Fuente: EFE
Otorgar favores sexuales al confesor a cambio de la absolución de los pecados era una práctica habitual durante la etapa colonial, especialmente en los siglos XVIII y XIX, asegura el especialista mexicano Jorge René González, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y autor del libro «Sexo y confesión».
La Inquisición lo llamó «delito de solicitación» y fue uno de los tres más perseguidos en México durante el siglo XVIII, junto con la literatura prohibida y la bigamia, según más de quinientos documentos inquisitoriales consultados por el investigador.
Actos torpes y deshonestos
El «delito de solicitación» consistía en que el sacerdote pedía durante la confesión a su hijo o hija espiritual realizar «actos torpes y deshonestos con él o terceras personas», explicó González en una entrevista con Efe.
Estos actos «torpes» normalmente consistían en palabras «picantes», tocamientos, propuestas, e incluso el coito.
El culpable del delito era siempre el sacerdote, nunca el penitente, incluso si se le ofrecía al religioso, puesto que el cura era el primero en atentar contra el sacramento de la penitencia, explicó.
Pero no hay que ver esta situación como una mera compra-venta de perdones, dado que «muchas veces sí había amor», sostuvo el experto.
Debilidad carnal
Sin embargo, se denunciaba ante la Inquisición por «cuestiones morales» y porque de lo contrario el penitente no recibía la absolución de sus actos.
A pesar de todo, la solicitación no era una herejía ni atentaba contra la Iglesia en la medida en que el Santo Oficio lo consideraba simplemente «debilidad carnal y necesidad de afecto y cariño» del sacerdote que lo cometía.
La solicitación no atentaba contra la Iglesia, se consideraba simplemente «debilidad carnal y necesidad de afecto».
«Solicitación es seducción», afirmó el experto y añadió que es similar a la que se practica hoy en día con regalos, frases amorosas, apoyo económico, protección y mimos.
Para toda España
Pero el «delito de solicitación» no era algo exclusivo de México y el edicto que lo prohibía fue de obligada aplicación para toda España, «Nueva España», Islas Filipinas, Honduras, Nicaragua y Guatemala.
«Hoy día la Iglesia no se preocupa por esas cosas y los sacerdotes ya no necesitan del confesionario para hacer esas cosas porque en las grandes urbes cualquiera encuentra lo que busca y pasa desapercibido», afirmó el investigador. Por eso mismo «el celibato debe desaparecer para que la Iglesia sobreviva», concluyó.
La costumbre continúa hoy día
Los delitos de naturaleza sexual cometidos por miembros de la Iglesia no son violaciones o agresiones, son “solicitaciones“. Es la sotana el matiz que convierte al violador de menores en “víctima de la tentación del demonio” o peor aún, a la víctima del pederasta en “la güarra que con 13 años provoca al cura con una faldita que parece un cinturón“.
Esta es, literalmente, la excusa que usaron los vecinos y el alcalde del pueblo español de Casar de las Hurdes en 2002 para recoger firmas en apoyo a su párroco, que fue a prisión por pertenecer a una red internacional de intercambio de imágenes y testimonios de agresiones sexuales a menores de edad. Otras frases que figuraban en el documento vecinal eran:
«No son fotos de niños del pueblo. «Es un hombre correcto pero tiene un enorme vicio con el ordenador. Su madre se ha quejado en muchas ocasiones porque estaba hasta bien entrada la madrugada con el ordenador encendido».
El obispado apoyó a ese párroco con un comunicado que argumentaba «la conducta ejemplar de Ignacio Lajas Obregón, que se encuentra profundamente arrepentido de los hechos, de cuyo alcance delictivo nunca tuvo conciencia».
La Iglesia Catolica,nunca va a tener el perdon de Dios,esa Iglesia tendria que ya haber desaparecido, todos juntos son unos corruptos,diabolicos,enfermos,ven al sexo como horgía,en sus mentes enfermas,ya que el sexo es un acto de Amor, que Dios dio al Hombre,junto a la mujer elegida…Las Iglesias tienen que ser formadas con pilares firmes ,basados en el AMOR de Cristo, casi siempre los conceptos de las Iglesias son muy profundos ,pero los destruyen las personas de instintos muy bajos que concurren, ya sean sacerdotes,pastores,obispos,y algunos otros… Que Dios les bendiga, Ofelia Abad.