Cómo algunas “videntes famosas” han convertido la espiritualidad en un negocio sucio

Cada cierto tiempo, prácticamente cada semana, aparece la misma escena, especialmente en los matinales de televisión abierta, y de la que luego se hacen eco algunos medios escritos.
Un rostro conocido. Una “vidente famosa”. Y unas predicciones alarmantes con frases típicas: “Se aproxima una gran tragedia…” “Alguien famoso va a morir”…“Una energía oscura afectará a millones…” “Lo que viene en Semana Santa cambiará todo…”
Y la gente, una vez más, escucha. Comparte. Se inquieta. Se asusta.
Pero lo más preocupante no es la predicción, errónea en la mayor parte de las ocasiones. Lo verdaderamente preocupante es que todavía hay quienes creen que esto es espiritualidad.
LA CATÁSTROFE COMO ESTRATEGIA
Porque si uno observa con un mínimo de atención, se da cuenta de un patrón repetido hasta el cansancio: Las predicciones no son concretas.
No son verificables. No tienen fecha exacta ni lugar definido.
Son lo suficientemente ambiguas como para que cualquier cosa encaje después.
Y, sobre todo, son siempre negativas. Catástrofes. Crisis.
Desgracias colectivas.
¿Por qué?
Porque el miedo es el lenguaje más eficaz para captar atención.
El miedo no solo atrae, retiene.
Y, lo más importante: convierte.
Convierte espectadores en potenciales o futuros clientes.
Convierte curiosidad en dependencia. Convierte angustia en dinero.
LO QUE VI DESDE DENTRO
Durante años estuve invitado con cierta asiduidad en los matinales de diversos canales abiertos en la televisión chilena, y así mismo participé en diversos programas. Por ello, no hablo desde la teoría. Hablo desde la experiencia.
Fui testigo de cómo se construyen estos personajes. Vi cómo se selecciona a quién se invita. Vi cómo se edita lo que dicen para que suene impactante.
Y también vi algo que muchos sospechan, pero pocos se atreven a decir: lo que aparece en pantalla no siempre tiene que ver con la realidad.
Hay “videntes” que fallan una y otra vez en sus predicciones y augurios, pero siguen apareciendo en la pantalla porque están contratadas por el canal ya que generan audiencia.
Hay discursos que se exageran,
porque el drama vende. Y hay personajes que han aprendido perfectamente su papel: El de profetas del miedo.
«VIDENTES» Y PERSONAJES FEMENINOS
Hay otro detalle que no es casual y que casi nadie señala: la mayoría de estas “videntes mediáticas” son mujeres. No porque las mujeres tengan más capacidades espirituales (eso es rotundamente falso), sino porque la televisión construye personajes, y el perfil de “mujer intuitiva, emocional, cercana” vende mucho mejor en ese formato. Es un arquetipo fácil de consumir: la “consejera”, la “madre simbólica”, la “sensitiva” que conecta con el dolor ajeno. Eso genera confianza rápida, baja las defensas del espectador y facilita que el mensaje -sea cual sea- entre sin demasiada resistencia crítica.
Además, los matinales buscan dinámicas que enganchen a su público principal, y ahí entra también un factor comercial evidente: este tipo de figura encaja perfectamente en un formato donde se mezclan emociones, testimonios, drama y soluciones rápidas. No es que no existan hombres en este mundo, es que no resultan igual de “rentables” para ese guión televisivo. Por eso no ves casi videntes hombres en esos espacios: no porque no los haya, sino porque no encajan en el personaje que la televisión quiere vender. Y cuando la espiritualidad se adapta al casting, deja de ser búsqueda interior y pasa a ser puro espectáculo.
EL SEGUNDO ACTO: VENDER LA SOLUCIÓN
Pero el verdadero negocio no está en la predicción. Está en lo que viene después.
Primero te inquietan. Te siembran la duda. Te hacen sentir vulnerable. Y luego aparece la solución:“Te hago una limpieza energética.” “Te leo el tarot.” “Te ayudo a protegerte.” “Puedo contactar con tu ser querido.”
Y ahí comienza el flujo de dinero. Consultas privadas.
Sesiones “urgentes”. Rituales personalizados. Todo envuelto en un lenguaje espiritual, pero con una lógica puramente comercial.
LA DOBLE CARA QUE CASI NADIE DENUNCIA
Ahora bien, hay algo aún más grave. Algo que rara vez se dice en público.
Muchas de estas “videntes famosas” no trabajan solo desde un lado. Trabajan desde ambos.
Por un lado, hablan de luz, de amor, de energía, de evolución espiritual. Por otro, ofrecen amarres, trabajos de dominio, manipulaciones energéticas y prácticas que -y lo digo sin ningún rodeo- pertenecen a lo que se ha llamado siempre magia negra.
Sin criterio. Sin ética. Sin límites.
¿Quieres que alguien vuelva contigo? Te lo hacen.
¿Quieres dominar a otra persona? También.
¿Quieres “protegerte” de algo que ellas mismas te hicieron temer? Por supuesto.
Todo tiene un precio. Y ese precio nunca es solo económico.
ESPIRITUALIDAD SIN ÉTICA: EL VERDADERO PROBLEMA
Aquí es donde hay que ser claro.
Esto no es una cuestión de creencias. Ni de religiones. Ni de si uno cree o no en lo invisible.
Es una cuestión de ética. Porque cuando alguien utiliza el dolor, la desesperación o la vulnerabilidad emocional de otra persona para lucrar, ya no estamos hablando de ayuda.
Estamos hablando de abuso.
Cuando alguien ofrece dominar la voluntad de otro ser humano,
no estamos hablando de espiritualidad. Estamos hablando de manipulación.
Y cuando alguien juega en ambos lados -luz y sombra- según le convenga económicamente, lo que tenemos delante no es una «guía espiritual»: Es una comerciante sin escrúpulos.
EL ENGAÑO DE LA TELEVISIÓN
Sin embargo, hay un factor que amplifica todo esto: La televisión.
El simple hecho de “salir en la tele” otorga, para muchas personas, una falsa autoridad.
Como si la exposición mediática fuera sinónimo de verdad. Como si aparecer en pantalla fuera un certificado de honestidad.
Y no lo es.
La televisión busca audiencia, no busca verdad.
Busca impacto, no profundidad.
Busca personajes, no necesariamente personas íntegras.
DEPENDENCIA DISFRAZADA DE AYUDA
Y en este tema todavía hay algo más sutil, y más peligroso.
Muchas de estas prácticas no buscan resolver el problema de la persona. Buscan perpetuarlo.
Porque un cliente que se libera, no vuelve. Pero un cliente que sigue con miedo, sí.
Entonces se crea una dinámica perversa: Te dicen que estás afectado. Te “ayudan” parcialmente. Te mantienen en alerta. Y vuelves. Una y otra vez.
Pagando. Consultando. Dependiendo.
Eso no es guía o acompañamiento espiritual: eso es crear adicción emocional.
LA DIFERENCIA QUE LO CAMBIA TODO
La espiritualidad auténtica no funciona así. No necesita asustarte para acercarte. No necesita manipularte para ayudarte. No necesita cobrarte para “protegerte” de peligros que ella misma inventa.
La espiritualidad real no domina. No somete. No condiciona.
La espiritualidad real libera. Te devuelve a ti mismo. Te hace más consciente. Más libre. Más responsable, no más dependiente.
UNA PREGUNTA NECESARIA
Por eso, la próxima vez que veas a alguien anunciando desgracias colectivas, energías oscuras o catástrofes inminentes, hazte una pregunta muy simple: ¿Está intentando ayudarte, o está intentando asustarte para venderte algo después?
Porque en esa respuesta está toda la verdad.
No todo el que habla de luz ha dejado de trabajar en la sombra.
Y cuando la espiritualidad se convierte en un negocio basado en el miedo, deja de ser espiritualidad.
®J.R. 2026