La Iglesia le tiene terror a Halloween

A la Conferencia Episcopal Española (CEE) no le gusta Halloween. Los obispos españoles consideran que esta fiesta, que se celebra la noche del 31 de octubre, no es inocente y que “tiene un trasfondo de ocultismo y de otros tipos de corrientes que dejan su huella de anticristianismo”. Así lo afirmó este jueves 30 de octubre el director del Secretariado de la Comisión Episcopal de Liturgia de la CEE, el padre Joan María Canals, quien recomendó a los padres que “encaucen la celebración hacia lo bueno” y reivindicó la fiesta de Todos los Santos para que los niños descubran “el valor de la vida y no fomentar el terror y la muerte”. Frente a esto, la Iglesia ofrece una alternativa: visitar cementerios.

Por otro lado -y en una postura bien contradictoria- la Iglesia mantiene que Halloween fomenta el que los niños jueguen con “elementos de muerte”, pero el catolicismo ofrece en la fiesta de Todos los Santos celebrar la “santidad de Dios en los santos” y recordar a los difuntos; algo  que, según la Iglesia, estimula la vida, “no la muerte”. El padre Canals señaló que se insta a los niños a que se diviertan como en otras fiestas: “Se disfrazan de brujas, vampiros, fantasmas, con máscaras de cadáveres, esqueletos, etc.”. “Los padres favorecen este tipo de fiesta y que jueguen con elementos de muerte, pero ellos mismos son los que, cuando muere un familiar, los apartan para que no vean al familiar muerto. En este caso la pedagogía se resiente por falta de lógica”, añadió  el representante de los obispos españoles.

Pero la Iglesia utiliza argumentos todavía más duros para evitar que se celebre Halloween. Así, la jerarquía católica no duda en afirmar que Halloween “no es una fiesta inocente porque es la noche del año nuevo para los brujos. Doreen Irving, bruja y posteriormente convertida al cristianismo alertó a los padres sobre esta fiesta, donde incluso los sacrificios de niños formaban parte del ritual festivo”.

La fiesta de Halloween -como ya hemos explicado aquí en otro artículo- se celebra en la noche del día 31 de octubre. En esta noche los celtas rendían culto al Dios de la  muerte  y de las tinieblas, al que llamaban Samhain, con sacrificios animales y humanos. La historia se remonta a hace más de 2.500 años, cuando el año celta terminaba al final del verano, precisamente el día 31 de octubre de nuestro calendario. El ganado era llevado de los prados a los establos para el invierno y, ese último día, se suponía que los espíritus podían salir de los cementerios y apoderarse de los cuerpos de los vivos para resucitar. Para evitarlo, los poblados celtas ensuciaban las casas y las “decoraban” con huesos, calaveras y demás cosas desagradables, de forma que los muertos pasaran de largo asustados. De ahí viene la actual tradición.

La fiesta de Halloween pasó a a EE.UU. mediante los emigrantes irlandeses en el siglo XIX. “Ha sido el cine americano que la ha extendido por el mundo y por lo tanto también a España. Por esta influencia, desde hace unos años se va extendiendo cada vez más, sin saber muy bien qué se celebra”, declaró el director de Liturgia de la Casa de la Iglesia.

Por su parte, el día de Todos los Santos -que este año es el sábado 1 de noviembre- surge en Oriente en el siglo VII y después pasa a Roma. En un principio se celebraba el domingo siguiente al día de Pentecostés, pero por causas de reajuste del Calendario Litúrgico se traslada la fiesta al día 1 de noviembre. Esta jornada la Iglesia Católica “celebra la santidad de Dios en los Santos”.

Al día siguiente -el domingo 2 de noviembre-, la Iglesia hace memoria de los Todos los Fieles Difuntos desde la oración y el recuerdo de los seres queridos “para que el Señor en su bondad les conceda la felicidad eterna”. “Es una fiesta que estimula a la vida, y no a la muerte. La piedad cristiana recomienda la visita al cementerio para orar por ellos y por los familiares que experimentan el dolor de la separación humana”, afirmó Canals.”Por un sentido pedagógico es necesario que los niños descubran el valor de la vida y de la bondad y no fomentar la muerte. Los menores se abren a la vida y no a la muerte”. “Los padres deben ser concientes y encauzar el sentido de fiesta hacia lo bueno y a la belleza, en vez del terror, el miedo y la misma muerte”, concluyó el claretiano. (Información de Agencias)

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