Marcial Maciel: el pederasta mexicano amigo del Papa que el Vaticano protegió durante más de 60 años

El depredador sexual Marcial Maciel se mantuvo al frente de los Legionarios de Cristo durante más de cinco décadas, época en la que coincidió con Juan Pablo II y desarrolló una amistad íntima con el Papa.

A pesar de que en los últimos años se han desvelado más pruebas irrefutables del conocimiento de la Santa Sede de los abusos sexuales y la pederastía que practicaba el fundador de los Legionarios de Cristo, en esta ocasión fue un hombre con un cargo jurídico al interior de la Iglesia quien afirmó los hechos.

En entrevista para la revista católica ‘Vida Nueva’, Joáo Braz de Aviz, cardenal brasileño septuagenario y actual Prefecto de la Congregación para los Institutos de la Vida Consagrada, reconoció que en Roma se hizo caso omiso de los informes de abuso sexual y pedofilia de Maciel aunque afirmó que «quien lo tapó era una mafia, ellos no eran la Iglesia».

Una vida de abusos

Después de concluir sus estudios como seminarista, Maciel fundó la congregación religiosa de los Misioneros del Sagrado Corazón y la Virgen de Dolores, que tuvo que cambiar de nombre luego de que se revelaran los primeros abusos sexuales cometidos por Maciel, además de su adicción al demerol y la morfina.

En medio de la polémica, nació la Legión de Cristo en 1946 en Ciudad de México, congregación que llevaría a Maciel a la Universidad Pontificia de Comillas, en España, de donde sería expulsado junto con otros sacerdotes de la misma.

En 1956, Marcial Maciel fue expulsado de Roma a raíz de una investigación del Vaticano; sin embargo, el interés depositado en la congregación por Pío XII provocó que fuera ignorada esta medida y nueve años más tarde, el Papa Pablo VI otorgó el Decreto de Alabanza a los Legionarios de Cristo, asegurando el financiamiento, la expansión y continuidad de la Legión. No obstante, la verdadera época de bonanza e impunidad de Maciel llegó a partir de 1978, con la llegada de Juan Pablo II al frente de la Iglesia.

Juan Pablo II y Marcial Maciel: una amistad fructífera

Después del encubrimiento de la Santa Sede durante los papados de Pío XII y Pablo VI, el poder y la influencia de Marcial en Roma reveló una cercanía inusitada con Juan Pablo II, un papa especialmente querido en nuestro país, cuyas primeras tres visitas a México fueron seguidas de cerca por Marcial Maciel. El sacerdote formó parte de distintos grupos de trabajo del Papa y se convirtió en uno de los favoritos de Karol Wojtyla.

La relación de Marcial Maciel y Juan Pablo II comenzó en enero de 1979, dos meses después de que Wojtyla se convirtiera en Obispo de Roma. Es poco probable que el poder de Maciel en las altas esferas en México pasara desapercibido para el Papa, especialmente después de que el fundador de los Legionarios de Cristo influyera directamente en el otrora presidente de México, José López Portillo, para afianzar la relación entre Estado mexicano e Iglesia católica –que entonces no mantenían relaciones diplomáticas dado el carácter laico del primero –y organizar la primera visita papal a territorio nacional.

La capacidad para recaudar dinero de Maciel influyó en su amistad con Wojtyla, que acogió a los Legionarios durante su papado, etapa en la que la congregación creció exponencialmente, cuyos activos llegaron a sumar la friolera de 25 mil millones de euros. Según ‘La confesión, las extrañas andanzas de Marcial Maciel y otros misterios de los Legionarios de Cristo’, la portentosa investigación de Jesús Rodríguez sobre la vida de Maciel y su congregación: «A lo largo de su pontificado, Wojtyla favoreció la creación de la universidad pontificia de los legionarios en Roma,  facilitó la implantación de la congregación en Chile, dio su apoyo al estricto modelo de formación de sacerdotes de los legionarios, que calificaría de ejemplar, y llegaría a definir a Maciel como un «guía eficaz para la juventud».

El destape de la cloaca

A fines de 1996, las denuncias por abuso sexual contra Marcial Maciel y los Legionarios de Cristo escalaron a la opinión pública. El diario estadounidense The Hartford Courant publicó los resultados de una amplia investigación con testigos y víctimas y para 1997, una carta firmada por ocho ex legionarios y dirigida a Juan Pablo II hacía de conocimiento público el modus operandi de Maciel. A pesar de que la polémica escaló hasta la Santa Sede, Wotjyla dio un espaldarazo más a su amigo y lo apoyó hasta su muerte, en 2005:

«Cuando las cosas se comenzaron a poner mal para Maciel, el Papa hizo oídos sordos y, en un gesto de autoridad, le haría miembro del Sínodo de los Obispos sobre la Vida Consagrada y su Misión en la Iglesia (…) A medida que el círculo se iba cerrando sobre el sacerdote mexicano y las pruebas de acusación eran más evidentes, Wojtyla le prestaría un apoyo cada vez más emocional», afirma Jesús Rodríguez.

En 2004, Maciel renunció a la dirección de la Legión y con la llegada de Benedicto XVI, el caso quedó en manos de Ratzinger, quien después de una investigación resolvió ordenar el retiro de Maciel a una vida de «oración y penitencia», cuyos alcances resultaron ambiguos. Maciel se mantuvo impune por seis papados distintos antes de morir sin pagar los delitos que cometió el 30 de enero de 2008, a los 87 años, mientas que la Legión de Cristo se desvinculó de su fundador en 2010. Se trata del caso más emblemático de sacerdotes depredadores sexuales al interior de la Iglesia católica y el encubrimiento sistemático de la misma.

Por: Alejandro I. Lopez

culturacolectiva.com

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