Adoración de los demonios

Doctrina y prácticas de la iglesia primitiva

Antes digo que lo que los gentiles sacrifican, a los demonios lo sacrifican, y no a Dios; y no quiero que ustedes os hagáis partícipes con los demonios. 1 Corintios 10:20

Y los otros hombres que no fueron muertos con estas plagas, ni aun así se arrepintieron de las obras de sus manos, ni dejaron de adorar a los demonios, y a las imágenes de oro, de plata, de bronce, de piedra y de madera, las cuales no pueden ver, ni oír, ni andar. Apocalipsis 9:20

Antiguamente los malos demonios, cuando se hacían presentes, estupraban a las mujeres y corrompían a los niños y mostraban a los hombres cosas terribles, hasta tal punto que se llenaban de terror los que juzgaban de estas cosas no por la razón, antes al contrario, sobrecogidos por el miedo, e ignorando la existencia de malos demonios los llamaban dioses y designaban a cada uno con el nombre que cada demonio se había puesto a sí mismo. Justino Mártir (160 d.C.)

En cambio, los falsos profetas, llenos del espíritu embustero e impuro, no hicieron ni hacen caso, sino que se atreven a realizar ciertos prodigios para espantar a los hombres y glorificar a los espíritus del error y a los demonios. Justino Mártir (160 d.C.)

Lo que (los demonios) más encargan a sus servidores, cercándoles y cegándoles la razón, es que se les sirva con viandas de olor y sangre ofrecidas a los ídolos: y el plato más regalado y más cuidadosamente apetecido es apartar a los hombres con engañosos encantos del conocimiento de la divinidad verdadera. Tertuliano (197 d.C.)

Estos espíritus impuros, que, como han mostrado los magos, los filósofos y Platón, no son sino demonios, se ocultan bajo la forma de estatuas e imágenes sagradas y, con su influencia, se revisten de la autoridad propia de una divinidad realmente presente, inspirando a veces a los adivinos, habitando en los templos… atormentan los miembros del cuerpo para obligarlos a darles culto de modo que, saciados por el olor de los altares o por los animales inmolados, parezca que han operado la curación, cuando sólo han soltado lo que les oprimía. Marco Minucio Félix (200 d.C.)

Cuando los demonios son adorados afirman falsamente que son dioses con el propósito de encaminar a los hombres en el error. Lactancio (304-313 d.C.)

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