Almas en el Infierno

En el Infierno se ven almas vestidas y almas desnudas. Como todo Allá Abajo, esto tiene una explicación, una razón de ser.

A los condenados que en vida fueron ricos y codiciosos, egoístas y vanidosos, personas -hombres y mujeres, indistintamente- que vivieron sólo pensando en ellos mismos y para satisfacer sus lujos mundanos (ropas caras, alhajas, joyas, cadenas de oro, etcétera), a esos individuos que nunca supieron lo que era la verdadera caridad con el prójimo ni la humildad y el amor a los demás, me ha sido dado contemplarlos amontonados, semihundidos en inmensos lagos de barro y podredumbre, cubiertos con esos ropajes, joyas y adornos de todo tipo.

Porque precisamente esa fue la causa de su condenación; y esas ropas y esos adornos pesados que les hacen mantenerse eternamente casi hundidos, les sirven de constante remordimiento y recuerdo de la razón por la cual fueron condenados.

En cambio, otras personas están desnudas; por ejemplo, quienes se condenaron por haber cometido distintos actos de lujuria o haber llevado una vida de perversiones y vicios sexuales. Y esa desnudez vergonzante ante las demás almas, es también para ellos (y ellas) un constante recuerdo de la causa de su condena.

Entre esas miríadas de almas desnudas, las de los abusadores, violadores, pederastas y pedófilos -también los hay de ambos sexos-, tienen un lugar de condenación específicamente destinado a ellos. Y asimismo, hay cohortes de demonios entrenados especialmente para torturar a esas almas que en vida alcanzaron un grado de perversión tan grande.

Entrenados, y también obligados. Porque incluso entre los mismos demonios del Infierno (algo que me sorprendió muchísimo), hay algunos que se presentan a su jefe de tropa o ante el Señor del Abismo, el mismísimo Baalzebuh, y pese a ser plenamente conscientes de que se arriesgan a serios castigos, se excusan, alegan y aseguran tener «razones de conciencia», todo con tal de rechazar ocuparse de tales depravados.

Lo cual me confirma lo que uno de ellos me dijo en otra ocasión: que hay humanos mucho más crueles, malignos y perversos de lo que los mismísimos demonios, con toda la maldad que se les supone, podrían nunca llegar a ser. ©TLI

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