Emergencia nacional


Estamos en una emergencia nacional. Esta idea se viene construyendo como una premisa recurrente en la narrativa del actual gobierno del otrora militante del Partido Republicano, José Antonio Kast.

Sin embargo, considero que es bastante contradictoria la retórica adoptada por el oficialismo.

Sí, estamos en una emergencia, pero aumentaron el límite de sueldos de los asesores del gabinete en casi 10 millones de pesos.

Estamos en una emergencia, pero la presidenta del senado, Paulina Núñez, anunció que se iba a ajustar el MEPCO por decreto, haciendo que los precios de la bencina puedan llegar a subir hasta $350 pesos por litro.

Estamos en una emergencia, pero dentro del plan de «reconstrucción nacional» propuesto por el presidente Kast, se plantea la reducción del impuesto corporativo a las grandes empresas del 27% al 23%, significando una pérdida económica en torno a $1.800 millones de dólares.

Estamos en una emergencia, pero dentro de este mismo plan se incluye la eliminación del impuesto a las ganancias de capital, medida que favorece principalmente al gran empresariado financiero de nuestro país.

Estamos en una emergencia, pero se pretende reducir la recaudación fiscal mediante la baja de impuestos, impuestos que perjudican por sobre todo a las grandes corporaciones.

Lo que realmente encuentro grave es que la verdadera emergencia finalmente la va  a asumir la gente de a pie.

Somos nosotros a quienes se nos va a eliminar la gratuidad universitaria en caso de tener más de 30 años, limitando las oportunidades de acceso a la educación superior.

Somos nosotros y la Naturaleza quienes veremos la consecuencia de los 43 decretos ambientales retirados.

Somos nosotros quienes terminamos desinformados debido al copamiento de la agenda comunicacional efectuada por el gobierno.

Somos nosotros quienes veremos reducidos los beneficios sociales logrados gracias a políticas públicas y programas de calidad debido a la reducción del 3% del presupuesto a todos los ministerios.

Somos nosotros quienes tendremos que ajustar nuestros bolsillos y abrigarnos más ante el inminente aumento de precio de los combustibles.

Solo nos queda abrocharnos más apretados los cinturones, porque al fin y al cabo, tenemos que recordar que estamos en una emergencia.

Tito Riera

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