Muerte e inmortalidad

La muerte es, para los hombres que la comprenden, la inmortalidad, y para la gente simple, los que no la comprenden, es la muerte.

La muerte física no debe ser temida, sino solo se debe temer la perdición del alma, la cual procede del desconocimiento de Dios ¡Esto es lo que es espantoso para el alma!

La vida es la unión del alma y del cuerpo; la muerte no es la desaparición de estas partes de la naturaleza humana, sino la disolución de su unión. Todo esto Dios lo guarda también después de su división.

Así como el recién nacido sale del vientre de su madre, también el alma sale del cuerpo desnuda. Y hay algunas limpias y luminosas, otras manchadas con caídas, y otras ennegrecidas por los muchos pecados.

Porque el alma sabia y amante de Dios, siempre recordando y meditando sobre los sufrimientos que vendrán después de la muerte, vive piadosamente, para no ser condenada y no someterse a ellos. Pero los incrédulos, por su sinrazón no comprenden esto y pecan, sin pensar en aquello que les espera allí.

Como salido del vientre no recuerdas lo que había allí dentro del vientre, así también saliendo del cuerpo, no recuerdas aquello que había dentro del cuerpo. Así como después de salido del vientre, te has hecho mejor y más grande, así saliendo del cuerpo inmaculado tú pasarás al Cielo mejor e incorruptible.

Los hombres mortales deben ocuparse de su salvación, sabiendo por adelantado que les espera la muerte. Porque la inmortalidad beatífica es destino del alma santa semejante a Dios, cuando ella permanece buena; pero la muerte eterna la encuentra, cuando ella se vuelve mala.

Recuerda que la juventud tuya pasó, las fuerzas se agotaron, y las debilidades se acrecentaron y ya el tiempo de tu partida está cercano, cuando tú deberás dar cuenta de todos tus actos. Y sabe, que allí ni el hermano recomprará al hermano, ni el padre librará al hijo.

Siempre recuerda acerca de la salida del cuerpo, meditando acerca de la condenación eterna. Si te predispones así, entonces no pecarás ni por siglos.

(Inspirado en las enseñanzas de San Antonio Abad)

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