Reflexiones sobre la Luz Interior

Lo mismo que los restantes seres vivos, tú eres también un sistema de Luz.
La frecuencia de tu Luz Interior depende de tu conciencia. Cuando cambias el nivel de conciencia, varías la frecuencia de tu Luz.
Por ejemplo, si eliges perdonar a alguien que te ha molestado, en lugar de odiarle, varías la frecuencia de tu Luz Interior. Si eliges sentir afecto, o amistad, por una persona, en vez de distanciamiento y frialdad, estás variando la frecuencia de tu Luz.
Las emociones son corrientes de energía de frecuencias diferentes.
Las emociones que consideramos negativas, tales como el odio, la envidia, el desdén o el temor, son de baja frecuencia y poseen menos energía que las que consideramos positivas, como el afecto, la alegría, el amor y la compasión.
Cuando elegimos sustituir una corriente energética de baja frecuencia, por ejemplo la cólera, por una de alta frecuencia, como el perdón, estamos alimentando la frecuencia de nuestra Luz Interior.
Cuando permitimos que corrientes energéticas de alta frecuencia se trasladen por nuestro sistema, experimentamos una mayor energía.
Por ejemplo, cuando una persona se encuentra desesperada o ansiosa, se siente físicamente agotada porque ha sintonizado con una corriente de energía de baja frecuencia. En esta situación, una persona se vuelve pesada y estúpida.
Por el contrario, un individuo alegre se llena de energía, y se muestra desbordante, porque por todo su sistema se va desplazando una corriente energética de alta frecuencia.
Tú mismo determinas la calidad de tu Luz Interior, cuando escoges tus pensamientos y cuando seleccionas qué corrientes emocionales debes abandonar y cuáles debes reforzar. Determinas así los efectos que conseguirás sobre los demás, y la naturaleza de las experiencias de tu vida.
Cada una de las decisiones que tomas tiene como consecuencia inmediata que realices un movimiento de acercamiento a tu personalidad o a tu alma.
Cada decisión que tomas es una respuesta a la pregunta: «¿Qué eliges para aprender el amor?» «¿Qué eliges para aprender el auténtico enriquecimiento, la duda y el miedo o la sabiduría?»
Éste es el núcleo central del relato del Jardín del Edén. El Árbol de la Verdad, de la Ciencia del Bien y del Mal, entregado a toda la especie humana, dijo: «¡Aprended! ¿Qué camino deseáis seguir para aprender?»
Este es el acto primero definitivo de la libre voluntad: «¿Cómo deseas aprender?»
Y la pregunta continúa en cada una de las situaciones de tu vida.
En cualquier momento en que se dispone de la oportunidad, en cada circunstancia, la cuestión es: ¿Elegirás el camino de la duda y el temor o el que conduce al Árbol de la Sabiduría?
El Árbol de la Vida, del Conocimiento, de la Verdad, de la Sabiduría, se comporta como una ocasión y como un arquetipo.
Adán y Eva, los principios masculino y femenino del Jardín del Edén, tomaron la manzana simbólicamente e hicieron un mal uso del Conocimiento, de la Verdad, de la Sabiduría.
Eso les produjo malestar y vergüenza.
Eso hizo aparecer en ellos el sentimiento de culpa.
La culpa hizo aparecer el miedo.
Y así comenzó la evolución de la especie humana…

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