Cada vez más gente se acerca a un templo o apela a un sacerdote o a un laico con supuestos poderes sanadores buscando una curación. Pero, ¿cura la fe?.
Para el sacerdote jesuita Alberto Ibañez Padilla, la cuestión exige una primera aclaración: «Acercarse a Dios es sanador», dice. «La fe, la esperanza y la caridad son sanadoras», añade. En ese sentido, señala que «descubrir a Dios y saberse querido por Él» permite superar conflictos emocionales. «La peor de las neurosis es la náusea de existir por la pérdida del sentido de la existencia, algo que, al descubrir a Dios, la persona vuelve a encontrar», ejemplifica. «La fuente de las neurosis son los rencores y el gran remedio es el perdón», agrega. En definitiva, este sacerdote cree que, al mejorarse el estado anímico, pueden prevenirse las enfermedades psicosomáticas.
La hermana Rosa José coincide. «Salvo accidentes, nos enfermamos de adentro hacia afuera. Un rencor, un resentimiento prolongado, el odio, la ira, alteran profundamente el sistema nervioso y circulatorio. Está comprobado científicamente que las emociones negativas, según su intensidad, enferman. Otro sentimiento demoledor —añade— es la culpa; separada del arrepentimiento, se transforma en remordimiento. No perdonar ni perdonarse es muy dañino». Redondea que los psiquiatras y psicólogos pueden ayudar a superar estas situaciones, pero «sólo Dios puede llegar a la profundidad del alma herida. Y así como el odio enferma —dice—, el amor sana».
Ahora bien, si Dios puede obrar un milagro y sanar y Jesús también lo hacía para dar testimonio de que era su Hijo, ¿puede hacerlo un sacerdote y hasta un laico?. ¿Pueden, en todo caso, tener la capacidad de interceder ante Dios por una curación?. El padre Ibañez Padilla no tiene dudas y cita los Evangelios. Menciona Corintios, 12, donde se lee que el Espíritu, entre otros dones, otorga el don de curar. También cita a Marcos, 16, que dice que entre «los progidios que acompañarán a los que crean» se cuenta que «impondrán las manos sobre los enfermos y los curarán». La hermana Rosa José precisa que «el don de la curación es una manifestación del Espíritu de Dios que actúa a través de una persona o comunidad».
Con todo, Ibañez Padilla aclara que, en caso de producirse la curación, no debería hablarse de milagro, sino de una manifestación prodigiosa de Dios, gracias a la capacidad de una persona de invocarlo». Señala, además, que esa capacidad puede darse por igual en un sacerdote o un laico. «No hay nada en las Sagradas Escrituras que diga que un sacerdote pueda tener más capacidad», puntualiza. «El tener el carisma de sanación y experimentarlo frecuentemente se convierte en ministerio de sanación», añade.
¿Puede, sin embargo, el recurso a la fe llevar a algunos a soslayar la instancia médica?. Ibañez Padilla dice que no conoce ningún sanador que «desaliente el papel del médico o los remedios, sino que, por el contrario, damos gracias a la ciencia». La hermana Rosa José señala al respecto que «fe y ciencia no se oponen sino que, por el contrario, se refuerzan».
Obviamente, no siempre la fe y la oración sanan. «Aquí tocamos el misterio», dice la hermana Rosa José. «Esa falta de ‘control’ sobre el don mantiene humilde al que lo tiene, ayuda a recordar permanentemente de dónde viene el poder de curación», apunta. En tal caso, el padre Ibañez Padilla afirma que la fe puede, además de posibilitar una calidad de vida mejor, un consuelo porque el sufrimiento y la muerte adquieren un sentido. Y que parte de una aceptación, a veces difícil, del designio de Dios.
Y los que no se curan, ¿pueden caer en una crisis de fe?. La hermana Rosa José dice que esto ocurre «cuando se pone la confianza en el instrumento, el sacerdote o el laico, y no en Dios que utiliza a éstos como puente». También ocurre —añade— cuando la persona enferma no busca sinceramente a Dios, piensa en sí misma, y no logra descubrir que a través de esa enfermedad hay un mensaje de Dios: no un porqué, sino un para qué».
Ibañez Padilla lo pone en estos términos: «el que busca a Dios por una curación se equivoca, porque Dios no es un curandero. El problema no es el desengaño, sino el engaño anterior. Imaginan un Dios que no existe. Hay que aceptar su voluntad».
(Adaptación de un artículo sacado de Internet y publicado originalmente en Clarín.com (Argentina) el 26 de julio de 2006).
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le pido que oren por mi garganta que se me reseca mucho y me produce tos por dolor en los huesos y la columna que dios los bendiga
tengo mucho tiempo buscando la volunta de dios i no la encuentro, y tego una novia y no me veo casao con ella. que sera
por que en mi crupo de oracion no se manifiestan los dones del espiritu y no hay convercion ni gresimiento en el espiritu
señor te pidoel milagro de la sanacion de manolo siesa es tu voluntad en vos confio jesus y en tus manos esta manolo