La estampa del exorcismo de unas monjas españolas

Las monjas cistercienses de Santa María la Real enseñan, con la estampa de San Benito, a librarse del Maligno. Es una oración para exorcizar y alejar malos augurios e influencias de las brujas. Aun con modificaciones del medievo, esta estampa podría haberla escrito el fundador del Cister, San Benito de Nursia.

Más allá del recogimiento y del silencio, que ya son un arcano en sí mismos en un mundo vertiginoso, el Monasterio de Santa María la Real de Villamayor de los Montes, en la comarca del Arlanza (Burgos, España), guarda un secreto; un misterio. También más allá del “ora et labora”, esa vocación intrínseca de los cenobios que la Liturgia de las Horas ordena, el impresionante centro monástico y sus religiosas siguen vendiendo una cartilla contra las brujas y las posesiones demoníacas denominada ‘Estampa de San Benito’.

Se trata de una oración en latín y en castellano indicada para hacer desaparecer las fuerzas del mal, a Belcebú, y que dice así: «Cristo vence, Cristo reina, Cristo te proteja contra todo mal. Malvados y condenados demonios: En el nombre de los santos nombres de Dios: Mesías, Enmanuel, Soler, Sabaot, Agios, Ischiros, Athanatos, Jehová, Adonai y Tetragrámaton, os arrojamos y separamos de esta criatura».

Sigue el conjuro ocho líneas más y acaba con una oración. En la página impresa en latín se reproduce el reverso de la cruz de San Benito, de quien toma el nombre la cartilla. Y dice así: “Vade Retro Sathana/ Nunquam Suadeas Mihi Vana/ Sunt Mala Quae Libas/ Ipse Venena Bibas/ Crux Sancta Sit mihi Lux/ Non Draco Sit mihi Dux”. En pleno siglo XXI aún podemos encontrarnos con estas invocaciones y rezos para ahuyentar al mismísimo Satanás. Terrorífico.

Dicho en castellano, la oración del exorcismo dice: “Apártate Satanás/ Nunca me aconsejes cosas vanas/ Son males que tú mismo das/ Tu propio veneno bebas/ La Cruz Santa sea para mí la Luz/ Que el Dragón (una alusión directa a Luzbel) no sea quien me conduzca”.

Las monjas de la orden de San Benito de Villamayor no son las únicas poseedoras de este secreto exorcismo. En el monasterio de Santa María del Valle de Aranda de Duero y en Casas Ibáñez (Albacete), también lo ofrecen. Y llegaron a usarse en Santa María de Ubaga, en Ezcaray (La Rioja) y Olaberría (Guipúzcoa).

Servían para alejar los malos augurios e incluso se colocaban bajo los colchones, en los dinteles de las puertas de los establos o cosidas a las chaquetas de pastores y labradores.

Las religiosas tienen una web: ‘http://www.monasteriodevillamayor.com’, donde se puede leer y entender la vida monástica y su regla como una manifestación del “amor de Dios y una forma que el Padre tiene para comunicarse con el mundo”. Pero el lector no encontrará una sola relación con la cartilla de San Benito ni con fenómenos atribuibles a brujas o demonios.

La leyenda, o la realidad, relacionan a esta provincia con fenómenos brujeriles en torno a la laguna de Cernégula, donde cuentan la literatura y las tradiciones orales que las brujas de la cornisa cantábrica se citaban en torno a las aguas para hacer sus reuniones y conjuros. La propia Iglesia, con el látigo de la Santa Inquisición, sacrificó a estas mujeres en la hoguera. Probablemente se trataba de unas adelantadas al tiempo muchos siglos que lo único que buscaban era acabar con la dictadura patriarcal y machista que envolvía la cultura de la época.

El fenómeno de las beguinas
Aunque en España apenas llegaron a existir, en Bélgica y Francia, sobre todo, apareció en el siglo X un movimiento de mujeres que vivían en comunidad, alejadas de los hombres; se distinguían de las religiosas en que ni tenían orden ni una regla común y organizaban su tarea en torno a la comunidad, a la oración y a la ayuda a los necesitados.

Ellas mismas realizaban una lectura particular de la Biblia lo que las llevó a que la jerarquía de la Iglesia las considerara como brujas e infieles. El Papa Clemente V, de hecho, amenazó con excomulgar a quienes las protegieran. Muchas de ellas fueron quemadas en la hoguera como brujas ya que por su atuendo y su odio a los hombres se deducía que eran enviadas de Satanás.

Hay historiadores que defienden que de aquí se pudiera desprender que, para luchar contra este tipo organizaciones anárquicas y semi clandestinas de mujeres, se crearan estas cartillas pues se pensaba que estas beguinas estaban endemoniadas o directamente eran brujas. Mito o realidad… ¿quién sabe?

Fuente: burgosconecta.es

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