La expansión evangélica en América Latina: ¿despertar espiritual o ingeniería ideológica?

Durante años -y especialmente en las últimas décadas- se nos ha repetido una narrativa muy concreta: que el crecimiento del evangelicalismo en América Latina es una especie de “avivamiento espiritual”, una ola de fe pura que brota directamente de la Biblia y transforma vidas.
Suena bien. Es cómodo. Es incluso inspirador. Pero no es toda la historia.
Y cuando uno empieza a rascar un poco, solo un poco, descubre que detrás de esa expansión hay algo mucho más terrenal, mucho más estratégico y bastante menos espiritual de lo que se quiere hacer creer.


CUANDO LA FE ENTRA EN LOS INFORMES DE SEGURIDAD NACIONAL
En 1969, Nelson Rockefeller, entonces vicepresidente de Estados Unidos, presentó un informe a Richard Nixon tras una gira por América Latina.
Lo que dijo no tenía nada de místico. No habló de salvación de almas. No habló del Evangelio. No habló de Dios.
Pero sí habló de riesgo político.
Su diagnóstico fue claro: la Iglesia Católica en América Latina ya no era un aliado confiable para los intereses estadounidenses.
¿El problema?: la Teología de la Liberación. Una corriente dentro del cristianismo que empezaba a decir algo incómodo: que los pobres no solo debían rezar, sino también tomar conciencia de su dignidad, de sus derechos y de las estructuras injustas que los oprimían.
Eso, para cualquier potencia interesada en estabilidad geopolítica y económica, no era espiritualidad, era una amenaza. La solución propuesta fue tan fría como eficaz: promover otro tipo de cristianismo. Uno más individualista. Más centrado en la salvación personal. Menos incómodo socialmente.
Y ahí entran en escena las iglesias evangélicas, especialmente en sus versiones más fundamentalistas y pentecostales, muchas de ellas impulsadas, directa o indirectamente, desde Estados Unidos.


LA FE QUE NO MOLESTA AL PODER SUELE SER BIENVENIDA
A partir de los años 70 y 80, este nuevo cristianismo empezó a expandirse con fuerza en América Latina. ¿Casualidad?
Puede parecerlo… hasta que miramos el contexto político.
En Chile, por ejemplo, durante la dictadura de Pinochet, sectores evangélicos -agrupados en torno a estructuras como el Consejo de Pastores- no solo apoyaron el régimen, sino que lo legitimaron espiritualmente.
Se llegó a decir que el golpe de Estado había sido una “respuesta de Dios”.
Mientras tanto, otros sectores cristianos, especialmente vinculados a la defensa de los derechos humanos, eran perseguidos, silenciados o directamente eliminados.
Aquí aparece una pregunta incómoda: ¿por qué una expresión religiosa es perseguida y otra es promovida?
La respuesta no es teológica. Es política. El modelo evangélico que se impulsó en muchos casos promovía una idea muy concreta: la fe como asunto privado.
Reza. Prospera. No te metas en política.bNo cuestiones el sistema. No te organices.
Una espiritualidad que no incomoda al poder, siempre encuentra puertas abiertas.


EL PAQUETE COMPLETO: FE, GEOPOLÍTICA Y TEOLOGÍA IMPORTADA
Con el paso del tiempo, no solo se exportó un tipo de iglesia. Se exportó también una forma de interpretar la Biblia. Y aquí entra otro elemento clave: el llamado sionismo cristiano.
A partir de los años 80, desde el llamado “cinturón bíblico” de Estados Unidos, comenzó a difundirse con fuerza una idea:
que apoyar al Estado moderno de Israel no es una opción política, sino un mandato divino. Muchos creyentes hoy lo asumen como una verdad incuestionable.
Pero lo que pocos saben es que esta interpretación no es universal dentro del cristianismo, ni mucho menos histórica. De hecho, ha sido duramente criticada por teólogos, iglesias históricas y pensadores cristianos de distintas corrientes, que la consideran una lectura forzada de la Biblia al servicio de agendas geopolíticas.
El teólogo palestino Mitri Raheb lo define de forma brillante: “un software teológico corrupto”, que convierte el conflicto, la guerra y la destrucción en supuestos requisitos del plan divino. Y cuando la religión empieza a justificar conflictos políticos concretos como si fueran voluntad de Dios, conviene encender todas las alarmas.


LA GRIETA INTERNA: LOS JÓVENES YA NO COMPRAN EL RELATO COMPLETO
Pero aquí viene lo interesante: el modelo no es tan sólido como parece. Dentro de las propias iglesias evangélicas está surgiendo una fractura silenciosa, pero real. Muchos jóvenes creyentes -formados, conectados, críticos- ya no aceptan sin cuestionar estas narrativas importadas. No compran el discurso político disfrazado de teología. No se identifican con el apoyo automático a determinadas agendas internacionales. Y, sobre todo, están volviendo a algo que, curiosamente, suena bastante más evangélico: la justicia, la compasión y la dignidad humana. Sin etiquetas.
Sin banderas. Sin geopolítica disfrazada de fe.


CUANDO LA FE SE CONVIERTE EN HERRAMIENTA, DEJA DE SER INOCENTE
La historia reciente del cristianismo en América Latina no puede entenderse solo como un fenómeno espiritual. Sería ingenuo.
Lo que hemos visto en las últimas décadas es también una reconfiguración religiosa con intereses muy concretos, donde la fe ha sido utilizada, en muchos casos, como herramienta de influencia social y política.
¿Significa esto que todos los evangélicos forman parte de un plan? No. ¿Que no hay fe auténtica dentro de esas iglesias? Por supuesto que la hay. Pero una cosa es la experiencia personal de fe y otra muy distinta las estructuras que la promueven, la moldean y, a veces, la utilizan.
Porque al final, la pregunta no es si alguien cree en Dios. La pregunta es otra: ¿Quién está moldeando la forma en que ese alguien cree y con qué propósito?

®J.R. 2026

Deja un comentario