María Olivia Monckeberg: “Muchos comparan la parroquia de Karadima con Colonia Dignidad”

LA PERVERSIDAD DEL PODER SOBRE LA CONCIENCIA

La autora de “Karadima, el señor de los infiernos” dispara contra quienes obstaculizaron el trabajo de la justicia y detalla la poderosa imagen del infierno con que el sacerdote doblegaba la mente de sus fieles. La investigación partió con un inesperado correo electrónico de James Hamilton, un cercano a su familia con quien rescata inconfesables secretos de las víctimas del párroco de El Bosque. 

Toda la investigación de “Karadima, el Señor de los Infiernos”, parte con un curioso email que María Olivia Monckeberg recibe del doctor James Hamilton. Nada que la hiciera sospechar del escabroso iceberg invisible debajo de las breves palabras de este amigo de su familia. “Me encantaría poder contactarla y conversar con usted acerca de vivencias que quisiera compartir”, le escribió Hamilton, uno de los principales testigos y víctimas del sacerdote de la Parroquia del Bosque, recuerda Monckeberg. “Su búsqueda incesante de la verdad y la seriedad en su trabajo me dan la confianza para acudir a usted”, finaliza la misiva que encontró a la periodista ordenando el desastre del terremoto de febrero del año pasado.

“Nunca imaginé todo lo que vendría detrás de ese email. ¿Porque me escribía?, pensaba yo. Tampoco leí entre líneas, en ese mail ni en los que vendrían hasta reunirnos, de qué se trataba hasta que él me contó en persona que fue abusado”, rememora la periodista sobre ese día de inicios de abril. Incluso, cuenta que tiene pendiente revisar algunas cajas de fotografías para encontrar fotos del niño Hamilton asistiendo a algún cumpleaños en su casa.

Más tarde, se gestionaron las citas que dieron pie al asombro de Monckeberg y la liberación de Hamilton. “En una de las primeras reuniones que tuve con Jimmy Hamilton, él me dijo: ‘Esto da para un libro’ y yo me tomé la confianza que él me dio y le dije echémosle para adelante”. Creo que mi responsabilidad no era solamente hacia James Hamilton, sino que también hacia la sociedad, como se hacía en la universidad de los ‘60 cuando el periodismo estaba llamado a ser servidor del bien público”, dice la autora de “Karadima, el señor de los infiernos” que se lanza el próximo 18 de mayo en el centro Cultural Gabriela Mistral.

Teología del terror

Para la Premio Nacional de Periodismo, una de las principales historias detrás de los abusos del sacerdote Fernando Karadima, y que explican su omnisciente poder sobre sus víctimas, proviene de la forma medieval en la que el párroco de El Bosque “les revelaba la verdad” sobre el infierno.

Lejos de describirles el tradicional averno de Dante en que las llamas y el tormento eran una eternidad de dolor físico, Karadima optaba por situarlos en un páramo de soledad infinita y angustia psicológica al que él dictaba quién iba o no, en su influyente rol. “En ese sentido, muchos de los testimonios de las víctimas comparan la parroquia de El Bosque con la Colonia Dignidad donde la imagen del infierno como penalidad estaba muy presente”, cuenta la periodista.

El texto es crítico sobre la forma en que personas como el cardenal Francisco Javier Errázuriz prefirieron creerle a cercanos a la iglesia, como al obispo Andrés Arteaga, en lugar de las víctimas que acudieron a él años atrás. Arteaga era miembro de la Pía Unión de Karadima, que para Monckeberg reúne todas las características de una secta.

“Lo más impresionante cuando realizas una investigación es cuando los hechos te van diciendo que no estás equivocado, cuando todo apunta hacia donde mismo. Recuerdo que yo jamás escribí sobre ‘supuestas víctimas’, nunca creí que las cosas eran de otra manera y los hechos ratificaron esa condición”, dice sobre los datos que fue recabando del expediente de la investigación que fue cerrada por el Juez Leonardo Valdivieso.

Monckeberg cuenta que al tener acceso a los tomos de la investigación, la impresión que le causó lo que vio ahí, fue de extrañeza por decirlo menos. “Yo no soy abogado, pero no entiendo como ese personaje pudo cerrar el caso. Tú lees ese material y te encuentras con pistas, testimonios y personas para hacerlas comparecer y te das cuenta de lo ridículo del proceso porque ni siquiera las víctimas declararon jamás ante Valdivieso. Pienso que quizás él fue muy presionado, eso no me consta, pero sí creo que le quedó grande el poncho”, dispara.

-El nivel de fuentes incluye también un informante incógnito que usted llama “Padre Cero”.

-Sobre el Padre Cero no me permito poner más de lo que sale en el libro. Pero me dio la impresión de que se trata de una persona sumamente preparada que me solicitó mantenerla en off the record. En general, a mí no me gusta usar ese recurso, lo evito cada vez que puedo junto a todo esto de las “fuentes cercanas” y las “fuentes lejanas”. Creo que le restan credibilidad y precisión a una investigación y al lector hay que entregarle más fundamentos.

“Me apoyé fuertemente en todo lo que había en materia judicial porque como el caso fue cerrado por la fiscalía, me permitió indagar directamente en todos los documentos y expedientes del proceso que recabó el fiscal Xavier Armendáriz. También en material de la PDI y mantuve mi mirada en lo que salía en la prensa, pero ese no era mi norte. Sobre las conversaciones con el Padre Cero, utilicé solo pedazos de conversaciones en off que sirvieron para contextualizar y que me fueron muy útiles en ese sentido, porque ayudaron a formarme y orientarme en la dirección clara de la culpabilidad de Karadima para esas alturas”.

-¿Qué aportes obtuvo del círculo más cercano al Padre Karadima para la investigación?

-¿Para qué iba a acudir a ellos? ¿Para que me tramiten y después me mientan? Hay mucha gente que ha mentido y el fiscal Armendáriz debe saber que le han mentido. Abogados me han dicho que este tipo de abusos no es algo fácil de probar, pero tú puedes captar ese clima de secta, ese clima erotizado de El Bosque entre quienes te cuentan lo que les pasó. En el libro hay personas que declararon una cosa y después, con el tiempo, recapacitaron y entregan su versión real de las cosas. No busqué perder el tiempo, quise focalizar la investigación en mi opción por las víctimas. Ese fue mi punto de vista periodístico. A diferencia del Cardenal Errázuriz que no les creyó y muchas otras que tampoco lo hicieron. Sin embargo, lo primero que hice fue chequear y contrachequear, obviamente. Algunos te dicen que todo es mentira, pero puedes indagar sus declaraciones y te encuentras con que el círculo cercano a Karadima declaró con un ‘formateo’. Tú lees esos testimonios y parece que hubiesen rellenado parrafitos que son todos iguales. Eso llama mucho la atención y te aclara que de ellos no vas a obtener otra historia.

-¿Ha variado su relación con la Iglesia Católica desde que comenzó la investigación?

-En ese sentido, cada vez me siento más libre, al igual que en el ejercicio de periodismo, más allá de las creencias debes ser capaz de observar, investigar, profesar y escribir desde una perspectiva independiente. Tengo muchos amigos sacerdotes y provengo de una cultura católica. Me siento afín al cristianismo, pero no soy una persona practicante. Conozco el mundo, el ambiente de lo católico y lo respeto mucho y le sigo teniendo amistad. Pero a lo largo de la vida uno se va distanciando sin olvidar el rol fundamental que la iglesia tuvo en la defensa de los Derechos Humanos durante la dictadura.

-¿Qué ventaja valora en los medios de comunicación de hoy para sacar a la luz este tipo de investigaciones respecto a décadas anteriores?

-Creo que el rol de los medios de comunicación de hoy, con sus altos y bajos, es tremendamente importante para dar cobertura al tema. Lo vimos en la investigación de Informe Especial, el New York Times y más recientemente en espacios como Tolerancia Cero donde James Hamilton contó valientemente su testimonio. Pero pese a que estamos en una sociedad mediática, igual hay que recordar que hubo intentos de parte de los medios de manipular y cerrar las puertas a la verdad. Creo que todavía estamos ante esa manipulación y silencios. Sin ir más lejos, me llama mucho la atención que este libro, que ha tenido una muy buena acogida incluso antes de ser presentado, no haya tenido la misma acogida en la prensa y canales de TV convencionales. Aunque cuenta con todas las características que lo convierten en noticia, no se le ve una mayor presencia: ¿Es el tema? ¿Es la autora? No lo sé.

Fuente: Carlos Salazar/Nación.cl

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