Aclarando erróneas interpretaciones en torno a la meditación cristiana contemplativa

misticadelcorazon01

Muchas personas, especialmente de tradición, educación o creencias católicas y/o cristianas, cuando escuchan por primera vez hablar de los términos «meditación cristiana», «meditación contemplativa» o «mística del corazón», creen estar escuchando algo nuevo y extraño o, peor aún, algo que les suena como de otro mundo o amenazante. En torno a la Meditación Cristiana se han dado algunas malas o erróneas interpretaciones, que aquí intentaremos aclarar de la mejor manera posible. He aquí algunas de las más comunes:

-La Meditación no es Cristiana. Ha sido importada del Budismo o Hinduismo. Este argumento es totalmente incierto. La meditación es una disciplina espiritual universal, que existe en muchas otras religiones, especialmente las que son más antiguas que la Cristiana. Pero el camino de la oración silenciosa está fuertemente enraizado en la tradición Cristiana, histórica, teológica y escriturada, y los testimonios en tal sentido se inician en los primeros siglos del Cristianismo, con los escritos de los Padres del Desierto. 

-El Mantra no es Cristiano. Interpretación asimismo errónea. Otro aspecto que genera miedo de que la meditación no es Cristiana es no sentirse a gusto con el término «mantra». En las ‘Conferencias’ del monje y Padre del Desierto Juan Casiano, que vivió en el siglo IV d.C., se afirma que «la llave que abre la sabiduría del desierto es la pobreza de espíritu y la humilde repetición de algunas pocas palabras sagradas», lo que definió en latín como «la fórmula» que nos ayuda a poner nuestra atención en el Señor en lugar de en nosotros mismos.  La clásica obra del siglo XIV «La Nube del No Saber», lo llama “la pequeña palabra” que nos permite pasar de la distracción al misterio silencioso de Dios. El monje benedictino John Main, uno de los principales impulsores del actual movimiento de Meditación Cristiana,  llamó a dicha palabra «mantra» para unir a la tradición Cristiana con la sabiduría universal.  ‘Mantra’ es originalmente una palabra en sánscrito (lengua raíz de muchos lenguajes europeos)  y significa “aquello que aclara la mente”, una escritura breve, verso o palabra sagrada utilizada de manera repetitiva para lograr una profunda atención. En este sentido, el rosario, las palabras de la misa, las bendiciones y las oraciones familiares repetitivas de todo tipo, son mantras. Finalmente está el mismo Jesús, que nos pide dejar de balbucear  e ir a nuestro ‘cuarto secreto’ y ahí orar, no con los labios pero sí en silencio. 

-La Meditación es peligrosa.  Falso. Esta interpretación interesada proviene casi siempre de los fundamentalistas, que tienen aversión al misterio y una necesidad de certeza absoluta y literal, lo cual esconde un cierto grado de miedo y una consiguiente represión de ese miedo.  Actúan con enojo cuando son confrontados o asustados por cualquiera que se atreva a cuestionar la certeza que guardan como la esencia misma de la verdadera fe. Ellos dirán: «Cuando te abras o vacíes tu mente el demonio entrará”. Para nosotros es todo lo contrario: ¡El demonio tendrá una oportunidad de salirse! Emociones negativas y pensamientos sombríos pueden salir una vez que soltamos la represión. Esto es muy natural pero puede ser angustiante por un tiempo. La literatura de la meditación y la contemplación Cristiana ofrece muchas descripciones sobre este proceso y aconseja lidiar con él. La meditación practicada en la fe y con moderación  no es peligrosa. Es más peligroso no meditar. La meditación no es poner la mente en blanco sino ser pobre en espíritu, abrirse a la presencia interior. Los Cristianos que creen en la resurrección y en la presencia de Cristo en ellos pueden acercarse a la meditación con total confianza y esperanza.

-La Meditación es egoísta.  Es lo que Marta pensaba. Pero Jesús dijo que María había escogido la “mejor parte”. Su propio ejemplo de vida muestra el balance entre sus periodos de ministerio activo con tiempos de retiro y silencio. Revisar tu ombligo es egoísta. La meditación es un trabajo puro desinteresado que podemos hacer porque quita la atención de la agenda del ego. Gradualmente, se convierte en un hábito, en una forma de vida. Poco a poco vamos viendo como nuestra oración no es una alternativa a la acción, sino que es aterrizar. Vemos entonces la intrínseca relación entre ser y hacer, y el simple hecho que nuestra vida es tan buena como nuestra oración.  Si lo segundo es sólo acerca de nosotros, entonces así será lo primero. Si la meditación no muestra sus frutos en un mayor amor y compasión -eso sería una válida y gran objeción. La única medida eficaz para la meditación es preguntarse: “¿Estoy creciendo en amor?”.

 -La Meditación es sólo una técnica de relajación. Vemos o leemos a menudo en los medios de comunicación noticias e informaciones acerca de la meditación como un método para bajar la presión, aumentar la temperatura corporal y aumentar las ondas beta. Esto no debe de sorprendernos en el mundo médico y científico que atribuye a factores químicos y biológicos la identidad y el comportamiento humano. Hay por supuesto evidencia documentada de que la meditación es una manera excepcionalmente efectiva de relajarse y de experimentar los beneficios físicos y psicológicos de reducir el estrés y la ansiedad. Pero estos resultados son solamente unos buenos beneficios secundarios de lo que la meditación es en primer lugar: una forma de oración. Podemos decir que, al menos en este punto (lo cual es ya de por sí un gran avance), la ciencia moderna finalmente se ha emparejado con la antigua sabiduría.

Otras formas de oración

La mayoría de sacerdotes católicos, en su formación y «entrenamiento» nunca han tenido una enseñanza ni recibido apenas nociones acerca de la oración contemplativa. Se les ha formado para pensarse a sí mismos  como administradores más que como maestros, y así, humanamente, es lógico y hasta comprensible que puedan sentir la ‘amenaza’  que para ellos pueda representar una persona laica -como quien escribe estas líneas- hablando acerca de la contemplación. Pero en ningún momento nosotros estamos diciendo- y la tradición no enseña- que la meditación es la única manera de orar. La meditación no es un substituto, pero sí es un excelente respaldo para todas las prácticas individuales o colectivas  de oración. Alimenta a la vida cristiana en todas sus dimensiones, llevándonos de regreso a la verdad viva del Evangelio con una apreciación superior del mismo.

Así pues, reiteramos aquí que la meditación- muchas veces llamada “oración pura”- no reemplaza a otras formas de oración. El significado de éstas en la vida de las diferentes personas dependerá de sus distintos temperamentos y vocaciones y de la tradición Cristiana a la que pertenecen. Leer las Escrituras, la oración comunitaria, la adoración y plegaria que se expresan en actos de compasión y trabajos de caridad son elementos irremplazables de una vida vivida de acuerdo al Evangelio. Pero las formas que tomen van a variar. La práctica de la meditación es fundamento viviente de estas otras maneras de orar, y no un sustituto de las mismas.

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