Salmos de ánimo y fortaleza para rezar en momentos difíciles de la vida

Cuando pasamos por pruebas o nos sentimos abrumados por las dificultades, podemos sentirnos tentados a creer que estamos solos o abandonados. Por esto, se hace necesario que podamos expresar nuestras emociones al Señor (miedos, rabia, sentimiento de injusticia) para que podamos abrir nuestro corazón a su gracia y dejarlo actuar en nuestras vidas.

A continuación te presentamos varios salmos, que son hermosos textos poéticos del Antiguo Testamento y te ayudarán a orar en los momentos difíciles.

Tres salmos de fortaleza para tiempos de prueba

Salmo 42: ¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas?

“Como la cierva sedienta busca las corrientes de agua, así mi alma suspira por ti, mi Dios.
Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente: ¿Cuándo iré a contemplar el rostro de Dios?
Las lágrimas son mi único pan de día y de noche, mientras me preguntan sin cesar: «Dónde está tu Dios?»
Al recordar el pasado, me dejo llevar por la nostalgia: ¡cómo iba en medio de la multitud y la guiaba hacia la Casa de Dios, entre cantos de alegría y alabanza, en el júbilo de la fiesta!
¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? 
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios
Mi alma está deprimida: por eso me acuerdo de ti, desde la tierra del Jordán y el Hermón, desde el monte Misar.
Un abismo llama a otro abismo, con el estruendo de tus cataratas; tus torrentes y tus olas pasaron sobre mí.
De día, el Señor me dará su gracia; y de noche, cantaré mi alabanza al Dios de mi vida.
Diré a mi Dios: «Mi Roca, ¿por qué me has olvidado? ¿Por qué tendré que estar triste, oprimido por mi enemigo?».
Mis huesos se quebrantan por la burla de mis adversarios; mientras me preguntan sin cesar: «¿Dónde está tu Dios?»
¿Por qué te deprimes, alma mía? ¿Por qué te inquietas? 
Espera en Dios, y yo volveré a darle gracias, a él, que es mi salvador y mi Dios”.

Salmo 91: el Señor es mi refugio

“Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, di al Señor: «Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío».
El te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa; te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas.
No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día, ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol. 
Aunque caigan mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha, tú no serás alcanzado: su brazo es escudo y coraza.
Con sólo dirigir una mirada, verás el castigo de los malos, porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo.
No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo.
Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra; caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes.
«El se entregó a mí, por eso, yo lo glorificaré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre; me invocará, y yo le responderé.
Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré; le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación»”.

Salmo 130: desde lo más profundo te invoco, Señor

“Desde lo más profundo te invoco, Señor, ¡Señor, oye mi voz!
Estén tus oídos atentos al clamor de mi plegaria.
Si tienes en cuenta las culpas, Señor, ¿quién podrá subsistir?
Pero en ti se encuentra el perdón, para que seas temido.
Mi alma espera en el Señor, y yo confío en su palabra.
Mi alma espera al Señor, más que el centinela la aurora.
Como el centinela espera la aurora, espere Israel al Señor, porque en él se encuentra la misericordia y la redención en abundancia: él redimirá a Israel de todos sus pecados”.

Cinco versículos bíblicos para invocar a Dios en tiempos de prueba

“¿Por qué te quedas lejos, Señor, y te ocultas en los momentos de peligro?” (Salmo 10:1)

“¿Hasta cuándo me tendrás olvidado, Señor? ¿Eternamente? ¿Hasta cuándo me ocultarás tu rostro?” (Salmo 13:2)

“¡Mírame, respóndeme, Señor, Dios mío! Ilumina mis ojos”. (Salmo 12:4)

“Te invoco de día, y no respondes, de noche, y no encuentro descanso” (Salmo 22:3)

“¡Escucha, Señor, yo te invoco en alta voz, apiádate de mí y respóndeme! Mi corazón sabe que dijiste: «Busquen mi rostro». Yo busco tu rostro, Señor, no lo apartes de mí”. (Salmo 27:7-9)

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