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“No son alucinaciones”: los moribundos, y también sus cuidadores, viven experiencias espirituales

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Las unidades de paliativos o cuidados intensivos de los hospitales guardan una estrecha relación con la muerte, dando lugar a numerosas experiencias que se escapan a cualquier explicación racional.

Pacientes que intuyen el momento exacto en el que van a morir, otros que parecen decidir por sí mismos el día y la hora, adelantando o retrasando su muerte, sueños premonitorios de familiares o presentimientos de terceras personas que, sin ni siquiera saber que alguien está ingresado o ha sufrido un accidente, están seguros de que ha fallecido.

Sólo los profesionales sanitarios que trabajan de cerca con los pacientes terminales conocen de primera mano el alcance y variedad de estas extrañas experiencias.

La ciencia no ha podido ser capaz de ofrecer algún tipo de respuesta, por lo que se suelen describir como sucesos paranormales o sobrenaturales.

Una etiqueta “demasiado vaga para la magnitud de estas experiencias”, según explica la doctora británica Penny Sartori, que lleva cerca de 20 años trabajando en la UCI.

Una carrera lo suficientemente sólida como para haber visto de todo, intuir patrones y elaborar hipótesis sobre estos fenómenos. Tanto es así, que ha preparado una tesis doctoral sobre estas cuestiones, cuyas principales conclusiones adelantó en el libro The Wisdom Of Near-Death Experiences (Watkins Publishing).

“Alucinaciones” compartidas por familiares
A lo largo de toda su carrera, Sartori se ha entrevistado con pacientes que han vivido experiencias cercanas a la muerte (ECM), así como con familiares que han vivido de cerca experiencias de muerte compartida (EMC).

La cantidad y la repetición de patrones hacen que la doctora descarte la hipótesis de la casualidad o la imposibilidad de hallar un razonamiento lógico para este extendido fenómeno.

Su tesis principal se centra en que “nuestro cerebro es independiente de la conciencia. Es el medio para canalizarla, por lo que en realidad es físicamente ajena al cuerpo”. Una idea que explicaría, añade, por qué “el alma y la conciencia pueden experimentarse al margen del cuerpo”, como en las ECM o en la meditación budista.

Los ejemplos de los que Sartori se vale en su libro son muy numerosos, pero todos suelen coincidir en que los pacientes que viven estas ECM son siempre los que abrazan la muerte de la forma más tranquila y feliz, al igual que los familiares que presienten la muerte de sus seres queridos.

¿Por qué? Según las entrevistas que ha mantenido con estos últimos se debe a que están convencidos de que sólo se trata del fin de la vida terrenal.

Al margen de que se trate de personas creyentes, agnósticas o ateas, todas ellas tienen el sueño o la visión de cómo su familiar se va de este mundo guiado por alguien (cónyuges ya fallecidos, seres anónimos o ángeles) y lo hace con una clara sensación de “paz y amor”.

Al principio, relata Sartori, “me llamaba la atención que algunos familiares de fallecidos no se sintiesen tristes tras diagnosticar la muerte de su ser querido, pero al entrevistarlos me di cuenta de que en realidad estaban tranquilos por haber experimentado esta sensación de trascendencia a la vida”.

Eligiendo el momento “más apropiado” para morir
Este no es el caso de los ejemplos de personas que a sabiendas de cuando van a morir piden quedarse unos minutos solos o lo hacen justo cuando el familiar, que permanece todo el tiempo a su lado, los abandona un solo momento para ir al baño.

Otros casos igualmente llamativos son los de personas que se mueren justo después de ver al familiar que tarda en acudir a verlos por estar en el extranjero, cuando terminan con todo el papeleo de herencias y seguros vitalicios. “Parecen estar a la espera de que ocurra un evento específico para permitirse morir”, relata la enfermera.

No son alucinaciones
El director del Tucson Medical Center John Lerma, especializado en cuidados paliativos, ha recopilado ejemplos muy similares a los citados por Sartori en Into the Light: Real Life Stories About Angelic Visits, Visions of the Afterlife, and Other Pre-Death Experiences (New Page Books). Según sus informes, entre el 70 y el 80% de los pacientes esperan a que sus seres queridos salgan de la habitación para morirse.

Sartori se niega a creer que estas vivencias estén motivadas por alucinaciones. “No es posible que varias personas vean lo mismo y sean capaces de describirlo igual si realmente se trata de una percepción distorsionada de la realidad”, apunta.

Unas tesis que se apoyan en las famosas teorías del profesor Raymond Moody, que acuñó el concepto de experiencias cercanas a la muerte a finales de los 70.

Sus estudios más novedosos se centran en las vivencias compartidas por las personas que acompañan a los que están en trance de muerte.

“Abren una vía completamente nueva de iluminación racional sobre la cuestión de la vida después de la muerte porque las personas que comunican estas experiencias están sanas. Suelen estar sentadas junto al lecho de muerte de un ser querido cuando le sobreviene una de estas experiencias maravillosas y misteriosas. Y el hecho mismo de que las personas no están próximas a la muerte incapacita la cláusula de exención. Como sus experiencias no se pueden achacar a fallos de la química cerebral, tendremos que ir más allá de este argumento”, asegura.

Enfermos de alzheimer lúcidos en el final
El recurso, “cínico” según Sartori, a explicar este fenómeno a partir de disfunciones cerebrales, tampoco se sostiene con los ejemplos de personas ingresadas con alzheimer avanzado que repentinamente recuperan la capacidad de raciocinio.

“Se trata de pacientes en un estadio terminal de la enfermedad, incapaces de articular palabra, que de forma sorprendente comienzan a hablar con total coherencia, interactuando con gente que no está en la habitación y que frecuentemente son familiares muertos”, explica la autora.

Además, añade, “suele suceder que después de esta experiencia dejan de estar intranquilos y acaban muriendo con una sonrisa en la cara, generalmente, uno o dos días después”.

El argumento de que estas visiones están inducidas por los fármacos tampoco es aceptado por la autora porque, dice, “estos causan ansiedad, todo lo contrario de lo que sienten los pacientes”. La autora defiende en su libro que este tipo de vivencias, recopiladas a lo largo de toda su carrera, pueden ser claves para demostrar la existencia de una vida después de la muerte y que, al menos, deben abrir una nueva vía de investigación (como algunas que parten de la física cuántica) para los estudios científicos. De lo que sí dice estar convencida es de que “la muerte no es tan temible como nos la solemos imaginar”.

Fuente: ReL

Los médiums que utilizan mal sus dones están en riesgo de ser poseídos por espíritus malignos

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En estos últimos tiempos, miles de personas en todo el mundo -y Chile no es una excepción- afirman ser canalizadores (channelers), médiums o psíquicos, sin contar siquiera con los mínimos conocimientos y sin tener apenas experiencia, presumiendo de sus ‘dones’ o ‘cualidades’ de una manera tan alegre como irresponsable y alarmante, por las implicaciones negativas y peligrosas que esta actividad conlleva, si no se tienen bases muy sólidas de conocimientos y estudios.

En Chile como en otros muchos países, es notable el interés existente por todo lo que representa lo sobrenatural. Dentro de este ámbito, la posibilidad de comunicarse con los espíritus llama mucho la atención, y por esto mismo hay personas que se aprovechan de esta curiosidad o necesidad, no para ayudar realmente a quien necesita saber cómo están sus seres queridos que ya partieron, sino con evidentes intereses egoístas y para obtener lucro económico.

La primera advertencia que debemos hacer, y que ciertos/as “médiums” pretenden ignorar o bien dejan a un lado, es que las capacidades de mediumnidad no se desarrollan espontáneamente en la persona. En el aspecto positivo, las menos, son fruto y resultado de muchos años de estudios y experiencias. En el aspecto negativo, las más, tales cualidades o dones se consiguen con la ayuda de los espíritus impuros, y por eso son muy peligrosas y dañinas. Es cierto también que los espíritus malignos no advierten de su presencia para no asustar al neófito y se presentan o bien como inofensivos espíritus vagabundos o también, utilizando términos y palabras comunes entre los seguidores de la Nueva Era, como “energía no-física impersonal expandida en el universo y presente, aunque en forma oculta, dentro de la persona misma”.

No hay duda de que entre los espiritistas, los canalizadores y los médiums existen muchos charlatanes y aprovechados. Sin embargo, existen también profesionales honestos, que se comunican realmente con seres extra-terrenales y que reciben de ellos conocimientos y capacidades que son inaccesibles para las personas comunes.

La gran mayoría de las personas que frívola e irresponsablemente se autocalifican de ‘canalizadores’ o ‘médiums’, no tienen siquiera idea de la perfidia y la peligrosidad de aquellos espíritus a quienes ellos/as se entregan con tanta confianza. No son almas inofensivas, vagabundas, ni tampoco son las fuerzas impersonales de la naturaleza. Al contrario, según el testimonio de muchos médiums y chamanes profesionales, los espíritus que se comunicaron con ellos los engañaban conscientemente. Fingían ser bondadosos para apoderarse de los médiums y hacerles daño. Así, por citar sólo un ejemplo, Satprem, el discípulo del ocultista y maestro hindú Sri Aurobindo, escribe: “Todos los ocultistas saben que los espíritus están en condiciones de tomar cualquier forma que se les ocurra”. (Satprem, “Sri Aurobindo or the Adventure of Consciousness,” New York, Harper and Row, 1974).

Robert Monroe describe brillantemente lo que le ocurrió cuando en uno de sus viajes “astrales” fue víctima de un ataque insolente y obstinado de los espíritus malignos. En el momento más decisivo de la lucha, dos de esos espíritus tomaron el aspecto de las dos hijas muy queridas del atacado. Lo hicieron de una manera tan repentina e insólita, que Robert perdió por un instante la capacidad de resistencia, lo que casi le costó la vida. (Robert Monroe, “Journeys out of the Body” Garden City, NY, Anchor Books, 1973).

El reconocido médium Emmanuel Swedenborg, que se consagró a la evocación de los espíritus y que fue considerado por muchos como un serio especialista en las temáticas del ocultismo, atestigua que una buena parte de los espíritus con los que se comunican los espiritistas y los médiums son hasta tal punto astutos y mentirosos, que a una persona que tiene contacto con ellos le es imposible determinar su verdadera personalidad y sus fines. Estos espíritus son unos excelentes actores, que se ponen máscaras de los espíritus de los muertos. Swedenborg pone en guardia a los ocultistas neófitos recomendándoles lo siguiente: “Cuando estos espíritus les dicen algo, ustedes no deben creerles nada, porque ellos inventan todo y siempre mienten. Y lo hacen con tanto aplomo e insolencia que la persona se desconcierta. Y si esa persona les cree algo de lo que le han dicho, entonces ellos con el extremo cinismo inventan otras patrañas confundiéndolos del todo. Por eso deben ustedes cuidarse de esos espíritus y no creerles ni una gota”. (E. Swedenborg, “The True Christian Religion,” New York, E.P. Dutton, 1936).

Si esos espíritus -de los que nos hablan expertos ocultistas en sus obras- mienten, es evidente que dichos espíritus no son ángeles buenos ni servidores de Dios, ni las almas de nuestros seres queridos fallecidos. ¿Qué son entonces? Lo más probable es que sean espíritus subordinados a la voluntad de aquél, a quien Cristo llamó “mentiroso y el padre de la mentira”, es decir, el diablo (Juan 8:44). Consecuentemente, los canalizadores y los médiums, confiándose en los espíritus del más allá, ponen en gran peligro a los demás y también a sí mismos. Es difícil entender cómo  gente que jamás confiaría en un desconocido, entrega ingenuamente su confianza a personas que dicen tener la capacidad de comunicarse o de recibir mensajes de unos espíritus o seres del más allá, que han dado suficientes pruebas de ser mentirosos y cuya naturaleza real tales ‘canalizadores’ ingenuos, ignorantes o irresponsables desconocen.

El mediumnismo realizado sin una buena base espiritual, sin tener el conocimiento y la fuerza necesaria que otorgan una fe sincera y una firme creencia en Dios, lleva en la gran mayoría de las ocasiones a la persona que lo practica, a contactarse con espíritus malignos o perversos. Aunque al principio, esta actividad ayude a quien la practica con fines egoístas a conseguir éxito y fama, y dé la sensación de que ante la persona se abren perspectivas y posibilidades ilimitadas, en última instancia ese o esa ‘médium’ terminarán pagando caro por los efímeros y temporales favores recibidos de parte de esos espíritus del mal.

Allan Kardec, el fundador del espiritismo, lo explica muy claro cuando dice: “Dejando a un lado la facultad, la potencia del médium para atraer a los buenos espíritus y rechazar a los malos, está en razón de su superioridad moral; ésta es proporcional a la suma de cualidades que constituyen el hombre de bien. De este modo se concilia la simpatía de los buenos y ejerce ascendiente sobre los malos.

Por la misma razón, aproximándole a la naturaleza de los malos espíritus, la suma de imperfecciones morales del médium le quita la influencia necesaria para alejarlos; en vez de ser él quien se impone a ellos, son ellos los que se imponen a él.

Para imponerse a los médiums, los malos espíritus saben explotar, hábilmente, todas las imperfecciones morales, y la que les es más propicia es el orgullo, y por esto es el sentimiento que domina en el mayor número de médiums obsesados y sobre todo en los que están fascinados.

El orgullo les hace creer en su infalibilidad y rechazar las advertencias. Desgraciadamente, este sentimiento es excitado por los elogios de que son objeto los médiums. Cuando tienen una facultad algo notable, se les busca, se les adula y acaban por creer en su importancia, juzgándose indispensables, lo cual les pierde.

De aquí resulta que los médiums imperfectos moralmente, y que no se enmiendan, son, tarde o temprano, presa de malos espíritus, que a menudo los conducen a su ruina y a las mayores desgracias incluso en este mundo. En cuanto a su facultad, de bella que era y que hubiera continuado siendo, se pervierte al principio por el abandono de los buenos espíritus y concluye por extinguirse.

“Pues ¿qué provecho obtendrá un hombre si gana el mundo entero, pero pierde su alma? O ¿qué dará un hombre a cambio de su alma?”  (Mat. 16:26).

 

No se pueden canalizar santos ni ángeles

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Hay personas que confunden la meditación con una especie de “entrada en trance”, estado a través del cual creen, alegremente y sin informarse o prepararse como corresponde, que pueden ‘invocar’ o canalizar determinados santos, o incluso, algo lamentablemente muy frecuente hoy en día, pedir la intercesión de los ángeles para prácticamente cualquier cosa.
Queremos dejar muy claro que la meditación, en su modalidad de meditación cristiana contemplativa, es orar a Dios o a los santos pidiendo que oren por nosotros ante el Padre Celestial. No se trata en modo alguno de canalizarlos a ellos. La diferencia es que no los estamos invocando, sino rezando con ellos. En cambio, un canalizador o ‘channeling’, está invitando a un espíritu para que entre en su cuerpo y que hable a través del mismo; es decir, está siendo utilizado por dicho espíritu.
No se pueden canalizar santos ni ángeles. No podemos pedir a un santo o a un ángel, quien quiera que sea, que venga a nosotros y que utilice nuestra voz para que hable a través de nosotros. Un santo no hará eso. Puede parecer un santo (o un ángel), pero n realidad no lo será, sino algo o alguien mucho más peligroso. Recuerden siempre que Satanás, junto con sus secuaces, es también un ángel de Luz, aunque caído en la Oscuridad; y como buen padre de la mentira, como el Gran Tentador que es, puede incluso llegar a imitar a Dios o a cualquier santo o ángel que se le ocurra, con tal de engañarnos y hacernos caer en su trampa. Puedes llegar a pensar que es Dios; pero Dios no se canaliza, ni los santos, ni tampoco los ángeles.

(C) Josep Riera para El Templo de la Luz Interior. Todos los derechos reservados.

La resurrección de la rosa

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Narra el gran poeta Rubén Darío, en sus Primeros Cuentos, esta historia:

Un hombre tenía una rosa; una rosa que le había brotado en el corazón. Un día, el ángel Azrael pasó por la casa del hombre feliz y fijó sus pupilas en la flor. La pobrecita tembló, y comenzó a palidecer y estar triste, porque el ángel Azrael es el pálido e implacable mensajero de la muerte. La flor desfalleciente, ya casi sin aliento y sin vida, llenó de angustia al hombre que en ella cifraba su dicha.

Por ello se volvió el hombre hacia Dios y le dijo:

– Señor, ¿por qué mandas a Azrael para quitarme la flor que me diste? -dijo, brillando en sus ojos una lágrima-.

Se conmovió Dios, explica Darío en su cuento, por virtud de la lágrima fraterna y le dijo al ángel de la Muerte:

– Azrael, deja vivir esa rosa. Toma, si quieres, cualquiera de las de mi jardín azul.

La rosa recobró el encanto de la vida, pero esa noche un astrónomo vio desde su observatorio que se apagaba una estrella en el firmamento.

Sin embargo, es otra la verdad de esta leyenda.

Fue otra la respuesta que Dios diera al hombre feliz que tenía una rosa que le había brotado en el corazón, una rosa que había palidecido cuando el ángel Azrael la miró, dejándola casi sin vida y sin aliento.

– Señor – dijo aquel hombre, brillando en sus ojos una lágrima- ¿por qué mandas venir a Azrael para llevarse la rosa que me diste?

Se conmovió Dios, pero no pudo sino decirle: “Sosiega, hijo mío, tu inquietud. Reposa tu cansancio al fin, pues no he mandado al ángel Azrael venir a por tu flor. No es ese el motivo de la tristeza de la rosa. Prepara tu camino, ya que en realidad Azrael viene a por ti”.

J.J. Benítez: “Más allá hay otra vida física a la que no hay que tenerle ningún miedo”

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El escritor J.J. Benítez se ha propuesto «quitarle hierro a la muerte» en «Estoy bien», un libro en el que reúne un centenar de testimonios para ahondar en su creencia de que «más allá» hay «otra vida física» a la que «no hay que tenerle ningún miedo».

Autor de la saga «Caballo de Troya» y numerosos libros sobre ovnis y extraterrestres, J.J. Benítez (Pamplona, 1946) explica, en una entrevista con Efe, que con este nuevo libro quiere llevar «un poco de esperanza» a la gente porque hay «mucho miedo a la muerte».

Por ello ha decidido sacar a la luz unas investigaciones que lleva haciendo «en silencio» desde hace 45 años y en las que ha estudiado un millar de casos de personas que aseguran haber tenido experiencias con muertos que han aparecido ante ellos de forma física y a los que, dicen, han visto, escuchado, sentido e incluso, en algún caso, tocado.

«Casi todos repiten ‘estoy bien’, ‘estoy feliz’, ‘no llores más’ e irradian sensación de felicidad», explica el autor.

Su propia experiencia

J.J. Benítez ya relató en 2000 en «Al fin libre» cómo su padre muerto le había contado cómo es el «más allá». Un caso que ha dejado fuera de este nuevo volumen, que edita Planeta y hoy llega a las librerías.

En «Estoy bien» el autor ha adoptado el papel de investigador, que emprendió en 1968 cuando un compañero periodista «nada dado a fantasías» le contó la experiencia que había tenido años antes, cuando luchó en Rusia como voluntario de la División Azul.

En pleno campo de batalla tuvo que llevar unos paquetes a una trinchera. En el camino una granada explotó y le hirió en la cara, una situación que, según contó, le habría llevado a la muerte si no llega a ser porque en ese momento un compañero le llamó por su nombre, le dijo «tira por aquí» y anduvo delante de él hasta que llegaron a un lugar seguro en el que se despidió.

Todo normal hasta que, después, se enteró de que este compañero, al que conocía perfectamente, había muerto tres meses antes.

Visitas «fugaces»

Es uno del centenar de casos que reúne J.J. Benítez en este libro, una selección con la que quiere recalcar que los «resucitados», como él los llama, se han presentado ante personas «de cualquier edad, de cualquier continente, de cualquier condición social. Ateos, religiosos, científicos, militares, analfabetos o profesores, no hay un perfil».

Como tampoco lo tienen, explica, los «resucitados», que, casi siempre, realizan visitas «fugaces», levitan, son transparentes, irradian «luz propia» y «un estado maravilloso», según los testimonios reunidos, que, como nota común, dicen haber sentido «un frío intensísimo» ante la presencia.

Benítez señala que sus «investigaciones» se basan fundamentalmente en los testimonios porque «no hay otra».

Testimonios de personas «equilibradas»

Pero también comprueba que quien cuenta la experiencia sea una persona «equilibrada» y, cuando es posible, cualquier otro detalle que pueda avalar el testimonio, como hizo con el caso de una viuda a la que se le apareció su marido muerto para hablarle de una cuenta secreta en la que guardaba 300.000 dólares.

Asegura que a cada caso le ha dado «muchas vueltas» y que las personas a las que le ha ocurrido no tienen ningún motivo para mentir ni «ningún afán», más bien al contrario.

Para J.J. Benítez son casos que demuestran que más allá de la muertehay «una vida física». «Los resucitados que han hablado de ella solo han contado que es un lugar que no nos imaginamos, que es físico y en el que se trabaja, aunque no hay dinero», explica.

«Puede haber dimensiones y planos desconocidos para la ciencia, a los que no hemos tenido acceso porque no tenemos la tecnología necesaria, de la misma manera que durante muchísimos años oficialmente no se supo nada de América, ni se llegó a la Luna», dice.

En ello también influye, apunta, que «a la ciencia lamentablemente no le preocupa la muerte».

«Yo creo además que, en este tipo de temas, si no entra la ciencia mejor porque ni puede dar explicaciones ni las quiere dar», concluye.

Fuente: abc.es

Los muchos habitantes del bajo astral

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El Bajo Astral, entendido generalmente como el séptimo de los siete subplanos del mundo astral, es una dimensión llena de energías terribles en que pululan sombras, demonios, espíritus de suicidas, asesinos, violadores, magos negros y, según dicen algunos, también animales.

Resulta complejo explicar lo que es el plano astral. Para hacerlo es necesario empezar por el hecho de que en el Universo “todo vibra”, y esto se da tanto en el plano de la materia-energía que es objeto del conocimiento científico, como en planos o estados más sutiles en donde son otras las partículas, la energía y las leyes de causalidad. En este contexto, el plano astral no es un estado de conciencia o un espacio concreto, sino una dimensión. A su vez, este plano se divide a su vez en siete subplanos y cada uno de ellos tiene sus propias particularidades.

El plano más peligroso

El séptimo subplano del Astral, conocido como Bajo Astral, es el más bajo, siniestro y peligroso de todos: la brujería, las maldiciones, la llamada “mala suerte” y algunas extrañas enfermedades, encuentran en este subplano la fuente de su energía.

Una persona, a lo largo de su vida, puede ascender o descender dentro de los subplanos astrales, en función de la mayor o menor densidad de sus vibraciones energéticas. Así, las vibraciones más densas están vinculadas con los sentimientos, pensamientos y actos más bajos, mundanos, viles, malintencionados, etcétera. Contrariamente, los pensamientos elevados se asocian a sentimientos, pensamientos y actos de naturaleza opuesta, y conducen a la persona a vincularse con los subplanos astrales más elevados.

De los siete subplanos del mundo astral, el séptimo es el único que podría ser considerado como una especie de infierno; y, de hecho, según la Teosofía es éste, vivido de forma diferente según las creencias y pensamientos de los sujetos, el subplano que ha dado lugar al mito cultural del infierno, entendido como un lugar de castigo generalmente concebido como eterno.

Las peores energías espirituales

Es en el séptimo subplano donde se manifiestan las peores energías espirituales: la energia del odio, del rencor, de la ira, del egoísmo más crudo, de las tendencias homicidas, de las más retorcidas perversiones, del vicio incontrolable, etcétera… A este subplano van a parar los borrachos incorregibles y los drogadictos desmesurados, los asesinos, los ladrones, los violadores, los genocidas, los estafadores, los narcotraficantes, los maltratadores, etcétera… Este tipo de seres, vagan por el séptimo subplano en medio del sufrimiento y generalmente también en medio de la confusión, intentando, cuando pueden, satisfacer sus bajos deseos captando a alguien en el mundo físico para, a través de algún mecanismo parasitario, satisfacerse…

Por su parte, el sexto subplano es menos denso y no está habitado por espíritus y entidades malas (en el sentido moral) sino meramente materialistas. De ese mismo modo, a medida que se asciende, los subplanos se vuelven menos densos, más buenos y con mejores habitantes. Sin embargo, tanto el séptimo subplano como los primeros o los intermedios, no deben confundirse con el cielo, el infierno o algún otro lugar de morada permanente para el alma tras la muerte: no, pues son meras dimensiones de tránsito en las que el alma está por un periodo limitado de tiempo, pues posteriormente avanza al plano mental y después se reencarna. Por último, cabe decir que el plano astral interpenetra a nuestra realidad, a la dimensión en que vivimos, y la influencia puede darse tanto desde nuestra dimensión hacia la astral, como desde la dimensión astral a la nuestra.

Magia negra

Cuando un mago negro utiliza el Bajo Astral con malas intenciones, puede crear entidades que ataquen a otros, causando depresión, confusión y, en algunos casos, la muerte… Ese tipo de cosas son factibles gracias a la materia del bajo astral, empleada de diversas formas por los hechiceros.

En virtud de estos mecanismos, cuentan que muchos magos negros y brujas han perecido por enviar terribles maleficios a gente espiritualmente evolucionada, ya que las auras de estas personas no tienen fisuras y así el mal enviado se devuelve y regresa al emisor.

Lastimosamente, lo que sucede con la energía que envían los magos negros, no sucede con las entidades que crean, pues a veces esas entidades se independizan del mago o quedan libres tras ser empleadas, atacando posteriormente a gente inocente.

La Sombra

Durante el período intermedio entre una encarnación y otra, se da un proceso de purificación en el cual el Ego Superior (la parte que sobrevive de vida en vida) va, junto a la conciencia, pasando de un cuerpo sutil (el hombre tiene algunos cuerpos sutiles, siete en la mayoría de teorías) a otro, yendo del menos sutil al más sutil, y dejando atrás cada cuerpo sutil que abandona en el curso de esas transferencias, hasta finalmente no quedar sino sólo (o con el cuerpo causal según ciertas teorías) él, y la conciencia que volverá a activarse cuando se dé la siguiente encarnación.

Ocurre sin embargo que, cuando el Ego Superior de alguien deja el cuerpo astral para pasar al cuerpo mental, el cuerpo astral la mayoría de veces se desintegra, aunque eso a veces no ocurre en casos de personas que, o bien han sido malas, o sin ser malas han tenido muy acentuada la presencia de “bajas pasiones y tendencias” (alcoholismo, violencia, envidia excesiva, drogas, adicción al sexo, etcétera). En esos casos el cuerpo astral está demasiado vitalizado por esas energías negativas como para desintegrarse, a la vez que conserva suficiente energía psíquica (debido a que tiene algo de materia del cuerpo mental pegada) como para tener cierto grado de conciencia y autonomía. Aquel cuerpo astral que no se desintegró, constituirá una suerte de versión negativa del individuo, algo así como su lado oscuro desprendido…su sombra. Desgraciadamente y como ya se dijo, esa sombra preservará una pequeña porción del cuerpo mental del sujeto, y eso bastará para que pueda tener gran parte de sus recuerdos y pensamientos.

Todo lo anterior da cuenta de por qué, en las sesiones de espiritismo, los espíritus que se manifiestan son muchas veces sombras (los espiritistas muchas veces contactan con el séptimo sub-plano astral), y por qué abundan tantos testimonios de personas que ven a sus fallecidos como si éstos se hubiesen deteriorado moral y anímicamente. Así mismo, lo anterior explica el comportamiento destructivo y parasitario de las sombras; pues, si éstas están constituidas por energías astrales (y un poco de energía del cuerpo mental) negativas, intentarán alimentarse de miedos, emociones y tendencias nocivas para de ese modo postergar en lo posible su inevitable proceso de desintegración.

Cascarones

Existen dos clases de “cascarones”: el astral, correspondiente al cuerpo astral, y el etérico, que se corresponde con el cuerpo etérico, cuerpo éste que es consustancial al aura entendida como fenómeno electromagnético.

El “cascarón astral” es el cadáver astral de un ser humano, y en él, a diferencia de la sombra, no existe partícula alguna de materia mental, por lo que no tiene consciencia, inteligencia o autonomía. Es un simple ente pasivo que flota como nube en el mundo astral, aunque puede ser animado por médiums o hechiceros, al punto de asumir la forma de un fallecido o de un vivo, suscitando así nefastos engaños.

Por su parte, el cascarón etérico es el cadáver que queda del cuerpo etérico tras el proceso de desintegración del cuerpo físico, aunque ventajosamente no ofrece las posibilidades de animación que ofrece el cascarón astral.

El “cascaron vitalizado” posee el mismo grado de consciencia de un elemental artificial, entidad creada en virtud de lo que se denomina “forma de pensamiento”. Las formas de pensamiento están asociadas a pensamientos emitidos por sujetos, y en el caso del cascarón vitalizado, pueden haber sido creadas a partir de pensamientos malintencionados, proyectados con mucha energía y persistencia. Así, formas de magia negra como el vudú y el obeah, crean cascarones vitalizados a partir de formas de pensamiento, pudiendo engendrar entes con un poder suficientemente grande como para matar personas.

Por fortuna, se dice que el karma por crear cascarones vitalizados es terriblemente elevado.

Animales

Se cree que los animales capaces de sentir emociones (perros, delfines, monos, etcétera), esto es los animales más evolucionados, poseen cuerpos astrales, aunque mucho más débiles y simples que los cuerpos astrales humanos.

Estos cuerpos astrales serían la causa de las diversas historias que existen sobre animales fantasmas.

Ahora bien: ¿por qué estos fantasmas animales están más que todo vinculados al bajo astral?

Según refieren muchos expertos en el tema, cascadas de animales fantasmas surgen cada día en los mataderos de chanchos, vacas y otros animales que el hombre devora en embutidos, carnes empacadas y cosas por el estilo. Y esos entes están, en opinión de los citados expertos, imbuidos en terror y odio hacia el hombre, por lo que pasan directamente al séptimo subplano.

Esa es pues, según se dice, una de las principales razones espirituales por las que se recomienda ser vegetariano; ya que, la energía que esos animales producen en el mundo astral, nos perjudica aunque no lo notemos.

Suicidas y víctimas de accidentes

Se cree que ambas clases de fallecidos suelen afrontar una vida astral complicada.

Si la víctima del accidente era una buena persona, estará en un estado de inconsciencia hasta que transcurra el tiempo que, según su karma, debió de haber vivido. Transcurrido ese tiempo, recuperará la consciencia en los subplanos astrales elevados, por lo que antes habrá sido una entidad inconsciente en los subplanos inferiores, ya que no había acumulado suficiente energía negativa como para que su conciencia se active en el Bajo Astral, cosa aquella que representa un verdadero tormento.

Pero lo mismo no ocurre con una mala persona que muere en un accidente: ésta va directo al Bajo Astral, donde permanecerá consciente por un buen tiempo.

En cuanto al suicida, siempre incurre en una gran deuda kármica con su suicidio, pero la situación puede variar dependiendo de por qué se suicidó, en qué estado de consciencia se suicidó, y cuál fue su naturaleza moral y espiritual, tanto en la globalidad de su vida como en sus últimos momentos.

El karma por el suicidio suele ser una próxima vida llena de complicaciones y usualmente en un cuerpo seriamente limitado (alguien que nazca sin piernas, por ejemplo), y cierta teoría afirma que el suicida se queda penando en el Bajo Astral hasta que haya cumplido el tiempo que debió haber vivido, pero sumido en un estado de angustia, confusión y pesar.

Qué les ocurre realmente a los suicidas

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La médium rusa Helena Roerich, que reunió información durante la década de 1930, se inclinaba por una visión negativa de lo que le sucedería a quien se hubiera suicidado. En una carta escribió:

“Los suicidas permanecen normalmente en los estratos que están más próximos a la Tierra, porque la atracción magnética de sus energías hacia la Tierra no se ha superado todavía. Su cuerpo etéreo les liga especialmente a las sensaciones terrenales. Si tenían la conciencia nublada durante su vida, la turbiedad se intensificará aún más después de la separación del cuerpo físico”.

Roerich también advirtió que dichas almas permanecerían “en un estado de semisomnolencia”.

Asimismo Charles Leadbeater, clarividente británico de finales del siglo XIX y principios del siglo XX,  afirmaba que los suicidas tendían a estar especialmente conscientes de su desagradable entorno en el plano astral inferior:

“Se entenderá fácilmente que el hombre que es arrancado de forma apresurada de la vida física cuando está lleno de salud y fuerza, ya sea por accidente o por suicidio, se encuentra en el plano astral en unas condiciones que difieren considerablemente de las que rodean al que muere por edad o bien por enfermedad.

“En el caso de la muerte accidental o del suicidio, una gran cantidad de materia astral del tipo más burdo todavía está adherida a la personalidad, por lo que, consecuentemente, se mantiene en la séptima subdivisión del plano o subdivisión más baja, que ya se ha descrito como algo que puede ser cualquier cosa menos un lugar permanentemente agradable”.

Algunos médiums contemporáneos adoptan una postura similar, pero admiten alguna variabilidad en cuanto a dónde puede terminar un suicida. Además, reconocen la existencia de espíritus auxiliares, cuya función es tratar de ayudar a estas almas perdidas a avanzar espiritualmente hacia un plano mejor de existencia.

Una situación terrible

Elsie Sechrist, experta en sueños a nivel internacional y amiga del médium Edgar Cayce, también creía que los suicidas pueden terminar en una situación terrible, muy distinta de la que habían previsto. Conoció a un hombre que se había enamorado de su secretaria. Los dos se habían suicidado con el deseo de estar juntos. Sin embargo, después de sus muertes Sechrist describe:

“Una noche estaba rezando por ellos, me quedé dormida y tuve un sueño muy vívido. En el sueño era por la noche. Vi al hombre solo junto a una gran masa de agua muy oscura, rodeado de una absoluta oscuridad. Llamaba a su secretaria con la voz humana más lastimera que yo había oído jamás: “Celia, Celia, Celia”. Aunque se habían suicidado juntos, cada uno de ellos estaba ahora completamente solo”.

Sechrist comenta que toda la escena fue de una total desolación: oscura, lúgubre y deprimente. Aunque sería reconfortante atribuir la visión a sus expectativas religiosas, otras fuentes sugieren que los suicidas pueden, de hecho, encontrarse atrapados en tales situaciones, ya se deba en parte a su carga psicológica o a otras razones.

Llenos de remordimientos

Georges Meek, investigador de la supervivencia de conocida trayectoria y fundador de la publicación Metascience, utilizó la transcomunicación instrumental para ver cuánto tiempo podrían estar los suicidas atascados en el plano astral inferior y le dijeron lo siguiente:

“El suicida sólo se ha hecho daño a sí mismo y, si acaso, a sus seres queridos. Normalmente está de inmediato lleno de remordimientos. Cuando se ofrece ayuda y orientación, es probable que el suicida responda de buena gana. Cuán rápido absorba las enseñanzas que se le ofrecen será lo que determine con qué rapidez va a avanzar a un nivel más hospitalario”.

Esto sugiere que no hay un tiempo fijo de permanencia de un alma en el plano astral inferior, sino que el tiempo varía según lo rápido que se pueda enseñar al espíritu.

Las experiencias cercanas a la muerte suicidas abarcan todo el espectro, desde infernales a celestiales, y pueden incluir el típico encuentro con seres superiores y la revisión de la vida. Tal vez debido a ello, los que se han provocado una experiencia cercana a la muerte mediante un intento de suicidio mostrarán las mismas reacciones mezcladas con respecto a lo que sucede a aquellos que se lo han provocado por otros medios. Algunos se benefician mientras que otros no.

Tristeza intensa

El neuropsiquiatra e investigador de vidas pasadas canadiense Joel Whitton se unió al investigador independiente de la reencarnación Joe Fisher para colaborar en un libro acerca de las memorias de experiencias del reino de los espíritus entre dos encarnaciones obtenidas por regresión hipnótica. En un caso, describen la experiencia de una mujer que regresó a una vida en España, después de haberse tirado por una ventana:

“La calle se apresuró a recibirla y ella sintió su impacto entumecedor seguido de las ruedas de un carruaje tirado por un caballo que le aplastó el pecho. Pero también estaba consciente, desde una perspectiva más alta, de su cuerpo desparramado sobre los adoquines… Qué trivial era esta cáscara mortal ahora que una luz cegadora la obligaba a fijar su atención arriba… Se había adentrado en la luz, una luz más brillante, más deslumbrante que el sol, y sin embargo carente de toda sensación de calor. Este resplandor absorbente irradiaba paz y serenidad y, muy relajada, ella se deleitaba en su benevolencia. También tenía la impresión de estar encerrada en un túnel o en un tubo o en un capullo. Las palabras eran bastante inadecuadas para la tarea de describir el esplendoroso entorno por el que había sido arrastrada a una velocidad increíble”.

El diario de esa mujer continuaba diciendo que, después de que se le pasara la conmoción de morir, “la tristeza era tan intensa que tenía ganas de llorar. Me brotaban las lágrimas”.

William Dudley Pelley ofrece un interesante relato de la experiencia cercana a la muerte de un suicida, que merece la pena mencionar por su similitud con el material canalizado, lo que sugiere que esto último puede tener su base en hechos reales:

“Un joven llamado Charles Riley era un estudiante de medicina que había ingerido una gran dosis de cianuro porque su prometida le había dejado plantado por otro hombre. Le llevaron urgentemente al Hospital de urgencias de San Francisco, y a su llegada su cuerpo ya no mostraba signos de vida. Estaba, según todas las pruebas y apariencias, tan muerto como podía estarlo.

“El doctor Greiger le inyectó una solución de un nuevo preparado, Methylene Blue, y en quince minutos el aspirante a suicida estaba respirando casi con normalidad… Charlie Riley dijo, totalmente recuperado: “No… no tenía ninguna sensación, excepto un entumecimiento que empezaba en las extremidades y se esparcía lentamente por todo mi sistema físico. No hubo rigidez muscular al irme a pique…”.

“Incluso cuando estaba supuestamente muerto, tenía una clara sensación de estar flotando. No había nada de la oscuridad común que se reconoce como la muerte. Me sentía como si estuviera saliendo a la luz, a un inmenso lugar resplandeciente de serena luz solar, como si entrara en un mundo nuevo y misterioso… No me sentía trágico al respecto, sólo tremendamente sorprendido y feliz de encontrarme a mí mismo todavía consciente… Recuerdo una sensación de alivio bien definida, algo así como si emergiera desde una habitación en penumbra a una luminosidad repentina.”

Diversidad de reacciones

Por consiguiente, vemos que se produce una diversidad de reacciones cuando las almas cruzan por primera vez la vida del más allá. Con frecuencia tienen la sensación de ser muy ligeros o de estar flotando. Algunos sienten frustración, que se exacerba si no se dan cuenta de que la razón por la que otros los ignoran es porque están muertos. Otros experimentan una gran belleza y una gran paz. Las experiencias cercanas a la muerte parecen reflejar las variaciones emocionales que las almas pueden sentir al pasar al otro lado. Una diferencia entre los dos grupos es que la intensa frustración que experimentan en su nuevo estado muchos de los que han logrado suicidarse, puede permitirles llevar a cabo impresionantes actos de telequinesia como forma de comunicación con los que han dejado atrás.

El investigador japonés contemporáneo Hiroshi Motoyama también ha detectado que con frecuencia los muertos ignoran su condición:

“Al igual que muchos espíritus no son conscientes en vida, tampoco son conscientes de lo que pasa en el proceso de la muerte. Más adelante analizaré el mecanismo que se produce al morir, baste por ahora decir que la mayoría de la gente no se da cuenta inmediatamente de que está “muerta”, incluso después de que su alma haya dejado el cuerpo. El espíritu sigue guardando y alimentándose de una cierta cantidad de energía que traslada desde la dimensión física y sigue dirigiéndose hacia este plano. Esta energía se disipa en una o dos semanas, y después empieza un periodo difícil.

“Es posible que el espíritu se encuentre solo, en una especie de pozo oscuro y profundo y no pueda entender dónde está o qué está haciendo allí. He visto que esta dolorosa situación se prolonga durante dos o tres semanas en algunos casos, y durante uno o dos meses en otros. Tarde o temprano, el espíritu individual se da cuenta de lo que ha sucedido y acepta el hecho de su muerte. Entonces estará preparado para pasar al siguiente lugar de existencia determinado por el karma.

Intentando matarse una y otra vez

El parapsicólogo filipino Jaime Licauco describió un caso aún más dramático de un suicida que después de haberse cortado las venas no podía entender que ya estaba muerto, por lo que siguió intentando matarse una y otra vez.

“Un vidente vio lo que hizo. Su espíritu siguió cortándose las venas, aunque su cuerpo físico ya estaba muerto. No entendía por qué no se moría. Siguió cortando las venas de su muñeca fantasma, pensando que todavía era de carne y hueso.

“Este espíritu permanecerá atado a lo terrenal hasta que empiece a darse cuenta de que ya está muerto y lo acepte”.

Hemos visto que muchos suicidas tienen dificultad en entender que están muertos. Con frecuencia, esto se debe al hecho de que todavía “se sienten” vivos y tienen un cuerpo astral. El problema se puede exacerbar especialmente debido a las falsas expectativas y a las creencias culturales, como pensar que no hay vida después de la muerte o la suposición de que deben estar dormidos hasta el día del Juicio Final. No obstante, el entendimiento y la aceptación de que están muertos puede ser el primer paso hacia la integración del alma y su avance en el reino de los espíritus.

Extractos del libro “Suicidio. ¿Qué sucede realmente en el otro lado?”, de Pamela Rae Heath y Jon Klimo. La Esfera de los Libros, 2007

 

El plano astral, los espíritus malévolos y los peligros que corren los médiums

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Toda la creación está compuesta por energía. Hay muchos niveles en la creación divina, los cuales difieren solamente por sus vibraciones. La mente humana tiene la habilidad de sintonizar los diferentes niveles de la creación de Dios.

Existen varios mundos o niveles que sobrepasan el universo material, pero su vibración es demasiado baja para hacerlos parte del mundo espiritual. Uno de estos mundos es lo que algunas enseñanzas esotéricas definen como el mundo síquico o plano astral. Una gran cantidad de seres residen en este mundo. A nivel de la Tierra, es fácil entender que los seres humanos se hallan en diferentes grados de conciencia. Lo mismo sucede en el mundo astral.

Dentro de las capas más bajas del mundo astral, se encuentran seres cuyas intenciones son evidentemente malévolas. Dichos seres (entre ellos los entes oscuros, bajos astrales, desencarnados maléficos, cascarones de energía, parásitos energéticos, larvas, etcétera) buscarán manipular deliberadamente a los seres humanos con diferentes propósitos, incluyendo uno de sus principales objetivos: el de robar su energía espiritual.

En los niveles medios del mundo astral, pueden encontrarse entidades cuyo propósito no es malévolo, sino que actúan simplemente por pura ignorancia. En los niveles superiores del mundo astral, pueden hallarse  seres que han logrado cierto nivel de desarrollo espiritual. Dichos seres podría parecer que son  -o pueden aparentar ser- personas sabias o avanzadas en el mundo material.

Estos seres quizás no sean del todo mal intencionados, y es posible que estén ofreciendo a determinadas personas con las que entablan contacto, instrucciones o enseñanzas que contengan una cierta dosis de verdad. Sin embargo, será preciso que se pregunten ustedes, lectoras y lectores, por qué estos seres residen dentro del mundo astral y no han logrado ascender al más elevado mundo espiritual. La razón obedece a varias causas. Entre ellas, el hecho de que estos seres se han quedado atascados en ese nivel de creación divina. Por lo tanto, si ustedes se ligan de cualquier manera a dichos seres o entidades, correrán el riesgo de quedar atrapados dentro de ese mismo nivel.

No pretendemos aquí afirmar que la canalización, la mediumnidad o la búsqueda voluntaria del contacto con los espíritus y/o los entes del mundo astral, sea algo automáticamente peligroso. Sin embargo, sí sabemos, por nuestros muchos años de estudio y de experiencia en este campo, que determinadas personas, y en especial muchos/as seguidores de la Nueva Era, defienden a pies juntillas la idea de que la canalización no conlleva ningún tipo de riesgos, que no es en absoluto peligrosa. Debo decir con toda rotundidad que esta idea es incorrecta.

En su sentido más amplio, la canalización se describe como un proceso por el cual una persona sobre la Tierra gira el dial de su conciencia y se sintoniza con un nivel de la creación divina que sobrepasa el universo material. Sin embargo, si piensan ustedes que todo lo que sobrepasa el universo material es bueno y espiritual, entonces están padeciendo una ilusión bastante peligrosa.

Para sopesar el peligro de esta ilusión, lo único que necesitan hacer es observar las acciones de los seres humanos. ¿Por qué creen que ciertas personas cometen actos que son instintivamente malévolos? La razón es que estas personas se han sincronizado con un nivel inferior de la creación de Dios. La canalización no es una actividad libre de riesgos.

Algunas personas han permitido que las fuerzas del mundo astral influyan o se apoderen de sus conciencias. Por lo tanto, dichas personas se convierten frecuentemente en herramientas de las fuerzas oscuras, ya sea voluntaria o involuntariamente, con conocimiento o sin él.

Lo que trato de explicar en este artículo es que si ustedes asumen que la canalización no conlleva riesgos, entonces se han situado en uno de los extremos. El otro extremo está representado por aquellos que nunca se atreven a girar el dial de su conciencia, permitiendo que algo se salga de los linderos del universo material. Ambos tipos de personas han asumido un enfoque desequilibrado hacia el crecimiento espiritual.

Si observan algunas de las personas más espirituales sobre la Tierra, verán que existe una única razón por la cual son espirituales. La razón es que ellas han girado el dial de su conciencia y sintonizado con el mundo espiritual. A través de esta sintonización, estas personas reciben visiones, entendimiento y, algunas veces, varios tipos de mensajes desde el mundo espiritual.

Muchas personas en la Tierra ya se han abierto y alineado con algo que supera el universo material y muchas más lograrán abrirse en las décadas siguientes. Esta apertura es en gran medida una parte del plan divino para elevar la conciencia de la humanidad. Mi deseo no es que las personas cierren sus mentes. Pero sí les recomiendo que analicen bien con qué nivel van a sintonizar.

Animo a ustedes a aprender cómo girar el dial de su conciencia y sintonizar ese algo más allá del mundo material. Sin embargo y en buena lógica, deseo que aprendan a sintonizarse con el mundo espiritual sin tener que conectar necesariamente con ningún mundo inferior, en este caso con el plano astral.

Hay, sin duda, muchas y buenas personas que están abiertas a la idea de que los seres humanos pueden comunicarse con el mundo espiritual. Sin embargo, algunas de estas personas pretenden tomarse el cielo por la fuerza e intentan esta comunión con motivos no válidos. Motivos entre los cuales se incluye la soberbia, la necesidad de auto engrandecimiento, la necesidad de poder y control, el ansia de enriquecerse o lucrarse con sus “dones” de canalización…

Si esas personas buscan una comunión interna a partir de un deseo morboso o de cualquiera de los motivos antes expuestos, probablemente van a contactar con un nivel inferior del plano astral.  El riesgo y el peligro de acercarse a estos niveles inferiores son, como ya hemos señalado en otras ocasiones, más que evidentes, pudiendo llegarse incluso a padecer auténticas posesiones de entidades malévolas; y después es muy difícil enviarlas a su lugar de procedencia o enviarlas hacia la Luz divina, donde deberían estar.

El sueño, el espíritu y el mundo astral

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El sueño forma parte del descanso. En gran medida es cierto. Científicamente sólo se conoce el estado del cuerpo pero no el del espíritu, que marcha a las regiones del astral a las que pertenece para reencontrarse con sus seres queridos, olvidando toda la experiencia una vez retorna al cuerpo. Nos ocurre un fenómeno parecido al de la reencarnación, pero diariamente. Por eso se puede decir que cada noche morimos un rato.

El lazo que nos une al cuerpo es conocido como cordón de plata y es de color dorado;  ahí se encuentra el fluido vital que une el cuerpo físico con el espíritu, cualquiera que haya realizado un viaje astral podrá dar fe de ello. Esta cadena se rompe cuando desencarnamos y, dependiendo de la moral del espíritu, tardará mayor o menor tiempo en romperse definitivamente.

La función reparadora que tiene dormir viene acompañada por un viaje al plano astral del cual pocos tienen conocimiento. Apenas recordamos lo que hemos vivido mientras dormimos, recuerdo que está acompañado con imágenes del día a día que van quedando registradas en nuestro subconsciente. Aprender a descubrir lo que significan los sueños es muy difícil, debido a la mezcla de imágenes entre la verdadera experiencia y lo vivido en el mundo onírico.

Tenemos  muchas tareas que realizar en el mundo astral, tan importantes incluso como las que realizamos en el plano físico.

En ese mundo o plano paralelo al nuestro, ayudamos con consejos (a través del pensamiento) a seres queridos que se encuentran encarnados como nosotros, escuchamos los consejos de los guías espirituales que nos acompañan, planificamos parte de las experiencias que vamos a vivir en nuestro mundo físico, nos relacionamos con seres queridos que ya desencarnaron… Incluso podemos encontrar la inspiración de un proyecto que tengamos y muchas cosas más.

Durante el sueño podemos recibir información sobre el futuro que difícilmente retendremos al despertar,  pero suceden casos en los que es tan intenso el recuerdo, que podemos estar seguros de que lo que soñamos ocurrirá. Éstos son  los conocidos como “sueños premonitorios”, clara muestra de que nuestras capacidades extrasensoriales están receptivas, como ocurre en el mundo espiritual.

Aquellas personas que tienen a menudo este tipo de sueños, señalan que existe una serie de características que diferencia éstos de los demás:

1) Los sueños son muy realistas. 2) Representan una vivencia muy fuerte. 3) Las personas sienten que lo soñado se realizará. 4) Se despiertan con ganas de contarlos.

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Algunas respuestas de los espíritus sobre los sueños

Éstas son, según describe Allan Kardec en sus obras, algunas de las respuestas  sobre los sueños proporcionadas por espíritus de mayor evolución.

Pregunta.- ¿El espíritu encarnado vive gustoso en su envoltura corporal?

Respuesta.- Pregúntale al prisionero si goza entre cadenas. El espíritu encarnado aspira sin cesar a la libertad, y mientras más grosera es la envoltura, más desea librarse de ella.

P.- ¿Durante el sueño, descansa el alma como lo hace el cuerpo?

R.- No, el espíritu nunca está inactivo. Durante el sueño, los lazos que le unen al cuerpo se aflojan, y no necesitándolo el cuerpo, el espíritu recorre el espacio y entra en relación más directa con los otros espíritus.

P.- Cuando está desprendido de la materia y obra como espíritu, ¿el encarnado sabe la fecha o el momento de su muerte?

R.- A menudo la presiente, y a veces la conoce claramente, lo cual en estado de vela le da intuición de ella. De aquí proviene que ciertas personas prevén a veces su muerte con gran exactitud.

P.- La actividad del espíritu durante el descanso o sueño del cuerpo, ¿puede hacer que éste experimente cansancio?

R.- Sí; porque el espíritu está sujeto al cuerpo, como el globo aerostático al poste del  cual está atado, y así como las sacudidas del primero conmueven al segundo, la actividad del espíritu reacciona sobre el cuerpo, y puede hacerle experimentar cansancio.

P.- Dos personas que se conocen, ¿pueden visitarse mientras duermen?

R.- Sí, y muchos otros que no creen conocerse se reúnen y se hablan. Sin sospecharlo, tú puedes tener amigos en otros países. El hecho de visitar, durante el sueño, a personas que pueden seros útiles, amigos, parientes y conocidos es tan frecuente, que casi  todas las noches lo verificáis.

P.-  ¿Puede por medio de la voluntad provocar el hombre las visitas espiritistas?¿Puede, por ejemplo, decir al dormírse: «Quiero encontrarme esta noche en espíritu con tal persona, hablarle y decirle tal cosa»?

R.- He aquí lo que ocurre. El hombre se duerme, su espíritu se desprende, y con frecuencia lejos está este último de seguir lo que el hombre había resuelto; porque la vida del hombre interesa poco al espíritu cuando está desprendido de la materia. Esto ocurre respecto de los hombres  algún tanto elevados, pues los otros pasan de muy distinto modo su existencia espiritual,  se entregan a sus pasiones o permanecen inactivos. Puede suceder, pues, que, según el motivo que se proponga, el espíritu vaya a visitar a las personas que desea visitar; pero aunque tenga esta voluntad estando despierto, no es una razón para que así suceda.

Seres y mundos invisibles: entre el infierno y el cielo

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Algunos dicen que los ven. Otros aseguran que los oyen. Muchos creen en ellos sin verlos ni oírlos. La ciencia no se atreve a desmentir la existencia de seres que habitan en dimensiones paralelas porque no puede refutar la inexplicable capacidad de la mente para percibir otras realidades. Si el Universo está construido por energías psíquicas, la variedad de entidades que lo pueblan puede ser infinita.

Hace más de 50 años el antropólogo británico Lewis V. Cummings publicó un libro que fue muy bien recibido por el público, pero denostado por sus colegas: “Yo fui un cazador de cabezas”. Su aventura antropológica en la Amazonia central había ido demasiado lejos –según sus críticos– cuando entró en contacto con una tribu que jamás había conocido un hombre blanco y fue aceptado como un miembro más de la comunidad. Dejando todo prejuicio, su mente se transformó y adoptó las costumbres, las herramientas y las armas del grupo. No sólo participó en el trabajo y en la caza, sino también en batallas contra otras tribus.

Cummings penetró en la extraña esfera espiritual de los hombres de la selva. Para ellos, morir en la batalla, ser comidos por los enemigos y saber que sus cabezas serían reducidas y conservadas era menos temible que ser devorados por las alimañas y los gusanos, pues de esa forma sus almas quedaban dentro de la esfera humana y seguían participando en el círculo de los seres dotados de alma. En las noches de plenilunio la tribu se reunía en un claro, bebía el zumo de algunas plantas y danzaba hasta el frenesí. Según Cummings, este ritual conducía a un raro éxtasis: la percepción se amplificaba hasta alcanzar niveles inauditos y los sonidos, colores y rumores de la selva se unificaban con el propio ser.

Pero la extrema sensación de pertenecer a un Todo no era el fenómeno mayor del que dio testimonio. En algún momento, y al unísono, todos los danzantes quedaban paralizados: desde la zona umbría de la arboleda surgían las figuras luminosas y gigantescas de los guardianes espirituales del bosque. En sus primeras experiencias, lo que observó no parecían seres antropomórficos; eran formas cambiantes con ojos brillantes y desmesurados, pletóricas de energía vital, que imponían un temor reverencial y sagrado. Con el tiempo, los seres asumieron ante su mirada las características de guerreros gigantescos, tal como los veía el resto de la tribu.

Lo que produjo mayor controversia e incluso burlas por parte de los científicos fue la firme creencia del antropólogo de que lo vivido no había sido una alucinación, sino algo verdadero, una explosiva apertura de la mente a otras realidades. El sentimiento que impregna las últimas páginas del libro, donde relata su retorno a la civilización, deja traslucir su tardío arrepentimiento por haber abandonado una familia, su fuerte pertenencia a un grupo solidario y el sabor profundo de haber tomado contacto con una invisible y poderosa dimensión espiritual, situada más allá de la razón.

EL SEXTO SENTIDO

Aun el más incrédulo de los racionalistas debe confesarse a sí mismo que existen lugares donde le asaltan, de manera irracional, sentimientos ominosos y amenazantes: casas que emanan una pesada carga de fatalidad o fracaso, callejones donde no penetra el sol o parajes rurales que le suscitan inquietud. También sucede lo opuesto: hay espacios donde se percibe una sensación de paz, alegría y vitalidad.

El sexto sentido no es una invención teórica de los psicólogos, sino un estado de alerta extremo que se produce por lo general en situaciones poco habituales. Pero en medio de las rutinas del trabajo, la fatiga y las preocupaciones, el espacio de la mente permanece ocupado por lo habitual y la percepción se estrecha, bloqueando o negando toda manifestación “diferente”.

Las investigaciones realizadas con personas que aceptan pasar dos o tres días dentro de cámaras insonorizadas de aislamiento total muestran que a las pocas horas pierden la noción del tiempo y que aumenta su nivel de ansiedad. El diálogo interno sobre la vida y los conflictos cotidianos decaen, mientras se incrementa la percepción del silencio, en contraste con los sonidos corporales y la propia voz. El sentido de unidad del “yo” también resulta afectado por la irrupción de sentimientos, memorias, fantasías y alucinaciones que, de forma paulatina y sin control, parecen irrumpir desde las zonas inconscientes de la mente. En los casos más sensibles, el estado alucinatorio no discrimina si lo que comienza a verse u oírse fuera de uno mismo es real o solamente una proyección mental.

El aislamiento extremo provoca, al igual que algunas drogas, lo que ha sido designado como un estado alterado de conciencia. Las hipótesis que se derivan de estas investigaciones, aunque contradictorias, revelan que el estado de alerta diluye los filtros de la mente. Si bien no se puede afirmar que las percepciones sean una “creación” ilusoria o una proyección interna, tampoco está demostrado que procedan necesariamente de fuentes externas.

En todo caso, la mente puede disfrazar o traducir lo extraño o lo nuevo bajo formas “aceptables” o “reconocibles” para no sumirse en el temor a lo desconocido. La casuística del aislamiento tiene semejanzas con los sueños porque abarca visiones y contactos con seres muertos o vivos, personajes demoníacos o angélicos, sensaciones táctiles y hasta relaciones eróticas.

LAS OTRAS REALIDADES

La comprensión de la mente humana podría ser considerablemente más amplia si se admitiera que lo imaginario no es una mera invención que surge de la nada, sino la intuición de otros mundos reales y posibles con los que interactúa. La ciencia “positiva” afirma que más allá de nuestras limitaciones perceptivas hay otras dimensiones, pero no se atreve a suponer que estén pobladas por seres diferentes y menos aún que, por vías inexplicables, puedan actuar en nuestra dimensión.

Tampoco la psicología tradicional va mucho más lejos. En las teorías que el psiquiatra Carl Gustav Jung expuso a sus colegas, los hechos paranormales aparecen como creaciones “psicoideas”, manifestaciones físicas de la propia mente.

Sin embargo, en una contribución a un libro de la bióloga e investigadora Fanny Moser sobre apariciones, Jung cuenta que en 1920 pasó unas semanas en una casa de Inglaterra en la que fue testigo de fenómenos espectrales muy intensos: voces, susurros, golpes y luces. Una noche despertó –narra el psiquiatra– y vio sobre su almohada una cabeza de mujer que lo observaba con un solo ojo fantasmagórico. Pasó el resto de la noche sentado en un sofá, con la certeza de no haber alucinado, y abandonó la casa al día siguiente.

Más tarde, supo que todo el vecindario estaba al tanto de la continua presencia de “espíritus” y “entidades” en esa residencia, razón por la cual los inquilinos acababan marchándose. Las otras realidades difícilmente podrán ser demostradas o descritas a través de métodos científicos a causa de su naturaleza no física o su materialidad “paralela”.

A pesar de que el mundo físico parece ser un gigantesco campo de vacío organizado por una inteligencia inmaterial “milagrosa”, la idea de Dios surge por inferencia, ya que nadie lo ha podido contemplar. En el caso humano, la psique, o la mente, tiene la asombrosa cualidad de existir simultáneamente entre lo físico y lo no físico. De ahí su peculiar capacidad de penetrar y percibir otras realidades sin limitaciones de tiempo y espacio. La teoría de que el Universo es la emanación de una fuerza “psíquica” fundamental, que se expresa en una infinita variedad de niveles y de seres, sostiene esa capacidad.

ALGO MÁS QUE SUEÑOS

En la dimensión onírica es donde la mente parece fluir con más libertad y establecer contactos con seres y realidades diferentes. Quizá por eso las tradiciones chamánicas llaman “locura sagrada” al viaje de “sueño controlado” que el iniciado realiza por el mundo de los muertos, de los demonios, de los animales y del Gran Espíritu. Quien pierde el control, quien pierde su centro en el viaje, puede acabar loco o muerto.

El sueño es una categoría de la realidad en la que la mente se mueve con libertad en regiones que escapan a la conciencia de vigilia. En estado onírico solemos volar, visitar lugares desconocidos, dialogar con personajes desaparecidos y entrar en contacto con seres monstruosos o celestiales que nos amenazan o nos transmiten conocimientos. La psicología llama “inconsciente” a ese territorio ilimitado donde se hunden las raíces de la conciencia. Es también la fuente de las grandes creaciones artísticas, de los descubrimientos científicos y de las premoniciones.

Es frecuente que quien ha perdido a un ser querido sueñe que le visita. Esos contactos llegan a intensidades emocionales tan vívidas, sentidas y profundas que hacen muy difícil tomarlos por fantasías compensatorias. La casuística muestra que en muchos casos los difuntos dan informaciones precisas sobre temas pendientes que podrían afectar al que está soñando. En otros, la imagen del visitante continúa siendo percibida al despertar durante un breve instante intermedio de apertura.

El dolor intenso por la pérdida suele conducir a un estado alterado de conciencia que debilita la presión hipnótica de la realidad: es común que a las pocas horas del fallecimiento haya quienes sienten la presencia invisible de la persona muerta y otros que directamente la vean. Los testimonios describen a estos seres embargados por una expresión de estupor e incredulidad ante su propia muerte. ¿Imaginación o interacción? ¿Es posible que nuestra mente ayude a “corporizar” esas manifestaciones? No es sencillo determinar si aquello que se nos aparece durante el sueño o la vigilia es una entidad externa o un contenido interno que se expresa bajo una máscara aparente. Pueden ser ambos, o una mezcla de los mismos.

Además de la facultad natural de percibir el estado interno de los árboles, los animales o las rocas, Eileen Garrett, autora del libro Adventures in the Supernormal, poseía la capacidad de percibir entidades psíquicas. Garrett afirma en su obra: “Pregunté a esas formas espirituales si las estaba viendo o si estaba viendo lo que había en mi propio cerebro. Me respondieron: ambas cosas”.

Los estados internos inconscientes, los miedos, las fobias o las esperanzas pueden “atraer por simpatía” entidades psíquicas de ésta u otras dimensiones. Y viceversa: si el Universo es un infinito campo psíquico, nuestros estados internos pueden afectar a otros seres sin que tengamos conciencia de ello. ¿Participamos sin saberlo en la vida de entidades de mundos paralelos creando pesadillas?

LUCES Y SOMBRAS 

Sin duda existen personas cualificadas con dotes para manejarse con los personajes reales o imaginarios del trasmundo, ya sea de forma natural, como Garrett o a través del entrenamiento meditativo tradicional. La meditación guiada por maestros expertos de distintas tradiciones provee herramientas para mantener lo que se llama “ecuanimidad contemplativa”.

Por su parte, quienes poseen facultades naturales como videntes o chamanes son dueños de una voluntad firme que no se extravía ni pierde su singularidad al toparse con lo desconocido. En ambos casos, las presencias y los seres exteriores sólo son obstáculos en el viaje espiritual hacia la Gran Vida. La humildad de esta visión disminuye el rol del ego y el deseo de poder, pero fortifica y protege el núcleo o centro espiritual.

De acuerdo con los maestros espirituales tradicionales –incluyendo a Jesús–, la mayoría de los seres o entidades psíquicas negativas capaces de afectar con más facilidad a la mente humana son los que han quedado atrapados en zonas intermedias. El Purgatorio y el Bardo serían así una dimensión psíquica y no física, donde las almas humanas perdidas –y otras mentes no humanas– sobreviven mientras se hunden en los lugares más sombríos de lo inconsciente. Su influencia sobre los seres vivos es casi siempre destructiva, aun cuando se manifiesten como “buenos consejeros”.

Los médiums y los “canalizadores” aficionados, que interactúan con estos entes psíquicos, suelen acabar enfermos o con graves trastornos mentales. Que las manifestaciones de fuerzas de otras dimensiones sean destructivas o benéficas parece relacionarse con los estados internos. El contacto con esferas espirituales compasivas y sanadoras constituye la base de la religiosidad tradicional.

LOS ESPÍRITUS DE LA NATURALEZA

Si se interroga a viajeros solitarios que han acampado en montañas o bosques alejados de la civilización, suelen describir la inquietud nocturna que los invade, su estado de alerta y, en muchos casos, la confesión a veces vergonzante de haber sido asediados o vigilados por presencias indefinibles. En las zonas andinas de América del Sur a ninguno de sus escasos pobladores se le ocurriría pasar la noche en lugares que tienen nombres como Quebrada del Diablo, Pozo de las Ánimas o Salar del Hombre Muerto.

El folklore rural de todos los pueblos del mundo conserva la tradición de los lugares buenos y malos en relación con presencias o entidades que pueden tornarse maléficas. En las culturas tradicionales de México, Tíbet, Australia o India existe una variada gama de rituales y actitudes para entablar buena relación con los habitantes invisibles de la Naturaleza. Hay espíritus de la montaña, de los ríos, de los bosques, de las cuevas y de las ruinas que no deben ser molestados.

Quienes tildan de ignorante esta actitud olvidan que las mentes más sencillas de los pobladores rurales carecen de los filtros y bloqueos de la cultura, o “ruido informativo”, y están más aguzadas para ejercer el sexto sentido. Todo ser vivo se caracteriza por poseer un cierto nivel de sensitividad y autoconciencia, o sentimiento de sí. Toda vida posee un psiquismo adecuado a su estructura y su espacio en la diversidad biológica.

Según la teoría del biólogo británico Rupert Sheldrake, los “campos mórficos” constituyen la matriz inmaterial inteligente y psíquica que conserva –y determina– el “plano” de desarrollo de los seres vivos. Cada especie posee su campo mórfico colectivo –o su inconsciente colectivo–, que se sumaría a los demás campos formando un ecosistema. La “hipótesis Gaia” se apoya en la creencia de un pan-psiquismo que se extiende hasta lo aparentemente inerte de la Naturaleza.

Estas fuerzas son las que el sexto sentido describe como espíritus de la Naturaleza, fuerzas activas que, lamentablemente, están siendo salvajemente atacadas por la actividad humana. Aunque los efectos de esta batalla son visibles y se expresan en catástrofes naturales crecientes, se debe tener en cuenta que la guerra oculta entre las fuerzas invisibles y psíquicas de la Naturaleza dañada también pueden afectar el equilibrio de la mente humana. Las civilizaciones se han edificado sobre creencias religiosas que proporcionaron coherentes visiones de consenso del más allá y el más acá, como un todo, sobre la Tierra.

El shintoísmo japonés y el taoísmo chino se basan en la relación armoniosa con los espíritus de la Naturaleza viva y con los residuos psíquicos de la Naturaleza muerta o avasallada. Judíos, cristianos y musulmanes creen que Dios autorizó a los hombres a reinar sobre el orden natural, pero no a servirse destructivamente del resto de las criaturas y de los recursos compartidos. La vida en su conjunto es, desde el punto de vista religioso, un impulso titánico de abrirse paso desde la oscuridad psíquica hacia las dimensiones superiores de la conciencia. Sin duda, la “civilización” que estamos perpetrando ha traicionado ese impulso y está destruyendo sus fuentes espirituales.

CONTACTOS, MENSAJES Y EQUILIBRIO

Despiertos o dormidos, nuestra mente está en contacto, desde nuestra singularidad terrestre, con todas las fuerzas interiores del Universo. Llamamos inconsciente a esa infinitud misteriosa en la que estamos inmersos y que no podemos observar en su totalidad. En esta época vertiginosa ni siquiera somos conscientes de los mensajes que nos envía el núcleo más profundo de nuestro ser. ¿Cómo discriminar si aquello que nos invade en el sueño o nos inquieta en la vigilia es real o imaginario, propio o externo?

Los eternos arquetipos del viejo sabio que nos aconseja, de los amantes que nos seducen o de los seres infernales que nos aterran o nos devoran, como los vampiros, no serían ni externos ni internos, sino coemergentes. La alquimia exploró esos territorios ambiguos del alma y determinó que cada aparición se corresponde con algún aspecto fragmentario de nuestra propia mente. Los demonios exteriores, los seres destructivos e infernales que nos asedian, se afirman y alimentan con nuestra destructividad inconsciente y sólo tienen poder si los tememos o reprimimos.

Como todas las vías espirituales, la alquimia buscaba purgar la mente de todas sus zonas oscuras sacándolas a la superficie y observándolas con ecuanimidad. El viaje espiritual transformaba la Piedra Filosofal oscura en el oro de la sabiduría. ¿En que consistía esa sabiduría? En observar y dejar de lado las realidades espectrales y unificar nuestra pequeña vida con la fuente de la Gran Vida que intuimos.

VISITAS DE OTRAS DIMENSIONES: COMO RECIBIRLAS

La psiquiatría y las tradiciones esotéricas de las religiones coinciden en señalar los peligros que entraña la irrupción masiva de fuerzas indiscriminadas procedentes de lo inconsciente: pueden fragmentar o aniquilar el “yo”. Demencia o posesión, según se mire, pueden ser las consecuencias nefastas de la apertura descontrolada de la mente.

La terapéutica psiquiátrica y las técnicas introspectivas de apertura ofrecen la misma recomendación sobre qué actitud adoptar ante esta situación: no cerrarse ni reprimir las fuerzas o entidades que surgen desde lo desconocido, pero mantener una actitud que afirme la identidad y unidad de la propia conciencia.

SERES BENÉFICOS… Y SANADORES

La empatía benéfica ha sido demostrada por los pocos pero probados sanadores que dijeron ser asistidos por seres espirituales. Pachita, la sanadora mexicana que realizó miles de operaciones milagrosas, aseguraba ser sólo el vehículo de un ser superior al que llamaba Cuauhtémoc. Quienes conocieron a Pachita la describen como una mujer que desbordaba compasión y amor por los que sufrían.

Otro caso semejante es el del famoso Zé Arigó, de Brasil, cuyas curaciones siguen siendo inexplicables y que decía ser asistido por un espíritu llamado Doctor Fritz.

CANALIZACIONES Y MENSAJES APOCALIPTICOS: EL CÍRCULO INFERNAL

El temor que despierta el peligro de que el Apocalipsis cristiano sea una profecía de autocumplimiento explica la actual proliferación de supuestas canalizaciones de “consejeros” de niveles “más elevados”, que dan insólitas recetas de salvación o señalan mayores horrores futuros. Este “circuito del miedo” realimenta la profecía que se pretende conjurar e introduce mayores desequilibrios mentales en el campo psíquico colectivo.

Desde la perspectiva espiritual, supone una intrusión exponencial de entidades psíquicas inferiores en el inconsciente colectivo humano, lo que el cristianismo describe como la manifestación del Anticristo. Batallar o pactar, como hacen los magos, con las energías psíquicas es establecer la guerra en nuestra mente.

Lo más saludable para sustraerse al contagio del miedo y a las fuerzas destructivas del alma y de la Naturaleza es volver a las fuentes de la espiritualidad: anhelo de paz, condena de la violencia, respeto a los demás seres vivos, apaciguamiento lúcido de nuestros demonios internos y oración. Ésta es la receta común de las verdaderas tradiciones esotéricas para anular la irrupción del mal.

VISIONES ARQUETÍPICAS: HADAS, DRAGONES, ÁNGELES Y DEMONIOS

Las fuerzas psíquicas de la Naturaleza han sido descritas por todas las tradiciones antiguas con arquetipos semejantes, que se corresponden con los cuatro elementos: tierra, agua, aire y fuego. Gnomos, duendes y enanos se asocian con la tierra y la vegetación; sirenas, ondinas, nereidas y tritones, con el agua de ríos y mares; sílfides, hadas, silfos y elfos, con el espacio y el aire y, finalmente, salamandras y dragones con la fuerza del fuego.

Todos eran seres duales: podían ser amigos, enemigos o ambos al mismo tiempo. También eran ambivalentes sus manifestaciones, porque aparecían en sueños o se hacían visibles para unos pocos en determinados lugares y circunstancias.

Aunque su apariencia parece haberse construido a partir de un consenso tradicional, llama la atención que los pobladores de la América precolombina los describieran con características semejantes a los de la antigua Europa. C. G. Jung propuso que los arquetipos podían presentar características diferentes según la cultura, pero eran idénticos y universales en su esencia.

El espacio que separa –o unifica– los cielos y los infiernos de las diferentes creencias está poblado por seres semejantes: los santos, ángeles y arcángeles de la cultura judeocristiana, así como Satanás y sus huestes, encuentran su correspondencia en el hinduismo y el budismo.

¿SABÍAS QUE?
Las técnicas de visualización que practican algunas ramas del cristianismo, como el Hesicasmo ortodoxo griego, y las que se utilizan en el hinduismo y el budismo buscan conectar lo mejor de uno mismo con la representación personificada de virtudes emanadas desde dimensiones espirituales trascendentes.

Fuente: Más Allá de la Ciencia