
LAS INCONGRUENCIAS MÁS EVIDENTES EN EL CASO DE KAMI
-Análisis desde la experiencia espiritual, no para atacar a nadie sino para discernir-
Retomo este tema, el caso de la joven que narró su experiencia de un exorcismo en un convento de monjas en el sur de Chile, caso que se ha hecho viral en redes sociales y que ha ocupado muchos espacios informativos.
Y no lo hago para atacar a nadie, sino porque cientos de personas me han preguntado cómo discernir entre una experiencia espiritual auténtica y un relato exagerado para redes. Mi responsabilidad, como asesor espiritual y acompañante durante más de 30 años en muchos casos de liberación, es orientar con claridad. Nada más.
Vayamos punto por punto sobre las más notorias incoherencias e inconsistencias de ese relato:
1. El obispo que supuestamente autoriza un exorcismo “al instante”
Esto es imposible. No improbable: imposible.
En la Iglesia Católica, ningún exorcismo se autoriza sin examen médico y psicológico previo, y menos en un convento.
El proceso puede tomar semanas o meses.
Un sacerdote extranjero no puede hacer un exorcismo en otra diócesis sin certificación previa y sin ser reconocido por el obispo local.
Exorcizar un convento entero es una figura inexistente en el derecho canónico. No existe un “exorcismo del lugar” dentro del claustro a puerta cerrada con la comunidad reunida.
Que en el relato todo ocurra en dos días, y que el obispo responda con un “sí” inmediato es, simple y llanamente, teatralidad narrativa.
No tiene ningún contacto con la realidad eclesial.
2. El sacerdote que “ve un demonio detrás de ella”
Este es un recurso clásico del relato autoexaltado: la figura del “maestro espiritual” que reconoce en la protagonista un poder especial.
Psicológicamente:
a) refuerza la idea de que ella es “elegida”,
b) eleva su valor en el relato,
y c) justifica por qué “todo lo malo la sigue”.
En un caso real, ningún exorcista serio dice: “Veo un demonio detrás de ti”.
Eso es lenguaje cinematográfico, no pastoral.
3. La insistencia en que ella tiene “mucha luz”
El sacerdote ficticio del relato:
-la halaga,
-la engrandece,
-la valida,
-y le atribuye dones que ni siquiera un exorcista real afirmaría sin años de discernimiento.
La frase recurrente es:
“Tú tienes mucha luz”.
Esto funciona como el eje emocional del relato.
Es el combustible que mantiene su narrativa: “Los demonios me buscan porque soy luminosa”.
Eso no es espiritualidad.
Es grandiosidad narrativa.
4. La idea de que ella podría ser “santa”
Esto es aún más revelador.
Un exorcista serio jamás le dice a una joven de 18 años que podría ser santa.
Jamás.
La santidad no se “predice”, ni se decreta.
Mucho menos en medio de un supuesto exorcismo.
Y menos porque alguien “irradia luz”.
Este tipo de frase:
a) alimenta el ego,
b) refuerza su rol de protagonista,
y c) crea un aura mística artificial.
Es un recurso típico de las fantasías de misión, muy frecuente en relatos de adolescentes que vivieron situaciones intensas, o que desean dotar a su vida de un sentido excepcional.
5. El sacerdote que le pide que lo acompañe por Chile a hacer exorcismos
Esto es tan absurdo que basta con enumerarlo:
Un exorcista no recluta adolescentes.
No viaja con “asistentes espirituales” no consagrados.
No busca compañeras de batalla como en una película.
No invita a nadie sin discernimiento, ni sin experiencia, ni sin madurez.
Y absolutamente jamás se lo pediría a una postulante de clausura.
Este punto, por sí solo, deja claro que estamos ante una ficción heroica.
6. El patrón general: todo gira en torno a ella
En el relato:
-el demonio se fija solo en ella,
-el convento está infestado por culpa de ella,
-la maestra es poseída delante de ella,
-los demonios la siguen cuando vuelve a casa,
-el sacerdote se obsesiona con ella,
-incluso las visiones de purgatorio dependen de ella,
-las almas se liberan gracias a ella.
Esta estructura narrativa tiene nombre:
relato mesiánico personal.
No es espiritualidad.
Es autoficción épica.
Imagen referencial, creada con IA