Para curar el cuerpo, primero debe sanarse el alma

Cuántas veces las circunstancias de la vida o de las personas a nuestro alrededor provocan en nosotros diferentes emociones o sentimientos negativos que despiertan celos, envidias, rencores, rabia, miedos, etc. que potenciamos trayéndolas una y otra vez a nuestro pensamiento. Cada vez que estos pensamientos negativos llegan a nuestra mente, son como tragos amargos de una sustancia ácida que nos corroe el alma y escurre hasta dañar también nuestro cuerpo.

Muchas personas intentan una y otra vez sanar una dolencia o trastorno físico con medicamentos, terapias o diferentes productos, sin darse cuenta que la verdadera raíz de ese dolor o de esa enfermedad no se originó en el cuerpo sino en el alma y que para curarse, primero debe sanar su alma. Tal vez no estemos conscientes de los sentimientos negativos que guardamos hacia alguna persona, que abrigamos rencores, envidias, celos ni nada que se le parezca; pero también nos daña cuando hemos renunciado a nuestros propios sueños, cuando nos sacrificamos por alguien para sentirnos amados y podemos ser presa de la frustración que también es una emoción negativa.

El modus operandi de estos sentimientos negativos es que al traerlos una y otra vez a nuestra mente es como si proyectáramos una sombra sobre nosotros, como si entramos en un cuarto obscuro y evitamos el contacto con la luz. Así se siente nuestra alma, en oscuridad, en soledad y con el tiempo afectamos nuestra energía creando un campo de cultivo para la enfermedad. Ésta “enfermedad”, es la que luego nos recordará lo que tenemos “pendiente” con la vida, siempre producto de una falta de amor hacia nosotros mismos;  y salen a relucir los traumas y las carencias emocionales que nos han hecho llegar hasta éste punto.

Es posible también que neguemos estos sentimientos negativos, puesto que al admitirlos se nos arrebata el recurso de utilizar nuestra enfermedad a modo de coartada para rehuir los problemas que tenemos pendientes. Si lo hacemos así, debemos reconocer que no somos víctimas de esa terrible enfermedad, ni de la vida insalubre o de la fatalidad, sino que debemos poner en primer plano el aspecto espiritual de nuestra enfermedad. Así, los síntomas se nos revelan como manifestaciones físicas de los conflictos internos y al descifrar su mensaje descubriríamos nuestros sus problemas.

De la misma manera, en que la mente es capaz de producir daños en el cuerpo, opera en sentido contrario: el poder de la mente puede sanar el cuerpo. Debemos recordar que el poder de nuestra mente para la sanación física o espiritual es ilimitada, aunque aún no podamos entender a cabalidad esta capacidad. Por eso, la gran fuerza de nuestra energía interior y la capacidad que poseemos para recuperar la salud debe ser utilizada con mayor conciencia, ya sea por sí sola o en combinación con los tratamientos o terapias convencionales.

La sanación espiritual actúa en el mundo de las energías sutiles que son invisibles al ojo humano. No es una técnica, ni siquiera un arte: es una actitud especial hacia la vida que podemos desarrollar ya que todos la poseemos en potencia. La sanación puede ayudar a restaurar la salud física y psicológica, aliviar los dolores, favorecer la calidad de la vida. En los momentos finales de la existencia, la sanación puede ayudar a que la persona realice su tránsito en paz, feliz y con todo conocimiento.

Si ya estamos “enfermos”, es decir, que el desequilibrio ha llegado a afectar a nuestro cuerpo físico, podemos aprender a sanarnos tomando conciencia de nuestras carencias y también de las cosas de las que necesitamos desprendernos. A veces la carga que llevamos a nuestras espaldas es demasiado pesada; y la liberación de aquellas emociones que nos hacen daño, es un gran paso hacia la sanación. A través de la sanación espiritual, accedemos a una herramienta de autoconocimiento que nos ayudará a tomar conciencia de por qué nos pasa lo que nos pasa, y nos ayudará también, con el tiempo, a recordar quiénes somos y qué hemos venido a hacer aquí.

Una respuesta a “Para curar el cuerpo, primero debe sanarse el alma

  1. Estoy con que para sentirnos bien debemos,tener el alma sana,y no guardar rencores,que muchas veces es difisil desprenderce de ese sentiminto de enojo,pero la envidia me parece un sentimiento muy malo,,Dios nos pide que hayudemos sin estar disiendo,lo que nuestra mano derecha dá,la isquierda no debe saberlo,,es un hermoso mensaje,ynos enseña a vivir mejor.Bendiciones para el Mundo entero,,,,,gracias.Ofelia.

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