Estudio sobre los ángeles, según la perspectiva ortodoxa

Por San Nicholai Velimirovic (Obispo de Zica), compilado por el archimandrita Nektarios Serfes Boise.

» Quien ama a Cristo, los ángeles le aman». San Nicholai de Zica (1880-1.956)


Nuestra Santa Biblia comienza con esta frase: En el principio creó Dios los cielos y la tierra.
El Cielo no se debe entender como un espacio vacío fuera de nuestro espacio, sino como el mundo en el que viven los espíritus invisibles. En base a esto, la frase anterior podría ser expresada con otras palabras: En el principio Dios creó el mundo invisible y el mundo visible, como se dice en el primer artículo de nuestro Credo. El salmista dice: «Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, Y todo el ejército de ellos por el espíritu de su boca». (Sal. 33:6)
En este caso, según la interpretación de los Padres de la Iglesia, el Padre es llamado el Señor, el Hijo, el Verbo del Padre, y el Espíritu Santo, el Aliento del Padre.


El profeta Isaías vio serafines [1] y Ezequiel querubines [2] con algunas otras criaturas extrañas alrededor del trono del Altísimo. Micaías le dijo al rey Acab: «Vi al Señor sentado en su trono, y todo el ejército de los cielos estaba junto a él, a su derecha y a su izquierda» (I Reyes 22:19).
Nehemías dijo en su oración: «Tú, oh Señor, eres solo; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército» (Nehemías. 9:6).


El gran Daniel vio a Dios en su trono, millares de millares le servían, y millones de millones asistían delante de él (Daniel. 7:10).
San Pablo habla del poder de Cristo diciendo: «El es la imagen de Dios invisible, el Primogénito de toda criatura: Porque por él fueron creadas todas las cosas que están en los cielos, y que están en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por él y en él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas consisten por él» (Col. 1:15-17;. Cf. I Pedro 3:22). [3]


En resumen todos los nombres de las huestes angélicas, San Dionisio el Areopagita los clasifica por sus tres filas y tres veces tres es igual a nueve: «Tronos, dominios, principados, serafines, querubines, poderes, soberanías, arcángeles y ángeles» Todos ellos, sin embargo, popularmente son llamamos ángeles, o ejércitos angélicos.
Leemos en el Libro de Job, cómo el Señor dio respuesta a las quejas del hombre que sufre, diciendo: ¿Dónde estabas tú, cuando las estrellas del alba (es decir, primero los ángeles creados) cantaron juntos, y todos los hijos de Dios gritaban de gozo? (Job 38: 1-17).
Las estrellas de la mañana, tan gloriosamente brillantes
Llenas de luz y esplendor celestial
Ellas están – donde la noche nunca sigue al día-
Elevan la canción ‘Tres Veces» ahora y siempre …
Entonces, cuando la tierra por primera vez estvuo suspendida en medio del espacio,
Luego, cuando los primeros planetas aceleraron en su carrera,
después, cuando se puso fin a los seis días de trabajo,
luego, todos los hijos de Dios gritaron de alegría.
(Joseph el Himnógrafo).

Nuestra Iglesia Ortodoxa ha dedicado los lunes a los santos ángeles. Por lo tanto, todos los lunes en los servicios de la iglesia recordamos a los santos ángeles con alabanzas y oración: «Santos Arcángeles y Ángeles, rueguen a Dios por nosotros.»
Las huestes de ángeles fueron creados antes que los hombres. Esa es la primera razón por la cual, los llamamos nuestros hermanos mayores.

La naturaleza de los ángeles

La naturaleza de los ángeles es, en cierto modo bastante diferente de la naturaleza del hombre, y de otras manera similar a la misma. Por un lado, las diferencias son las siguientes: Los ángeles no tienen cuerpo y, como tal son invisibles a nuestros ojos físicos. Al no tener cuerpo, por consiguiente, no tienen necesidades corporales o deseos y pasiones, no se preocupan por la comida, la bebida, la ropa o la vivienda. Tampoco poseen el impulso y el deseo para la procreación. Ellos no se casan ni se dan en matrimonio (Mateo 22:30).

Tampoco tienen preocupaciones sobre el futuro, ni miedo a la muerte. Puesto, que Dios los creó antes que al hombre, no son mayores ni envejecen, así invariablemente son jóvenes hermosos y fuertes. No tienen ninguna ansiedad acerca de su salvación y no luchan por la inmoralidad, pues son inmortales. A diferencia de los hombres, no vacilan entre el bien y el mal, pues son ya buenos y santos como cuando Dios los creó.


Por otro lado, los ángeles son similares a los hombres en que son personalidades, todos son individualmente consciente de sí mismos. Al igual que los hombres, tienen inteligencia, emociones, libre albedrío y la capacidad de actuar; llevando además nombres personales, como los hombres. Algunos de sus nombres los conocemos bien a través de la Escritura o de la tradición de la Iglesia. Ellos son: Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel, Sealtiel, Barachiel, Jeremiel, Jegudiel.


Al comparar a los hombres con los ángeles, San Pablo citó las palabras de un antiguo profeta que habló de Dios: «¡Oh Señor – ¿Qué es el hombre, que te acuerdas de él? ¿O el hijo del hombre, que lo visitas?. Tú lo hiciste un poco menor que los ángeles, lo coronaste de gloria y de honra, y lo pusiste sobre las obras de tus manos; todas las cosas sujetaste debajo de sus pies» (Hebreos 2:6-8; Ps. 8:4-6).
En efecto, Dios le dio a Adán, el primer hombre libre de pecado un tremendo dominio sobre sus obras, esto fue antes que el hombre despreciará el mandamiento de Dios y se uniera a Satanás, el adversario de Dios. Antes del pecado, el hombre era igual a los ángeles de Dios en poder, pureza y belleza. Pero a través de la subyugación del hombre por el pecado sobre las obras de Dios, esto se redujo a casi nada. La naturaleza se volvió desobediente ante quién fue desobediente a Dios. Desobediente a su antiguo señor.

El Apóstol habla de ello : «Porque el anhelo ardiente de la criatura aguarda a la manifestación de los hijos de Dios, con el fin de volver a ser obediente y feliz, como en el Edén. Hasta entonces, la creación entera gime y sufre dolores de parto hasta ahora, el ser mismo de la esclavitud de corrupción …» (Romanos 8:19,22).


Sin embargo, regenerados en Cristo, el hombre volverá a ser como un ángel, vestido con la gloria de Cristo. Mientras tanto, sus hermanos mayores, los santos ángeles sin mancha, están cuidando de él, como los médicos a los enfermos, preservando su salud y conduciéndolos a la salvación. Como está escrito de ellos: «¿No son todos espíritus servidores, enviados en servicio por amor de los que son los herederos de la salud?» (Hebreos 1:14). De esto, sin embargo, se hablará más adelante.

Las apariciones de los ángeles

Las apariciones de ángeles son diferentes deliberadamente, como diferentes son las personas y las ocasiones.


La aparición de un ángel a Moisés fue de la siguiente manera: «Y se le apareció el Angel del Señor en una llama de fuego en medio de un zarzal; y él miró, y vio que el zarzal ardía en fuego, y el zarzal no se consumía. Y lo llamó Dios de en medio de la zarza, y le dijo: «Moisés, Moisés» (Éxodo 3:2,4). Moisés no vio ningún rostro o figura, pero en el fuego, y en medio de este, oyó la voz que le llamo y le dio instrucciones sobre lo que debía hacer.


La aparición a todo el pueblo de Israel, cuando huyeron de Egipto: «Y el Señor iba delante de ellos de día en una columna de nube, para guiarlos por el camino; y de noche en una columna de fuego para alumbrarles; a fin de que anduviesen de día y de noche.»(Ex. 13:21) .
Este no fue el Señor mismo, sino su ángel. Moisés confirma: «Pero cuando clamamos al Señor, El oyó nuestra voz y envió un ángel y nos sacó de Egipto» (Números 20:16). Aquí, como en otro lugar, el ángel se identifica con el Señor, Dios. Porque mi nombre está en él, dice el Señor Dios (cf. Ex. 23:20-21). [4]


A Gedeón un ángel se le apareció como un hombre común, al igual que el Arcángel Rafael se le apareció a Tobías. Gedeón entendió que era un ángel sólo cuando vio un milagro realizado por su visitante desconocido. Entonces él exclamó: ¡Ah, Señor Jehová! Vi a un ángel del Señor cara a cara (Jueces 6:12-23).
A la esposa de Manoa, que era estéril y sin hijos, un ángel se le apareció con la noticia de que iba a tener un bebe, cuyo nombre seria Samson. Cuando le conto este evento a su marido, le dijo: Un hombre de Dios vino a mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible (Jueces 13:6).


Cuando los sirios rodearon el lugar donde el profeta Eliseo vivía, un siervo asustado exclamó: ¡Ay, qué vamos a hacer? Y Eliseo le respondió: No temas, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos.Y por las oraciones de Eliseo, el Señor abrió los ojos del joven, y él los vio: «y he aquí que el monte estaba lleno de caballos y carros de fuego alrededor de Eliseo» (II Reyes 6:16-17). Por supuesto, lo que vio eran las multitudes de ángeles de Dios enviados para proteger al justo.


Al profeta Ezequiel el ángel le apareció de fuego: desde sus lomos para abajo, fuego; y desde sus lomos para arriba, ya que parecía como resplandor, como el color del ámbar (Ezequiel 8:2).
El gran profeta Daniel vio un ángel como un varón vestido de lino, y ceñidos sus lomos de oro de Ufaz. Su cuerpo era como de berilo, y su rostro parecía un relámpago, y sus ojos como antorchas de fuego, y sus brazos y sus pies como del color del bronce bruñido, y el sonido de sus palabras como el estruendo de una multitud. Tanto se asustó que Daniel dijo: Por tanto, yo me quedé solo … y no quedó fuerza en mí … y no tuve vigor (Daniel 10:8). Fue el Arcángel Gabriel (Daniel 8:16)

La Segunda Venida de Cristo


El mismo Gabriel se le apareció a Zacarías, padre de Juan el Bautista. Y aunque su apariencia no era tan terrible como lo que Daniel vio, sin embargo, Zacarías, cuando le vio, se turbó, y el temor se apoderó de él. Y el ángel le dijo: «No temas, Zacarías!» (Lucas 1:12-13).


En cuanto a la aparición de Gabriel a la Virgen María en Nazaret, suponemos que la aparición fue en una forma humana apacible, a diferencia de aquellas formas aterradoras en las que los ángeles aparecieron a los profetas de la antigüedad. Sin embargo, María se asustó y se conmovió. No es de extrañar, pues no sólo es el aspecto extraordinario lo que nos asusta, sino también la rapidez de la misma aparición. El ángel alientó a la Santísima Virgen, diciéndole: «María, no temas, porque has hallado gracia cerca de Dios.» (Lucas 1:29-30).
Cuando nuestro Señor Jesús nació, un ángel se le apareció a los pastores de Belén. Y he aquí el ángel del Señor vino sobre ellos, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor, y tuvieron gran temor. Y el ángel les dijo: «No temáis» (Mateo 28:3-5).
Las mujeres que llevaban mirra al sepulcro del Señor resucitado vieron a un ángel: Su aspecto era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve: Y de miedo por él, los guardas (de la tumba) temblaron y se quedaron como muertos. Pero a las mujeres, sin embargo, el ángel les dijo: «¡Vosotras, no temáis!» (Mateo 28:3-5).


En ningún otro libro sagrado se ha escrito tanto sobre los ángeles como en el Libro de Apocalipsis. San Juan vio a una multitud alrededor del trono del Altísimo. Él los describe como vestidos de limpio lino y resplandecientes, ceñidos alrededor del pecho con cintos de oro (Apocalipsis 15:6). Muy llamativa es la descripción de uno de ellos: «Vi, dice Juan, que otro poderoso ángel bajó del cielo, cercado de una nube, con el arco iris sobre su cabeza, y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego … Y clamó con gran voz, como cuando ruge un león (Ap. 10:1-3). ¡Envuelto en una nube! Recuerda lo que dijo el Señor Jesús acerca de Su Segunda Venida: Entonces, dijo, «y entonces todas las
tribus de la tierra harán duelo, y verán al Hijo del Hombre que viene sobra las nubes del cielo con poder y gran gloria.» (Mateo 24:30). Por lo tanto, las nubes del cielo significa multitudes de ángeles.


Todas las apariciones de los ángeles son sólo apariencias, no pertenece a su naturaleza, pues son espíritus puros, y todo su poder y su belleza es espiritual, no material. Nuestros santos dice de ellos: «El material y la inteligencia de los ángeles que tu haz creado, Oh Señor, ante del mundo visible; Ellos te lloran sin cesar y te bendicen Señor. Bendice Señor, todos sus obras. Ellos cantan alabanzas a Ti por siempre…» (Octoechos Matins, Himno 8, tomo 3).


Los ángeles del Señor no quieren ser adorados. Cuando un ángel le mostró a San Juan el nuevo Paraíso en el cielo con todas sus maravillas, San Juan se postró a los pies del ángel para adorarlo, pero el ángel no permite esto, diciendo: «No hagas eso; yo soy consiervo tuyo y de tus hermanos los profetas y de los que guardan las palabras de este libro. Adora a Dios.» (Apocalipsis 22:8-9)

La actividad de los Ángeles

La actividad de los ángeles es doble: en el cielo glorifican a Dios, y en la tierra llevan a cabo las órdenes de Dios con respecto a los hombres. La palabra «ángel» en sí mismo significa heraldo o mensajero. Ellos no descansan, ni de día ni de noche: «Santo, Santo, Santo, es El Señor Dios, El Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir.» (Apocalipsis 4:8). «¿No son todos ellos espíritus ministradores, enviados para servir por causa de los que heredarán la salvación?» (Heb. 1:14).


Dice San Gregorio el Teólogo: «Algunas de esas inteligencias están de pie ante el gran Dios, y otras cooperan en la administración de todo el mundo.» Y Damasceno dijo: «Ellos son poderosos, y están listo para cumplir la voluntad de Dios, y aparecen en cualquier lugar e instante, de acuerdo con su naturaleza sutil, donde Dios les ordena.»


La primera vez que un ángel, un querubín, es mencionado en la Biblia es cuando Adán y Eva fueron expulsados del Jardín del Edén (paraíso terrenal). «Expulsó, pues, al hombre; y al oriente del huerto del Edén puso querubines, y una espada encendida que giraba en todas direcciones, para guardar el camino del árbol de la vida.» (Génesis 3:24).


A) Podemos considerar a los ángeles, en primer lugar, como mensajeros de la buenas nuevas. Dos veces se le apareció un ángel a Agar, la esclava de Abraham, consolándola porque su señora Sarah la afligía. «El ángel del Señor le dijo además: He aquí, has concebido y darás a luz un hijo; y le llamarás Ismael, porque el Señor ha oído tu aflicción.» (Gén. 16:11;. Cf Gn 21:17) [5]. Ismael se convirtió en el progenitor de los ismaelitas, árabes, que también se llaman Agarenos.Tres ángeles aparecieron en las llanuras de Mamre con un mensaje para hijos de Abraham, señalandole que tendria un hijo, lo que en efecto sucedió al año siguiente (Gén. 18: 10), con el nacimiento de Isaac, el progenitor de los Judíos. Cuando Abraham estaba dispuesto a sacrificar a su único hijo Isaac, siguiendo la orden de Dios, que quería poner a prueba su fidelidad, un ángel del cielo le impidió hacerlo. El ángel le dijo: «Ahora sé que temes a Dios» (Génesis 22:12). Dios mismo, sin embargo, más tarde ofreció a su único Hijo Jesucristo, para ser sacrificado como un cordero para salvar a la humanidad (Ef. 5:2).


B) Los ángeles de Dios salvan a los hombres de Dios. En la corrupta ciudad de Sodoma vivía un hombre de Dios, Lot. Cuando Sodoma fue condenada a la destrucción, Dios envió a dos ángeles a salvar a Lot y a su familia (Génesis 19:1-22). Un ángel salvó a Jacob de la venganza de su hermano Esaú (Génesis 32:1). Y antes de su muerte, Jacob habló del Ángel que lo habia liberado de todo mal (Génesis 48:16). Un Ángel salvó a los tres jóvenes en Babilonia de la muerte en medio del horno de fuego ardiendo, en el que fueron lanzados, ya que se negaron a adorar a ídolos en lugar de adorar al único y verdadero Dios (Daniel 3:12-30).
Cada servicio de maitines se nos recuerda de este extraño suceso por el séptimo y octavo de los canónigos. Y un ángel salvó a Daniel del foso de los leones en el que fue puesto a causa de su fe en el Dios único. Los leones, sin embargo, se comportaron como corderos. Para el asombro rey Darío, Daniel dijo: «Mi Dios envió su ángel, que cerró la boca de los leones, y no me han hecho daño alguno porque fui hallado inocente ante El» (Daniel 6:16-23).


C) Los ángeles son ejecutores de los juicios de Dios. Citamos sólo unos pocos ejemplos: La ciudad de Sodoma estaba hundida en horribles vicios (homosexualidad, la sodomía). El Señor envió dos ángeles para salvar al único hombre justo en Sodoma, Lot. Fueron donde este, y le instaron a salir de esa ciudad, porque el Señor les había enviado a destruirla: «Entonces el Señor hizo llover sobre Sodoma y Gomorra azufre y fuego, de parte del Señor desde los cielos» (Génesis 19:12-25). El rey David, un gran glorificador de Dios, pecó una vez contra el Señor Dios, y Este envió a un ángel: «Y alzando David sus ojos, vio al ángel del Señor que estaba entre la tierra y el cielo, con una espada desenvainada en su mano, extendida sobre Jerusalén. Entonces David y los ancianos, vestidos de cilicio, cayeron sobre sus rostros.» (I Crón. 21:1-17). Senaquerib, rey de Asiria, había sitiado a Jerusalén con un poderoso ejército. Él y sus duques blasfemaron contra Dios, llamando al Ezequías y a su pueblo a rendirse. Pero Ezequías se postró ante Dios y oró en el templo, el ángel del Señor salió e hirió en el campamento de los asirios a cientos de miles de sus partituras. El Rey Senaquerib huyó a Nínive, donde fue asesinado por sus hijos (Isaías, capítulos 36 y 37). El salmista inspirado, a sabiendas de la historia y de su propia experiencia de la parte que los ángeles desempeñan en la vida de un hombre o de una nación, habla: El ángel del Señor se asentarán sus tiendas alrededor de los que le temen, y los entregará ( Ps. 33:7). «No te sucederá ningún mal, ni plaga se acercará a tu morada. Pues El dará órdenes a sus ángeles acerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos.En sus manos te llevarán, para que tu pie no tropiece en piedra.» (Salmo 91:10-12). Bendecid al Señor, vosotros sus ángeles, poderosos en fortaleza, que ejecutáis su mandato, obedeciendo la voz de su palabra. (Salmo 103:20).

Los Ángeles Guardianes

Estas palabras del Salmista confirman la creencia común de que los ángeles protegen y ayudan a las naciones y a los individuos. En la antigüedad, el arcángel Miguel fue considerado como el ángel de la guarda de los hijos de Israel. Josué lo vio en Jericó, y le oyó decir que él «era el capitán de la hueste del Señor» (Josué 5:14-15). Y a Daniel, el Arcángel Gabriel le habló del Arcángel Miguel, diciendo: «En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que vela sobre los hijos de tu pueblo.» (Daniel 12:1). El Apóstol Judas escribe de la siguiente manera al Arcángel Miguel: «Pero cuando el arcángel Miguel contendía con el diablo y disputaba acerca del cuerpo de Moisés…» (Judas 9). Como guardián de las personas, incluso también incluso del cuerpo muerto del Profeta Moisés.
Los Padres de la Iglesia enseñaron que hay ángeles guardianes de las naciones, de los países, de las iglesias, así como de las personas (Rev. 2). Aun los hay de los elementos, de las estrellas y de los planetas. San Juan Climacus da testimonio de su ángel de la guarda personal: «Cada vez que estaba deseando un mayor progreso en la vida espiritual, el ángel se me apareció y me ha iluminado». Y San Basilio el Grande dijo: «El ángel no se retirará de nosotros, a menos que lo alejemos con nuestras malas obras como el humo ahuyenta lejos a las abejas, y el hedor a las palomas, así también nuestro pecados nauseabundos alejan al ángel que protege nuestras vidas. «

Ángeles: Siervos de la Iglesia de Cristo

El Nuevo Testamento está lleno de ángeles: Se ciernen en torno a Cristo desde el comienzo de su encarnación, siempre dispuestos a servirle. Ellos lo adoraron en la tierra, le adoraron en el cielo, y ellos lo amaron en su cruz como lo aman en su gloria celestial, con un amor trascendente que brilla intensamente. Con alegría y atención apoyaron su trabajo, es decir, Su Iglesia en la tierra. Lo están haciendo ahora, y lo hará hasta el fin del mundo. Cuando Él nació, «repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios» (Lucas 2:13). Después de la tentación en el desierto, cuando «El diablo le dejo, y que aqui, ángeles vinieron y le servia». (Mateo. 4:11).

Nuestros artistas tenían razón al pintar a muchos ángeles alrededor de Cristo, como en su bautismo cuando los cielos se abrieron ante Él, en la Transfiguración, alrededor de Su crucifixión, en el descenso a los infiernos, en la Resurrección y en su Ascensión. Cada vez que se le apareció un arcángel o ángel, podemos suponer que detrás de él habían muchos ángeles, aunque invisibles a los ojos humanos.


No creemos que el Arcángel Gabriel estuviera solo cuando le anunció a la Virgen María la noticia del nacimiento del Mesías, ni que el ángel que se apareció en Getsemaní para fortalecer a Cristo en su agonía, no fuera sin la compañía de muchos ángeles invisibles. Donde quiera que el Rey esta, sus soldados también están allí a mano.


Quien ama a Cristo, los ángeles lo aman. Él amaba a los niños, y le pidió a los ángeles ser sus guardianes. Él dijo: «Mirad que no tengáis en poco a alguno de estos pequeños; porque os digo que sus ángeles en los cielos ven siempre la faz de mi Padre que está en los cielos.» (Mateo 18:10). Incluso se identificó con niños pequeños al decir: «Y el que reciba a un niño como éste en mi nombre, a mí me recibe.» (Mateo 18:5). Por otra parte, amenazó terriblemente a los que engañan, escandalizan y hacen que los niños caigan en el pecado: «Pero al que haga tropezar a uno de estos pequeñitos que creen en mí, mejor le sería que le colgaran al cuello una piedra de molino de las que mueve un asno, y que se ahogara en lo profundo del mar.» (Mateo. 18:6). También dijo: «Dejad a los niños, y no les impidáis que vengan a mí, porque de los que son como éstos es el reino de los cielos.» (Mateo 19:14). (Este es el fundamento mismo de la educación cristiana, es decir, dejar que los niños vengan a Cristo). Esta es la razón por la que los ángeles aman y protegen a los niños.

Un poeta espiritual dijo:
Los ángeles y ministros, espíritus de la gracia, amigos de los niños, en ellos contemplan el rostro de Dios, moviéndose como nuestros pensamientos a través del más allá, moldeados en belleza, libres de nuestra unión.
(P. Dearmer, English Hymnal)


Los ángeles también han asistido a los apóstoles y a otros de los fieles desde el principio, a lo largo de la historia de la Iglesia. Cuando los sumos sacerdotes, pusieron a los apóstoles en la cárcel, el ángel del Señor les abrió las puertas de la cárcel por la noche y sacándolos, dijo: «Id, y puestos de pie en el templo, hablad al pueblo todo el mensaje de esta Vida.» (Hechos 5: 17-20; 12:7-10).


Cuando Herodes, el reyezuelo de Galilea, persiguió a la Iglesia, matando al apóstol Santiago y teniendo la intención de matar a Pedro también, «Al instante un ángel del Señor lo hirió, por no haber dado la gloria a Dios; y murió comido de gusanos.» (Hechos 12: 23).
Cuando Felipe predicó en Samaria, un ángel le guió hacia Gaza para conocer a un hombre de Etiopía, un eunuco de Candace, la reina de Etiopía. Felipe le hablo de Jesús el Mesías, y lo bautizó. Ese fue el primer eunuco cristiano de su país. Por lo tanto, los ángeles ayudaron a los apóstoles en la difusión del Evangelio en tierras lejanas (Hechos 8:26).


Un oficial romano, Cornelio, mientras rezaba a las tres en punto de una tarde soleada, vio en una visión un ángel de Dios, quien le aconsejó llamar a Pedro de Jope. Después de la instrucción de Pedro, Cornelio fue bautizado junto con toda su familia. También en este caso, el ángel del Señor promovió el crecimiento de la Iglesia entre los gentiles (Hechos, 10:6).
Mientras San Pablo estaba navegando hacia Roma con 276 almas, una terrible tormenta amenaza con hundir el barco. «No temas, Pablo; has de comparecer ante el César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo.» (Hechos 27:20-25).

Angeles: Cosechadores de Dios

En la parábola del sembrador y la semilla, el Señor Jesús explicó: «y el campo es el mundo; y la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del maligno; y el enemigo que la sembró es el diablo, y la siega es el fin del mundo, y los segadores son los ángeles… El Hijo del Hombre enviará a sus ángeles, y recogerán de su reino a todos los que son piedra de tropiezo y a los que hacen iniquidad; y los echarán en el horno de fuego; allí será el llanto y el crujir de dientes. Entonces los justos resplandeceran como el sol en el reino de su Padre. El que tiene oídos, que oiga.» (Mateo 13:38-43). Pero antes del fin del mundo, el final a muchos de nosotros nos ha ya llegado. Y sucedió que murió el pobre y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico y fue sepultado. En el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio a Abraham a lo lejos, y a Lázaro en su seno. (Lucas 16:19-23).

Acuérdate, pues, oh hombre de que tu fin es para ti como el fin del mundo. Porque en tu muerte serás cosecha de los ángeles o del maligno. La mejor decisión es confiar en la misericordia de Dios, sino confiamos en Dios y seguimos pecando sin arrepentimiento nos burlamos de Dios. Sobre esto es lo que nuestro Salvador dijo: «De la misma manera, os digo, hay gozo en la presencia de los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente.» (Lucas 15:10). Pero ¡ay de las que mueren en pecado sin arrepentimiento. Aquí está la severa advertencia de un gran apóstol: «Porque si Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al infierno y los entregó a fosos de tinieblas, reservados para juicio; si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, un predicador de justicia, con otros siete, cuando trajo el diluvio sobre el mundo de los impíos; si condenó a la destrucción las ciudades de Sodoma y Gomorra, reduciéndo las a cenizas …» (Pedro II. 2:4-6). Mucho menos se les perdonará a aquellos que son cristianos de nombre, pero en realidad son siervos del diablo en palabras y hechos. Como Judas, que en algún momento pudo arrepentirse, pero fue demasiado tarde: «Porque el Hijo del Hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno segun su conducta.» (Mateo. 16:27).

La segunda venida de Cristo

La segunda venida de Cristo será más gloriosa y más dramática. Mientras que en su primera venida «una multitud» de ángeles se les aparecieron a los pastores de Belén, en su segunda venida todos los santos ángeles le acompañarán. «Y El enviará a sus ángeles con una gran tormpeta y reunirán a sus escogidos de los cuatro vientos, desde un extremo de los cielos hasta el otro.»(Mateo. 24:31). «Entonces los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre» (Mateo 13:43). Por lo tanto, los ángeles serán los segadores de la cosecha de Dios.


Pero la más notable recompensa de Cristo prometida a los elegidos y justos, que viven de acuerdo con el evangelio y sufrieron en la tierra, es que serán son iguales a los ángeles. A los saduceos sofistas, les dijo: «pero los que son tenidos por dignos de alcanzar aquel siglo y la resurrección de entre los muertos, ni se casan ni son dados en matrimonio; porque tampoco pueden ya morir, pues son como ángeles, y son hijos de Dios, siendo hijos de la resurrección.» (Lucas 20:35-36).

La lectura de estas palabras, nos llena de temor y miedo. ¿Cómo podemos ser iguales a los ángeles? He aquí que está escrito de los ángeles: «Dios ocupa su lugar en su congregación; El juzga en medio de los jueces.» Y un poco más adelante: «Vosotros sois dioses, y todos sois hijos del Altísimo.» (Salmos. 82: 1,6). Por supuesto, los ángeles son llamados dioses, no por su naturaleza divina, sino por su estrecho contacto con Dios. ¿Cómo pueden los hombres ser iguales a ellos?

Y esto es lo que dice nuestro poeta sagrado de los ángeles:
Adornado con brillos de belleza
Todos los ángeles del Pantocrator
Enfocan la gloria inefable de Cristo
Cantandole a él día y noche:
Bienaventurado eres, oh Dios, para siempre.
(Theophane -Matins hymn, tone 6).


¿Cómo podemos ser iguales a los ángeles, los glorificadores de Cristo, nosotros que blasfemamos a diario por nuestros pecados? En primer lugar, Cristo habla de los que fueren tenidos por dignos, y, en segundo lugar, por el amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento (cf. Lucas 20:35; Efesios 3:19;.. Phil 4:7).


Escuchemos lo que un vidente de los misterios celestiales dice: «cosas que ojo no vio, ni oido oyó, ni han entrado al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman»(Cor I. 2:9). Aquí está la clave del misterio: los que aman a Dios, sean ángeles o seres humanos son iguales ante Dios.
En este sentido, también llamamos a los ángeles nuestros hermanos mayores, en honor a ellos y orando a ellos desde este valle de lágrimas:
«Oh Santos Arcángeles y Ángeles,
Rueguen a Dios por nosotros los pecadores. «


Fuente: The Lord’s Prayer A Devout Interpretation & Three Lessons of the Orthodox Church by St. Nicholai Velimirovic, St. Paisius Orthodox Monastery, Safford, AZ. 2001, pp. 71-88.
Humildemente En Cristo Nuestro Señor,
+Very Rev. Archimandrite Nektarios Serfes
http://www.serfes.org

Notas
1] Y encima de él estaban serafines; cada uno tenía seis alas; con dos cubrían sus rostros, y con dos cubrían sus pies, y con dos volaban. (Is. 6:2)
2] Y apareció en los querubines la figura de una mano humana debajo de sus alas. (Ez. 10:8)
3] El cual está a la diestra de Dios, siendo subido al cielo; a quien están sujetos los ángeles, y las Potestades, y Virtudes.
4] He aquí yo envío el Angel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión; porque mi Nombre está en él.
5] Y oyó Dios la voz del muchacho que lloraba ; y el ángel de Dios llamó a Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas, porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.

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