La maldición: cuando el diablo nos escucha

La maldición es la manifestación del deseo de hacer daño a otros. Claramente, la fuente del daño es el diablo. Si la maldición se hace con especial malicia y odio y, sobre todo, si existe relación de parentesco con la víctima, las consecuencias son terribles. En mi experiencia, he visto que los casos más graves eran aquellos en los que los padres habían maldecido a sus hijos o en que los abuelos habían maldecido a sus nietos. La maldición quita la felicidad y son especialmente graves las que se pronuncian con ocasión del matrimonio. Las consecuencias pueden ser diversas, como enfermedades permanentes o dificultades en el trabajo, que acompañan a la persona por toda su vida, o desgracias familiares o enfermedades en los hijos. Algunas madres tienen la mala costumbre de maldecir a sus hijos y los mandan al diablo fácilmente sin darse cuenta de lo que hacen y sin pensarlo seriamente. Y el maligno, que oye que se le abre la puerta, entra pronto para salir con dificultad.

Es importante saber que existe una herencia espiritual negativa que se nos transmite de nuestros antepasados en el momento de la concepción. Si nuestros antepasados hicieron el mal en sus vidas, la maldición de sus malas vidas pasa a sus hijos, porque estamos espiritualmente ligados como los anillos de una cadena. Los problemas espirituales se transmiten como las enfermedades físicas. El problema es mayor, si nuestros antepasados no se arrepintieron de sus malas acciones. Resulta un problema especial, si hay suicidios o asesinatos, abortos, adulterios, robos, alcoholismo, drogodependencia. Es especialmente fuerte la influencia que ejerce el pecado de odio. Cuando los antepasados han estado involucrados en prácticas de magia y ocultismo, la acción diabólica se percibe muy fuerte en la vida de sus descendientes Dice el padre Beppino: Algunas veces, he orado y he bendecido a personas con la santa cruz, rechazando en el Nombre de Jesús todo mal o toda influencia maléfica en la primera generación y así hasta la cuarta y, a veces, en un determinado momento de una generación, el paciente se volvía violento, cambiaba de voz,revelando alguna cosa ocurrida en aquella generación, de la cual recibía alguna influencia maléfica en su vida, quedando sanado en el Nombre de Jesús.

No olvidemos, como dice Monseñor Bolobanic que los que han practicado ritos ocultos y mágicos, con frecuencia, tienen problemas morales y psicológicos, caen en la depresión, son agresivos y caen en diversas perversidades sexuales.
El doctor Koch ha estudiado más de 10.000 casos de dependencia o influencia del ocultismo y, con frecuencia, ha tropezado con modelos de desastres heredados, que se transmiten a través de generaciones y generaciones. Dice: “En una familia de encantadores y hechiceros en cuyo historial pude rastrear hasta tres o cuatro generaciones, efectos tales como muerte en un hospital para enfermos mentales, casos de melancolía, suicidios y accidentes fatales, que se repetían de manera regular y siguen por tanto, un modelo determinado… Los síntomas de este tipo que se dan, prácticamente, en todas las familias de hechiceros, me ponen sobre alerta y me permiten conocer la implicación de algunos miembros de las mismas en fenómenos ocultistas”.

El doctor Koch recomienda también la liberación mediante los mismos procesos que yo utilizo, es decir, un diagnóstico exacto, renuncia, confesión de los pecados y su absolución, oración de consagración a Jesús y, lo que es más importante, un cambio total de vida con la ayuda de la comunidad amorosa, que participe de la palabra de Dios, de la oración y, sobre todo, de la Eucaristía.
Dado que es importante que la persona liberada reciba en su seno a Jesús, siempre que puedo, prefiero alcanzar esa liberación por medio de la Eucaristía…

Los espíritus malignos intentarán impedir por todos los medios que la persona liberada participe en la celebración de la Eucaristía. De hecho, las brujas reconocen que su mayor enemigo es el poder redentor de la Eucaristía, por lo que su máxima profanación consiste en la celebración de las llamadas misas negras.
La Eucaristía puede solucionar, incluso, los casos más difíciles, los más estrechamente relacionados con el ocultismo… Ha habido ocasiones en las que, para liberar a los que permanecían bajo el control del maligno, todo lo que ha hecho falta ha sido una ceremonia de Eucaristía normal y corriente sin oraciones extras.

Fuente: Ángel Peña, en su obra “Líbranos del Maligno”.

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