El obispo de Temuco declara que conoció los abusos cometidos por un sacerdote pero que “no sabía que yo tenía que denunciarlo”

“En esa época no había claridad. Son los padres, me parece, los que tenían que denunciarlo a la justicia. No tenía conocimiento que yo tenía que denunciarlo”. Así explicó ayer el obispo de Temuco, Manuel Camilo Vial, al Tribunal de San Felipe, las razones de porqué en 1990 -cuando él era el titular de la diócesis de esa provincia de la V Región- no denunció la violación cometida por uno de sus sacerdotes. Se trataba de Francisco Valenzuela Sanhueza, ex párroco de Putaendo, quien en ese entonces agredió sexualmente a una niña de 13 años, a la que además embarazó. El hecho habría culminado en un aborto.

Vial relató que ayudó espiritualmente a la familia y que a Valenzuela lo envió a la diócesis de Talca para “su tratamiento y cuidado”, para que pudiera volver a ejercer el sacerdocio. En 2002, Valenzuela volvió a ejercer como párroco en Putaendo.

Ese regreso terminó en el caso por el cual ayer el obispo Vial asistió a testificar ante la justicia: en agosto de 2010, Valenzuela fue denunciado al Ministerio Público por tres adolescentes, que lo acusaron de abusos y una violación sufridas desde 2003, mientras fueron acólitas de 11 y 12 años en la parroquia local. El ahora ex religioso (el Vaticano le quitó el estado clerical este año) enfrenta un juicio oral en el tribunal sanfelipeño.

La declaración

“Estos temas, en el año 90, se veían con mucho recato. Tuve conciencia de que había sido una violación (…). Ella tenía 13 ó 14 años, pero físicamente era bastante madura, era una persona ya más desarrollada. No se trataba de una niñita”, dijo ayer el obispo Manuel Camilo Vial al referirse al caso previo en el que estuvo involucrado Valenzuela, pero que nunca llegó a la justicia.

Vial añadió que conoció de la violación de hace dos décadas por una religiosa que también le contó “del aborto “(espontáneo). Esa fue la versión que supe, nunca supe de aborto ocasionado”, aseguró ante el tribunal.

El obispo sostuvo, además, que Valenzuela le reconoció estos hechos -ocurridos originalmente en 1989- en medio de una conversación donde abordaron también el celibato como la fuerza de fe del sacerdocio.

Precisó, además, que como sacerdotes “somos personas humanas, no somos ángeles, podemos tener imperfecciones, a veces cometer errores, en nuestros lenguaje lo llamamos pecados, pero también creemos que tenemos la oportunidad de reparar nuestros errores”.

 Otros testimonios

Vial fue el primero de varios religiosos -como al actual obispo de San Felipe, Cristián Contreras Molina, y el sacerdote Héctor Acuña- que ayer declararon en el cuarto día de juicio.

Tras entregar su testimonio al tribunal, Contreras aseguró que de los abusos a las tres menores por la que se enjuicia al ex párroco, “supimos cuando fue la denuncia presentada a la fiscalía”, y agregó que Valenzuela, desde este año, “está fuera del ministerio sacerdotal para siempre” y “librado del celibato”.

Héctor Acuña, quien compartió labores en San Felipe con Vial, señaló que a comienzos de 2000, el obispo -quien dejó esa diócesis en 2001- le comentó de una relación que Valenzuela tuvo con una niña, por lo que fue derivado a Talca.

Ayer declaró también Juan Carlos Núñez, ex vicario, en 2005, de la parroquia. Este describió las instalaciones y las rutinas del acusado y precisó que él se hacía cargo del grupo de acólitos y que no fue testigo de situaciones como las denunciadas.

El abogado querellante, José Villagrán, dijo que “si alguien tenía duda de que cierta jerarquía de la Iglesia oculta ilícitos, quedó demostrado”. La Conferencia Episcopal declinó referirse a los dichos de Vial.

Petición de perdón

Manuel Camilo Vial, a través de una declaración pública, pidió perdón “a quienes mis hechos o palabras pudieran haber ofendido o causado daño”, luego de que declarara en el juicio contra ex párroco de Putaendo, que conoció abusos de sacerdote en 1990.

“En ningún caso he tenido la intención de minimizar el daño realizado ni de justificar la agresión ni al agresor. A quienes mis hechos o palabras pudieran haber ofendido o causado daño, les pido sinceramente perdón”, dijo el monseñor en la declaración.

Vial sostuvo que “concurrí al tribunal con la mejor disposición y el firme propósito de contribuir al esclarecimiento pleno de la verdad y el imperio de la justicia. Son los tribunales la instancia llamada a determinar la verdad de las actuaciones del ex sacerdote y hacer justicia”.

“De manera clara y categórica rechazo, una vez más, cualquier tipo de abuso contra menores. En este caso y en otros, no hay razón que justifique un pecado y un delito tan espantoso. Con honestidad y transparencia, he declarado judicialmente la verdad de todo cuanto supe, todo cuanto hice y no hice, considerando la información y percepción que a fines de los 80 disponíamos, tanto en la Iglesia como en la sociedad, sobre la prevención de este tipo de hechos”, sentencia el religioso.

Fuente: latercera.com

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