Ex feligrés que Vaticano acreditó como víctima menor de edad de Karadima critica a obispos

Llegó a la iglesia El Bosque a fines de los 70 y escuchó a un sacerdote que aún no cumplía los 50 años, hablando a un grupo de jóvenes. Él cursaba la enseñanza media y el discurso del entonces vicario Fernando Karadima lo cautivó: creyó que había encontrado la guía espiritual que buscaba y siguió asistiendo a las reuniones.

Poco después comenzó lo que describe como “acoso” para que se convirtiera en sacerdote y, también, los actos impropios, que tuvieron como resultado su partida de la parroquia de Providencia.

Su declaración en 2010 ante el promotor de justicia, Fermín Donoso, fue enviada a la Santa Sede y se convirtió en uno de los dos testimonios que, con nombre y apellido, figuran en el decreto del Vaticano que condena al ex párroco de El Bosque por abusos en contra de menores. A este delito canónico se sumó el abuso de adultos y del ministerio sacerdotal.

La sentencia de siete páginas también menciona que hay “otros” declarantes que eran menores al momento de sufrir abusos, pero que entregaron su testimonio directamente al cardenal Francisco Javier Errázuriz, quien no incluyó sus identidades en el informe a la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Hoy es un profesional que pasa los 40 años, quien afirma que esta experiencia lo marcó: tuvo una iniciación sexual tardía y por años problemas para establecer relaciones sentimentales con mujeres. El ex feligrés, quien pidió reserva de su identidad, asegura que el Arzobispado no lo notificó que su interrogatorio había sido clave: “No tenía idea que uno de los testimonios era yo”.

Al respecto, canonistas afirmaron que la notificación sólo es obligatoria para los denunciantes, no los interrogados. “Si de algo le sirvió a la Iglesia mi testimonio es para saber que éste no era un buen cura”, dice el profesional.

El ex feligrés también criticó las disculpas ofrecidas el viernes por la asamblea plenaria de la Conferencia Episcopal, que consideró tardías: “Todo el mundo se arrepiente cuando lo descubren”.

Sobre los actos impropios mencionados por la Santa Sede, afirma: “Después de la primera vez en que pasó, lo paré y nunca más me tocó”.

Temor a Karadima

“Lo que testifiqué sobre todo fue el acoso sicológico. El acoso para meterme en la cabeza que, si no era cura, me iba a ir al infierno. Eso te deja marcado”, recuerda: “Tenía una novia, que me encantaba y me quería casar, pero me acuerdo que siempre sentía remordimientos porque pensaba, le estoy diciendo que no a Dios”.

Dice que su remordimiento era más concreto: “Me decía, estoy engañándola a ella, la voy a hacer infeliz, por culpa de que no le estoy haciendo caso a Karadima”. Describe a Karadima como alguien espiritual en la esfera pública, pero que en privado “nunca lo vi rezar”. Dice también que prefiere que éste no haya dicho estar arrepentido: “Me parece más razonable que no pida perdón, lo encuentro más derecho de su parte”.

Críticas a obispos

El ex feligrés criticó especialmente a los cuatro obispos formados en El Bosque que ofrecieron disculpas a través de una declaración difundida el pasado jueves: “Todo el mundo se arrepiente y pide perdón cuando lo descubren. Estamos hablando principalmente de los obispos que lo siguen (a Karadima)”.

Respecto de las reformas al sistema de denuncias eclesiásticas y los planes para crear ambientes seguros para los menores y jóvenes en las parroquias anunciados en Punta de Tralca, atribuyó esto a las directrices del Papa: “Benedicto XVI está haciendo bien su pega y estas instituciones son jerárquicas”.

Víctimas identificadas

El decreto del Vaticano, en total, entrega la identidad de seis víctimas. Dos personas que sufrieron abusos cuando eran menores de edad, que han optado por mantener un bajo perfil. Otros tres son considerados víctimas adultas ( James Hamilton, Fernando Batlle y José Andrés Murillo). Además de Juan Carlos Cruz, por abuso ministerial.

Informe Errázuriz

El cardenal Francisco Javier Errázuriz tomó personalmente testimonios a testigos y víctimas de las conductas del sacerdote diocesano. Estos testimonios no registran nombres, por lo que permanecen en calidad de anónimos. Varios de ellos, fueron considerados en el dictamen de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano.

Apelación

La defensa canónica presentó en marzo una apelación a la condena del Vaticano, donde se alude a que no tuvo un debido proceso. En la sentencia de Roma se establece que si el sacerdote no cumple con el fallo de primera instancia, mientras se resuelve la apelación, se podrían imponer penas más graves como quitarle el estado clerical que mantiene.

Situación de El Bosque

La condena del Vaticano también recomendó la realización de una visita canónica a la Unión Sacerdotal, grupo al que pertenecía Karadima, para verificar sus procedimientos de formativos y la transparencia de la administración económica de la entidad que actualmente funciona en la parroquia El Bosque de Providencia, en la capital.

Fuente: latercera.com

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