Origen y naturaleza de los demonios

Doctrinas y prácticas de los primeros cristianos

Había gigantes en la tierra en aquellos días, y también después que se llegaron los hijos de Dios a las hijas de los hombres, y les engendraron hijos. Estos fueron los valientes que desde la antigüedad fueron varones de renombre. Génesis 6:4

Dios encomendó el cuidado de los hombres y de las cosas colocadas bajo el cielo a los ángeles, a los cuales puso al frente de esta misión. Mas los ángeles, traspasando el orden establecido, cayeron en deshonestidades con las mujeres y engendraron hijos, los que han sido llamados demonios. Más adelante sometieron a dura servidumbre a los hombres, en parte con escritos mágicos, en parte con terrores y suplicios que les inferían, en parte con los sacrificios, inciensos y libaciones que les enseñaban, pues comenzaron a necesitar de estas cosas desde que fueron emancipados de las enfermedades de la concupiscencia; finalmente sembraron entre los hombres las muertes, las guerras, los adulterios, los crímenes y toda clase de vicios. De aquí que los poetas y los autores de fábulas, como no conocían a los ángeles ni sabían que los demonios engendrados por los ángeles habían realizado contra hombres y mujeres, contra ciudades y naciones las cosas que señalaban en los libros, trasladaron esto (a los dioses)… En efecto, con el nombre que cada demonio se había puesto a sí mismo y a sus hijos, llamaron los poetas a sus dioses. Justino Mártir (160 d.C.)

Las almas de los gigantes, que son los demonios, están vagando en el mundo y hacen cosas similares a (los ángeles caídos). Atenágoras (175 d.C.)

Hay espíritus falsos, errantes, privados de su poder celeste por las debilidades y pasiones terrenas. Tales espíritus, tras perder su sencillez natural bajo el peso de los vicios en que se hallaban inmersos, perdidos como están, no dejan de perder a los demás para consolarse en sus desgracias; viéndose depravados, contagian el error y, apartados de Dios, tratan de apartar a los demás introduciendo falsas religiones. Que esos espíritus son los demonios lo saben los poetas y lo explican los filósofos. Marco Minucio Félix (200 d.C.)

Por eso digo que hay ciertas sustancias espirituales que se llaman demonios. No es nuevo el nombre para los filósofos: Sócrates consultaba a un demonio en sus asuntos… Todo espíritu es más ligero que un ave: en esto convienen ángeles y demonios. En un momento están en todas partes: para ellos casi todo el mundo es un lugar. Por esto fácilmente saben qué se hace en cada puesto, y con la facilidad que lo saben lo dicen. Esta velocidad es tenida por divinidad; porque su naturaleza se ignora. Tertuliano (211 d.C.)

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