Ni luces ni otras técnicas metafísicas o de la Nueva Era son eficaces para liberar espíritus

Trato siempre de ser muy claro y de hablar de estas temáticas no solamente según las he estudiado, visto y conocido, sino también desde mi dilatada experiencia de más de cuarenta años dedicado a realizar sanaciones espirituales y exorcismos.

Por ello, hoy quiero recalcar, a sabiendas de que hay personas a las cuales no les gustará nada lo que digo, lo siguiente:

Ninguna luz, ni blanca, ni violeta, ni azul, ni dorada, ni verde ni de ningún otro color, ni ningún «rayo» metafísico, tienen eficacia alguna para sanar o liberar a una persona que sufre la perturbación, la obsesión o el contagio de un mal espíritu.

Para sanar estos contagios espirituales, de nada sirve tampoco el reiki, ni el ‘healing touch’, ni la estrambóticamente denominada ‘terapia de sanación espiritual’, ni el péndulo, o el biomagnetismo, ni otras muchas dudosas técnicas o terapias que tan en boga están hoy día en los ámbitos de influencia de la Nueva Era.

Aunque la persona afectada se «envuelva» en luz, por más vueltas o capas que se ponga, no logrará ningún resultado. Menos todavía si la persona es seguidora de la metafísica moderna o patrañas similares, que no hacen más que acrecentar el ego de quien se pone a realizar de manera tan alegre como irresponsable estas actividades de liberación espiritual.

Así pues, recalco que todo eso de envolverse en luz es un puro cuento, no sirve de nada contra los vampiros energéticos o los bajos astrales que se pegan a sus víctimas. Lo único eficaz es la oración, el ayuno y la fe. Y en caso necesario, el preceptivo ritual de liberación o, incluso, un exorcismo.

Uno acaba realmente cansándose de leer y escuchar tantas tonterías que no tienen ni pies ni cabeza. Y de constatar como muchas personas que recurren a estas falsas terapias o dudosas técnicas, en vez de sanarse lo que les sucede es que enferman más y se contagian de nuevos parásitos o, incluso, llegan a ser poseídas por algún demonio. Al igual que les sucede a no pocos practicantes de tales pseudoterapias.

Para terminar, me complace reproducir este muy acertado comentario del obispo ortodoxo P. Esteban Jimy Nilian:

«En mi humilde opinión, muchas personas desconocen realmente el verdadero servicio [que supone] el devolver las almas errantes al lugar que les corresponde, el detener entidades nocivas y desagradables o el exorcizar un demonio. Muchos en su buena intención de ayudar usan cualquier cosa y tal vez empeoren las cosas.

«Además, el terapeuta debe de ser una persona de oración, ayuno y fe, disciplina y ascetismo para lograr éxito, además de seguir los protocolos correspondientes antes de usar una terapia u exorcismo. Don Josep ha sido claro y muy reiterativo en dar a conocer los peligros que todo esto conlleva. No experimente, haga lo correcto».

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