La historia del incienso y por qué se quema en la misa

El uso del incienso en el culto religioso se remonta a más de 2000 años antes incluso de que empezara el cristianismo.

En diversos lugares del mundo ya existía, desde la antigüedad, la costumbre de quemar incienso y disfrutar del agradable olor que produce al arder. Dos ejemplos son el antiguo Egipto, antes de la llegada de los israelitas o la religión griega pagana. Quemar el incienso era síntoma de celebración y acompañaba los sacrificios a los dioses. A partir del siglo IV, el cristianismo introdujo el incienso como lenguaje simbólico en sus celebraciones, ya que anteriormente consideraron que la práctica podría confundirse con algún otro rito de culto no perteneciente a la religión católica.

Su utilización ya está documentada en China antes del 2000 a. C. El comercio de incienso y especias era un importante factor económico entre Oriente y Occidente cuando las caravanas atravesaban la ruta del incienso por Oriente Medio desde Yemen y a través de Arabia Saudí. La ruta terminaba en Israel y era aquí por donde se introducía el incienso al Imperio romano.

Las religiones en el mundo occidental han empleado desde hace mucho tiempo el incienso en sus ceremonias. El incienso aparece en el Talmud y se menciona 170 veces en la Biblia. Por ejemplo, en Éxodo 30,1:

“Harás un altar para quemar el incienso…”.

La utilización del incienso en el culto judío continuó mucho después del comienzo del cristianismo y fue una influencia evidente en el uso de la Iglesia católica en las celebraciones litúrgicas.

El incienso es un acto sacramental, utilizado para santificar, bendecir y venerar. El humo del incienso es símbolo del misterio de Dios Mismo.

A medida que se eleva, la imagen y el olor expresan la dulzura de la presencia de Nuestro Señor y refuerza cómo la misa se vincula con el Cielo y la Tierra, terminando en la mismísima presencia de Dios. El humo también simboliza la intensa fe que debería llenarnos y su fragancia evoca la virtud cristiana.

La Iglesia considera la quema del incienso como una imagen de las oraciones de los fieles alzándose al Cielo. No hay un registro de un marco temporal específico que nos permita saber cuándo se introdujo el incienso en los servicios religiosos de la Iglesia. No hay pruebas disponibles que muestren su uso durante los primeros cuatro siglos de la Iglesia, aunque hay referencias de su empleo en el Nuevo Testamento.

En el ámbito cristiano, los portadores de incensarios durante la misa se denominan turiferarios. Cuando algo se inciensa, el turiferario balancea el incensario tres veces, lo cual representa las Tres Personas de la Santísima Trinidad.

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