El Misterio de los Cristos

Ilustración: «Tentación de Cristo», de Vasili Ivanovich Surikov, 1872.

Fragmentos de «El Misterio de los Cristos», de Corinne Heline

La caída de los ángeles se relata en la descripción de la Guerra en los Cielos.
La caída de la Humanidad se relata en la versión bíblica de la expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén.
Los arcángeles, sin embargo, no han «caído» nunca. Aunque poseen cuerpo de deseos, han transmutado el deseo en poder espiritual y su cuerpo de deseos en un cuerpo de luz. Era necesario, pues, que el Salvador de ángeles y hombres viniese de la jerarquía arcangélica. Los espíritus luciferes lo comprendieron bien y sintieron gran angustia ante la venida a la Tierra del arcángel Cristo. San Marcos, en su Evangelio, refiere que el espíritu del mal dijo a Cristo: «Sé quién eres: El consagrado de Dios». (Marcos 1:24).
Inmediatamente tras Su Bautismo, Cristo se retiró al desierto durante cuarenta días. Tenía que familiarizarse con el uso de un cuerpo físico y aprender a funcionar en él, sin que quedara destrozado por las poderosas radiaciones de Su exaltado espíritu. En ese momento es cuando Lucifer se le aproximó y lo tentó, con la esperanza de que Su encarnación en un cuerpo físico lo hubiese hecho vulnerable.
La tentación de Lucifer fue triple: Física, mental y espiritual. Le ofreció a Cristo todos los reinos de la Tierra, probablemente la más sutil de las tentaciones. Han abandonado el Sendero más personas a causa de la riqueza, la fama, el prestigio y el poder terrenal, que por ningún otro motivo, como simboliza la parábola de Cristo sobre el joven rico.
De nuevo Lucifer tentó al Maestro con la promesa de poderes mágicos para convertir las piedras en pan. Incontables miles de hombres están empleando ahora sus poderes mentales para atraer hacia ellos posesiones terrenales, todos sin pensar o indiferentes al hecho de que, obrando así, se colocan, cada vez más, bajo la influencia de Lucifer.
Finalmente, Lucifer transportó a Cristo hasta el pináculo del Templo y le ordenó arrojarse desde él, tras haber ordenado a los ángeles que le protegiesen. Cuando uno comienza a despertar los poderes internos inherentes al espíritu, son muchas y muy sutiles las tentaciones para utilizar esos poderes en beneficio propio.
Verdaderamente «Estrecha es la puerta y angosto el camino… y hay pocos que los encuentren» (Mateo 7:14). El completo despego personal es la nota clave del verdadero Sendero del Discipulado.

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