Hay que bendecir la vejez

Todos temen a la vejez, temen a sus enfermedades, a la soledad, a la demencia senil…
En la televisión cuidan a tal punto la imagen joven, que los televidentes no ven rostros arrugados naturales, porque ya han pasado por varias visitas al quirófano extendiendo de manera enferma la piel con el resultado de un rostro característico, como hechos por un molde.
Pero ¿qué se evita realmente…?
Se evita que las canas cuenten su triste y sufrida vida, se evita que la salud mermada por los desarreglos reventándote trabajando; cuando eras joven nunca preveniste que tu cuerpo se resentiría así…
¿Duele envejecer?
Siempre que sea en la soledad y en el olvido, duele envejecer.
Duele envejecer en la reflexión del resumen de tu vida que inútilmente dejaste ir, con un mal amor, un trabajo esclavizante, perdiendo el tiempo en tratar de ser alguien que no eras…
¿Por qué ocultan la vejez? ¿Duele que las palabras de ese viejo de voz rasposa te obliguen a cuestionarte la vida que llevas hasta ahora?
Hay que bendecir la vejez. No todos llegaremos a viejos, llegar a morir de viejo será un privilegio que pocos valoran, sólo se quejan de su vejez y no se da importancia a los consejos de los sabios ancianos.
Deja de mirar la vejez como una maldición, mírala como una etapa más de la vida y no temas ver tus manos arrugadas y manchadas, tu caminar cansado y lento, tu voz suave casi murmurando.
Porque en tu ancianidad, tu voz deberá guiar a otros, mientras que tu lentitud los calmará y el susurro de tus palabras les consolará, tus manos con sabiduría apretarán sin forzar a aquel que la necesite.

®Aguamarine de Santantoni

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