Las cuatro fases de la salida del alma

Según las experiencias y los escritos de la doctora Elizabeth Kübler-Ross, obtenidas tras examinar numerosas experiencias  de casi muerte (que la ciencia llama ECM, o Experiencias Cercanas a la Muerte), la salida del alma se produce en cuatro fases, que en este artículo vamos a detallar.

Primera Fase

Las personas salen flotando de su cuerpo.

Ya sea porque mueran en la mesa del quirófano, en accidente o en suicidio, todas dicen haber estado totalmente conscientes del escenario donde estaban sus cuerpos. La persona sale volando como la mariposa que sale de su capullo y adopta una forma etérea.

Sabe lo que está ocurriendo, escucha las conversaciones de los demás, puede contar el número de médicos que intentaban reanimarla o veía los esfuerzos del equipo de rescate para sacarla de entre las partes comprimidas del auto. Unos cuentan lo que dijeron sus familiares reunidos alrededor de su cama en el momento de la muerte.

En esta primera fase se experimenta la salud total. Personas ciegas vuelven a ver. Paralíticos se mueven sin dificultad. Las personas prefieren continuar muertas a volver a la realidad.

Segunda Fase

Las personas que ya salieron de sus cuerpos se encuentran en un estado de espíritu y energía.

Les consuela descubrir que ningún ser humano muere solo. Sea cual sea el lugar donde hayan muerto o la forma en que ocurrió, son capaces de ir a cualquier parte a la velocidad del pensamiento. Se puede desplazar al lugar donde se encuentran los familiares apenados por la muerte, así estén al otro lado del mundo. Algunos, al ser trasladados en ambulancias, visitan a los amigos en sus lugares de trabajo

Esta es la fase más consoladora para las personas que lloran la muerte de un ser querido, sobre todo si ha ocurrido una muerte trágica y repentina. Cuando una persona se ha estado marchitando poco a poco durante un período de tiempo, apagándose progresivamente o padeciendo una más o menos larga agonía, los familiares tienen tiempo para prepararse para su muerte. Pero si la persona muere en un accidente o tragedia (avión, automóvil, desastre natural, etc.), no es tan fácil. La persona que muere está tan confundida como sus familiares, y en esta fase tiene tiempo para comprender lo ocurrido.

En esta fase se encuentran también con sus ángeles guardianes, guías o compañeros de juego, como les llaman los niños. Estos los consuelan con amor al morir y los llevan con sus amigos o familiares muertos anteriormente. Son momentos de alegre reunión, conversación, puesta al día y abrazos.

Tercera Fase

Guiada por los ángeles de la guarda, la persona pasa a la tercera fase, entrando en un túnel o puerta de paso que puede tener diferentes imágenes: puentes, paso de montaña, o el paisaje o la escena que a la persona le resultaba más agradable en vida, creado con su energía psíquica. A final se ve una luz brillante.

Al acercarse más a la luz se nota que ésta irradia un intenso y agradable calor, energía y espíritu de una fuerza arrolladora. Allí se siente entusiasmo, paz, tranquilidad y la expectación de llegar por fin a casa. Esta luz es la fuente última de la energía del Universo, que envuelve con un amor arrollador, la forma más pura de amor, el amor incondicional. Esta es la razón por la que nadie desea regresar a su cuerpo físico.

Para los que volvieron a la vida en la Tierra, tras una resucitación, por los paramédicos o en el quirófano, esta experiencia influyó profundamente en sus vidas. Algunos recibieron un gran conocimiento, otros regresan con advertencias proféticas y otros con nuevas percepciones. Pero todos hicieron el mismo descubrimiento: ver la luz les hizo comprender que solo hay una explicación del sentido de la vida, y esa es el amor.

Cuarta Fase

Aquí se encuentran con Dios, la Fuente Suprema, fuente de todo el conocimiento que existe, pasado, presente y futuro, un conocimiento sin juicios, solamente amoroso.

Los que se materializan en esta fase ya no necesitan su forma etérea, se convierten en energía espiritual, la forma que adoptan los humanos entre una vida y otra y cuando han completado su destino. Experimentan la unicidad, la totalidad o integración de la existencia.

En este estado la persona hace una revisión de su vida, proceso en el que se ven todos los actos, palabras y pensamientos de su existencia.

Se les hacen comprender los motivos de todos sus pensamientos, decisiones y actos y ven de qué modo éstos afectaron a otras personas, incluso a desconocidos. La persona ve como podía haber sido su vida con toda la capacidad en potencia que poseía.  En ese punto, comprende que las vidas de todas las personas están interrelacionadas, entrelazadas, que todo pensamiento o acto tiene repercusiones en todos los demás seres vivos del planeta, a modo de reacción en cadena.

El mayor regalo de Dios al hombre es el libre albedrío. Pero esta libertad exige responsabilidad, la responsabilidad de elegir lo correcto, lo mejor, lo más considerado y respetuoso; tomar decisiones que beneficien al mundo, que mejoren la humanidad.

En esta fase se pregunta : “¿Qué servicio has prestado?”. Es la pregunta más difícil de contestar, exige repasar lecciones y decisiones que se han tomado en vida, para ver si fueron las mejores. Aquí se descubre si se han aprendido o no las lecciones que se debían aprender, de las cuales la principal y definitiva es el amor incondicional.

Consideraciones

La conclusión básica de todo esto es que todos los seres humanos, al margen de nacionalidad, riqueza o pobreza, tenemos necesidades, deseos y preocupaciones similares. No existe nadie cuya mayor necesidad no sea el amor. El verdadero amor incondicional. Éste se puede encontrar en el matrimonio o en un simple acto de amabilidad hacia alguien que necesita ayuda.

No hay forma de confundir el amor, se siente en el corazón, es la fibra común de la vida, la llama que nos calienta el alma, que da energía a nuestro espíritu y pasión a nuestra vida. Es nuestra conexión con los demás.

Toda persona pasa por dificultades en su vida. Algunas son grandes y otras no parecen tan importantes. Son las lecciones que hemos de aprender. Eso lo hacemos eligiendo.

Para llevar una buena vida y tener una buena muerte, hemos de tomar nuestras decisiones teniendo por objetivo el amor incondicional y preguntándonos: ¿Qué servicio voy a prestar con esto?

Tenemos la libertad de elegir, de desarrollarnos, crecer y amar. La vida es una responsabilidad y está llena de opciones. Cada persona elige si sale de la dificultad aplastada o perfeccionada.

 

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