Fausto, de F.W. Murnau (1926)

En la Edad Media, Fausto (Göstka Ekman) se dedica a la transmutación de metales y a encontrar el anhelado elixir de la vida eterna. Luego del fracasado intento de sanar a una mujer de su pueblo, Fausto se dispondrá a sacrificar su humanidad por hallar finalmente una cura a los males que lo aquejan,llegando así a contactar con el demonio.

La película es una gran adaptación de la obra de Johann Wolfgang Von Goethe, con guión de Hans Kyser, y orquestada con la magnificencia de Friedrich Wilhelm Murnau y su increíble capacidad, barroquismo y virtuosismo para llevar esta épica inmortal fábula al celuloide.

Magníficas también las interpretaciones del trío protagonista, en especial la del aterrador pero carismático Emil Jannings como Mephisto, el cual emprende la instigación del soñador Fausto, quien finalmente sucumbirá ante la tentativa solicitación al pecado inducida por el demonio.

La cinta, al igual que la obra literaria, explora los más recónditos deseos del ser humano por obtener la juventud eterna, la riqueza material, y el gozo por los placeres mundanos, indiferente a una eventual retribución divina.

Otra enorme muestra de la genialidad del director teutón, quien se mueve entre la premisa filosófica y una llamativa y entretenida fantasía, construyendo una puesta en escena tan inquietante como amena, una fantasmagórica aventura, exaltada por los decorados de Robert Herlth Walter Röhrig, y bellamente fotografiada por Carl Hoffman.

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