Crónicas exorcistas – Diciembre 2022

Crónicas, relatos y experiencias de Josep Riera y Aguamarine en el campo de los exorcismos, la lucha contra los entes malignos, la sanación espiritual y la liberación de espíritus desencarnados y almas errantes

©Josep Riera y Aguamarine de Santantoni – El Templo de la Luz Interior – Todos los derechos reservados

Las posesiones de malos espíritus no son fantasías, aunque la misma Iglesia católica las ponga a veces en duda

Existe actualmente una fuerte presión de ciertos sectores de la cultura occidental para considerar al Maligno y a las posesiones como meras fantasías infantiles. Los defensores de esta tendencia (una más de las estrategias del Diablo) lo hacen sentir con altanería a los cristianos, quienes muchas veces sienten vergüenza de manifestarse, porque son tildados de infantiles y no saben cómo responder.

Por otra parte, cada vez hay más cristianos que sienten no tener el apoyo explícito de muchos sacerdotes. Cada vez se habla cada vez menos del demonio desde el púlpito, quizás por dos razones fundamentales: porque los propios sacerdotes están poniendo en duda la existencia del demonio -y posiblemente piensan que cuando no se está seguro es mejor callar-. Y porque se ha extendido el lenguaje políticamente correcto, que en la jerga católica se maneja con el rótulo de ‘no escandalizar’, lo cual lleva a no insistir en conceptos en que no hay acuerdo entre los mismos fieles.

Esto que está sucediendo dentro de la Iglesia Católica impide tratar adecuadamente a quienes tienen posesiones, incluso las más leves, que podrían ser solucionadas con oraciones de liberación, sin siquiera tener que llegar a exorcismos.


Hay quienes ofrendan niños al diablo, incluso antes de que nazcan

Una de las características más terribles y al mismo tiempo menos conocidas de los demonios, es que éstos pueden poseer a un infante, incluso antes de que se produzca su nacimiento; es decir cuando todavía es nonato y se encuentra en gestación.

Estos casos ocurren gracias a Dios pocas veces, pero se producen, y al menos en dos ocasiones aquí en Chile hemos tenido constancia fehaciente de ello. Hemos tenido dos casos confirmados y un tercero que no pudimos confirmar al 100%, en los cuales unos abuelos habían ofrecido a su nieto (y nieta) al Maligno. Tales casos, aunque sea difícil creerlo, suceden cuando los padres o abuelos del nonato lo dedican como sacrificio, ofrenda o regalo a Satanás o a una entidad maligna de las muchas existentes, mediante un elaborado ritual de magia y, lógicamente, con el objetivo de que el Maligno, en agradecimiento, les conceda poder y riquezas.
El demonio permitirá nacer al niño o la niña que le fue ofrecido mientras todavía estaba en el seno materno, pero no lo abandonará jamás; al punto de tomarlo bajo su protección como un hijo suyo.


Cuando las entidades se demoran en irse

Casos reales vividos en nuestro consultorio

Recién finalizado un ritual de liberación, nos detuvimos a observar cómo quedó una de las velas, la de sándalo. Se apagó a la mitad y quedó formando una especie de caperuza. Por eso sentíamos escalofríos e incomodidad en algunos momentos: había una presencia junto a nosotros. El paciente quedó libre, a Dios gracias, pero la entidad se quedó con nosotros en el consultorio, durante un buen rato. Algo, por otra parte, que no nos resulta nada extraño.


El «modernismo» hace mucho daño

Un grupo de clérigos «modernos» criticaron al Papa Francisco hace un tiempo por, según ellos, hacer «resurgir» el exorcismo y otros «ritos místicos» en el seno de la Iglesia Católica. Ciertos teólogos se quejaron de la atención que Francisco presta a la imagen del diablo, diciendo que «el pontífice está socavando así su reputación de renovador y regresando a las supersticiones y los ritos medievales».

Si fuera por esos teólogos, el exorcismo y las oraciones de liberación dejarían de ser un ritual tradicional de la Iglesia católica, ya que piensan y defienden que esta institución secular debe «modernizarse» y aseguran que se debe considerar la posesión demoníaca sólo como un trastorno mental que debe ser tratado por los psiquiatras. No me cabe ninguna duda de que en estas opiniones de clérigos y teólogos «modernistas», el Maligno ha metido la cola y su perverso influjo alcanza a todas estas personas.


Es muy importante conocer el nombre del espíritu posesor

En los rituales de exorcismo, de liberación de entidades o de caridad espiritual que realizamos en el Templo de la Luz Interior, es muy importante conocer el nombre del demonio o del espíritu posesor.

Dar el nombre a algo o tener el nombre significa tener poder sobre ese algo. Ya desde el principio, Dios dio a Adán el poder de dar un nombre a todas las cosas por Él creadas.

En el momento en que el demonio o el espíritu revela su nombre, demuestra estar debilitado y entonces es más fácil expulsarlo. Si no lo dice, es aún fuerte, y sacarlo conlleva mucho más trabajo.


El poseído no es responsable de sus actos

Nuestra experiencia en muchos casos tratados nos permite afirmar con casi total certeza que la persona poseída, especialmente en los casos en que la misma sufre la perturbación de un espíritu obsesor que en vida estaba aferrado a pasiones y vicios, como no se encuentra consciente de lo que le sucede, tampoco es moralmente responsable de las acciones que hace, por más injuriosas y perversas que éstas sean.


Cómo influyen los espíritus en nuestras vidas

En muchas ocasiones, los espíritus de los muertos permanecen entre nosotros y nos influencian, motivan y hasta nos dirigen. La fe, la confianza en Dios y una fuerte coraza espiritual, nos mantienen libres de prácticamente todas las influencias negativas. Pero es necesario conocer lo más posible del mundo espiritual, para saber siempre a qué atenernos.

Muchas veces, las personas tienen dificultades para mantener la estabilidad emocional. Varían mucho, de la tristeza a la alegría, de la depresión a la euforia, del buen ánimo al desaliento. No siempre esas emociones están asociadas al día a día. La diversificación de estados emocionales, en muchas ocasiones está asociada a la naturaleza de los espíritus que se aproximan a nosotros, y tiene relación directa con las influencias que sufrimos por parte del mundo espiritual.

¿Hablamos de las almas de los muertos? Sí. De entidades que un día fueron hombres, mujeres o niños, y que pasaron a ser desencarnados, a estar liberados de la materia, pero que siguen presos y sujetos al interés humano, atados todavía a este mundo material por distintas razones. Permanecen entre nosotros y nos influencian, motivan y hasta nos dirigen. Escribe Allan Kardec que esa influencia es a veces tan intensa, que no es raro que sean los espíritus los que dirijan en parte nuestros comportamientos, actitudes o forma de pensar.

Y es inevitable preguntarnos: ¿Por qué hacen eso? ¿Cuál es su propósito? Las motivaciones de esos espíritus desencarnados atienden a su propia condición. Los hay que están perplejos en su nueva condición y quieren ayuda, o piden oraciones, o no saben siquiera que ya no tienen cuerpo físico, porque fallecieron en circunstancias trágicas o de manera súbita e inesperada (un accidente de tráfico, un infarto, una balacera… por citar solamente algunos ejemplos). Hay espíritus malévolos que se divierten en atenazar, amedrentar, asustar a los encarnados; los hay que ejercen venganza; los que han sido enviados por los poderes de la magia negra, por un brujo negro que ha recibido el encargo de otra persona, para hacer daño a un ser vivo o a una familia entera…

También hay espíritus que se vinculan a los vicios y desean y buscan poseernos y lograr que seamos sus intermediarios, para seguir satisfaciendo tales vicios (drogas, alcohol, tabaco, sexo…), pues ya no pueden disponer de su propio cuerpo; o los que son auténticos vampiros energéticos… Las influencias de los espíritus en nosotros los seres humanos, que habitamos en este plano terrenal, son muy variadas y las motivaciones muy distintas. El estudio y conocimiento del mundo espiritual es una temática fascinante, en la que llevo inmerso muchos años.


La acción tentadora del demonio se hace más intensa en estas fechas

En estos días pre y post navideños, y asimismo de final del año viejo e inicio del nuevo, es necesario tener en cuenta que la acción tentadora del demonio, en todos los ámbitos, se hace más intensa; sobre todo en esos claros ejemplos de consumismo, materialismo y egoísmo que vemos a diario. Y hay que constatar, asimismo, que el trabajo del exorcista no se detiene tampoco.

Expulsar un demonio o un mal espíritu del cuerpo de una persona es algo mucho más común de lo que la generalidad de la gente piensa. Este trabajo de caridad espiritual llega a ser, y realmente es, extenuante y agotador.

El proceso de exorcismo o de liberación no es sencillo, y muchas veces es necesaria más de una sesión. Y en no pocas ocasiones, la persona afectada llega a nosotros después de haber visitado distintos especialistas médicos, que no han podido encontrar respuesta a su situación ni a su problema.

Algunos de los síntomas que muestran una posesión o contagio, suelen estar relacionados con visiones, pesadillas, problemas diversos de salud (física, mental o espiritual), situaciones anormales y extrañas en sus propias casas, etcétera.

Un exorcismo es un ritual muy serio y profundo, en el que son requisitos fundamentales la fe y la oración. En no pocos casos, hasta que no se inicia el ritual, o en otros hasta que la sesión está bien avanzada, no se tiene la certeza de si la persona está poseída o no. Y además se requiere -no nos cansamos de recordarlo- que un médico haya previamente descartado que la persona pueda sufrir cualquier tipo de enfermedad.

En esta situación de pandemia (que no ha terminado, ni mucho menos), nos vemos obligados a seguir manteniendo las precauciones necesarias y establecidas. No realizamos atenciones presenciales, salvo en casos muy urgentes, pero sí hacemos rituales de oración y liberación online o por video conferencia. Las solicitudes para atender casos las recibimos en el whatsapp +569 9669 5835.


La gran mayoría de las perturbaciones son causadas por desencarnados

Espero llegue el día en que la Iglesia Católica entre en razón, entienda y acepte de una vez por todas, que la gran mayoría de los casos de perturbación, obsesión, contagio y posesión espiritual que se producen, están causados por espíritus, almas perdidas, desencarnados y seres del bajo astral. Sólo una mínima parte de esos contagios se deben a la acción o influencia de los demonios o espíritus malignos. Llevo muchos años como teólogo, demonólogo y exorcista y la experiencia me permite asegurarlo. Posesiones de espíritus errantes o perdidos hay muchísimas. Posesiones de demonios o entidades malignas, gracias a Dios, muy pocas.


Práctica de Exorcistas y Flagelum Daemonum, dos de mis libros de cabecera

Con agrado les muestro hoy dos libros que guardo como oro en paño y que están entre las obras más preciadas de mi biblioteca. «Práctica de exorcistas», del padre Benito Remigio Noydens (Madrid, 1670), en castellano antiguo, es casi mi libro de cabecera, junto con el «Flagelum Daemonum» y el «Fustis Daemonum», de Girolamo Menghi (también conocido por Hyeronimo Mengo) (Venecia,1586), ambos escritos en latín medieval.
Con la lectura y estudio de estas obras -y otras similares-, he aprendido muchísimo más sobre exorcismos y sobre la manera de luchar contra los malos espíritus, que con el «Rituale Romanum», el libro «oficial» de la Iglesia católica. La última versión de 1999 del Rituale es prácticamente ineficaz, ya que al haber sido modificadas y alteradas casi todas las oraciones, y traducidas al castellano, el ritual de exorcismos ha perdido toda su fuerza.
La Iglesia católica insiste en considerar que todas las posesiones son causadas por demonios, a pesar de que exorcistas experimentados, como lo fue mi mentor espiritual el padre Amorth (quien por muchos años fue el exorcista oficial del Vaticano), ya defendían que una gran mayoría de posesiones no eran causadas por demonios, sino por malos espíritus, desencarnados y entes varios del bajo astral. En nuestra experiencia de muchos años, esta realidad la tenemos bien constatada.


El diablo no elige a quién poseer

Una de las preguntas relacionadas con nuestro trabajo y que nos hacen con cierta frecuencia, es ésta: «¿Cómo y a quién elige el diablo para poseerle?» Se nos hace muy difícil imaginarnos a un demonio de los miles que existen (ya que los diablos jefes tienen asuntos más importantes de qué ocuparse), deambulando por una calle cualquiera y decidiendo qué cuerpo elige para poseer. «¿Me quedo con esta señora?» «Me decido por este hombre?»…

No, no es así. Generalmente, es al revés. Cuando un ente maligno decide habitar un cuerpo, lo hace, entre otras razones, por las siguientes:
•porque el poseído lo llamó o convocó.
•porque selló con él algún tipo de pacto.
•porque fue víctima de algún embrujo o maleficio.
•porque Dios consintió que esa persona fuera puesta a prueba en su fe.

Otro tema bien distinto son los contagios o posesiones de espíritus negativos, almas errantes, entes desencarnados, bajos astrales… Estos últimos son los más frecuentes y de los que más a menudo debemos ocuparnos. A Dios gracias.


Contagios y perturbaciones son causados por espíritus

En casi todas las sociedades humanas ha existido siempre la creencia en la «posesión» de seres humanos por parte de espíritus malévolos, malignos o negativos. Es significativo que casi todos los pueblos del mundo hayan creído en la existencia de seres malignos que podían adueñarse de ciertos lugares, o incluso de personas, para causar todo tipo de trastornos. Tenemos abundantes testimonios de este fenómeno. No es sorprendente, pues, que también todas las culturas hayan buscado una explicación para este hecho y una manera de ponerle fin.

En la realidad y en los casos por nosotros conocidos, estudiados y tratados, las posesiones de carácter demoníaco son muy escasas, por no decir mínimas, a Dios gracias. En la mayoría de los casos se trata de ‘contagios’ por parte de espíritus confusos, de almas perdidas, de entidades desencarnadas o están causados por los llamados ‘bajos astrales’.

En el mundo astral, tan cercano al nuestro pero al mismo tiempo tan desconocido e incomprensible según nuestros parámetros y concepciones humanas, existen toda clase de entidades que pueden llegar a perturbarnos o a contagiarnos. Existen diversos grados de posesión por parte de estos entes del mundo espiritual o de seres desencarnados que un día tuvieron una existencia física y que, tras desprenderse de su cuerpo físico, se resisten a abandonar este plano.


Los bajos astrales

Cuanto más tiempo transcurra entre el fallecimiento y el “dejar ir” al alma a la Luz, más difícil se le hace al espíritu elevarse, pues comienza a bajar su vibración. El riesgo en tales casos es que los fallecidos pasen a convertirse en lo que se denominan almas en pena, porque realmente están viviendo en una pena eterna.

Por otro lado, existen toda una serie de espíritus de bajas vibraciones que, cuando desencarnan, pueden aferrarse a nosotros causándonos problemáticas de muy distinta índole. Se trata de los llamados bajos astrales.

Esos espíritus bajos, aunque desencarnados, siguen aferrados a los placeres de la tierra y por eso se arriman, pegan o “enquistan” a nuestras espaldas, o incluso toman posesión de nuestro cuerpo para satisfacer todas aquellas necesidades a las que ya no pueden acceder porque carecen del cuerpo material.


Liberaciones de espíritus que pueden durar horas

Ciertas entidades, como almas errantes, parásitos astrales o espíritus desencarnados, se esconden o «enquistan» en una persona durante muchos años.

Tras ser detectada su presencia, con los rituales de caridad espiritual y liberación que realizamos, y sobre todo con la ayuda de Dios, siempre terminan saliendo de la persona y dejándola libre; pero en determinados casos, el proceso de expulsar esas entidades parásitas es largo y agotador.

Además, es frecuente que la entidad reaccione negativamente, y en esos casos tenemos que realizar un auténtico exorcismo que, dependiendo de la rebeldía que muestre el espíritu obsesor, puede prolongarse hasta por varias horas.


Aferrados a este plano

Ciertos espíritus bajos, aunque desencarnados, siguen aferrados a los placeres de la tierra y por eso se arriman, pegan o “enquistan” a nuestras espaldas, o incluso toman posesión de nuestro cuerpo para satisfacer todas aquellas necesidades a las que ya no pueden acceder porque carecen del cuerpo material. Al permanecer entre los vivos y usurpar la energía de las personas que habitan, los espíritus desencarnados se convierten en la causa de muchas afecciones comunes, tales como ansiedad, depresión, suicidio, cambios de humor, adicción a las drogas y el alcohol, etc.


La conjuración

Como ya habrán podido leer en el relato sobre el diablo que fue obligado a recitar un soneto a la Inmaculada Concepción, aunque sea el padre de la mentira, el Maligno puede ser obligado en el transcurso de un exorcismo a decir la verdad, incluso en temas de los considerados materia de fe. A este mandato se le denomina «conjuración». A Dios gracias, en todos mis años de exorcista sólo he tenido que utilizarlo dos veces.


«Y líbranos del Malo»

Permítanme, amigos lectores, que comience este artículo con un pequeño recuerdo. En mis ya lejanos años de monaguillo, don Bartomeu, el anciano sacerdote al que yo asistía en la primera misa de la mañana, en latín y de espaldas a los fieles, me insistió en innumerables ocasiones en que no repitiera las palabras y las frases que me tocaba responder “como si fuera una cotorra”. Lo que en realidad me quería decir el buen capellán era que me aprendiera bien qué era exactamente lo que él estaba diciendo en la Misa y, por supuesto, que comprendiera bien lo que yo le respondía. Yo era entonces un jovenzuelo de 8-9 años, y la mayor parte de las palabras latinas de la misa y sus significados no los terminé de entender realmente hasta que entré a estudiar en el Seminario, donde el Latín era, afortunadamente, el ‘panem nostrum quotidianum’ (el pan nuestro de cada día).

Viene esto a cuento porque en numerosas ocasiones, quienes asisten al ritual de sanación espiritual en nuestro consultorio de Santiago, me preguntan por qué (entre otras oraciones) rezo el Padrenuestro en latín. La respuesta que siempre les doy es muy clara: Porque la traducción española que se ha hecho de esta oración no es la correcta. Y como pienso y siento realmente que el tema es importante, voy a tratar de razonarlo aquí.

En lengua española, cuando rezamos el Padrenuestro, hacemos de este modo la última petición: «Mas líbranos del mal». En italiano se dice «ma liberaci dal male», y en francés «mais délivre-nous du mal». Pero la encontramos diferente en la lengua latina: «sed libera nos a Malo», es decir: “libéranos del Malo”. El Padrenuestro en lengua inglesa es, asimismo más explícito todavía: “but deliver us from evil”, o sea “líbranos del diablo”.

En algunas versiones del Catecismo católico hemos leído que «en esta petición, el mal no es una abstracción, sino que designa una persona, Satanás, el Maligno, el ángel que se opone a Dios. El ‘diablo’…». De hecho, en algunas versiones de la Biblia aparece claramente «líbranos del Malo» en esa cita del Padrenuestro (Mateo 6, 13); por ejemplo, en la llamada «Biblia Latinoamericana».

¿Qué es más correcto entonces: «líbranos del mal» o «líbranos del Malo»? Don José Antonio Sayés, profesor español de Teología y autor del libro ‘El demonio, ¿realidad o mito?’, afirma que es un acierto interpretar la frase “líbranos del mal” como “líbranos del Maligno”. Sayés basa su explicación en que “el griego apo tou ponerou utiliza el término masculino, y hay que traducirlo ‘del Maligno’, como dicen todos los exégetas”.

De similar manera opina el exorcista oficial del Vaticano, Gabrielle Amorth, cuando dice: “El propio Jesús nos enseñó una oración de liberación en el Padrenuestro: “Líbranos del Maligno. Líbranos de la persona de Satanás”. Esta oración fue traducida mal, y hoy la gente ora, diciendo: “Líbranos del Mal”. Se habla de un mal general, cuyo origen, en el fondo, no se conoce. Sin embargo, el mal contra el que nuestro Señor Jesucristo nos enseñó a luchar, es una persona concreta: Satanás”.

Sobre esta misma cuestión, el sacerdote José Luis Turiel escribe: “Esta petición del Padrenuestro, propia del evangelio de San Mateo, es la más difícil de explicar en dos palabras y, al mismo tiempo, la que más explicación necesita. Por otra parte, las traducciones litúrgicas catalana o castellana no ayudan a entender su verdadero significado. En realidad estas versiones siguen la tradición occidental, que ha visto en la palabra “mal”, cualquier cosa que haga sufrir (en catalán “qualsevol mal”), sea fruto de nuestra responsabilidad, como el pecado, sea consecuencia de la contingencia o debilidad humana… Pero el texto de san Mateo no dice eso exactamente: puede suponerlo, pero dice más. De hecho la tradición oriental, y algunos Santos Padres de occidente, lo entendieron de otra manera. Jesús quería que pidiéramos ser liberados (“líbranos”), no en el sentido figurado u ocasional, como cuando decimos “verse libre de tal peligro o tal amenaza”, sino en el sentido real y propio, es decir, ser liberados de una situación vital que llamamos “esclavitud”, un estado o una existencia que nos envuelve, nos ata y nos impide ser nosotros mismos».

“Por eso -continúa Turiel su acertado razonamiento-, este evangelio no dice “líbranos del mal” (una cosa), sino “del malo” (alguien), es decir, de un tirano que nos sojuzga (Mt 6,13). Como dice R. Guardini, sufrimos los males y descubrimos que existe “la maldad”, que es su fuente; y a su vez reconocemos que señoreando en ese mundo de la maldad está “el malvado” o “Maligno” (Mt 13,19.38; 5,37): éste es el enemigo del hombre, padre de la mentira, el divisor y acusador, el déspota origen de toda opresión… Lo que pedimos es la libertad”.

Profundicemos un poco más en esta cuestión, porque es realmente interesante. Esta frase sólo aparece en el Evangelio de Mateo y parece querer precisar o aclarar el sentido de la petición anterior (“no nos dejes caer en la tentación”, o más bien “no permitas que caigamos en la tentación”). En la Iglesia primitiva se prefirió traducir aquí “Líbranos del Maligno”, con lo cual esta expresión sonaría literalmente así: «Mantennos apartados de la cosa perversa o del Maligno».

En el Nuevo Testamento se usa el término “Maligno” para designar a Satanás en varios pasajes. Aquí van algunos ejemplos: «Sea vuestro lenguaje sí, sí, no, no; lo que pase de ahí procede del Maligno» (Mt 5,37). «Si uno no escucha el discurso sobre el Reino y no lo entiende, viene el Maligno y le arranca lo sembrado en su mente» (Mt13,19). «No pido que los saques del mundo, sino que los libres del Maligno» (Jn 17,15). «Para todo, embrazad el escudo de la fe, en el que se apagarán las flechas incendiarias del Maligno» ( Ef 6, 16). «El Señor, que es fiel, os fortalecerá y protegerá del Maligno» (2Tes 3,3). «Os escribo, jóvenes, que sois fuertes, conserváis el mensaje de Dios y habéis vencido al Maligno» (1Jn 2, 13-14) «El engendrado por Dios lo protege para que el Maligno no lo toque» (1Jn 5, 18-19)…

Jesús nos enseña a rezar esta oración en el Sermón de la Montaña, en el capítulo 6 del evangelio de San Mateo. Bien traducida, bien interpretada por los cristianos, se convierte así en un verdadero exorcismo personal. Si observamos distintas traducciones de la Biblia, muchas optan por colocar “Mal” con mayúscula, es decir una fuerza personal (pervertida y pervertidora, decía Pablo VI), otras “líbranos del Malo” y otras “del Maligno”. Como podemos observar y como hacen referencia los exegetas en las notas explicativas a pie de página en las Sagradas Escrituras, en todos los casos se refiere al Diablo, Demonio o Satanás, pidiéndole al Padre que nos libre de él y de sus influencias nefastas.


La lucha contra el Maligno es constante

Hay personas que nos llaman o escriben, a veces casi con desesperación, asegurando que necesitan un exorcismo. A este respecto, no me canso de recordar que la batalla contra el demonio es permanente para todas las personas. El exorcismo es la última etapa de este combate espiritual, pero no es la más común.

Hay distintos niveles de ‘contagio’, todos nos podemos ‘enfermar’ y por ello todos debemos luchar antes de que la ‘infección’ llegue a ser grave. El demonio no opera con tanta visibilidad en todos, ya que trata de ser poco reconocible. Nuestra lucha diaria contra el Maligno hemos de enfocarla en no caer en sus redes ni ceder ante las tentaciones que nos presenta.

Hay momentos en que los ataques del Maligno se hacen sentir más en cada uno de nosotros, a través de tropiezos constantes que nos suceden, obsesiones, depresiones…Y en estos casos, antes de recurrir a la última instancia que es el exorcismo, cualquier persona afectada debe utilizar las armas que Dios pone en nuestras manos: una Fe fuerte, protección espiritual, ayuno, meditación y, por supuesto, las distintas oraciones de liberación que existen.


En el moderno ritual del Bautismo se ha suprimido el exorcismo

En el tradicional ritual del Bautismo católico, entre las oraciones que recita el sacerdote católico al bautizar a un bebé a pedido de sus padres, había un exorcismo menor en el que se expulsaba al demonio, diciendo: «Yo te conjuro, espíritu inmundo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo, a que salgas y que te apartes de este siervo de Dios, N.; Jesucristo te rechaza, oh maldito condenado…». Etcétera.

En cambio, en el ritual moderno o renovado, que rige desde 1999, el sacerdote únicamente le pide a Dios que libere al niño del pecado original, que el Espíritu Santo more en él y que lo fortalezca y vigile al niño. Ya no existe el exorcismo como tal, se ha suprimido por completo.

Contrasta mucho esta, a mi modesto entender, evidente desidia o desvalorización por parte de la Iglesia católica de tan importante rito, con el que sigue realizando, por ejemplo, la Iglesia Ortodoxa, que incluye hasta tres largos exorcismos y que mantiene toda su pureza y toda su fuerza originales.


Ya no se administra la sal bendita en el Bautismo

Durante el ritual tradicional del Bautismo, mientras pronunciaba estas palabras sagradas, el sacerdote tomaba un pellizco generoso de sal bendita y lo colocaba firmemente en la boca del niño (o del adulto).
En el ritual moderno, que rige en la Iglesia Católica desde el año 1999, se ha omitido por completo este paso tan importante. No puedo evitar preguntarme el porqué.
También quisiera saber la verdadera razón de saltarse e ignorar las imprescindibles oraciones de exorcismo… pero este punto lo dejo para otro post.


No enciendas velas en la casa a tus seres queridos fallecidos

Puedes y debes rezar por tus seres queridos fallecidos, acompañando tus plegarias, si lo deseas, con el humo de unos inciensos. Pero por muy buenas intenciones que tengas, no les enciendas velas dentro de la casa.

Las velas pueden fácilmente confundir a los fallecidos, quienes se sienten atraídos y quedan atados a esta dimensión terrenal, sin que sus espíritus puedan seguir su camino de evolución.

Las velas se encienden en una iglesia, en la grutita del jardín exterior, en su tumba, pero nunca es recomendable dentro de la casa. Las velas les mantienen aferrados a un plano en el que ya no les corresponde estar, y ello puede causar perturbaciones y molestias varias a los familiares vivos.


La maldición

La maldición es todo lo contrario de la bendición. Maldecir viene de las palabras latinas «male», mal y «dicere», decir. Significa hablar mal, desear el mal. Así pues. una maldición es una acción que se hace para dañar a otro con la ayuda de malos espíritus e, incluso, de demonios.

Hay maldiciones específicas para matar, para causar que uno sea poseído, para que las cosas vayan mal en los negocios, para separar parejas, para hacer que alguien se enferme, etc.

Existen prácticas de maldición contra una persona específica a través de fórmulas mágicas o rituales, invocando al demonio, pero sin uso de objetos físicos particulares. Éstas son realizadas generalmente por magos o brujos negros.

Y luego están las maldiciones propiamente dichas, que son expresiones de deseo del mal a una persona en particular. Éstas son más fuertes y más difíciles de sacar cuando hay un lazo familiar entre el maldecido y el maldecidor, un vínculo de sangre, por ejemplo el de una madre a una hija, entre otros.

Algunas de las maldiciones más poderosas son las realizadas por las brujas gitanas. El antiguo pueblo romaní mantiene intactas sus tradiciones, costumbres y creencias, así como su cultura y su lengua, y ello hace que se hayan mantenido esas maldiciones con toda su fuerza, a lo largo de los siglos.

Éste es un ejemplo de maldición gitana, entre los muchos que hemos estudiado: «Que te habite el infierno. Que la lluvia te esquive y tu sed sea eterna. Que la luz no te toque. Que sabiéndote ciego la imaginación se te niegue».

Cuanto más conozca sobre estas acciones negativas, la persona estará más protegida.


Las posesiones voluntarias

En nuestros días existen más posesiones voluntarias que antes.
Personas que, a través de los tableros ouija, con ritos oscuros o con rituales chamánicos, en los cuales no falta la ingesta de drogas alucinógenas, buscan evadir la realidad y alcanzar estados de conciencia alterados para así poder interactuar con el mundo espiritual y canalizar las energías trascendentes.

Estas actitudes y comportamientos irresponsables, esta ‘búsqueda’ de estados superiores de conciencia, lo que hace en realidad es invitar al poder maligno a que entre en la persona, en la errónea creencia de que así obtendrá ‘habilidades especiales’, que no lograría si no es bajo posesión, obsesión o influencia diabólica.

Muchas veces hemos señalado que el fenómeno de posesión es la actividad menos común del demonio. Es más común la opresión y especialmente la tentación. Mientras la opresión y la posesión se consideran formas extraordinarias de actuación del maligno, la tentación se considera una acción ordinaria del demonio.


La sal bendita y la sal exorcizada

La sal normal da sabor a los alimentos y los preserva de la corrupción.
La sal bendecida da sabor divino, nos quita el miedo y calma la ansiedad, y además nos protege del mal, pues no permite que se quede en nosotros.
La sal bendecida, cuando la añadimos a nuestros alimentos, lleva su bendición hasta la última célula de nuestro cuerpo, con los nutrientes de la comida.

Si la sal además está exorcizada -como indiqué en el post anterior-, no solo nos fortalecerá y protegerá de cualquier negatividad que pudiera llegarnos, sino que además arrojará de nosotros a los demonios o malos espíritus que pudieran estar hostigándonos, y dado que hay enfermedades causadas por espíritus negativos, la sal exorcizada ayuda a curarse de ellas poco a poco.

Si echamos sal bendita en un lugar, esto lo preservará del mal. Si echamos sal exorcizada, no solo impedirá que el mal entre, sino que además arrojará fuera al que ya esté dentro.

Y si echamos un poco de sal al agua bendita -tema de un próximo post-, ésta durará en buen estado más tiempo y añadirá sus virtudes a la de ella, cuando la usemos.


La bendición

Fotografía: Bendición de la mesa antes de la comida: «Bendícenos, Señor, y bendice estos alimentos que vamos a tomar. Haz que no les falte el pan a los que pasan hambre. Amén».

Hay mucha diferencia entre bendecir y exorcizar. Muchos de ustedes tienen confusiones y dudas en este sentido, que trataremos de ir aclarando poco a poco.

Una bendición es el acto de invocar, sobre alguien o algo, la protección divina. Bendecir viene de la unión de las dos palabras latinas «bene», que significa bien y «dicere», que significa hablar, pronunciar. Por tanto, el significado genérico es hablar bien, desear el bien, alabar. En sentido cristiano, es también hacer la señal de la cruz o asperger agua bendita sobre una persona, una casa o un objeto.

Nunca hay que decir «yo te bendigo», sino «que Dios te bendiga». La bendición se hace siempre en nombre del Creador.

En el Templo de la Luz Interior bendecimos siempre a las personas que atendemos con estas palabras:
«Que la bendición de Dios Padre Todopoderoso descienda sobre ti. Que Él te guarde y te proteja siempre de todo mal. Que te conceda siempre todo lo que le pidas y lo que más necesites. De manera especial, la tranquilidad espiritual, la salud de cuerpo y de alma, la felicidad y la paz. Quédate en la paz de Dios».

Cualquier persona, poniendo siempre por delante el nombre de Dios, puede bendecir a un semejante o a una mascota, la comida sobre la mesa, etcétera. Otro tipo de bendiciones, como las de casas, vehículos, etc., precisan de un ritual más elaborado.

Exorcizar el agua bendita, la sal bendita, el aceite u óleo consagrado, la medalla de san Benito y otros sacramentales, así como realizar un exorcismo sobre una persona para sacar de ella un mal espíritu, no puede hacerlo cualquiera.


Los sacramentales

El agua, la sal y el aceite bendecidos y exorcizados, son sacramentales.
También son sacramentales la medalla de san Benito, los escapularios y algunos otros objetos de devoción cristiana.
El origen y significado de los sacramentales y la forma de utilizarlos en toda ocasión para protegernos del Mal y combatir las influencias demoníacas, son temas que iré comentando brevemente en esta serie de posts.


Lleva siempre contigo sal exorcizada

Lleva siempre en tu bolso, cartera, chaqueta, etc. una bolsita de tela conteniendo una pequeña cantidad de sal exorcizada. Cada vez que vayas a un restaurante o lugar desconocido a comer, pon una pizca de esa sal en la comida, haciendo con ella la señal de la cruz al tiempo que la esparces sobre los alimentos. De esta manera, nunca te sentará mal nada de lo que consumas y estarás libre de todo mal deseo o negatividad que gente extraña pudiera transmitirte.


El poder del Maligno

Pregunta.- «¿Es verdad que el diablo, o el maligno, o como se le quiera llamar, sigue haciendo de las suyas en este mundo en el que vivimos los seres humanos? A mí me cuesta creerlo… Espero puedan responderme. Soy un joven estudiante de 17 años y en casa me han enseñado que el diablo no existe. Antonio B.L.- Santiago».

Respuesta.- Lamentablemente tenemos que decirte, Antonio, que en tu casa, tus padres o tutores o quien sea que te haya dicho eso, está por completo equivocado. Claro que existe, y claro que «sigue haciendo de las suyas». Se lo estamos poniendo muy fácil entre todos, con tanta envidia, tantos malos deseos, tanta crueldad…

Sí, Antonio, el ángel caído sigue entre nosotros porque no ha perdido nunca del todo el poder que tenía, según el plan de Dios, en el gobierno del mundo. Ahora utiliza este poder para el mal. El Evangelio de Juan le llama: «El príncipe de este mundo» (Jn 12,31) y en la primera carta también de Juan se lee: «El mundo entero yace en poder del Maligno» (1 Jn 5,19). Pablo habla de nuestra batalla contra las potencias espirituales (Cf. Ef. 6,10-17). Podemos también remitirnos al Apocalipsis. Tenemos que combatir contra fuerzas del mal no sólo humanas, sino sobrehumanas en su origen e inspiración: basta con pensar en Auschwitz, en las masacres de pueblos enteros, en todos los horrendos crímenes que se cometen, en los escándalos de los que son víctimas los pequeños y los inocentes, en el éxito de las ideologías de muerte, etcétera.

Es oportuno señalar aquí que el mal del pecado es realizado por una voluntad libre. Sólo Dios puede penetrar en el corazón profundo de la persona; el demonio no tiene el poder de entrar ahí. Actúa sólo en el exterior, sobre la imaginación y sobre los afectos humanos más sensibles. Además su acción está limitada por el permiso de Dios omnipotente. El diablo actúa generalmente a través de la tentación y el engaño, es mentiroso (Cf. Jn 8,44). Puede engañar, inducir al error, ilusionar y, probablemente más que suscitar, puede secundar los vicios y los gérmenes de vicios que están en nosotros. En los Evangelios sinópticos, la primera aparición del demonio es la tentación en el desierto, cuando somete a varias incursiones a Jesús (Cf. Mt 4,11 y Lc 4,1-13). Este hecho es de gran importancia. Jesús curaba enfermedades y patologías. Se refieren en conjunto al demonio, porque todos los desórdenes que afligen a la humanidad son reducibles al pecado, del que el demonio es instigador. Entre los milagros de Jesús hay liberaciones de posesiones diabólicas, en el sentido preciso. Vemos en particular en San Lucas que Jesús manda a los demonios que le reconocen como el Mesías.

El demonio es mucho más peligroso como tentador que a través de signos extraordinarios o manifestaciones exteriores asombrosas, porque el mal más grave es el pecado. No por casualidad en la oración del Señor (Padrenuestro) pedimos: «No nos dejes caer en la tentación y líbranos del Mal» (En algunas versiones antiguas de esta oración se decía: «Libranos del Malo», en referencia directa a Satanás). Santo Tomás y San Juan de la Cruz afirman que tenemos tres tentadores: el demonio, el mundo (lo reconocemos ciertamente en nuestra sociedad) y nosotros mismos, o sea, el amor propio. San Juan de la Cruz sostiene que el tentador más peligroso somos nosotros mismos porque nos engañamos solos.

No se puede considerar el exorcismo como la única defensa contra la acción del demonio, sino como un medio espiritual necesario donde se ha constatado la existencia de casos específicos de posesión diabólica. Además hay que considerar que presuntos casos de posesión pueden ser explicados por la medicina actual y la psiquiatría, y que la solución a determinados fenómenos puede consistir en un buen tratamiento médico. Cuando se manifiesta en la práctica un caso difícil, es necesario ponerse en contacto con un psicólogo/psiquiatra -preferentemente si tiene formación católica- y con un exorcista.


Un día triste

Cada 16 de septiembre es para mí es un día triste. En esa fecha se produjo el fallecimiento en 2016 del padre Gabrielle Amorth, quien fuera durante muchos años el exorcista oficial del Vaticano. Tuve la suerte y el inmenso honor de conocerle en el año 1990, en la capilla de los Capuchinos en Roma, y ese encuentro y la conversación que mantuvimos, me marcaron para siempre. Desde dicha fecha fue mi mentor y padre espiritual. Algún día contaré esa historia.


Satanás también es un hijo de Dios

«Sucedió un día que los hijos de Dios fueron a presentarse ante Yahvé y vino también entre ellos Satán. Y dijo Yahvé a Satán: «¿De dónde vienes?» Respondió Satán: «De dar una vuelta por la tierra y pasearme por ella…» (Job 1, 6-7).

De este párrafo bíblico se deduce claramente que Satán era, y sigue siendo, uno más de los hijos de Dios. Se presentó al Padre «entre ellos», como lo que era, como un hijo más, como uno más de sus ángeles, de sus hijos en los Cielos.

El hecho de que luego se rebelara contra el Padre y fuera castigado con el exilio a la Tierra, con la Caída desde lo más alto de los Cielos hasta el lugar donde vivían los hijos humanos de Dios, los hombres, no debe hacernos perder de vista esta certeza: incluso Satán, el Maligno, la representación del Mal, fue creado por Dios, y era, es y seguirá siendo uno más de sus hijos. Da para pensar, ¿verdad?


La ignorancia es caldo de cultivo para la tentación

Muchos hablan de amor, de luz, de canalizar energías divinas. La gente está deseosa de palabras bellas, armonía, paz, bienestar, felicidad luminosa… La gente necesita encontrar su camino espiritual. Y en último término, algunos desean también ser dioses o igualarse a los dioses.

Esto es peligroso, pues querer ser dios al margen de Dios es imposible y conduce a mal camino. No se puede lograr, y por eso no podrán alcanzarlo, acabando en la frustración y en el desengaño. O, peor aún, cayendo en las garras de los demonios que se presentan como seres de luz.

Sólo como ejemplo: Astar Sheran es acrónimo de Herr (señor, en alemán) Satanas. Saint Germain es en realidad el demonio Samael (Chamuel). Y así podría seguir… Abran los ojos, lean, investiguen y no se dejen engañar.

La ignorancia es caldo de cultivo para la tentación. Y de ahí a la perdición y a caer en la Oscuridad, hay muy pocos pasos. Les dejo estas líneas para que piensen, mediten, reflexionen y se cuestionen algunos de los «dogmas» y creencias esotéricas que están muy en boga.


El terrible Yo

En esta sociedad manipulada y bajo el influjo del Maligno, se aprecia un esfuerzo continuo y extendido por eliminar a Dios de la vida pública y privada y sustituirlo por el «yo». Imbuidos de falsas enseñanzas, dentro de su burbuja llena de «buena onda», «namastés» y «meditaciones en la luz», con una elevada dosis de ego espiritual, ciertos seres humanos se sienten autorreferenciales y piensan que no necesitan a Dios.

Todo esto conduce a la búsqueda material de dinero, éxito, poder… cueste lo que cueste. Y ahí ya no importa que a su alrededor se cometan abusos y violaciones de niños, asesinatos, que haya pandemias, acciones directas encaminadas a destruir la familia, hambre, guerras, muertes… Su «espiritualidad» está centrada y enfocada únicamente hacia ellos mismos. «Mientras no me pase a mí…», piensan y dicen. Son claras señales de que el Maligno está haciendo muy bien su trabajo.


Me declaro hereje

La palabra «hereje» procede del griego hairetikós, que significa «el que es libre de elegir». La Iglesia católica, movida por sus propios y particulares intereses, transformó esta palabra en una ofensa, un insulto, un pecado; como si la libre elección de una o varias ideas distintas del dogma que ellos pretenden imponer, fuese algo monstruoso.

Por ello, constatando la inutilidad e ineficacia de tales dogmas procedentes de una institución en decadencia, cuyos representantes han pervertido las auténticas enseñanzas que nos dejó Jesucristo, y debido a que soy una persona de libre pensamiento, no sujeta a normas ni imposiciones, me considero y declaro ser un hereje.


Muchos sacerdotes modernos le tienen miedo o desconocen la existencia del Diablo

Por la gracia de Dios, llevo dos terceras partes de mi vida dedicado como laico a la sanación y liberación espiritual. Y aunque la situación ha mejorado un poco en estos últimos tiempos, sigue causándome una profunda extrañeza el hecho que, a menudo, los exorcistas no son tolerados ni por el mismo clero.

Como bien señala en sus obras mi mentor espiritual, el fallecido padre Amorth (E.P.D.), muchos teólogos han negado los exorcismos de Jesús. Los consideran intervenciones estrictamente ligadas al lenguaje cultural del tiempo, destinadas a hacerse comprender por la gente de la época. Unido a la incredulidad que se ha difundido en la sociedad, hoy buena parte del clero considera a los exorcistas como si fueran brujos, al diablo como si fuera una entidad abstracta y las manifestaciones diabólicas como verdaderas y propias supersticiones.

Así, en los seminarios y en las universidades teológicas, salvo excepciones, se da cada vez menos importancia a la parte de la Teología dogmática que, al referirse al Dios creador, habla de los ángeles, de su prueba, de la rebelión de los demonios. Mucho menos se habla de la acción ordinaria del demonio y de sus acciones extraordinarias y que deberían estudiarse en Teología espiritual. Y si ya no se habla del demonio, la consecuencia es que ya no se lo combate, se actúa como si él no existiera.

Pero si un sacerdote no ha asistido nunca a un exorcismo, ¿cómo puede esperarse que comprenda el real alcance del problema? Si no cree en el diablo, ¿cómo puede esperarse que enfrente y combata el Mal por lo que es?


Sobre el desarrollo espiritual

Es muy peligrosa la idea, tan popular entre los seguidores de la Nueva Era, de que el desarrollo espiritual no requiere de autodisciplina, ni de abnegación, ni pureza, ni santidad de vida; de que todo lo puedes conseguir por ti mismo y puedes lograrlo todo sin esfuerzo.

Esta errónea creencia ha llevado a miles de personas alrededor del mundo a enfermarse mentalmente, a trastocar sus valores, incluso a ser parasitadas por malos espíritus, sin ni siquiera darse cuenta.

Y es que son precisamente el egoísmo, el egocentrismo, la pereza mental, la impureza, la inmoralidad y la codicia por conseguir esos supuestos poderes y experiencias “sobrenaturales” que creen poder obtener con extrañas técnicas y absurdas prácticas, los factores negativos que mantienen a la gran mayoría de los aspirantes espirituales de hoy más lejos que nunca de la meta real.


El Infierno no es como lo pintan

El Infierno, Hades, Tártaro, Gehenna o como quieran ustedes llamarlo, no es tan así como lo reflejan. Tampoco los demonios tienen alas, cuernos ni pezuñas. Los seres humanos son mucho peores, malignos y malvados que muchos demonios. Y lo que tristemente estamos viendo a diario, muy especialmente en estos tiempos convulsos, es que entre los seres humanos el influjo del Maligno va aumentando en intensidad.


Tiempos de confusión

En su búsqueda de hallar sentido a su vida, de encontrar una espiritualidad que les llene, muchas personas terminan creyendo en mundos paralelos repletos de fuerzas y de entidades cósmicas, de personajes extraños que actúan de manera misteriosa, por fuera del plano normal de la realidad y que -piensan erróneamente- es posible comprender sólo a través de las enseñanzas de supuestos gurúes o «expertos» de pseudo-ciencias de toda clase. De individuos que dicen tener, sin poder demostrarlo, la capacidad de entrar en contacto directo con entes del más allá, con muertos y hasta con extraterrestres.
En vez de orar y meditar, se ejecutan extraños ritos, se pronuncian fórmulas desconocidas, se intenta hablar con los espíritus. En vez de poner la esperanza en la inmortalidad del alma, se observa el cielo en espera de la visión de los ovnis, de la llegada de los extraterrestres, de las supuestas misteriosas entidades que llegarán a salvar al mundo. Creencias irreales que sumen al ser humano en la confusión y la duda, e incluso lo llevan a la desesperación.