El ‘Hermano Metemanos’ y los desmanes de una oscura comuna llamada Béatitudes

Pierre-Etienne Albert, durante el juicio, junto a su abogada

Se llama Pierre-Etienne Albert, pero en la congregación religiosa a la que pertenece se refieren a él como el Hermano Pierre-Etienne. Nosotros, para abreviar, le llamaremos el ‘Hermano Metemanos’.

Nos tomamos esa familiaridad –aunque jamás hemos sido presentados– porque el tal Albert, un hombre menudo de escaso atractivo, con poco pelo, gafas y voz dulzona, ha sido declarado culpable por un tribunal de Rodez (Aveyron, Francia) de haber abusado sexualmente, entre 1975 y 2001, de al menos 38 menores. Cumplirá por ello cinco años de régimen vigilado, a pesar de que el fiscal pedía diez. O sea, como para andarnos con remilgos…

El juicio al ‘Hermano Metemanos’ ha tenido entretenido toda la semana al departamento de Aveyron, una zona montañosa en el centro del Hexágono, famosa por sus carnes vacunas, sus productos lácteos y sus navajas de Laguiole. Al bueno de Pierre-Etienne no le hizo falta echar mano de estas últimas –o de cualquier arma igualmente amenazante– para amedrentar a sus víctimas durante sus varias décadas de tocamientos deshonestos. La simple pertenencia a la asociación católica Béatitudes, en calidad de íntimo del gran maestro, le daba al parecer pábulo para extralimitarse con sus más jóvenes cofrades.

Treinta y ocho de ellos, con edades comprendidas entre los 2 y los 14 años, figuraban en el sumario del proceso, que concluyó el jueves con una condena rápida y ejemplar. A los investigadores les consta que hubo muchos más desventurados tocados por la gracia de su eminencia (hasta 57, según reconoció el propio acusado en 2008), pero unos casos han prescrito y en otros los damnificados prefieren callar, por vergüenza o por cobardía. Y pasar página.

 Una hermandad comunal

Béatitudes es una comunidad cristiana fundada en 1973 por Gérard Croissant. Según cuenta el diario Libération, al líder le vino la inspiración comiendo una pizza cuatro estaciones con unos amigos. La idea consistía en crear una hermandad que diera cabida a sacerdotes, frailes, monjas y laicos, en la cual el trabajo voluntario no remunerado, la vida apartada y en comuna, así como la donación al grupo de todos los bienes personales serían normas innegociables. Sazónese todo ello con túnicas blancas, cánticos, rezos y danzas heredados de la tradición judeo-cristiana y ya tenemos montado el lío.

Al poco tiempo, la Iglesia Católica les reconoció como asociación de derecho canónico y hasta les dio, en usufructo, el abandonado convento de los capuchinos en Cordes-sur-Ciel (Tarn). Otras sedes religiosas olvidadas pasarían a su control en los siguientes años, mientras la asociación se expandía por 26 países reivindicando su visión utópica del primer cristianismo a través de tres reglas: pobreza, obediencia, castidad.

Al supremo pastor Gérard Croissant, inmediatamente metamorfoseado en el Hermano Ephraïm, empezaron pronto a atribuirle milagros. Uno de ellos, en 1975, concernía a Pierre-Etienne Albert, músico con un largo historial de desequilibrios mentales y contrastada adicción a los psicotrópicos, que se confesó asombrosamente curado tras haber rezado una simple plegaria. Dijo sentir como un bisturí en el cráneo y luego una onda bienhechora que le refresco todo él», narra Ephraïm en su impagable biografía.

 El caso Solweig

Han transcurrido 36 años y el nombre de Pierre-Etienne ya no es sinónimo de fenómeno místico, sino de abusos sexuales a menores. Su caso, que escandalizó a las mentes bienpensantes de la República Francesa cuando salió a la luz pública en 2007, no sorprendió nada en cambio en la congregación. Lo cierto es que se habían oído cosas. Sobre todo, desde que, en 2001, la hermana Solweig Ely (en la fotografía encima de estas líneas) denunció al agresor.

Solweig llegó a Béatitudes en 1989, con 9 años, tras la súbita conversión de sus padres, hasta entonces ateos. Mamá, que arrastraba un cáncer, se sintió curada tras la intervención de un monje exorcista de la congregación. La familia al completo se unió al grupo y se trasladó a vivir a la Abadía Blanche de Mortain (Manche). Los mayores trabajaban 15 horas diarias para la comunidad; los niños quedaban al cuidado de un pastor designado y eran advertidos de que el mundo exterior estaba «lleno de peligros».

A los pocos días, a la chica se le metió HM en su cama y continuó haciéndole visitas durante varios meses hasta que sus progenitores lo descubrieron y dieron la alarma. Presionada por todos, Solweig se emancipó legalmente a los 16 y fue madre a los 18. No se atrevería a denunciarlo a la policía hasta los 21 años. Papá se suicidaría una década después, desquiciado por los remordimientos. En 2011, ella publicaría El silencio y la vergüenza (Michel Lafont), un libro autobiográfico donde cuenta su calvario.

Pierre-Etienne se confiesa

Pero volvamos a nuestro fraile. Fue precisamente la vida en comunidad que tanto propugnaba Béatitudes lo que hundió al hermano Albert. Su tendencia a la pedofilia (públicamente reconocida) no era fácil de domesticar en unas residencias en las que moraban tantísimas familias con niños pequeños. Se dice que en 1995, una de sus víctimas ya trató de quitarse la vida y el maestro Ephraïm tuvo que «leerle la cartilla» y trasladarle de centro espiritual. Durante los siguientes años, HM encadenó una sucesión de denuncias con titubeos, juicios suspendidos, terapias fallidas –por inconclusas– y mudanzas de un convento a otro.

En uno de esos traslados, en la abadía de Bonnecombe, Pierre-Etienne conoce a la recién llegada Murielle Gauthier, una madre de familia que le cala al instante y logra al poco que se sincere con ella. De primeras, sólo le cuenta la mitad de la mitad. A lo que Murielle responde retirando de su entorno a cualquier infante y animándole a visitar a un especialista. Con el tiempo, cogen confianza y, en 2007, él decide purgar sus culpas redactando una lista de todos los damnificados. Suman 57 niños y niñas. Espeluznada, la Hermana Gauthier le empuja a entregarse a la Justicia. Como recompensa, en Béatitudes la acusan de bruja y la expulsan.

La instrucción judicial llega a oídos del Vaticano que, bastante molesto por el escándalo reciente del fundador de los Legionarios de Cristo, nombra urgentemente un procurador pontificio, Henry Donneaud, para seguir de cerca el caso. Antes de que ningún juez francés pueda pronunciarse, Roma expulsa de Béatitudes a Ephraïm y varios de sus más íntimos colaboradores, consciente de que habían sido consentidores y ocultado todo el tomate.

Listado de sectas

En plena refundación forzosa, Béatitudes sigue contando hoy con 644 miembros comprometidos en una vida comunitaria, de los cuales hay 69 sacerdotes, 75 hermanos y 244 hermanas. Desde 1998, su nombre figura en un listado de sectas editado por una agencia privada llamada Centro de Manipulaciones Mentales, pero la oficina interministerial Miviludes, que lucha contra los abusos derivados de las sectas, ya está según Europe 1 «sobre la pista».

El juicio a Pierre-Etienne, al cual las víctimas acudían con pasamontañas y pañuelos para no ser reconocidas, podría haberle dado al colectivo la puntilla definitiva. Al acusado, con 60 años, le tocará vivir el próximo lustro bajo estricto control judicial y alejado de cualquier menor de edad, además de pagar diversas multas de entre 1.000 y 5.000 euros por daños y perjuicios. En cuanto a su mentor, expulsado en 2007 por expreso mandato del Vaticano, la Agencia Capa lo halló hace no mucho en Labrit (Landas), vinculado a la oscura asociación Kinor. Pero eso ya es otra historia…

Otro caso Maciel… pero por triplicado

Estalló en Francia un nuevo escándalo de abusos sexuales en uno de los nuevos movimientos de la galaxia conservadora, la Comunidad “Beatitudes” (Bienaventuranzas). Más manzanas podridas. Otro caso Maciel multiplicado por tres. Porque los acusados y condenados por abusos sexuales son nada menos que su fundador e inciador Gerard (Ephraïm) Croissant (en la imagen, junto a estas líneas) ; Philippe Madre, cuñado de Gerard, y Pierre-Etienne Albert, el tercero en la cadena de mando de la institución. Hace un tiempo, el Vaticano nombró a un comisario para supervisar a la Comunidad y, ahora, la institución y el comisario firmaron un documento en que reconocen los “graves delitos”.

Un largo y detallado comunicado de prensa con el que la Comunidad de las Beatitudes reconoce, con «lucidez, humildad y arrepentimiento», los «graves delitos» que un grupo «reducido» de sus miembros, entre los que destaca el fundador, cometió en materia de abusos sexuales en su interior.

El documento fue difundido a mediados del pasado mes de noviembre y lo firmaron el Comisario pontificio nombrado extraordinariamente por la Santa Sede en 2010, el padre dominico Henry Donneaud, y el Consejo General de la Comunidad.

Fundada en 1973 e inspirada en la corriente de la Renovación Carismática, la Comunidad de las Beatitudes tuvo en sus primeros treinta años un rápido crecimiento que la condujo a fundar más de 66 casas en los cinco continentes. Después fue reconocida en 2002 por la Santa Sede, y desde entonces -se lee en la reconstrucción de su historia que narra el comunicado- comenzaron a aparecer las primeras «fragilidades, errores y derivas».

En el comunicado se mencionan tres casos: el primero es el de Pierre-Etienne Albert, muy cercano al fundador de la Comunidad de las Beatitudes, Ephraim Croissant. Pierre-Etienne Albert fue acusado de pedofilia en 2003  y en 2008 confesó. Otro capítulo doloroso que afronta el comunicado involucra al fundador de la Comunidad, Ephraim, por los «delitos en contra de la moral de la Iglesia» que cometió al atentar, sobre todo, en contra de las “hermanas” que vivían en la comunidad.

«Su prestigio de fundador carismático -se lee en el comunicado-, aunado a la seducción de su palabra, condujo a la mayor parte de sus víctimas a dejar que abusaran de ellas».

El tercer caso es el del cuñado de Ephraim, Philippe Madre, que le sucedió en la guía de la Comunidad como primer moderador general. Después de numerosas denuncias en su contra, fue declarado culpable en una sentencia de primera instancia por la Oficina interdiocesana de Toulouse en mayo de 2010; inmediatamente fue expulsado de la comunidad.

Fuentes: Reportaje de Juan Manuel Bellver en elmundo.es /periodistadigital.com

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