Las experiencias cercanas a la muerte (2)

En nuestra existencia existe un hecho cierto y comprobable: la muerte. Cruzar la frontera existente entre la encarnación o vida física y la vida real del espíritu.

Ante el hecho de la existencia probada de la muerte corporal, la ciencia psicológica lo más que hace es acercarse tímidamente a ese estado terminal, para, sin recursos científicos suficientes, tratar de ofrecer alguna solución. Pero no hay más solución que la aceptación, y si no hay espíritu, según la ciencia oficial, solo podemos enfrentar a la persona ante una terrible pérdida que le produce angustia temor y agonía: la pérdida de todo lo que es, de sí mismo.

Se ayuda a los familiares en la llamada “terapia del duelo” a superar esa “pérdida”, a alejarse paulatinamente de la angustia de no ver más al ser querido.

La Psicología y la Medicina ante la muerte carecen, por tanto, de recursos que permitan ofrecer consuelo al ser vivo que pronto desaparecerá, tienen que apelar a frases como esta: “Hemos hecho todo lo posible, el resto está en manos de Dios” en el caso que el profesional sea creyente; en otro caso será: “No podemos hacer más, la situación ha llegado a un punto irreversible, lo siento”.

Esa misma ciencia, que se resiste a reconocer el espíritu como una realidad, al no poder medirlo, se queda en el cuerpo perecedero, y cuando éste se degrada, deteriora y desaparece, con él desaparece todo lo que la misma ciencia reconoce.

Han existido, y existen, muchas aproximaciones y estudios, por desgracia no suficientemente estructurados, y mucho menos divulgados, en el sentido de probar la existencia del espíritu y por ello, también la posibilidad de la reencarnación. Hagamos un breve recorrido por ellas:

EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE

Gilgamesh, sumerio, rey de Uruk, en el año 2750  a.C. nos relata en 12 tablillas como él tuvo una experiencia cercana a la muerte, donde fue arrastrado por un túnel para entrar luego al jardín de la vida, rodeado de una luz brillante.

Platón, en el siglo V a.C. cuenta en su obra “La República”, la historia de Er, un soldado que regresó cuando estaba a punto de ser quemado en la pira funeraria y dijo que viajó a la luz con los espíritus guías, con una gran sensación de paz y vio almas en una gran pradera, la Llanura del Olvido, al lado de un gran río con el mismo nombre, preparándose para la vuelta a la vida. Sin saber cómo, se vio de repente a sí mismo, vivo, en la pira a punto de ser quemado.

En el libro de Arda Viraz, persa del siglo IX-X, Viraz, un hombre justo,  toma una poción de mang, beleño y vino y se prepara para viajar al más allá durante siete días. El cree que no volverá, por lo que hace testamento y ejecuta los ritos funerarios para sí mismo. Se duerme y a los siete días se despierta. Cuenta cómo los espíritus reciben su alma después de dejar el cuerpo y juntos suben tres escalones, el de los buenos pensamientos, el de las buenas palabras y el de las buenas acciones, luego recorre el purgatorio, paraíso e infierno. Según la religión mazdeísta (de los persas), no es bueno llorar por los difuntos porque contribuyen a la creación de un gran río que impide que las almas lo atraviesen.

El Papa Gregorio I (San Gregorio Magno, el mismo del famoso “canto gregoriano”) en el siglo VI, expone en su libro “Diálogo sobre la vida y milagros de los padres italianos” tres casos de E.C.M. En uno de ellos, un soldado dice que vio un puente sobre un río humeante que expelía un olor insoportable y que conducía, en el otro extremo, a unas maravillosas praderas verdes, llenas de flores con un aroma delicado y placentero. El puente se ensanchaba para dejar paso a los justos y se estrechaba apara arrojar a los malos al río hediondo. Como vemos, antiguamente la idea del río era muy utilizada.

En el siglo XVIII el sueco Emmanuelle Swedenborg efectuó y divulgó numerosas experiencias cercanas a la muerte y a la comunicación con los muertos. Un arzobispo, dado por muerto, relató, al volver a la vida, todas las conversaciones habidas a su alrededor. Es famosa la anécdota de este sabio al que la reina de Suecia le dijo en tono irónico, con respecto a sus comunicaciones con los desencarnados: “Si ves a mi hermano (que había muerto), salúdale”. A la semana, Swedenborg se acercó a la reina y le susurró unas palabras al oído. La reina se quedó lívida y dijo: “Sólo Dios y mi hermano sabían lo que me acaba de decir”.

Albert Heim, suizo, en el siglo XIX, publicó las experiencias de 30 personas que sobrevivieron a caídas en los Alpes. Todas ellas relataron la calma, la distensión del tiempo y una revisión fugaz de todo su pasado.

En el siglo XX, entre otros muchos, destacamos a:

Vladimir Negovsky, ruso, padre de la técnica de reanimación, reanimó a muchos soldados heridos en el frente durante la Segunda Guerra Mundial, tomando nota de sus explicaciones del trance. Ellos decían que era como un “sueño sin sueños” y a menudo relataban escenas gloriosas en la otra vida. Para él eran percepciones distorsionadas de un cerebro que funciona mal. Su base materialista le impidió llegar a otras conclusiones.

James Hyslop, profesor de lógica, realizó un estudio en enfermos antes de morir, donde, uno o dos días antes del evento, visualizaban apariciones de familiares o amigos fallecidos que actuaban como guías para el más allá. Ernesto Bozzano, médico, llega a casi las mismas conclusiones en sus estudios.

Sir William Barrett, médico, expresó que el moribundo tiene la sensación de abandonar su cuerpo y sus familiares percibían su aparición, una vez desencarnado.

Karlis Osis, psicólogo, a través de observaciones de médicos y enfermeros que trabajaban con agonizantes así como del efecto de los medicamentos en la frecuencia de las visiones, constató que éstos no incidían en la citada frecuencia. Las visiones en personas normales generalmente eran visuales y en aquellos que sufrían algún tipo de trastorno mental eran fundamentalmente auditivas. Los relatos incluían la aparición de figuras fantasmales que se presentaban para hacer compañía en el último viaje. Una tercera parte tuvo experiencias negativas debido a la resistencia a ver apariciones o al terror provocado por las mismas.

Citemos asimismo al famoso psiquiatra Karl Jung quien, en 1944, al sufrir un infarto, tuvo la visión de dejar el planeta desde una perspectiva panorámica, casi astronáutica.

El psiquiatra Russell Noyes, al recopilar 104 casos de personas que habían pasado por situaciones gravemente amenazantes para su vida, analizó tres etapas:

1)Resistencia.- Reconocimiento del peligro, miedo a morir, lucha por la vida, aceptación de la muerte.

2)Revisión de la vida.- Generalmente con sentimiento de paz, se revive de forma condensada y panorámica, asociado a sensación de estar fuera del cuerpo.

3)Trascendencia.- Estados de conciencia místicos, se trasciende el tiempo, el espacio y su propia identidad personal, en medio de felicidad.

Y quién no ha oído hablar del psiquiatra Raymond A. Moody y su famoso libro “Vida después de la vida”, donde se ofrecen testimonios de personas clínicamente muertas.

Moody estableció una “tabla” de sensaciones y percepciones, que detallaremos a continuación:

CARACTERÍSTICAS COMUNES DE LAS E.C.M.

1º.- Se experimenta la muerte clínica. Falta de oxígeno al cerebro.

2º .-Audición de voces de médicos y o familiares, zumbidos y/o sones de campanas.

3º.- Movimiento a lo largo de un túnel, que tiene al final una luz brillante.

4º.-Sensación de estar fuera del cuerpo y observación de lo que se hace con él.

5º.- Sensación de éxtasis o elevación y experimentación de fenómenos telepáticos, visualización de espíritus de familiares muertos que actúan como guías.

6º.-Unión con una luz brillante.

7º.- Rápida visualización de experiencias de la vida pasada.

8º.- Re-entrada en el cuerpo y recuperación de la conciencia.

La mayoría de estas experiencias suelen ser positivas, pues las personas supervivientes se suelen volver más espirituales, se interesan más por los demás, aprecian intensamente la vida, disminuye su temor a la muerte, son menos materialistas y competitivos.

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