El Vaticano urge aplicar la tolerancia cero con los sacerdotes pederastas

Fuente:  abc.es

Sin pelos en la lengua, el promotor de Justicia del Vaticano repitió, en un acto de reparación por los abusos sexuales,  unas palabras de Jesús: «Quien lleve a pecado a uno de estos pequeños que creen en mí, más le valiera atarse una rueda de molino al cuello y ser echado al mar». El acto eucarístico de reparación por los abusos sexuales de sacerdotes, organizado en la basílica de San Pedro por los estudiantes de las universidades pontificias de Roma, se desarrolló en un clima muy espiritual.

Después de una hora de adoración silenciosa del Santísimo Sacramento, el «fiscal» de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Charles Scicluna, que se encarga precisamente de resolver el problema de los abusos, dirigió una meditación serena sobre lo que se espera de los sacerdotes y religiosos. Sus palabras eran muy adecuadas para los estudiantes, entre los que hay muchas religiosas, seminaristas y sacerdotes que formarán parte de la élite intelectual de la Iglesia del mañana. Monseñor Scicluna explicó que el mandato de Jesús a sus apóstoles «Dejad que los niños se acerquen a mí y no se lo impidáis» tiene un sentido actual, pues el abuso separa a las víctimas de Jesús: muchas se apartan de la Iglesia y algunas incluso de Dios.

El sacerdote maltés comentó el consejo duro y radical de Jesús para evitar esos escándalos: «Si tu mano te escandaliza, córtala. Si tu pie te escandaliza, córtalo. Si tu ojo te escandaliza, arráncalo». Esos consejos son «medicinas contra la enfermedad, y alivio del peligro de condenación eterna». Según Scicluna, varios padres de la Iglesia interpretan esos consejos como «cortar los lazos» con las personas amigas e incluso queridas que se plantean una tentación sexual: «Quizá sea una amputación cruel, pero el Señor es claro: más vale entrar solo en el Reino de los cielos que ir con la persona querida a la Gehenna del fuego inextinguible».

A lo largo de su homilía, Scicluna aseguró que «la Iglesia ha tenido siempre cuidado de los niños y los débiles» y considera al niño «icono del discípulo que quiere ser grande: acogerlo en el Reino de Dios como un niño significa acogerlo con el corazón puro, con docilidad, entusiasmo, esperanza». Sin embargo, reconoció que «este icono tan santo es pisoteado, roto, enfangado, abusado, destruido».

A lo largo del acto se rezó por el Papa, «para que continúe guiando a la Iglesia por el camino de la reforma, la penitencia y la purificación», y por las víctimas, «para que lleguen a la curación de sus heridas y experimenten la verdadera paz». En la línea de arrepentimiento, se rezó también «por los clérigos y religiosos que han perpetrado abusos, para que afronten las consecuencias de sus culpas y las exigencias de la justicia». Y por las autoridades eclesiásticas, para que promuevan «sin temor» la protección de los jóvenes.

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