Estas fechas, para millones de cristianos alrededor del mundo, representan uno de los momentos más significativos del calendario religioso: la Semana Santa. Y más allá de un fin de semana largo o de la invención de una festividad comercial (en donde abundan los chocolates, las zanahorias y los conejos), estos días conmemoran el martirio vivido por Jesús hace ya 2000 años.
La traición de Judas, la triple negación de Pedro, la crucifixión y la posterior resurrección son historias que forman parte de un relato ampliamente conocido. Lo que quizás no es tan conocido, o que suele quedar en segundo plano, es el actuar sociopolítico de Jesús situado en su contexto histórico y como este actuar le valió la ejecución.
En este sentido, es necesario realizar una revisión histórica en torno a la vida de Cristo y para esto, es bueno visualizar lo que nos plantea el teólogo Juan Esteban Londoño, quien en su análisis basado en la noción de “Jesús, Hombre rebelde”, planteada por Albert Camus, nos habla de que Jesús fue una figura que se rebeló contra toda jerarquía e institucionalización de la tradición, entrando en conflicto con quienes detentaban el poder.
También, en esta misma línea, el autor José Luis Sicre, en la revista «Razón y Fe» expone que Jesús fue una figura tremendamente política y disruptiva. Principalmente porque no se ajustaba a los cánones establecidos, sino que al contrario, denunciaba la hipocresía latente de los fariseos y del poder político-religioso de aquel entonces y se vinculaba activamente con aquellos marginados sociales.
En un contexto marcado por la desigualdad estructural, Cristo se encontraba del lado de los pobres, haciendo su mensaje mucho más subversivo, al pedir compasión, amor, y entregarlo de su parte a los más afligidos, y afirmar, tal como se dice en Mateo 20:16, que «los últimos serán los primeros».
Esta lectura histórica del Jesús rebelde, incómodo y del lado de los marginados es retomada por la Teología de la Liberación, surgida en Latinoamérica durante la década de los 60 y 70, bajo un contexto de desigualdad, de dictaduras opresivas y de injusticia estructural, con grandes exponentes como Camilo Torres o Gustavo Gutiérrez, e influencias en nuestro país en personas tan importantes como el sacerdote Mariano Puga. Esta visión nos emplaza a cuestionar el rol como cristianos, en razón del sufrimiento humano en vida, consecuencia de un sistema estructuralmente desigual. La fe cristiana no puede desligarse de estos temas, y seguir a Jesús implica el cuestionar esta estructura, tal y como él incomodó a los fariseos y echó a los mercaderes del templo, como se narra en Lucas 19:45-46.
La visión socio-política de Cristo que acá se presenta, contrasta totalmente con la visión acomodada de ciertos sectores que evocan «la Palabra del Señor» desde sus puestos de poder. Mientras en Semana Santa se come pescado en forma de tradición y como simbolismo de la austeridad característica de esa época, quienes controlan el ejecutivo actualmente predican políticas de austeridad a la vez que adquieren frutas y verduras frescas por un costo aproximado de 160 millones de pesos. Este mismo poder ejecutivo imperante celebra cuatro misas semanales en la casa de gobierno, mientras posteriormente avalan el maltrato animal como deporte nacional. Juran por la gracia divina de Dios, a la vez que pretenden imponer una autoridad y una tradición que escapa de toda lógica en torno al poder que se les otorgó. Argumentan en base a una moral divina impuesta por Occidente, a la vez que una ministra incursiona en exorcismos y prácticas poco convencionales, incluso para los militantes de su partido, el Partido Social Cristiano.
Defienden incluso en política internacional la existencia del Estado de Israel como el «pueblo elegido», esto producto de una imposición ideológica correspondiente a un orden mayor, a la vez que avalan, justifican y relativizan el genocidio que los israelíes cometen en contra del pueblo palestino.
Todos estos sucesos que atentan contra la dignidad misma de los pueblos me hacen cuestionarme, ¿Acaso Jesús habría querido este mundo?
Bajo esta concepción se vuelve evidente que existe una apropiación selectiva y útil de la fe por parte de la ultraderecha en nuestro país, enfatizando en los valores más convenientes para ellos, mas no en la inequidad o en la exclusión que sus mismas políticas públicas promueven. Ejemplo de esto es el desmantelamiento de la dirección del «Servicio Nacional de Búsqueda», o la destitución de la directora de SERNAMEG, quien actualmente está luchando contra un cáncer de mama triple negativo, demostrando así una falta de humanidad tremenda y una exclusión sistemática por parte de quienes predican como su principal lema «Dios, patria y familia».
Resulta entonces problemático que sectores del gobierno reivindiquen el cristianismo como sustento de su visión socio-política, omitiendo sistemáticamente su dimensión más incómoda mientras relativizan el mensaje de justicia social presente en la figura de Cristo. Transformando así la fe en una herramienta para la legitimación del poder existente, convirtiendo en consecuencia la figura de un personaje incómodo como Jesús en una figura despojada de todo conflicto moral; conflictos los cuales, el mismo Jesús vino a tensionar, mediante un mensaje tan sencillo y tan complejo a la vez: «Ámense los unos a los otros» Juan 13:34
En conclusión y para simplificar, en estas fechas cada uno de nosotros nos debemos cuestionar si el mensaje que se extrae por parte de las cúpulas de más alto poder al respecto de la “Palabra del Señor” es el correcto, si este mensaje lo estamos tomando como un proyecto de vida, o al contrario, si este mensaje se tergiversa en favor de un proyecto ideológico-espiritual que escapa más allá de nuestro juicio. Tengamos finalmente en claro que, si Jesús de Nazaret hubiera estado vivo en nuestros tiempos, no hay duda de que José Antonio Kast no sería más que un fariseo buscando condenarlo.
Tito Riera