La campaña del ‘vade retro’

zabulon

Parece una secuencia de la película ‘El Exorcista’: Satanás quiere extender su manto negro sobre España y elige Madrid como sede y punto de irradiación. Para hacer frente a las asechanzas del maligno e intentar derrotarlo, el cardenal madrileño Rouco Varela prepara a sus ‘ocho arcángeles’. Ocho sacerdotes cualificados y de probada virtud, entrenados en la práctica de los exorcismos. Es lo que, en el arzobispado de la capital de España, se comienza a llamar la campaña del ‘vade retro’.

Cada vez son más las llamadas angustiadas de gente de todo tipo y condición que se dirige al arzobispado madrileño en busca de ayuda para un mal que no se cura en los hospitales. Llegan a las oficinas arzobispales de la calle Bailén. Unas veces solos, pero en la mayoría de los casos, acompañados de un familiar.

 Otras veces llaman a las puertas de las parroquias del barrio de Salamanca o de Vallecas. Porque el diablo no entiende de clases sociales. Y los curas, siempre solícitos, no saben cómo atender a estas almas en pena y las remiten a los exorcistas. Hasta hace tres años, la mayoría de los casos se los derivaban al padre José Antonio Fortea, el exorcista más conocido del país, que vivía y regentaba una parroquia en la vecina diócesis de Alcalá de Henares.

Pero el padre Fortea se fue a Roma a hacer su tesis doctoral, precisamente sobre demonología, y Madrid y sus alrededores se quedaron sin exorcistas. Mientras, crecía exponencialmente el número de posesos. Quizás porque, como advirtió ya hace unos años, el cardenal Rouco, “Madrid vive en pecado”. Y un alma pecadora es como un caramelo para Satanás. Otros dicen que se trata de una derivada más de la crisis. En esta época de apreturas, mucha gente busca salida fácil a sus penalidades en todo tipo de esoterismos: desde el tarot a las echadoras de cartas, pasando por la guija, la magia negra o los quiromantes. Y esas son, precisamente, según los exorcistas, las vías de penetración preferidas del diablo.

El ejemplo de Milán

El cardenal de Madrid sigue el ejemplo de su amigo el cardenal Angelo Scola, arzobispo de Milán, la archidiócesis más poblada del mundo. Hace un año, ante la avalancha de peticiones de asistencia a personas poseídas o pseudo poseídas que recibían en la Curia milanesa, el purpurado italiano decidió duplicar el número de exorcistas, que pasaron de 6 a 12, y, además, publicar en la web del arzobispado y activar un número de teléfono para atenderlas.

La atención telefónica a las eventuales víctimas del demonio funciona de lunes a viernes. En la centralita del obispado se escuchan las llamadas y, según los casos, se derivan a los exorcistas que vivan en la zona de la persona que llama.

La iniciativa pastoral está cosechando un gran éxito en Milán y Rouco pensó hacer lo mismo en Madrid, que, a partir de ahora, con sus ocho exorcistas se convertirá en la diócesis española más y mejor atendida en este ámbito pastoral. No son muchas las diócesis que tienen un exorcista oficial, nombrado a tal efecto por el obispo. Se calcula que de las 69 diócesis españolas, sólo un tercio dispone de exorcista. Y, cuando lo tienen, sólo cuentan con uno. Quizás porque, como dice el padre Fortea en su libro ‘Daemoniacum’ (Belacqua), “son muy pocos los casos de verdadera posesión, de manera que basta un exorcista para varias diócesis”.

Madrid rompe la regla y pasa a ser, pues, la capital española de los exorcistas. El nuevo equipo A de exorcistas madrileños, coordinado por el obispo auxiliar César Franco, se está preparando en demonología a marchas forzadas. Utilizan para ello dos libros de cabecera. El principal es el ‘Ritual renovado del exorcismo’, que fue aprobado por Juan Pablo II en 1998. Los que saben latín se sumergen, al mismo tiempo, en el clásico ‘Rituale Romanum’, que data de 1614.

Los aprendices de exorcistas también reciben formación en psicología y en el universo de las drogas, de las sectas y de las artes ocultas, nichos de procedencia de muchos de los endemoniados. Además, estarán asesorados en su nueva labor por un equipo de psiquiatras que serán los encargados de filtrar, en un primer momento, los eventuales casos y decidir si se trata de personas con alteraciones psiquiátricas.

 Curas de probada virtud

Para enfrentarse al diablo no se requiere ser santo, pero sí sacerdote de probada virtud. No vale cualquier cura para ser exorcista. Para poder echar al demonio, el exorcista tiene que contar primero con el nombramiento explícito de su obispo. Y es que, como dice el canon 1172 del Código de Derecho Canónico, “sin licencia peculiar y expresa del Ordinario del lugar (nombre con el que se designa al obispo), nadie puede realizar legítimamente exorcismos sobre los posesos”.

Además de contar con el nombramiento episcopal, el exorcista debe ser “un sacerdote piadoso, docto, prudente y con integridad de vida”.

En cualquier caso, los obispos siempre han considerado este tema como algo delicado. Y es que, como escribe el Padre Fortea, “hay creyentes que consideran que la existencia de exorcistas en la Iglesia es algo casi vergonzoso, una reminiscencia del pasado, de tiempos de mayor ignorancia”. Y eso que el propio Cristo, en el Evangelio, realiza exorcismos y los presenta como un signo de la llegada del Reino de Dios.

Como dice el teólogo José María Castillo en ‘Religion Digital’, “¿todavía no se ha enterado el cardenal Rouco de que lo del demonio y los exorcismos pertenece a un mundo de creencias mágicas que ya no tienen vigencia ni merecen que se les preste atención o interés alguno?”.

Y el teólogo explica: “Hace, por lo menos, cuarenta años, los mejores estudiosos de la Biblia estaban de acuerdo en que la idea del diablo (Satán) y la creencia en su existencia personal pertenecen, para el hombre ‘culto’, para el ‘que ha entrado en la mayoría de edad’, al mundo del mito, de la fábula o de la superstición primitiva (H. Bietenhard). Los excelentes estudios que después ha publicado O. Böcher han llegado a la misma conclusión”.

Y concluye Castillo: “Las predicaciones sobre el diablo y sobre el infierno, cuando no fomentan la necesidad de emociones de personas pseudopiadosas y la excitación de sus nervios, sólo sirven para difundir la inseguridad, la angustia y el miedo. Dichas predicaciones, en lugar de quitarlas, ponen cargas en las espaldas de los hombres. En Madrid y en España hay demasiados demonios que campan a sus anchas, pero no son los que Rouco quiere expulsar”.

Conjurar a Satán

El exorcismo consiste en la orden continuada y prolongada, dirigida al demonio, a abandonar su influencia sobre una persona o un lugar. Porque también los lugares (casas, iglesias y demás recintos) pueden estar “infestados”. En caso de infestación de un lugar, se realiza el rito y se dice misa en ese lugar tantas veces como sea necesario. La idea es hacer insoportable ese sitio para el diablo, colocando en él todo tipo de imágenes, rezando y echando mucha agua bendita.

El más habitual suele ser el exorcismo sobre una persona, que sigue un rito muy preciso.

En primer lugar, el exorcista se reviste de alba blanca y estola morada, rocía al poseso con agua bendita, lee un pasaje del Evangelio, recita las letanías de los santos (sus ayudantes y protectores en el trance) y reza algún salmo, así como el Credo y el Padrenuestro.

A continuación, reza la oración del conjuro del demonio. Hay varios tipos. La más utilizada es la siguiente:

“Te conjuro Satán, enemigo de la salvación humana, a que reconozcas la justicia y la bondad de Dios Padre, el cual, con justo juicio, condenó tu soberbia y envidia.

 Apártate de este siervo (nombre del poseso), al que el Señor hizo a su imagen, al que embelleció con sus dones y al que adoptó como hijo de misericordia. Te conjuro, Satán, príncipe de este mundo, a que reconozcas el poder y fuerza de Jesucristo, el cual te venció en el desierto, te derrotó en el huerto, te despojó en la Cruz y, resucitando del sepulcro, llevó consigo tus trofeos al Reino de la Luz.

 Retrocede de esta criatura (nombre del poseso), a la que naciendo la hizo hermana suya y muriendo la adquirió con su sangre.

 Te conjuro, Satán, seductor del género humano, a que reconozcas al Espíritu de verdad y gracia, el cual repelió tus insidias y confundió tus mentiras. Sal de esta criatura de Dios (nombre del poseso), a la que El selló con el sello celestial. Retrocede de este hombre al que con la unción espiritual Dios lo hizo templo sagrado.

 Retrocede, pues, Satán, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Retrocede por la fe y la oración de la Iglesia. Retrocede por el signo de la santa cruz de Nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos.

 Amén”.

La fórmula se repite varias veces, acompañada de otros elementos. “Al poseso le molestan mucho las bendiciones, la aspersión de agua bendita, la unción del santo crisma o que se ponga el crucifijo sobre su cuerpo”, escribe el exorcista Fortea.

Durante la sesión se van produciendo picos: momentos de furia, en los que el poseso habla con voz de ultratumba, chilla, se retuerce y echa espumarajos siempre con los ojos en blanco, con momentos de calma y serenidad.

El exorcismo puede durar varias sesiones semanales de un par de horas. O, incluso, años. En cada sesión, el poseso entra en trance y, al terminar vuelve a salir de él lentamente, sin recordar nada. Cuando, por fin, sale el demonio o los demonios (pueden ser varios) el poseso recobra la conciencia y se siente relajado y “curado”.

Pequeño catecismo de la demonología

¿Qué es una posesión diabólica?

El fenómeno en virtud el cual el demonio invade el cuerpo de una persona viva, reside en su interior, lo mueve, habla y lo trata como una propiedad suya.

¿Cuáles son los síntomas de la posesión?

Ponerse furioso al escuchar el conjuro o al ser rociado con agua bendita, sentir malestar ante objetos sagrados, hablar o entender lenguas desconocidas, conocer cosas ocultas o distantes y mostrar fuerzas físicas más allá de su edad o condición.

¿Cuáles son las causas de la posesión?

El pacto con el demonio, asistir a sesiones espiritistas o cultos satánicos o el maleficio.

¿Pueden hacer milagros los demonios?

No pueden resucitar muertos, pero sí sanar enfermedades o descubrir secretos ocultos.

¿Pueden leer nuestros pensamientos?

No, pero pueden conjeturarlos.

¿Pueden producir pesadillas?

Sí, las pesadillas continuas y terroríficas son características de los casos de obsesión demoníaca.

¿Pueden provocar desastres o accidentes?

No.

¿Qué apariencia suelen adoptar para manifestarse a los hombres?

La tradición literaria cristiana habla sobre todo de sombras, engendros monstruosos y niños negros.

¿Qué significa el 666?

Es el número de la Bestia, es decir del Anticristo, no de diablo.

Fuente: elmundo.es

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