejerce ascendiente sobre los malos.

Por la misma razón, aproximándole a la naturaleza de los malos espíritus, la suma de imperfecciones morales del médium le quita la influencia necesaria para alejarlos; en vez de ser él quien se impone a ellos, son ellos los que se imponen a él.

Para imponerse a los médiums, los malos espíritus saben explotar, hábilmente, todas las imperfecciones morales, y la que les es más propicia es el orgullo, y por esto es el sentimiento que domina en el mayor número de médiums obsesados y sobre todo en los que están fascinados.

El orgullo les hace creer en su infalibilidad y rechazar las advertencias. Desgraciadamente, este sentimiento es excitado por los elogios de que son objeto los médiums. Cuando tienen una facultad algo notable, se les busca, se les adula y acaban por creer en su importancia, juzgándose indispensables, lo cual les pierde.

De aquí resulta que los médiums imperfectos moralmente, y que no se enmiendan, son, tarde o temprano, presa de malos espíritus, que a menudo los conducen a su ruina y a las mayores desgracias incluso en este mundo. En cuanto a su facultad, de bella que era y que hubiera continuado siendo, se pervierte al principio por el abandono de los buenos espíritus y concluye por extinguirse.

“Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?”  (Mat. 16:26).