La fundadora de la Teosofía tenía vínculos con la masonería y creía en Lucifer como único Dios

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Portada del primer volumen de “Lucifer”, que junto a la imagen de su fundadora y diversos símbolos esotéricos -entre ellos el Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola-, llevaba como subtítulo “Un magazine teosófico” y cuyo lema decía que estaba “diseñado para sacar a la luz las cosas ocultas de las tinieblas”. Posteriormente,una de las más prominentes discípulas de Blavatsky, Alice Bailey, creó la secta “Lucifer Trust” (Confianza en Lucifer), pero años más tarde le cambiaron el nombre por “Lucis Trust” (que puede traducirse como “cree en la Luz” ó “la verdad de la Luz”, con la clara intención de disimular y pasar lo más desapercibidos posible sobre sus auténticos objetivos e intenciones.

Durante los años 60 y 70, muchos desilusionados intelectuales y estudiantes decepcionados y desilusionados de los convulsos tiempos que se vivían en Occidente (guerra del Vietnam, auge de las drogas como el LSD, la Revolución del Mayo francés, etcétera) viajaron a la India y a otros puntos de Oriente en busca de la “verdad, la sabiduría, la iluminación y el buen karma”, dirigiendo sus pasos a una batería completa y preparada de gurús, swamis, yoguis y otros “maestros iluminados”, cada uno con su estilo propio.

Pocos entendieron que, sencillamente, estaban siguiendo los pasos de una mujer que un siglo antes había comenzado un camino similar y establecido las bases de la actual revitalización  del Ocultismo, como una experiencia global, y cuyo trabajo es uno de los pivotes básicos de lo que hoy pretende ser la única Religión Mundial.

Esa mujer era Helena Petrovna Blavatsky , nacida en 1831 y fallecida en 1891. Fue unánimemente reconocida como la fundadora de la Sociedad Teosófica  y, al mismo tiempo, fue también una de las más altas sacerdotisas, sino la que más, del moderno Movimiento de la Nueva Era. Y lo que pocas personas saben, porque ha habido mucho interés  en que esto se mantuviera oculto o fuera lo menos divulgado posible, es que para Blavatsky el único y auténtico Dios era Lucifer/Satán.

Blavatsky fundó la Sociedad Teosófica en Nueva York en 1875 y durante toda su vida, estableció estrechas relaciones con la masonería, recibiendo el Certificado de “Rito de adopción” de la mano del masón John Yarker en 1877. La Teosofía de Blavatsky enseñaba el “conocimiento” arcano (Gnosis), la hermandad universal de la humanidad y la unidad entre todas las religiones, con excepción de las religiones monoteístas, tales como el Cristianismo, el Islam y el Judaísmo, que ella insistía que no podían ser reconciliadas con lo que ella denominaba “la iluminación individual”.

Blavatsky maldecía a Yahveh como a un dios “caprichoso e injusto”. En su visión, era el Dios de los israelitas y nada más. Ella insistía en que las Sagradas Escrituras eran erróneas. Era realmente Lucifer el que era el Dios “Bueno y Justo”, victimizado por el injusto y duro Yahveh. Blavatsky mantenía que el nombre de Satán, pertenecía por derecho al primero y al más cruel “Adversario” de todos los otros Dioses y no a la serpiente, para la que tenía sólo palabras de simpatía y sabiduría.

De alguna manera ella razonaba que Satán/Lucifer es el DIOS, Creador, el Salvador, el Padre, y que Jesús es el “primer hermano nacido de Satán”.

Blavatsky escribió entre otras cosas lo siguiente:

“Satán, la Serpiente del Génesis, es el creador real y el benefactor, el Padre Espiritual de la humanidad. Por esa razón abrió los ojos del autómata (Adam) creado por Yahveh, siendo un adversario para éste. Aun hoy permanece en la Verdad Esotérica el mensajero siempre amado, que confirió a la humanidad la inmortalidad espiritual, en lugar de la inmortalidad física”.

Ella aseguraba que había tenido experiencias con proyecciones astrales y la capacidad de comunicar cuando quisiera con el mundo espiritual. Sus libros, “Isis Sin Velo” y su “La Doctrina Secreta” de 3 volúmenes, fueron escritos, supuestamente por medio de su canalización de los “Maestros de la Sabiduría”, “hombres sagrados” tibetanos, que cualquier cristiano, judío o musulmán reconocería fácilmente con el sinónimo de demonios.

En su libro, “La Doctrina Secreta”, Blavatsky escribió:

“Lucifer representa la vida, el pensamiento, el progreso, la civilización, la independencia. Lucifer es el Logos, la Serpiente, el Salvador, y es Lucifer quien es el Dios de nuestro planeta y el único Dios”.

Y continúa: “La Virgen celestial  así se convierte en la Madre de los Dioses y los Demonios de una vez y para siempre, ya que ella es la deidad benefactora que siempre ama, pero en la antigüedad y la realidad, Lucifer o Lucíferius es lo mismo. Lucifer es la luz divina y terrestre, el Espíritu Sagrado y Satán en uno y al mismo tiempo”.

La Conspiración Luciferina

Investigando sobre la falsa metafísica moderna de Méndez y Cedeño – mal llamada “cristiana” y a la que dedicaré en su momento otros artículos-, y buscando datos sobre otras sectas y grupúsculos oscuros, como los gnósticos fundados por quien se hacía llamar Aun Weor,  sobre los masones, los Illuminati y sus maquinaciones para mantener un elevado nivel de control y de influencia sobre la Humanidad, encontré los textos anteriormente citados (ya que confieso sin rubor alguno que hasta ahora nunca había leído en profundidad los densos volúmenes de Blavatsky). Y tales textos, junto con otros de índole semejante, me hicieron caer en la cuenta sobre un aspecto muy importante de todo lo relacionado con la Nueva Era; un aspecto que hasta el momento había estado pasando por alto y que en realidad es de una amplitud y una dimensión muy profundas. Me refiero a este enfoque concreto del Movimiento de la Nueva Era, según el cual distintas entidades y organizaciones están trabajando activamente ya hace bastantes años para introducir una Religión Mundial; una auténtica “movida mística” en todos los órdenes y que en realidad no tiene otra denominación que “Conspiración Luciferina”.

La eterna lucha entre el Bien y el Mal

La Nueva Era lo llama “Plan Cósmico”. La Masonería, a su vez, lo denomina “El Gran Trabajo de las Edades”. Llámenle ustedes como quieran. Lo que nos queda muy claro, al final, es que solamente hay algo concreto, muy bien estudiado y muy planificado desde hace mucho tiempo:  la rebelión de Lucifer contra Dios. Una eterna lucha entre el Bien y el Mal que comenzó con la Caída y que no concluirá mientras al otrora Portador de la Luz y a toda su cohorte de seguidores les quede un hálito de rebeldía. Y toda vez que son criaturas inmortales, esta batalla continuará hasta el mismísimo Fin de los Tiempos.

Nos han hundido en el materialismo ciego y el ateísmo contagiado de “lo comunitario” para, cuando nuestro espíritu al borde de la quiebra no pueda soportarlo más, sacar violentamente nuestra cabeza del lodo para hacernos ver una luz en el cielo. Millones de personas desesperadas abrazan y abrazarán esa luz en el cielo, hundidos en las tinieblas espirituales y sin guía en un mundo complejo y hostil, sin darse cuenta de que esa luz es la luz del eterno Engañador de los Hombres.

Lucifer estuvo, está y seguirá estando entre nosotros, y  la locura y el caos que estamos experimentando a escala internacional en esta segunda década del siglo veintiuno, se debe a la culminación de muchos miles de años conspirando y planificando en ese sentido.

Fuente: Elaboración propia y diversos datos obtenidos de Internet.

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