El mundo intermedio: entre esta dimensión y la Dimensión Superior

El mundo intermedio

Lo llamamos así, el mundo intermedio,  porque es el estadio intermedio entre esta dimensión, material y temporal, en la que discurren nuestras vidas, y la Dimensión Superior.

Aprovechemos la ocasión para decir, con toda rotundidad, que no existe el  inframundo: No hay Infierno, ni Purgatorio, ni Limbo. Eso sólo fueron inventos para engañar y atemorizar a los mortales. De aquí pasamos al Más Allá, salvo si nos quedamos atrapados en una dimensión que no es el Más Allá, porque sus habitantes están aferrados al aquí. Y ello porque no son capaces de irse “en paz y en gracia de Dios”, como se decía en mis tiempos jóvenes, al Más Allá. Veamos ahora por qué.

En condiciones normales no debe resultar tan difícil resignarse a dejar esta vida. Si hemos vivido una vida larga, si hemos dejado una descendencia ya crecida, si las fuerzas nos van abandonando y ya no somos lo que éramos, si cada vez servimos para menos y podemos hacer con autonomía menos cosas, si empezamos a dar trabajo a quienes nos rodean … todo ello puede ser una buena preparación para no estar adheridos con fuerza a esa situación que empieza a ser lastimosa.

Si, además, y ayudando a la marcha, nos interesan menos las cosas cotidianas y nos vemos cada vez más ajenos a este mundo; si tenemos enfermedades que nos impiden, o nos restan, movilidad; si el dolor, o un malestar casi permanente, han hecho presa en nosotros, todos estos deterioros no son sino factores que ayudan a aceptar lo inevitable, el fin de una etapa y el inicio de otra mucho más gozosa. Sólo nos faltaría saber cómo es la Nueva Etapa para aceptarla incondicionalmente.

Pero nada sabemos de ella y la postura ante el inevitable final toma tres formas: La de quienes no quieren oír nada sobre la muerte, la de quienes la temen abiertamente y la de quienes la aceptan, e incluso, la desean fervientemente. La más acertada es ésta última, a la que suele llegarse, bien por convicciones profundas y acertadas, o bien por una enfermedad incurable, que hace poco deseable que la vida actual se prolongue. Convendría que el mayor número posible de seres humanos adoptaran la tercera postura, la de estar dispuestos a seguir el Camino de la Evolución en el Más Allá, porque eso es lo que se va a hacer.

      El mundo intermedio

Pero debemos centrarnos en quienes, por su manera de ser, o por las condiciones súbitas en que les ha sorprendido la muerte, no son capaces de aceptar un hecho que les contraría, o les sorprende, profundamente. Para entender esta situación debemos echar mano de la norma  enunciada la final del artículo anterior:

«La Plenitud es incompatible con una negatividad profunda.»

Esto, que todos los buscadores hemos experimentado en muchísimas ocasiones – cuando pensamos, o sentimos, en negativo, la Felicidad se desvanece – sigue operativo en el momento de la muerte, e, incluso, en el Más Allá. Lo hemos de ver más adelante. Si una persona está dominado por sentimientos o pensamientos fuertemente negativos, tales como ira, deseos de venganza, odio, una pasión incontenible, melancolía, tristeza, nostalgia, miedo, etc. las Componentes Superiores no pueden tomar posesión de ese ser, no se manifiestan, quedan ocluidas. No es que no existan, no es que desaparezcan. Siguen existiendo, pero no pueden manifestarse mientras en ese ser humano sigan vigentes sus emociones negativas.

Cuando éstas se atenúen y desaparezcan, cuando las sensaciones positivas lleguen a predominar, las Capacidades Superiores podrán tomar el control del humano y éste podrá proseguir su Camino de Evolución. Pero no en las actuales circunstancias. ¿Y dónde perviven los humanos dominados por sensaciones negativas? En los lugares que les resultan conocidos, y también allá donde la muerte les sorprendió. ¿En qué condiciones? En condiciones penosas. En el desconcierto, en la soledad, en el abandono, en el estupor, en el miedo, sin saber cómo salir de una situación nueva y adversa, algo para lo que no están preparados.

¿Y cuánto va a durar esa situación? Aquí debemos matizar bien la respuesta. No eternamente, pero sí podemos decir que indefinidamente. Hasta que sean capaces de cambiar, hasta que se den cuenta de que con su actual actitud no hay salida, hasta que den cabida a una actitud positiva que permita que sus Capacidades Superiores emerjan. Conviene aclarar que en el mundo intermedio no existe el tiempo. La existencia allí es un presente continuo, una permanente igualdad. Esto nos puede resultar difícil de entender, pero ese mundo es así.

Todo ese dolor – sobre todo en los casos de accidentes, o matanzas, que han afectado a un colectivo amplio – atrae a otros seres en similares condiciones. Suele decirse que los seres recalcitrantes en el mundo intermedio, aquéllos que no son capaces de sentir nada bueno, por su bajo nivel de Evolución, merodean buscando alimentarse de esas emociones negativas de otros. Es una forma de hablar. Aquí nos gusta más decir que encuentran satisfacción en la desgracia ajena. Es como si ver a otros muchos en sus mismas condiciones, les aliviara, les consolara, les diera vitalidad, relativizara su sufrimiento. No se olvide que los seres del mundo intermedio operan con las peores facultades, que en ellos predomina ampliamente lo negativo.

Lo negativo atrae a lo negativo, y lo negativo repele a la Plenitud. Eso hace que desde la Dimensión Superior no puedan hacer nada por esas personas atrapadas en el mundo intermedio. Porque los seres trascendidos son sólo Componentes Superiores, y en ellos reside sólo la Plenitud, la que han logrado alcanzar en su última existencia. Precisamente por eso son incompatibles con los seres del mundo intermedio, y no pueden acudir en su ayuda. En su ayuda sólo podemos acudir los humanos que vivimos en este mundo. Vivir en este mundo nos hace ser una mezcla de facultades positivas y negativas. Somos suficientemente densos como para poder mezclarnos con todo lo peor de este mundo. Y eso es lo que nos vuelve tan valiosos para prestar ayuda a los seres que vagan por el mundo intermedio. Y a esas ayudas se les suele llamar ‘Evacuaciones’.         


Fernando Conde Torrens

www.sofiaoriginals.com

Fernando Conde Torrens es autor de «Año 303. Inventan el Cristianismo«, recientemente editado, «Simón, opera magna», «El Grupo de Jerusalén»,  «La Salud» y una serie de artículos sobre el mundo de las ideas. Lo de «quién soy yo», «qué hago aquí» y tal. En la Web https://sofiaoriginals.com expone los  resultados de sus investigaciones sobre la eterna búsqueda del ser humano.

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