«La endemoniada de Santiago»: La joven que protagonizó el primer exorcismo en Chile

Carmen Marín tenía 18 años cuando -se dice- fue poseída por el diablo. Con los archivos de la época y el testimonio del sacerdote que la «sanó», te relatamos la verdadera historia del caso.

El siguiente diálogo es real y ocurrió en 1857, entre el sacerdote José Raimundo Zisternas y Carmen Marín, más conocida como «la endemoniada de Santiago».

«¿Tengo yo las facultades para echarte?»

– «Sí», responde en tercera persona Carmen.

«¿Por qué atormentas a la Carmen?»

– «Para probar su paciencia».

«¿Cuándo volverás?

– «Dentro de un año y medio».

«¿Volverás bajo la misma forma?»

– «No se sabe».

LA HISTORIA DEL PRIMER EXORCISMO EN CHILE

Nacida en Valparaíso, huérfana de madre y padre e ingresada recientemente a un convento con -se aproxima- 18 años de edad.

Esa era la vida de Carmen Marín, la joven que durante 1857 se transformó en el misterio sin resolver de la Iglesia Católica y los habitantes de Chile, tras ser conocida su supuesta posesión por el demonio.

Es este hecho real -desconocido para muchos- que vuelve a tomar protagonismo a más de 150 años de haber ocurrido. «La Poseída: marcada por el amor», es la próxima teleserie nocturna de TVN y que llevará a la pantalla grande la catarsis de Carmen.

Según cuentan los archivos de la época, recopilados en Memoria Chilena, la joven ingresó al Hospicio de Santiago para realizar los votos como Hermana de la Caridad. Fue en ese lugar, tan cercano a la espiritualidad y religión, cuando comenzó a sufrir los primeros ataques.

Hasta el lugar llegó el sacerdote José Raimundo Zisternas, quien en su libro «Relación hecha al Señor Arzobispo por el presbítero don José Raimundo Zisternas, sobre las observaciones verificadas en una joven que se dice espirituada, acompañada de los informes de varios facultativos que practicaron sus reconocimientos profesionales», narra lo que parecía ser una leyenda urbana más.

Es más, en el relato comenta su incredulidad a los rumores de la época que hablaban de la posesión de la joven. En más de dos ocasiones escuchó de testigos que habían presenciado los hechos, pero los tomó con dudas. Hasta que un lunes se dirigió al Hospicio y la conoció.

«A la Carmen la quemarás pero no a mí».

Esas fueron las palabras que pronunció la joven cuando el sacerdote propuso aplicar una «una plancha bien caliente en la boca del estómago», lo que a su juicio, ayudaría con el cuadro de «histeria» que sufría.

«Si eres el diablo como dicen, no tienes que apurarte, venga la plancha i haremos la prueba», le responde Zisternas.

Tras esto, el sacerdote, el Presbítero Vitaliano Molina y las hermanas que se encontraban en la habitación fueron testigos de los violentos y enfurecidos movimientos de la joven. Miraban sin entender, sin tener explicación alguna para lo que ocurría.

¿QUÉ PASÓ CON CARMEN MARÍN?

«Yo viendo que todos mis esfuerzos eran inútiles para averiguar lo que hubiese de verdad en semejante caso, no sabía que hacer: no podía por una parte esplicarme lo veia, por otra no alcanzaba a comprender porque los hombres de la ciencia no podian o no querian esplicar este fenómeno: parece que se rehusaban examinarlo sériamente por temor de encontrar alló alguna causa invisible: cuya existencia no querían reconocer por no verse en la necesidad de confesar la insuficiencia de sus conocimientos». (Transcripción exacta de las palabras de Zisternas)

El estado de la joven, la presencia del sacerdote y opinión de los ciencia también se vio enfrentada en este hecho.

El mismo Zisternas explica que muchos de los doctores que se encontraban en el lugar «no querían» entender lo que veían, porque según él no reconocían no tener la respuesta.

Según los registros del sacerdote en la época, Carmen Marín cumplía con la mayoría de los síntomas que hacían parecer que su posesión era cierta. Esa misma creencia era compartida, incluso, por algunos académicos de la época.

Benito García Fernández, era doctor en medicina y cirugía de la Universidad de Madrid, también confirmó el estado de posesión de la joven.

«No es probable que lo de Carmen Marín sea una enfermedad nueva, sostenida i curada milagrosamente. La Carmen Marin es endemoniada», aseguró.

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LA RECOPILACIÓN DE PATRICIO JARA

Una mujer que sufre extraños ataques y convulsiones. Un grupo de médicos que intenta entregar un diagnóstico científico, pero sin éxito. Una sociedad expectante ante cada nueva noticia. Un sacerdote que se involucra debido a que la única opción que va quedando es que la mujer… esté poseída.

No se trata de una cuarta o quinta entrega de «El Exorcista» o alguna nueva cinta de terror. Muy por el contrario, la historia de Carmen Marín es real y ocurrió precisamente aquí, en Chile, en 1857.

A mediados del siglo XIX, la ciencia y la religión protagonizaban una clara pugna entre razón y fe en este país. Y el caso de Carmen Marín es el reflejo de la lucha titánica entre aquellas dos formas de explicar la realidad. Y que incluso en nuestros días todavía parece existir, como lo demostraron las recientes declaraciones de Stephen Hawking sobre Dios y la creación del universo.

Como sea, el reconocido periodista y escritor Patricio Jara («Prat», «Quemar un pueblo») es el responsable de traer hasta nuestros días este olvidado episodio de la historia nacional, a través de las páginas de «La Endemoniada de Santiago» (Ediciones B / $ 8.000). Un trabajo donde su talentosa pluma esta vez no cristalizó en una nueva novela —como era su plan original—, sino que se puso al servicio de la crónica escrita en ese entonces por el presbítero José Raimundo Zisternas. Y que gracias a una cuidada edición, transformó aquellos registros en una obra accesible para los lectores nacionales.

—¿Cuándo y cómo fue que descubriste el caso de Carmen Marín?

«Hace dos años, mientras investigaba algunos datos sobre Prat, específicamente respecto a las sesiones de espiritismo en las cuales participó. Tenía un cerro de libros sobre el escritorio y de pronto en uno encuentro una línea que mencionaba a Carmen Marín y el supuesto caso de endemoniamiento. La anoté y seis meses después le seguí la pista».

—Tu proyecto original era una novela sobre este caso. ¿Cuánto tiempo te tomó la investigación y a dónde recurriste?

«Sí, quería hacer una novela. Por lo tanto estuve más de un año leyendo sobre diversos temas relacionados hasta que me di cuenta de que nada superaría el testimonio original del exorcista a quien el arzobispo de Santiago designó para hacerse cargo del asunto».

—¿Y en qué momento decidiste que era mejor abandonar la idea de la novela y pasar de escritor a editor?

«Cuando comencé a leer y a disfrutar la crónica del cura como una novela en vez que como un documento referencial. Además, empecé a subrayar más de la cuenta. Entonces supe que no había mucho más que hacer, salvo convencer a mi editora de que esta historia valía la pena reeditarla y republicarla».

—¿Qué te sorprendió más del caso de Carmen Marín? ¿Lo incomprensible de su padecimiento o la actitud de las mentes científicas de la época?

«Ambas cosas, pero sobre todo lo fácil que fue que un caso de este tipo derrumbara una serie de creencias científicas que, hasta entonces, parecían estar tan arraigadas».

—Más de alguna vez te he escuchado decir que un buen libro es el que ofrece más preguntas que respuestas. ¿Qué temas quedaron pendientes de explicar (o explorar) en «La Endemoniada de Santiago»?

«Eso podrá decirlo el lector, pero me habría gustado saber más de Zisternas, el exorcista. Una de las cosas que más costó fue reconstruir su biografía. Me pasé casi tres semanas rastreando en la Biblioteca Nacional para redactar las dos páginas que hay al final del libro».

Fuentes: Memoria Chilena / emol.com/24horas.cl

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