Un principio espiritual universal afirma que cuando experimentamos desolación, es el momento que más le gusta al demonio para atacarnos con diversas tentaciones.
Desolación, en general, es cuando te sientes débil espiritualmente. Con sentimientos de tristeza, depresión, desánimo, desesperanza, con un deseo de darte por vencido en la vida.
Cuando piensas o dices: “A nadie parezco importarle», «No valgo mucho», «Esto no tiene remedio»… estás experimentando el estado de desolación.
Y de ello se aprovecha el Maligno, siempre alerta para hacerte caer en la tentación de todas las formas y maneras posibles.