Magia y misterio de las campanas

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Las campanas de los templos son “bautizadas”  y consagradas antes de colocarlas en el campanario. Cada una tiene un nombre especial.

Dentro de la práctica mágica y religiosa, las campanas ocupan un lugar especial. Existe toda una tradición ligada al uso de las mismas con fines rituales. Las campanas de los templos conllevan una bendición y consagración especial que hace que posean el poder de atraer a los espíritus de luz y alejar a los de la oscuridad.

En la antigüedad, la consagración de una campana se realizaba bajo el nombre de ‘bautismo’. En este caso se realizaban los mismos rituales que en el bautismo de un niño, teniendo la campana un nombre, un lema o frase sagrada e incluso padrinos. Es costumbre considerar protegido un lugar donde llegan a escucharse las campanas de un templo. Puede decirse que hasta donde llega ese sonido, llega de algún modo su benéfica influencia espiritual.

En la iglesia antigua, por medio del sonido de las campanas bendecidas, se solía atraer la lluvia y conjurar a los espíritus negativos que provocan las tempestades.

En la práctica mágica –tema muy complejo y que aquí sólo citamos brevemente-, las campanas se utilizan tanto en lo que hace a su sonido específico (la nota en que está afinada) como en lo que se refiere al uso de un ritmo (la cantidad de veces que es tañida). En este último caso, se aplican números ligados a la matemática sagrada y su relación con los planetas y sus ángeles.

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El tañido de las campanas ahuyenta brujas y malos espíritus.

EL PODER BENÉFICO DEL SONIDO

En multitud de culturas y mitos, el sonido era considerado un elemento protector de la debilidad de los hombres ante las incomprendidas fuerzas del mundo subterráneo o del cosmos. El sonido servía para ahuyentar brujas y demonios, para conducir las almas de los muertos, para expresar el dolor o para producir una catarsis, acompañando rituales donde la danza y la música ocupaban un papel relevante.

El antropólogo James Frazer recuerda el poder benéfico del sonido cuando dice: “El sonido del metal tiene la capacidad para provocar la huida de demonios y espíritus, ya se trate del tintineo musical de unas campanillas o del son grave y profundo de una gran campana (…) el propósito verdadero del toque de difuntos era ahuyentar a los espíritus malignos que se cernían invisibles en el aire sobre el moribundo…

Durante la Edad Media se utilizaban los tañidos de las campanas de las iglesias para ahuyentar a los malos espíritus y las brujas. En el siglo XVIII, el prever Jean Baptiste Thiers enumera, en su Traité des cloches las distintas funciones del sonido de las campanas:

“[…] llamar a los fieles, cazar los demonios que están en el aire y disipar los truenos, relámpagos, tormentas, temporales, huracanes y vientos impetuosos”. J.B. Thiers. 1781. Traité des cloches, pág. 130.

En zonas rurales católicas, este uso que se daba a las campanas se ha conservado hasta épocas relativamente recientes, y el tañido de campanillas que se utiliza en el ritual católico, adquiere sobre todo un protagonismo especial en los ritos exorcistas.

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Árabes y judíos colocaban campanillas a los niños, para protegerlos del mal de ojo y a los enfermos, para expulsar al demonio causante de la enfermedad.

El uso de las campanas con finalidades apotropaicas (*) se encuentra asimismo en numerosas culturas. Ya antiguamente en los templos judíos se les daba la facultad de expulsar a los malos espíritus. Un pasaje del Talmud dice que era necesario colgar campanillas a los niños para protegerlos del mal de ojo. Entre los árabes, un remedio que se utilizaba para combatir la fiebre consistía en colocar colgantes sonoros a los enfermos, para conseguir de esta manera expulsar al demonio considerado causante de la enfermedad.

(*)Efecto apotropaico es el mecanismo de defensa que se atribuye a determinados actos, rituales, objetos o frases formularias, consistente en alejar el mal o proteger de él o de los malos espíritus o de una acción mágica maligna. Viene del griego apotrepein (‘alejarse’), y psicológicamente tiene que ver con la represión de lo malo.

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En las tradiciones esotéricas, su forma de copa invertida relaciona a las campanas con el útero universal.

UN RECEPTÁCULO MÁGICO

Las campanas son uno de los objetos más curiosos del mundo y están expuestas a numerosas leyendas, además de sonorizar, advierten, relajan y proyectan sonidos. Comúnmente cualquiera de nosotros puede pensar que una campana es un objeto sonoro más, pero es más bien un receptáculo mágico. Su conocida forma de copa invertida, tiene relación con el útero cósmico universal, representando la creación de toda la fuerza y energía. En un sentido más mundano es un objeto sonoro que ha sido usado para comunicarse, para presagiar y para advertir.

Tanto la historia de las campanas, como la historia de otros instrumentos es confusa. Los italianos dicen que ellos las han creado y que su nombre proviene de la región de la Campania italiana, pero esto no es tan así, ya que en la China oriental ya se las había estado usando desde hace 4000 años. Además está demostrado que en las ceremonias funerarias eran también usadas por los egipcios, y en la India eran utilizadas en las liturgias dirigidas a sus dioses. A partir del siglo VI se las comenzó a utilizar en las iglesias de Europa.

Las hay de distintos materiales, de barro, de cristal, de hierro, de madera, de cobre o de otros metales nobles. Los expertos aseguran que las campanas tenían una composición exacta para su construcción, pero más de una vez los fundidores, guiados por alquimistas, magos y sacerdotes, alteraban esa composición dejando así lugar a la magia, surgiendo campanas con poderes muy especiales.

Una leyenda cuenta que alguna vez una campana provocaba afectos alucinógenos a todo aquel que la escuchara, esto se debía a la vibración que producía. Las campanas, como antes señalamos, también han sido utilizadas para ahuyentar de los caminos a los espíritus malignos. Durante la Edad Media, para alejar a los duendes o espíritus burlones del camino se hacían sonar campanillas en todas las encrucijadas.

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 Cencerros de madera o metal y campanillas, se colocan al cuello del ganado para protegerlo de maleficios de brujas y de los malos espíritus

PROTECCIÓN PARA EL GANADO

Y asimismo, antes y ahora, ganaderos y pastores colocan a sus animales (vacas, terneros, bueyes, cabras, ovejas, etcétera) una gran variedad de cencerros y campanillas, con la finalidad no sólo de saber siempre dónde está la manada cuando pasta en los campos, sino también de que no se acerquen a ella ni las brujas ni otros espíritus malignos que puedan echar sortilegios o causarles cualquier tipo de daño.

En la obra Tractatus de hereticis et sortilegiis, de Pablo Grillando e impresa en 1545, encontramos el siguiente relato. Escrito en castellano antiguo, es fácilmente comprensible sin necesidad de traducción:

“Bolvia de sus juntas una bruja cavallera con el diablo volando por el ayre [refiérelo Grillando], era esto ya cerca del amanecer, a tiempo que en cierta ciudad cercana tocaron las campanas al Alba a saludar a Maria Santíssima, y al eco de las campanas, que invocaban a Maria, espantado el demonio, soltó en el ayre a la bruja, que con una terrible caída en un zarçal, allí llegando el día la hallaron y presentándola a los jueces fue castigada”.

Desde antiguo se han empleado campanas en una gran variedad de rituales mágicos, ceremonias religiosas, cultos, invocaciones, etc. En la civilización europea, por ejemplo, la campana es un elemento tan común que llega a pasar inadvertido; pero si nos fijamos un poco más, nos daremos cuenta de que forman parte integrante del paisaje habitual no solamente de los pueblos, sino también de las ciudades.

En numerosas tradiciones orientales, las campanas también se emplean con regularidad, siendo un ejemplo de ellas el budismo. También encontramos su representación dentro de antiguas culturas politeístas del ámbito europeo precristiano. Esto no hace sino demostrar que las campanas son, verdaderamente, un utensilio importante y con grandes virtudes.

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La vibración de las campanas limpia nuestra energía vital, según las tradiciones orientales. Foto: Campanas tibetanas.

ATRAEN ENERGÍAS POSITIVAS

Las campanas poseen la propiedad de atraer a los ángeles, y otras energías positivas, al lugar desde el que se hacen sonar. Su resonancia, vibración y sonido metálico es lo que atrae precisamente a esas energías, y lo que explica la extensión de su uso en tan variadas religiones alrededor del mundo.

En algunas tradiciones la campana también suele estar presente en los altares rituales, como representación del elemento Aire, y en apoyo al incienso. Es por la relación con el elemento Aire que la campana adquiere sus dones y la capacidad de conectar con los mundos superiores; ya que es a través del aire que circulan nuestras peticiones.

Dentro de las culturas orientales, por ejemplo, se cree que la vibración de las campanas atrae a las buenas energías e influencias para que nos traigan fortuna y limpien nuestro chi (energía vital).

Otra imagen mística de las campanas es su relación con el día del Juicio, del que se dice que en aquel día tañerán las campanas y sonarán las trompetas; ambos como elementos de llamada para las almas del mundo, que no sólo van a reclamar sino también a ser purificadas.

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Se cree que las almas humanas están conectadas al sonido de las campanas

UN SONIDO INCOMPARABLE

El sonido de las campanas acompañó a la coronación de gobernantes, fiestas en honor de las victorias militares u otros eventos públicos y, por supuesto, las campanadas sido durante siglos una parte importante del culto. Muchas leyendas dicen que las campanas tienen un alma, que viven y respiran. Sea esto último cierto o no, de lo que no se puede dudar es que campanas y campanillas tienen un poder especial.

Desde tiempos antiguos, se atribuyó a las campanas un poder mágico y misterioso. Se creía que a su sonido se despiertan cielo y tierra,  y que de forma invisible están conectadas con las almas humanas. Se dice que a veces la campana puede hacer un extraño zumbido, cuando nadie la está tocando. Si ello sucede, es señal de que en los próximos días uno de los parroquianos del lugar va a fallecer.

Como ya se ha mencionado antes, el sonido de las campanas aleja a los malos espíritus. Cualquier mal espíritu que oiga el sonido de una campana, se marchará del lugar lo más lejos posible. En la antigüedad se creía que el primer tañido de la campana  induce y hace caer a los espíritus impuros en un estupor; el segundo tañido los dispersa en todas direcciones, y el tercer golpe o tañido destruye a cualquier fuerza maligna que no hubiera escapado tras sonar los dos primeros.

Cuando en los siglos XVI y XVII se produjeron epidemias de peste, las campanas sonaron para dispersar el aire contaminado; el cual, según los médicos y los conocimientos de la época, había sido la causa tales epidemias.

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Campanario del pueblo chileno de Rere. 

LEYENDA DE LAS CAMPANAS DE RERE

Las campanas de Rere es una leyenda chilena sobre la localidad de Rere, ubicada en la Región del Biobío de Chile.

Las campanas provendrían de un antiguo templo del pueblo de Rere, que resultó destruido luego de un fuerte terremoto (la parroquia del lugar se levantó en 1927, pero quedó destruida por el terremoto de 1960, por lo que se reconstruyó en otro lugar relativamente cerca de su antigua ubicación). Se dice que estas campanas pudieron hacerse gracias a las donaciones de diferentes personas, quienes entregaron para sus fabricaciones joyas, monedas de oro, plata, cobre, bronce y otros metales. La aleación de todos ellos les dio un maravilloso tañido, e hizo que las hermosas campanas se escucharan a muchos kilómetros de distancia.

Sucedió que, en una ocasión, se quiso llevar las campanas de Rere a la ciudad de Concepción. Sin embargo, misteriosamente cuando las trasladaban en una carreta tirada por varias yuntas de bueyes, a poco andar no hubo fuerza que lograra hacerla avanzar. Pero el hecho más asombroso fue que cuando se decidió volverlas a su lugar, no se necesitó más que una sola yunta para hacerlo.

Josep Riera de Santantoni 

 Santiago de Chile, 2016 –  (C) Todos los derechos reservados. Prohibida su reproducción, total o parcial, sin autorización escrita del autor.

(Continúa en la segunda parte)

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