Las criaturas de la tercera naturaleza

QUÉ ES ESPÍRITU, Y QUÉ ALMA

Ha quedado claro que hay dos generaciones, la de Adán, y la que no es de Adán. La primera, formada por la tierra, es completamente tangible y material, pero la segunda, al no estar formada de tierra, es invisible, espiritual y sutil. La naturaleza de la generación de Adán es doble. El hombre, por ser de la generación de Adán, es totalmente incapaz de atravesar una pared si no hay en ella alguna abertura. Por el contrario, los seres que provienen de la otra generación no tienen ningún problema para lograrlo, pues su vaporosidad les permite pasar a través de las más gruesas barreras sin causar en ellas estropicio alguno.

Hay que añadir aquí una tercera generación, a saber, una naturaleza mixta que participa de la primera y de la segunda.

Como se adivinará, los hombres pertenecemos a la primera. Aquí se entiende al hombre de carne y hueso, al hombre que se multiplica, que necesita comer y beber, así como evacuar o hablar. La segunda naturaleza es la del espíritu, incapaz de realizar este tipo de acciones por serle completamente inútiles.

No obstante, se conoce que hay otra naturaleza: aquella que es sutil como el espíritu, pero que sin embargo se genera como lo hace el hombre, con idéntica figura e idénticas necesidades. En definitiva, posee una naturaleza mixta entre la primera y la segunda generación a pesar de no ser ninguna de ellas, puesto que vuelan -cosa que no hacen los hombres y sí los espíritus- pero también tienen las necesidades de los hombres, como comer, excretar y beber, y son de carne y hueso, como los hombres.

Sabemos que el hombre posee un alma, pero no así los espíritus, que no necesitan de ella. Sin embargo, las criaturas de la tercera naturaleza, por no poseer alma, se asemejan a los espíritus, pero el hecho de ser mortales los diferencia de éstos y los hace semejantes a los hombres.

Algunos se preguntarán si estos seres mortales y carentes de alma son animales. La respuesta es no, no lo son. Es más, hablan y hacen cosas que ningún animal es capaz de hacer, por lo que se acercan más a la naturaleza del hombre que a la del animal. […]

(Fragmentos del Tratado de las Ninfas, Sirenas, Pigmeos y otros seres, de Paracelso).

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