El demonio de la depresión y el demonio vagabundo

depresion-demonioEn el año 345, ya existía esa cosa del diablo que es la depresión y actuaba en los monasterios. He aquí las indicaciones de Evagrio Póntico, monje y asceta cristiano (345-399), para alejarse de “El demonio de la tristeza”: “Todos los demonios enseñan al alma el amor por el placer: sólo el demonio de la tristeza se abstiene de ello. Por el contrario, destruye todos los pensamientos insinuados por los otros demonios, impidiendo al alma sentir cualquier placer, insensibilizándola con su tristeza. Es cierto lo que se ha dicho: que los huesos del hombre triste se tornan áridos (Pr 17:22). Y sin embargo, si se lucha un poco, este demonio sirve para fortalecer al solitario. Lo convence de no acercarse a ninguna de las cosas de este mundo ni a ningún placer.”

Parece describir un cuadro clínico de una persona deprimida realmente, aquella que se encuentra en un estado de indiferencia que le vuelve blanco de todas las enfermedades. Los médicos modernos han descubierto las asociaciones entre quien ha padecido un trance agudo de depresión y posteriores padecimientos patológicos. En una época anterior a los ansiolíticos, Evagrio parece encontrar hasta una raíz freudiana del asunto, asociándolo con una figura emblemática de la tradición cristiana.

“Si persiste en su lucha, genera en él pensamientos que lo inducen a alejar su alma de este tormento o lo fuerzan a huir de ese lugar. Tal es lo que ha pensado y sufrido el santo Job, atormentado por este demonio: Ojalá pudiera echar mano a mí mismo u otro, a mi pedido, así lo hiciera (Jb 30:24). Símbolo de este demonio es la víbora, animal venenoso. La naturaleza le ha concedido, benevolentemente, el que pueda destruir los venenos de los otros animales, pero si la tomamos en estado puro, destruye la vida misma.”

Otro hallazgo en los escritos de Evagrio Póntico es esta advertencia sobre un diablo latoso que hace que los hombres solos pensemos en el sexo y él recomienda encarar así al pequeño demonio:

“Hay un demonio, denominado vagabundo, que se presenta a los hermanos sobre todo durante el transcurrir del día. Éste pasea nuestro intelecto de ciudad en ciudad, de pueblo en pueblo y de casa en casa. El intelecto entabla, al principio, simples diálogos. Luego se entretiene por más tiempo con algún conocido y corrompe el estado interior de los que encuentra, y luego, poco a poco, se va olvidando de su conocimiento de Dios, de las virtudes y de su propia profesión.

“Es pues necesario que el solitario observe de dónde viene este demonio y a dónde éste quiere llegar. No es por casualidad que este demonio da todas estas vueltas. Lo hace para corromper el estado interior del solitario. De este modo el intelecto, enardecido por estas cosas, ebrio por todos los encuentros, inmediatamente se tropieza con el demonio de la fornicación, o de la ira, o de la tristeza. Sentimientos que masivamente destruyen el resplandor del estado interior.”

Si leemos con atención los primeros libros de la Biblia, el demonio casi no es mencionado. Se nos habla de la Serpiente y que Jehová decide castigarla, haciéndola caminar arrastrándose sobre su vientre, prueba de que el redactor del Génesis tenía conocimientos de que las serpientes antiguamente habían tenido patas, detalle que no dejaba de maravillar a un científico ateo del siglo XX llamado Carl Sagan.

Al inicio, el conflicto consiste en que el pueblo judío no tenga dioses ajenos a Jehová. Hasta que ocurre el momento del destierro en Babilonia, Israel –y por ende, la civilización occidental posterior– no ha encontrado un personaje para hacerlo culpable de los pecados que cometemos por la naturaleza humana. Es en esa etapa cuando eclosiona la figura del diablo y por eso no es gratuito que la película El Exorcista inicie con una escena filmada en Irak, donde los perros del desierto ladran aterrorizados ante las ruinas arqueológicas por donde pasea, entre un delirante diluvio solar, el sacerdote Damien Karras.

El debut del Diablo es en el libro de Job, ya bien avanzada la Biblia. Dios le pregunta de donde viene y él le dice que de recorrer la tierra, evadiendo así la pregunta. Volvemos a verlo hasta los evangelios, en el momento de las tentaciones, y Jesús varias veces lo espeta con su nombre. San Pablo recuerda su presencia con furia y en los Efesios llama a vestirse con toda la armadura de Dios para vencer sus acechanzas.

(Los escritos de Evagrio se encuentran en “La Filocalia” uno de los textos de uso común en la Iglesia Ortodoxa.)

Fuente: eluniversal.mx

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