Una dilatada contemplación del cielo en noche serena, exalta la intuición, y las titilantes estrellas responden entonces a nuestras preguntas mentales. Según nuestra alma se halle agitada o tranquila, las lucecitas diamantinas nos inspirarán ideas de amenaza o de esperanza o de reflexión.
El cielo es el espejo del alma humana, y cuando creemos leer en los astros, es en nosotros mismos en donde leemos.
Las cartas —hablamos de Cartomancia—, en su variedad de figuras, ofrecen una imagen bastante verdadera de las probabilidades que encierra el Destino —no siempre impenetrable—, para que la imaginación pueda ver las realidades a través de los símbolos.
Las cartas y los tarots egipcios no son oráculos más que cuando aquéllos están vitalizados por el fluido personal e interpretados por la intuición.
Procura que al ir a acostarte tus últimos pensamientos sean agradables, optimistas; asimismo debes tener en cuenta que tu última palabra no sea fea ni de mala calidad, como: miseria, dolor, tormento, tristeza, etcétera.
Las maldiciones de los padres sobre los hijos son hechizos fatalmente funestos.
Los niños vestidos siempre de blanco no prosperarán nunca.
No odies a nadie, porque esta fuerza, este odio que sale de ti es una fuerza hechizante, y a ti debe volver en el decurso del tiempo.
Es todo punto exacto que cada partícula de odio que sale del corazón del hombre, vuelve a repercutir sobre él mismo con mayor fuerza. Esto nadie puede impedirlo, así como que cada impulso amoroso vuelva sobre él.
Las armonías divinas penetran en el oído interno cuando todos los pensamientos y deseos se hallan en reposo, es decir, en completo silencio.
El magnetismo no ejerce una fuerza física sobre el individuo, sino una atracción de entidades espirituales que rodean a la persona magnetizada.
Texto obtenido de «Las Clavículas de Salomón». Traducción del hebreo por Iroe el Mago. El ejemplar que tenemos es una copia de la edición hecha en Amberes en 1721, sin nombre del editor.
