El Infierno es eterno (1)

infernodedore01El infierno, según Gustave Doré

Muchos admiten la existencia del infierno, pero niegan la eternidad de sus castigos. Los Condicionalistas mantienen sólo la inmortalidad del alma y aseguran que luego de sufrir cierta cantidad de sufrimiento, las almas de los malvados serán aniquiladas. Entre los Gnósticos, los Valentinianos mantienen la doctrina y más tarde también Arnobius, los Socinianos, muchos Protestantes tanto en el pasado como en nuestros tiempos, especialmente los últimos (Edw. White, “Life in Christ”, New York, 1877). Los Universalistas enseñan que al final, todos los condenados, al menos todas las almas humanas, lograrán la beatitud (apokatastasis ton panton, restitutio omnium, de acuerdo a Orígenes). Esto era un dogma de los Origenistas y los Misericordes de quienes San Agustín habla (De Civ. Dei, XXI, xviii, n. 1, in P.L., XLI, 732).

Hubo adherentes individuales a esta opinión en todos los siglos ej. Scotus Eriugena; en particular, muchos Protestantes racionalistas de los últimos siglos han defendido esta creencia. Ej. En inglaterra, Farrar, “Esperanza Eterna” (cinco sermones predicados en Westminster Abbey, Londres y Nueva York, 1878). Entre los Católicos, Hirscher y Schell recientemente han expresado la opinión que aquellos que no mueren en estado de gracia aún pueden convertirse después de la muerte si no son demasiado malvados e impenitentes.

La Sagrada Biblia es bastante explícita en la enseñanza de la eternidad de las penas del infierno. Los tormentos de los condenados durarán para siempre (Apoc., xiv,11; xix,3; xx,10).  Hay justos por siempre como hay gozos en el cielo (Mat. Xxv, 46). Cristo dijo de Judas: “hubiera sido mejor para él, si este hombre no hubiera nacido” (Mateo, xxvi, 24). Pero esto no hubiese sido verdadero si Judas no hubiese sido liberado del infierno y admitido a la felicidad eterna. Nuevamente Dios dice de los condenados: “Su  gusano no muere y su fuego no se apaga” (Is., lxvi, 24; Mark ix, 43, 45, 47). El fuego del infierno es llamado repetidamente eterno e inextinguible. Los condenados padecen la cólera de Dios (Juan iii, 36); son naves de la Divina cólera (Rom. Ix, 22); ellos no poseerán el Reino de Dios ( I Cor., vi,10; Gal. V, 21) etc. Las objeciones aducidas desde la Escrituras contra esta doctrina, son tan insignificantes que no valen la pena discutirlas en detalle. La enseñanza de los Padres no es menos clara y decisiva (cito Patavius, “De Angelis”, III, viii). Nosotros simplemente traemos a colación el testimonio de los mártires que a menudo declararon que estaban contentos con sufrir dolor de breve duración con tal de escapar de los eternos tormentos; e.g. “Martyrium Polycarpi”, c. ii (cf. Atzberger, “Geschichte”, II, 612 sqq.). Es verdad que Orígenes cayó en el error en este punto y precisamente por este error fue condenado por la Iglesia (Canones adv. Origenem ex Justiniani libro adv. Origen., can. ix; Hardouin, III, 279 E; Denz., n. 211). En vanos fueron los intentos hechos para socavar la autoridad de estos cánones (cf. Dickamp, “Die origenistischen Streitigkeiten”, Münster, 1899, 137).

Por lo demás, incluso en Orígenes encontramos las enseñanzas ortodoxas sobre la eternidad de las penas del infierno; puesto que en sus palabras, la fe Cristiana ha sido una y otra vez victoriosa sobre el filósofo dubitativo. Gregorio de Nisa pareciera haber favorecido los errores de Orígenes; muchos, sin embargo, creen que sus declaraciones pueden ser mostradas como en armonía con la doctrina Católica. Pero las sospechas que han sido imputadas sobre ciertos pasajes de Gregorio de Nazianzo y Jerome decididamente no tienen justificación (cf. Pesch, “Theologische Zeitfragen”, 2nd series, 190 sqq.). La Iglesia profesa su fe en la eternidad de los dolores del infierno en términos claros en el Credo Atanasio (Denz., nn. 40) en decisiones doctrinales auténticas (Denz, nn. 211, 410, 429, 807, 835, 915), y en incontables pasajes de su liturgia; ella nunca ora por los condenados. Por lo tanto, más allá de la posibilidad de duda, la Iglesia expresamente enseña la eternidad de las penas del infierno como una verdad de fe que nadie puede negar o cuestionar sin caer en manifiesta herejía.

Pero ¿cuál es la actitud de mera razón hacia esta doctrina? Así como Dios debe designar algún término fijo para el tiempo del juicio, luego del cual el justo entrará en segura posesión de una felicidad que nunca jamás perderá en toda la eternidad, así también es apropiado que luego de la expiración de ese término, al malvado le será cortada  toda esperanza de conversión y felicidad. En cuanto a la malicia de los hombres no puede forzar a Dios a prolongar el tiempo destinado de prueba y darles una y otra vez, sin fin, el poder de decidir sus suertes por la eternidad. Cualquier obligación de actuar de esta manera, sería indigno de Dios, porque  lo haría dependiente del capricho de la malicia humana, quitaría gran parte de eficiencia a sus amenazas y ofrecería a la presunción humana la más amplia visión y el mas fuerte incentivo. Dios actualmente ha destinado el fin de esta vida presente, o el momento de la muerte, como el término de la prueba del hombre. Porque en ese momento, se produce en nuestra vida, un cambio esencial y momentáneo; del estado de unión con el cuerpo, el alma pasa a otra vida. Ningún instante de nuestra vida es tan agudamente definido por su importancia. Por lo tanto, podemos concluir que la muerte es el fin de nuestra prueba; porque es convenido que nuestro juicio deberá terminar en un momento de nuestra existencia tan prominente y significante de manera de ser fácilmente percibido por todo hombre. Consecuentemente, es la creencia de toda la gente que la retribución eterna se dispensa inmediatamente después de la muerte. Esta convicción de la humanidad es una prueba adicional de nuestra tesis. Finalmente, la preservación del orden moral y social no estaría suficientemente procurado si los hombres supieran que el momento del juicio continuará después de la muerte.

3 comentarios sobre “El Infierno es eterno (1)

  1. solo los loosers van al infierno desde que su padres los hicieron de menos o que fueron la burla de la escuela
    los que han tenido muchas trabas por brujeria

    por eso diga santooooooo es el que goza los placeres de la vida
    pecador es el que paga por todo

    libre de pecado es que Dios no te toma en cuenta las cosas malas que haces

  2. Don Miguel:
    ¿Usted cree que Dios es un ser irracional y malvado? Nuestro Señor protege y bendice a los niños, sólo las almas de los niños que han muerto bruscamente o los nonatos abortados suelen quedarse en nuestra dimensión, pero no van a los infiernos; a ellos hay que ayudarlos a cruzar hacia la luz, no hay que llorarlos, hay que dejarlos ir con Dios.

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