La cuna no marca tu destino.Tú lo haces a diario

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Autora: Aguamarine de Santantoni

Días atrás llegó a nuestra consulta un guapo joven, de 25 años; seguramente cualquiera supondría que era un profesional; pero nada más lejos de la realidad. Su manera de hablar, mostrando un buen nivel cultural y educacional, marcado por ciertas muletillas de la jerga carcelaria, nos evidenció algo que salía de los parámetros establecido socialmente. De familia pudiente y padres profesionales, pareciera que todo le auguraba una vida tranquila y llena de éxitos a sus cortos 25 años; pero el hecho que le cambió su vida de manera radical fue un suceso muy fuerte.

A los 16 años ese joven había estado involucrado en un episodio un tanto caótico y lleno de contradicciones, que finalizó con un compañero de colegio ingresado en la UCI de una afamada clínica, con diagnóstico de TEC cerrado, producto de una caída desde una vieja escalera de madera. El colegio no investigó el caso pero dejó al muchacho con matrícula condicional para el año siguiente, cuando iba a entrar en su último año. Terminó el curso siendo distinguido por sus altas calificaciones, pero habiendo cumplido los 18 años y estando en su primer año de Universidad, en una fiesta de cierre de semestre, se trenzó en una feroz pelea, que terminó con una condena a la cárcel por cinco años. Tras ese período, intentó retomar los estudios, pero fue herido  en otra riña, hecho por el cual estuvo hospitalizado durante varios meses, retrasando así su ingreso a la carrera tan postergada.

Él venía a nuestra consulta creyendo ser víctima de una presunta magia negra que no lo dejaba surgir. A mí en lo personal me llamó la atención el hecho de que en su aura no se le detectara la magia por ninguna parte, pero sí se le percibían claramente dos espíritus. El primero era un ente que no estaba directamente conectado con él, pero sí lo llevaba prácticamente pegado a su espalda; junto con una segunda entidad, ésta más oscura, a su lado. Cuando se lo hice ver, se quedó callado y, tras preguntarme varios detalles sobre esos espíritus, cambió la historia que hasta ese momento ya estaba terminando de narrarnos.

Me preguntó por la apariencia del espíritu que estaba a su espalda. Lo percibía claramente y se lo describí: joven, de sexo masculino, cabello oscuro y ropa blanca. Ese espíritu me contemplaba, cabizbajo, y sólo en algunos instantes levantaba los ojos; se le veía borroso pero también percibía en él dolor y enojo al mismo tiempo. Tras detallarle todo esto, al joven consultante se le llenaron los ojos de lágrimas y dijo: «el Cucho», añadiendo casi al instante: «Cucho, lo siento tanto», y se puso a llorar sin parar. El espíritu, que hasta ese momento para mí no tenía nombre y del cual ahora ya sabía su alias, «Cucho», movió la cabeza asintiendo, pero al mismo tiempo evidenciando que no aceptaba esa petición de disculpa o perdón.

-Sí, es Cucho -dije al consultante- pero no te disculpa.

Luego pasé a hacer más preguntas y pedirle al joven las fotos que me ayudarían a detectar el problema, que claramente nada tenía que ver con la magia negra. Así pude ir configurando la historia familiar de Sergio (nombre ficticio del consultante, para no dar su verdadera identidad) Era el cuarto hijo de una familia acomodada, el único varón junto con otras tres mujeres, de las cuales la última tenía una diferencia de edad con él de quince años; había nacido de una madre débil emocionalmente y con un delicado estado de salud, y de un padre dedicado por entero a sus negocios y su carrera. Las hermanas consentían y escondían las travesuras de Sergio, las cuales a medida que iba creciendo, se hacían mayores y más evidentes. Su madre, en su afán de justificar su ausencia y pasividad y la cesión de su rol de madre a sus hijas y abuelos, justificaba sus problemas culpando a los demás y a una ficticia maldición en la familia. El padre, anulado completamente y potenciado en su frustración por varios negocios fracasados, prefería quedarse al margen de todo, quejándose de malas decisiones que ya no podía modificar y viviendo más en el pasado que en el presente. Estaba en la postura cómoda de víctima, porque supuestamente era una familia afectada por la magia negra.

Luego de realizarse con nosotros sesiones de hipnosis para ayudarle a ver y a ser más consciente de lo que realmente qué estaba pasando, resultó que Sergio no había tenido límites para su alocado comportamiento, y menos todavía demostraciones de amor de sus padres o hermanas; no había el tiempo para corregirle, «no tengo tiempo y el poco que me queda me dan problemas» (su padre). Sólo eran satisfechas sus necesidades materiales con la última versión del cachivache o artilugio electrónico de turno, sin dedicarle un mínimo de tiempo para conversar con él.

Sergio no controlaba su frustración. No soportaba no ser observado, admirado y consentido. Era bastante inteligente pero muy caprichoso; se había convertido en mentiroso y solía tener siempre en los labios la frase que sus padres deseaban escuchar.  Bajo hipnosis recordó que a los 16 años empujó deliberadamente a un compañero  a quien había enseñado un ejercicio de química, obteniendo dicho compañero una nota más alta que él, y en despecho quiso buscar pelea empujándolo, pero le hizo rodar por las escaleras cuando le dio las gracias dándole la mano. Ese detalle de gratitud le molestó, interpretándolo erróneamente y creyendo que se estaba burlando de él. Recordó incontables episodios que antes había sufrido, «burlas», inexistentes que él sentía  en su contra… Y el peor de todos  fue el que le hizo caer preso y al salir una riña callejera en la cual lo tuvieron al borde de la muerte y varios meses en terapias y tratamientos.

En la universidad, en una fiesta de final de semestre; habían dado la última prueba de álgebra, Sergio ya había cumplido sus 18 años, dos compañeros aún hablaban del resultado y procedimientos similares pero él decidió alejarse de  ellos, porque deseaba desconectarse, aparte que no había contestado igual. Al poco rato, una buena amiga y compañera de curso, le manifestó sus sentimientos hacia uno de sus compañeros. En ese momento Sergio se sintió traicionado y burlado (más tarde él mismo admitiría que pensaba que ella lo amaba a él, pero no la correspondía); se puso a beber alcohol sin llegar a la borrachera, pero sí estaba bajo la influencia del alcohol cuando regresó a buscar discusión con los dos compañeros que continuaban hablando de los resultados de los exámenes. Uno de ellos era Cucho, a quien golpeó rabiosamente, botándolo al suelo, donde siguió pateándolo sin que nadie pudiera evitarlo, y terminó la injustificada agresión con una fuerte patada en la cabeza, que dejó a Cucho en coma por cinco días en el hospital, falleciendo al sexto, sin que los médicos pudieran hacer nada.

Por esa agresión y otras faltas que no especificó,  Sergio pasó cinco años aproximadamente entre rejas. Ya libre, y bajo hipnosis, comenzó a ver la realidad de todo lo que le había sucedido desde un punto de vista distinto, totalmente alejado de su ‘paranoia’. Y ya consciente de todo, nos pidió ayuda para despedir a Cucho y ayudarle a irse hacia la Luz. Comenzamos con varias cosas a la vez.

Volvimos a verle, un año después y él mismo nos contó que  estaba  mucho mejor. Había  despedido a Cucho en el cementerio con un ritual para su partida y una sentida petición de perdón. Asimismo se encontró con su antigua compañera de Universidad, llevándose la sorpresa que llevaba de la mano a un pequeñito de cinco años. Era el hijo de Cucho, ella había quedado embarazada de él en una apasionada noche de carrete. Sergio también le pidió a ella perdón por todo el daño causado, y se comprometió a responder económicamente y en todo lo que necesitara ese huérfano de padre. Sergio hizo lo que moralmente era correcto, y precisamente era su anterior ausencia de responsabilidad lo que Cucho no le perdonaba, y por eso su espíritu estaba pegado a sus espaldas. La segunda entidad que el joven llevaba a su lado, era un oscuro bajo astral que se alimentaba de su soberbia, de su ira y de su personalidad irresponsable y conflictiva. Una vez que éste hubo aceptado y asumido sus graves errores del pasado, ambas entidades lo dejaron tranquilo y se despegaron de este plano material, partiendo hacia el destino que el Señor les tenía reservado, el bajo astral salió gracias a dos sanaciones realizadas y un circuito de oraciones que Sergio siguió religiosamente. En la actualidad hemos sabido de él por terceras personas que lo conocen y nos han comentado que Sergio está estudiando y trabajando, su actitud ha cambiado radicalmente, le está yendo bien en la vida, tiene una actitud más tranquila y solidaria, pero la tristeza que muestra su mirada ahora ninguna terapia se la quitará, sólo le queda revertir el daño hecho sin pensar, haciendo el bien.

Muchas personas llegan a nosotros, erróneamente creyendo que la magia negra es la única respuesta o explicación a su inmerecida y triste vida. Nada más alejado de la verdad, puesto que muchos eventos, incluyendo enfermedades, son producto de malas decisiones y/o de una seguidilla de malas acciones, que no  mejoran su situación. Por desgracia muchos tienden a quedarse quejándose sin hacer un mínimo cambio y enfrascándose en una idea cerrada y obsesiva de que padecen magia negra. Actitud muchas veces potenciada por gente ignorante en este tema y con la que sólo logran agravar el problema.

Un comentario sobre “La cuna no marca tu destino.Tú lo haces a diario

  1. como se puede detectar si hay alguna entidad tratando de hacer dano a una persona,  en mi caso, es muy especial. siempre que me pongo como meta, converser con alguna dama, de antemano se que esto no sera possible. y se cumple, la persona con la que me he propuesto converser. no sale como de costumbre lo hace. me desepciono. hasta el dia de hoyno he podido encontrar una companera, sigo soltero. gracias por su atencion a mi nota. sinceramente Napoleon

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