El neopentecostalismo y su fuerte influencia en la política de Brasil

La prensa de toda Iberoamérica se ha hecho eco de la influencia que tiene el fenómeno del evangelismo en las elecciones de Brasil, sobre todo en lo referido al neopentecostalismo. Recogemos y extractamos algunas de las informaciones más destacadas, sobre todo en torno a la conocida Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), que tiene un gran poder mediático.

Pentecostalismo y política electoral

Según Raúl Zibechi, en el diario mexicano Jornada, la segunda vuelta de las elecciones brasileñas, a celebrarse el 30 de octubre, aparece marcada en buena medida por temas planteados por las iglesias evangélicas y pentecostales. Varios analistas creen que fue la impronta de este sector lo que impidió a la candidata oficialista Dilma Rousseff  vencer en la primera vuelta y no pocos aseguran que el resultado final estará influenciado por las opiniones y decisiones de esas iglesias.

Lo cierto es que la llamada bancada evangélica, integrada por pastores, creció de forma exponencial pasando de 41 diputados y dos senadores a 68 diputados y tres senadores, un aumento de 65 por ciento. Entre los electos destacan 19 parlamentarios de la Asamblea de Dios (que tenía sólo nueve diputados), 11 de la Iglesia Baptista, cinco de la Presbiteriana, cuatro del Evangelio Quadragular, tres de la Iglesia Internacional y dos de la Marinata, entre las más destacadas. En total suman 12.5 por ciento de la cámara. Por el contrario, la bancada católica se redujo de 30 a 21 diputados activos, en general sacerdotes.

La composición del congreso revela el ascenso de religiones que ya cuentan con 25 por ciento de fieles mientras la Iglesia católica los pierde día a día. Buena parte de los intelectuales de izquierda aseguran que el fenómeno revela un creciente conservadurismo en el electorado. La última encuesta del instituto Vox Populi avalaría esa interpretación: mientras Dilma cuenta con 51 por ciento de las intenciones de voto y Serra con apenas 39 por ciento, entre los votantes evangélicos Dilma cae hasta 42 por ciento y es sobrepasada por Serra que llega a 44 por ciento. Por el contrario, entre los católicos, la oficialista lleva ventaja: 54 por ciento frente a 37 por ciento de Serra.

Buena parte de los parlamentarios evangélicos apoyan a la candidata de Lula y sostienen al gobierno del PT. La mayoría de los diputados de la Asamblea de Dios apoyan a Dilma, en una campaña articulada por el pastor  Manoel  Ferreira, presidente de esa iglesia. Los ocho diputados del Partido Republicano Brasileño (PRB) pertenecen a la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), a la que pertenece el vicepresidente José Alençar.

Para hacerse una idea de la fuerza social de los evangélicos, debe considerarse que sólo la IURD contaba en 2006 con 3.500 templos, 50 radios, 70 emisoras de televisión, un banco y varios diarios. Quizá el principal cambio registrado es que, como apunta Joao Campos, diputado vinculado de la Asamblea de Dios, los líderes ahora están siendo más osados para orientar al pueblo (Valor, 8 de octubre). Parece evidente que las iglesias evangélicas y pentecostales han decidido sacar provecho político y electoral de su creciente arraigo.

El sociólogo Chico de Oliveira, fundador del PT y luego del PSOL, sostiene que las posiciones conservadoras vienen creciendo en Brasil, ya que con el progreso económico hay un sentimiento de conformismo que se traduce en que las personas se vuelven temerosas y conservadoras (Folha de Sao Paulo, 17 de octubre). Para el cientista social Giovanni Alves, ante la falta de politización del Estado y los sindicatos, las personas buscan respuestas en Jesús (Valor, 18 de octubre).

Hay también miradas desde abajo que afirman que los fieles, en particular en las favelas, no son objetos pasivos de los predicadores sino sujetos que encuentran en esas iglesias respuestas a sus problemas cotidianos. El urbanista estadunidense Mike Davis sostiene que el pentecostalismo es el mayor movimiento de los pobres urbanos de todo el mundo (“De la ciudad de Blade Runner a la de Black Hawk derribado”, en Sin Permiso, 3 de julio de 2006). En su opinión no es una fuerza reaccionaria sino un sistema sanitario paralelo, que consigue que los varones reduzcan su propensión a emborracharse, a salir con prostitutas o gastarse el dinero en juegos, lo que redunda en una ostensible mejora de la vida familiar que incluye una reducción de la violencia doméstica.

En la misma línea de pensamiento Marco Fernandes, sociólogo y militante del Movimiento de los Sin Techo en Sao Paulo, reflexiona desde su vida cotidiana en la favela: La gente tiene en sus barrios una vida monótona, los domingos no hay nada que hacer porque el barrio es feo, no tiene servicios, ni cine, ni teatro, ni cancha de futbol. La única posibilidad de tener una experiencia agradable es ir a la iglesia pentecostal, donde hay música, baile, puedes encontrar o hacer amigos y sentirte parte de una comunidad.

En los templos hay guarderías donde las mujeres, principales personajes en sus barrios, pueden dejar a sus hijos. Los fieles reciben un trato directo y personal, los pastores se colocan en el lugar de la gente antes de darles consejos, asegura Marco. Por último, las religiones evangélicas ocupan el lugar de las católicas comunidades eclesiales de base, cuyas prácticas más racionales eran adecuadas para un periodo en el que predominaba la familia nuclear, el empleo fijo, los niños en la escuela y un futuro por delante. Con el neoliberalismo aquellos métodos ya no funcionan porque el protagonista ya no es el obrero calificado sino la mujer y sus hijos, que no tienen futuro en esta sociedad.

En la recta final de las elecciones los dos candidatos van a misa para atraer votos y dicen rechazar el aborto. Para los movimientos de los de abajo es urgente comprender qué es lo que impulsa a millones de personas a frecuentar las iglesias evangélicas y pentecostales. Aceptar las racionalidades diversas y diferentes de los sectores populares, puede contribuir a potenciar los movimientos del abajo.

Exorcismos y política

Sobre el altar, una niña de 9 años se retuerce y es contenida por una mujer que la agarra con fuerza. «¡Cállate!», grita la pequeña. «¡Calla, hijo de puta!», espeta al pastor Jacob, el hombre que lleva casi dos horas dirigiéndose, micrófono en mano a veces hablando, otras cantando y otras a gritos, a una audiencia de mil personas. Lo cuenta Isabel Coello, la enviada especial a Sao Paulo del diario madrileño Público.

Sin inmutarse, el pastor prosigue con su perorata, hasta que juzga adecuado acercarse a la pequeña, que ahora gruñe y ruge como un león, para dialogar con el demonio que indica la niña lleva dentro. Finalmente le toma la cabeza y exhorta al diablo a que se vaya. «¡Sal!». La cara de la niña cambia de inmediato. Sonríe. Ya se encuentra mejor, dice. Su madre, abrumada, le acompaña de vuelta a su asiento.

La escena tiene lugar en el barrio de Santo Amaro, en el sur de São Paulo, donde la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD) tiene uno de sus gigantescos templos. En este caben 6.000 personas sentadas y 4.000 de pie. Hoy, día laborable, no está lleno, pero en la “misa” de los domingos no cabe un alma.

El rebaño del pastor Jacob es bien diverso. Hay gente de todas las edades, blancos, negros, mestizos. Todos obedecen cuando les pide que se froten con un algodón bañado en aceite para purificarse, que pasen por debajo de una enorme cruz para expiar los males o que, hasta en cuatro ocasiones, se acerquen a los voluntarios llamados «obreros» para contribuir con su dinero.

La obediencia de los evangélicos a sus pastores se ha convertido en un tema de preocupación en la campaña electoral, después de que la candidata del Partido Verde, Marina Silva, evangélica confiesa, lograra un 20% de los votos en la primera vuelta. Los asesores de campaña vieron rápido que la mayoría de esos votos no llegaba del lado verde, sino del electorado evangélico, que veía a la candidata oficialista, Dilma Rousseff, ambigua respecto al aborto.

En Brasil, donde el 73,6% de la población dice ser católica y otro 15,4% se declara evangélica, la cuestión llegó a los templos, donde muchos sacerdotes instaron a sus fieles a ser consecuentes con sus creencias a la hora de votar. Los pastores Silas Malafaia, de Río de Janeiro, y José Wellington, de São Paulo, de la Asamblea de Dios, grabaron mensajes de apoyo al candidato del Partido de la Social Democracia Brasileña, José Serra. El Consejo de Pastores de São Paulo, que reúne a denominaciones protestantes, estima que cerca de 80.000 pastores apoyan a Serra.

«Hay un impacto cada vez más alto de los evangélicos en la política en América Latina», señala la colombiana Erika Rodríguez, de la Fundación Alternativas. «La capacidad de los pastores de captar votantes es impresionante. Reúnen estadios enteros. Son comunidades muy cerradas». «Veinte millones de votos no se consiguen con el discurso verde en América Latina. Se consiguen con los pastores», concluye.

Rousseff llegó a perder hasta cinco puntos porcentuales en las encuestas, y tuvo que ratificar en un documento su condición de cristiana «en favor de la vida» y comprometerse a no alterar las leyes que prohíben el aborto y el matrimonio entre homosexuales.

La campaña de Serra ha ofrecido beneficios a las iglesias evangélicas a cambio de apoyo a su candidatura. Alcides Cantóia, pastor de la Asamblea de Dios, contó al diario Folha São Paulo que hace entre 150 y 200 llamadas al día junto al cuartel general de Serra. Invita a algunos pastores «a un café», les pide que recaben el apoyo de sus fieles y les promete ayuda gubernamental para los programas para captar adolescentes.

Según Carlos Rodrigues, profesor en la Universidad de Campinas y experto en religión, las nuevas doctrinas pentecostales tienen «un poder de conversión de masas nunca visto antes». «Adoptan patrones dignos de empresas, proponen una oración salvadora y sustituyen los desafíos que plantean las promesas de salvación eterna por una oferta generosa de éxito inmediato en esta vida, que resulta de prestar servicios personales y financieros a la iglesia», señala.

En Santo Amaro, la ceremonia termina. El pastor Jacob ha pedido a 20 personas que recauden mil reales (420 euros) y los lleven a la “misa” de Todos los Santos. Los fieles abandonan el templo. Quien osa preguntar por el sentido del voto recibe miradas de desprecio. Como si llevara el diablo dentro.

Fuente:  Varios medios/InfoRIES

 

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