Entrevista con Swami Satchidananda: «Llevamos a Dios dentro de nosotros»

Una bella muchacha bailaba al son de danzas orientales, mientras la luz del 
sol poniente se resistía a desaparecer tras las montañas. Un rayo de esa luz 
entraba por la puerta abierta, iluminando la sonrisa que brillaba en sus 
ojos. Estaba contenta. Estaba bailando para el maestro, para Swami 
Satchidananda. Y sonreía porque el swami la miraba con ojos bondadosos. 

La muchacha era una más de los muchos jóvenes que esa tarde de abril de 1978, en «Can Tirurit», quiso de alguna forma agradecer al maestro, con danzas y música, su visita y sus palabras de amor y de paz, que la tarde anterior les había dejado grabadas en sus corazones.

Satchidananda había llegado a Europa, a España, invitado por la organización del Segundo Congreso Nacional de Yoga, para que lo presidiera.

Cuando la noticia llegó a Ibiza, empezaron las llamadas telefónicas, las gestiones, los contactos, los telegramas…hasta que se consiguió traerle a Ibiza. Vishnu Ivan Rasmussen, director por aquel entonces del denominado «Instituto Balafi de Realidades Extendidas», fue el principal artífice. Y así, el aeropuerto de Ibiza se llenó una mañana de guirnaldas de flores, de niños y de alegría, cuando Satchidananda pisó tierra ibicenca.

Domo donde se realizaban las charlas y el curso taller de meditación y yoga.

Aquella misma tarde, en el domo de Can Tirurit, ante más de trescientas personas que apenas tenían espacio para moverse, oímos hablar al maestro, recordando eso de que «la Verdad es una y los senderos son muchos».

Nosotros recordamos, entonces, que los swamis son una orden monástica hindú, cuyos
principales templos y monasterios están en el Himalaya. Que llevan una vida sencilla, dedicados al trabajo, la meditación y el estudio, siguiendo un régimen vegetariano. Que su dirigente es Vishnudevananda y su representante en España, Sivayiotir, ha fundado la Asociación de Yoga Sivananda.

Para ellos, Jesucristo era un yogui, formado en el Rahja Yoga y en la doctrina de Buda. Y aceptan gentes de todas las religiones, pues ellos no tienen ninguna.

Un momento de la entrevista que Satchidananda me concedió. A su derecha (izquierda de la foto), su intérprete de inglés.

 «Renunciar no significa abandonar»

En la entrevista que amablemente me concedió, Satchidananda me contó, entre otras muchas cosas, que «se puede llegar a la Verdad de muchas maneras, pero el yoga, en sí, es esa misma Verdad».

Le pregunté entonces si era necesario renunciar a todo para hallar el camino que condujera hacia esa Verdad. Y me respondió: «Renunciar no significa abandonar unas cosas para irse a otras. Si fuera a las cosas a lo que renunciamos, también podríamos renunciar a movernos, incluso a vivir. No es así. Renunciar es vivir en cualquier sitio, en cualquier parte, sin sentirse apegado o aferrado a las cosas; porque aún viviendo en un palacio, o en una choza, es igual, puedes tener apego a las cosas. Todo depende de tu actitud mental».

Quise saber si había oído hablar de Ibiza y cuál era su impresión de esta mezcla de gentes, de costumbres.

«Tenía noticias anteriormente de Ibiza, sobre todo que durante unos años vinieron jóvenes de todo el mundo para fumar marihuana y vivir una vida «hippie»; es lo que había oído. Algunos han sido estudiantes míos, han usado la droga, han tenido problemas con la policía y luego han regresado a mí, dejándolo todo de nuevo. Ahora no sé si Ibiza está mejor o peor que antes, lo mejor que he visto ha sido este gesto de traerme aquí a hablar, y eso ya es una señal positiva porque todos saben que no apruebo en absoluto las drogas, sean las que sean. Ojalá mi presencia aquí haya servido a todos esos jóvenes de algo».

– Maestro – le pregunté después -, ¿qué es realmente el Yoga?

-«Lo que yo llamo, y otros llaman también, yoga, no es otro camino diferente a los demás caminos o intentos religiosos. Usamos este nombre, se usan muchos, budismo, cristianismo… pero en realidad todos enseñan lo mismo.

En su charla de presentación en Ibiza, Satchidananda aseguró ante todos los presentes que Dios es paz y alegría, y es el mismo para todos, sin importar de qué religión sea cada uno de nosotros.

«Lo Esencial no cambia»

– Lo Esencial no cambia -explicó el swami-, es la misma y única Verdad. Y esa Verdad es vivir una vida limpia, física y mentalmente. Estar en paz con uno mismo, estar en paz con la Naturaleza, con los demás. Servir a las personas, sin egoísmos. Porque servir a los humanos es servir a Dios.

«Dios, o como se le quiera llamar, no está sentado allá arriba, sobre una nube o en un rincón. Dios está en tu corazón, en el de todos. Si yo te ayudo en algo, sirvo a Dios. Si riego una planta, sirvo a Dios. Esto es lo que hay que hacer: vivir para servir a los demás, para el bien de los demás, sin pensar en uno mismo. Si no servimos, de nada vale el vivir. Todo en tu vida es para servir: la comida, la bebida, el vestido, el trabajo cotidiano. El dormir, incluso, para mañana despertar y seguir sirviendo.

«Este es el principio y el consejo que dan todas las religiones y el que da también el Yoga. Nosotros llevamos a Dios dentro: el Yoga nos enseña, poco a poco, a descubrirlo y a sentirlo también en los demás. Dios es paz y alegría, y está contigo si tú estás en paz contigo mismo y con los demás, y te amas y amas a los demás».

La vieja casa de Can Tirurit, en pleno campo ibicenco, fue durante los años 80 sede de distintas charlas y cursos de yoga y meditación.

Mi comentario fue que una mayoría de seres humanos parecen seguir sin querer darse cuenta de todo ello.

-«Toda la humanidad cree en la paz y en la felicidad -respondió-. Lo necesita, lo busca. Pero se creen que lo obtendrán acaparando, acumulando cosas. Viven tomando en vez de dando. Nosotros decimos: dad si queréis obtener. Ellos creen que obtendrán si solamente toman. Hay políticos, gentes en el poder, que necesitan gritar, chillar, dañar incluso para convencer y sacar adelante sus ideas. Eso no ha de ser así.

«Si vives tu vida, y la vives de verdad, cualquier cosa que digas, por pequeña sea, tiene su importancia. De lo contrario, y eso les sucede a estas gentes que presumen de ser poderosas, lo que dicen es igual que si lo copiasen de un libro. No puedes hablar de un dulce si no lo pruebas antes. Y cuando ya sabes qué sabor tiene, no necesitas hablar para decirlo».

Satchidananda se despidió de mí con un «que la paz sea contigo» y una mirada profunda y noble que, en honor a la verdad, me impresionó muchísimo.

Tanto, que pocos meses después, ese mismo año 1978, me inscribí en su curso-taller de meditación y yoga.

(Entrevista realizada por mí en Ibiza en 1978, con fotografías de Buil Mayral).

 

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