El Evangelio cátaro del Pseudo Juan (y III)

Capítulo V

El juicio final

1. E interrogué al Señor acerca del juicio, diciéndole: ¿Cuál será el signo de tu llegada?

2. Y él repuso: Cuando se haya integrado definitiva­mente el número de los justos que deben ser coronados, Satanás será libertado de su prisión, y, lleno de cólera, hará la guerra a los justos, los cuales lanzarán grandes gritos hacia el Señor, y éste ordenará al ángel que haga sonar la trompeta.

3. Y la voz del ángel, al hacer sonar la trompeta, se dejará oír desde el cielo hasta los infiernos.

4. Entonces el sol se oscurecerá, y la luna no dará ya su luz, y las estrellas caerán, y los cuatro vientos de las cuatro esquinas del mundo serán libertados de sus prisiones, y harán temblar la tierra y el mar y las monta­ñas y las colinas.

5. Y, muy pronto, el cielo se estremecerá, y los astros quedarán privados de luz, y así continuarán las cosas hasta la hora de cuarta.

6. Entonces aparecerá el signo del Hijo del hombre, y todos los santos ángeles con él. Y establecerá su sede en las nubes, y en ella se acomodará majestuosamente con los doce apóstoles, unidos sobre los doce asientos de su gloria.

7. Y se abrirán los libros, y se juzgará la tierra entera a base de la fe que él predicó.

8. Y el Hijo del hombre enviará a sus ángeles, los cuales congregarán a sus elegidos de los cuatro puntos del horizonte, y los atraerán a sí desde las cumbres de los cielos hasta su extremidad.

9. Y el Hijo del hombre reunirá también a todos los malos demonios, para que lo lleven a todas las naciones ante él, y les dirá: Venid, vosotros los que exclamabais: Comamos y bebamos, y recibiremos nuestra recompensa en este mundo.

10. Y, en seguida, todos los pueblos, llenos de espan­to, se presentarán ante el tribunal.

11. Y los libros de la vida serán abiertos, y todas las gentes manifestarán su impiedad.

12. Y los justos serán glorificados, y sus buenas obras recibirán honra suprema. Habrá recompensas para los que hayan observado los preceptos evangélicos, y la indigna­ción del Señor, la tribulación y la angustia se apoderarán de los que hayan cometido injusticias.

13. Y el Hijo del hombre pondrá a los elegidos en medio de los pecadores, y les dirá: Venid, benditos de mí Padre, a tomar posesión del reino que se os ha prepa­rado desde la formación del mundo. Y dirá a los peca­dores: Alejaos de mí, malditos, e id al fuego eterno, que está preparado para el diablo y para sus ángeles. Y los pecadores serán arrojados al infierno, conforme a la orden del Padre invisible.

14. Entonces los espíritus saldrán de las prisiones de los que no ven, y entonces también mi voz será oída, y no habrá más que un rebaño y un pastor.

15. Y surgirá de las regiones inferiores de la tierra una oscuridad temerosa, que es el fuego de las mansio­nes infernales, y que consumirá todas las cosas, hasta el aire del firmamento. Y el Señor estará en todo el espacio que media entre el firmamento y las regiones inferiores de la tierra.

16. Y, si un hombre de treinta años tomara una pie­dra, y la tirase abajo, no llegaría al fondo en menos de tres años: tan enorme es la profundidad del lago del fue­go en que habitarán los pecadores.

17. Y Satanás será aprisionado con todo su ejército, y será arrojado al lago del fuego.

18. Y el Hijo de Dios marchará con sus elegidos por encima del firmamento, y sujetará al diablo con fuertes cadenas que nunca podrán ser rotas.

19. Y los pecadores, desolados y anegados en llanto, exclamarán: Tráganos, tierra. Muerte, destrúyenos.

20. Y los justos brillarán como el sol, en el reino de su Padre.

21. Y el Hijo los conducirá ante el Padre invisible, diciendo: Heme aquí, y he aquí a los hijos que Dios me ha dado. El mundo no te ha conocido, pero yo te he cono­cido en la verdad, porque tú me has enviado.

22. Y el Padre responderá a su Hijo, diciendo: Hijo mío bien amado, siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus pies a tus enemigos, que te han negado, y que han dicho: Somos dioses, y no hay otros dioses que nosotros. Ellos han matado a tus profetas, y han perseguido a tus justos, y tú los has lanzado a las tinieblas exteriores. Y allí serán los lloros y el crujir de dientes.

23. Y entonces el Hijo de Dios se sentará a la diestra de su Padre, y éste mandará en sus ángeles, y él mandará en sus justos. Y los colocará en los coros de los ángeles, a fin de vestirlos con inmortales vestidos, y les ceñirá co­ronas que no se marchitarán nunca, y les dará, asientos inmutables, y Dios permanecerá en medio de todos ellos. Y no tendrán hambre, ni sed, y el sol no los abrasará, ni sentirán ningún calor. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos, y el Hijo reinará con su Padre santo, y su reino no tendrá fin en los siglos de los siglos.

(Fin del Evangelio cátaro del Pseudo Juan)

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